Hacer política en el Perú

Written By: Hugo Neira - Jul• 31•23

¿Cómo hacer política en el Perú? ¿Cómo servirse del Estado cuando las demandas sociales son de por sí concurrenciales? Esas preguntas las intenté responder hace cuatro años en mi libro El águila y el cóndor. México/Perú.*

La fragmentación no favorece tampoco a los poderes municipales y regionales. Con menos razón, el poder nacional. El problema no es quién manda en el Perú sino qué hay que hacer para poder mandar. Entre tanto, el sistema político peruano de estos días no es sino un acto de democracia plebiscitaria a favor de algún jefe de Estado que llegará a la casa de Pizarro, sin partidos, sin militantes, sin servicio leal de funcionarios de carrera y que va a vivir cinco años a la defensiva. Optando en general por la inacción o la fuga. Y entonces, la sociedad improvisará —sin gobierno— su propio camino.

Socialmente, entonces, ¿qué es el Perú? Una sociedad de masas que ha desdeñado la construcción de una nación. Y en cuanto al Estado, su reforma es lo último que se piensa. Sin embargo es cierto que hemos progresado si se toma en cuenta la división del trabajo, justamente uno de los rasgos de toda sociedad moderna. Pero, contrariando el mito de muchos peruanos que consideran nuestro país ininteligible tan original que escapa a toda clasificación, lo cierto es que no es así. No he mencionado por gusto la división del trabajo. Ya la tenemos. Existen estratos socioeconómicos. Una población ocupada que se asemeja a cualquier otra sociedad en vía de transformación.

Salvo que, para no perderse en el accidentado camino de la prosperidad, a los diversos oficios y formas del ingreso le son precisos dos requisitos. El primero, «un centralismo coordinador». Es una de las premisas de Durkheim. No quiere decir algún tipo de estatismo o planificación. Se trata de que es la ley «la coordinación». Impedir lo ilícito. El segundo requisito es que unas y otras capas productivas —y con el tiempo prósperas— no pierdan de vista la importancia de la solidaridad social. Es un principio no legal sino moral. Y eso son los impuestos. Ambos hacen la cohesión social. De lo contrario, dice Durkheim, «el precio que hay que pagar —cuando se evita la ley y la solidaridad— es la anomia». Textual, libro de 1893. El Perú ilustra con su crecimiento caótico, anómico, y el egoísmo reciente de las nuevas capas de ricos emergentes lo que un sociólogo de fines del siglo XIX auguraba. La anomia de Durkheim se instala como una gigantesca lombriz intestinal en una de esas repúblicas sudamericanas, que progresa en lo particular, pero sin lograr la cohesión en general de su propia sociedad. Como ocurre con todos los parásitos, la víctima desconoce la naturaleza de la entidad extraña que la posee. Para ese mal, tan enredado en nuestra mentalidad y comportamientos, no vale la pena hacer un viaje hasta Piura en busca de curanderos.

* Actualmente en venta en la FIL, en el stand la Universidad Ricardo Palma, el editor, junto con el tomo I, El mundo mesoamericano y el mundo andino, y Dos siglos de pensamiento de peruanos.

Publicado en El Montonero., 31 de julio de 2023

https://elmontonero.pe/columnas/hacer-politica-en-el-peru

Democracia providencial                                                                                 

Written By: Hugo Neira - Jul• 24•23

Unas semanas atrás, dediqué mi columna a la “sociedad heteronómica” (https://www.elmontonero.pe/columnas/la-sociedad-heteronomica). Y en el caso del Perú, dicho concepto nos lleva a otro, el de “democracia providencial”. Se suele definir como providencial “a un proceso que se produce de forma casual o inesperada y evita un daño o un perjuicio inminentes” (Diccionario Julio Casares de la Academia). Su aplicación es, pues, pertinente para sistemas electorales donde lo casual es predominante, al punto que una consulta electoral estuvo bajo el signo del azar y lo imprevisto. Las elecciones generales del 2016 en Perú fueron el ejemplo de ese elemento inopinado, una inoportuna reforma electoral en pleno proceso electoral. Lo de providencial significa que se evitó el daño. Por razones absolutamente azarosas, un Jurado Nacional Electoral que se atrevió a tomar decisiones de último momento. En suma, democracia providencial designa casos insólitos. Si se sale adelante es por milagro. “Dios es peruano”.

En las ciencias sociales actuales, el concepto de democracia providencial es de uso corriente (Revue européenne des sciences sociales, n° IV-135, 2006). Obviamente, para regímenes de alto grado de inestabilidad. Pero no es su único uso. Lo de providencial cubre una fenomenología más ancha. Otro rasgo de la clasificación en democracia providencial es que depende de un poder extrasocial, de la divinidad. En cualquiera de sus representaciones y creencias. Ahora bien, en ese caso estaríamos ante una sociedad cuya religión dominante fusiona con el poder político. Es lo que ocurre en buena parte de los Estados islámicos. De modo general, se trata de comunidades y culturas que no han hecho un pasaje hacia la secularización. Sin embargo, sociedades como la española lo consiguen después de Franco. José Juan Toharia señala que, en 1989, un 63% de jóvenes españoles rechazaban la intervención de la Iglesia en la política (Juan González-Anleo, Para comprender la sociología, Editorial Verbo Divino, Estella, Navarra,1992). Hay que entender que no se trata de una descristianización sino de la separación del ámbito eclesiástico de lo civil.

Nuestro caso es más complicado. No eran los hombres de sotana los llamados a secularizarse sino los laicos, profanos, los civiles. Y eso no ha ocurrido como le recordé en otra columna  del 10 de abril (https://elmontonero.pe/columnas/la-mentalidad-tridentina-y-sus-herederos-actuales), e influye más bien sobre los hábitos mentales, las formas de discurrir, sobre dicotomías. Es la mentalidad tridentina que no se inclina por el análisis social —tendría que reconocer la existencia del otro— sino por la exclusión en nombre de principios morales.

En Perú, el Estado y la Iglesia teóricamente están separados, pero el punto de vista de las autoridades eclesiásticas cuenta enormemente. No por azar hay un rito que permanece, el Te Deum. Cada año, cada 28 de julio, el arzobispo de Lima le da una lección de orden moral a la clase política peruana, y no hay Presidente ni ministro que deje de acudir a ese ritual. Que escuchan muy compungidos y como escolares.

Publicado en El Montonero., 24 de julio de 2023

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Saber racional y magia. Henrique Urbano   

Written By: Hugo Neira - Jul• 17•23

En un artículo publicado originalmente en la Revista digital del Instituto de Gobierno y Gestión Pública de la San Martín de Porres, en diciembre del 2019 —“Perú Mágico. El giro lingüístico y los sentidos de pertenencia y socialización”—, me preguntaba qué pasa, en efecto, si adoptamos la magia. Pues existe una tendencia secular a reemplazar el conocimiento de lo real por lo sobrenatural, y que se hunde en nuestra doble raíz, india y española, de las edades barrocas y crédulas. ¿Qué pasa si eso ocurre en una sociedad como la nuestra, anómica, dispersa en materia de valores y pautas racionales de vida? No hemos pasado por la maquinaria social demoledora de una sociedad industrial. Ni nos hemos desarrollado bajo la dominación racional y legal de una burguesía moderna, y puesto que invocamos a Max Weber, no tuvimos ninguna clase dominante austera y puritana como la Alemania industrial del siglo XIX. Lo nuestro fue una combinación de explotación de castas y juerga. La magia tiene algo que nos atrae enormemente. La irresponsabilidad del mal. Propio al curandero o al hechicero. Me explico. ¿Qué separa, en su aplicación, la cura de un médico y la de un curandero? No nos mintamos a nosotros mismos. A veces, el curandero cura. Y el médico no lo logra, o remite a otro tratamiento, y hasta a otro especialista. El problema está —y es lo que separa ciencia de magia— en que la medicina sí sabe lo que está pasando en el cuerpo del enfermo y la magia no lo sabe, porque los poderes ocultos obran y no obran, y el propio curandero no sabe por qué acierta, cuando acierta. Lo dicen con sinceridad, “los espíritus son caprichosos”. La religión también establece sus fronteras ante la magia. Ella establece el vínculo con lo sacro, con lo innominado. Las religiones no se fundan en las adivinaciones, en las entidades misteriosas. En el fondo, detestan lo inesperado, y cuando hay milagros, y la posibilidad de reconocer lo insólito, se toman su tiempo, son prudentes, las canonizaciones esperan decenios. La magia es más inmediata, casi diría civil, laica, comercial. Pero la cura mágica es obra del destino, ni el enfermo o poseído tiene culpa alguna, ni el intermediario que tampoco puede salvarlo. No hay mal. Nadie es responsable, no hay sanción ni culpa, esta exoneración de la magia está en Durkheim, el carácter amoral de la magia. Y como peruano, me digo a mí mismo, ¡qué terapia más peruana! Lo mismo da Chana que Juana.

En su momento, Henrique Urbano (1938-2014), un reconocido estudioso de la cultura andina, fundador del Centro Bartolomé de las Casas y de la revista Allpanchis, científico social también sacerdote dominico, fue crítico de esta tendencia. Urbano, en la introducción de uno de sus libros, hace un serio reproche a José Carlos Mariátegui y a Víctor Raúl Haya de la Torre. Les critica la dimensión “mítica y religiosa”, e incluso, “mágica” que asumen. 

            “Ahora bien, lo que más me llama la atención es la incapacidad de pensar el presente y diseñar el futuro sin una dimensión mítica y religiosa. Es propósito de Mariátegui de introducirla en la conducta política. Haya era distinto, pero el peso de la fe religiosa era tan grande en él, las metáforas cristianas le caían de los labios como expresiones naturales”.  

            Y luego, refiriéndose a “los que frecuentan las páginas de Mariátegui”, prosigue:

            “No pueden reflexionar en forma crítica, liberarse de las formas políticas irracionales y superar los obstáculos que la tradición levantó para protegerlas y defenderlas. Cierto, a muchos Mariátegui abrió los ojos para las realidades políticas, pero les cerró la inteligencia a la comprensión crítica. Con Haya de la Torre la ceguera de la irracionalidad y del sectarismo no fue menor y hasta cierto punto aún más perjudicial; lo extraño de todo esto es que los dos percibieron que algo estaba cambiando en las sociedades andinas, pero se alejaron del camino al optar por soluciones míticas, mágicas y mesiánicas, en lugar de llevar hasta las últimas consecuencias la opción por un pensamiento crítico y moderno en el sentido ilustrado y filosófico de los términos” (Urbano, Tradición y modernidad en los Andes, Centro Bartolomé de las Casas, Cusco, 1992, p. XLII.).

Urbano nace en Portugal y muere en Lima. Su teología la adquiere en Montreal, Canadá. Su obra es extensa, sus estudios de la sociedad andina recorren la antropología, la sociología y la historia, sus contribuciones son conocidas sobre el Taki Onkoy, los quipus, los ceques, la organización social y ritual de los incas, las idolatrías. En la apreciación del mundo andino y el tema de la modernidad, discrepó severamente ante la actitud frecuente entre estudiosos peruanos de caer en la exaltación de la magia. Su crítica es un dato para la historia de la cultura peruana. El sacerdote Urbano es un inesperado testigo del repliegue sectario del mundo universitario a fines del siglo XX. Hombre de religión, luce paradójicamente una gran libertad de criterio. Un dominico misionero, más abierto y tolerante que más de un catedrático de estos lares. 

Publicado en El Montonero., 17 de julio de 2023

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La amistad entre Einstein y Haya de la Torre                                                

Written By: Hugo Neira - Jul• 11•23

En una columna anterior, les conté cómo conocí a Cossío del Pomar, en Gandía, España. Ahora, quisiera entregarles algo de su prosa, un extracto de su Biografía de Haya de la Torre, que salió en México, en 1969, en especial el capítulo sobre la amistad de Haya con Einstein. El peruano Haya de la Torre, tan intelectual como político, conoció o frecuentó a los grandes espíritus de su época y no les dejó indiferentes. Estuvo en la encrucijada intelectual de su tiempo. Y fue el mentor de la izquierda democrática en el continente. Obviamente, con ese capital simbólico, nunca lo dejarían llegar a ser presidente del Perú. Más pudieron las alianzas antiapristas. Los dejó con Cossío y su capítulo «Einstein y Víctor Raúl».* 

                                                                        ***

            En Estocolmo se entera Víctor Raúl de la muerte de Einstein. Desde ahí recuerda en una crónica aquel duro invierno en Berlín, donde vivió fecundas horas de preparación intelectual. Alternaba sus estudios con el imperativo de ganar el pan de cada día en un medio muy difícil para un extranjero. Ya hemos visto cómo, a raíz de su primera deportación, en Berlín, se enfrenta a todas las dificultades, decidido, en cambio, a enriquecer sus conocimientos y experiencias.

            Por entonces desempeñaba el cargo de secretario del Wirtschaft Institut Lateinamerika, fundado por el profesor alemán Alfonso Goldschmidt, autor de cuatro libros muy útiles sobre problemas económicos indoamericanos. En la biblioteca de Goldschmidt, en Grunewald, encuentra por primera vez a Albert Einstein, tan justamente llamado «Aristóteles de nuestro tiempo». Los ojos claros, bondadosos, del sabio se llenaron de simpatía al estrechar la mano del joven desterrado.

            La impresión que le produce Einstein es de esas que se graban profundamente en la memoria. Desde ese primer día en que Víctor Raúl se limita a oír la conversación entre los dos sabios, su curiosidad insaciable ahondará en las teorías einstenianas. Le sigue en sus escritos y conferencias, en las charlas que de semana en semana sostiene públicamente con Planck en la rotonda del Instituto de Ciencias. «Amables torneos verbales presenciados por gran número de gentes interesadas en los problemas de la Relatividad y el Cuanta».

            Con la pasión tenaz que pone cuando se interesa por profundizar un tema o llegar a dominar un conocimiento, Víctor Raúl no deja de leer nada de lo que escribe Einstein ni pierde nada de lo que hace. Ahí está en una velada de caridad realizada en la sinagoga mayor de la vieja Monbijoustrasse de Berlín para oírle tocar el violín (1930). ¡Con cuánta satisfacción comprueba sus mismos gustos! Al igual que el sabio, Víctor Raúl tiene su «violon d’Ingres» para abrir la compuerta a sus sentimientos. Sentado al piano, goza del ritmo sedante de las rapsodias de Mendel o las fugas impetuosas de Bach.

            La segunda vez que conversa con Einstein y las muchas veces que le siguen ya puede juzgar la trascendencia de la revolución que aporta a la ciencia sus descubrimientos. Ya Víctor Raúl está capacitado para juzgar por sí mismo la obra del sabio. Siempre ha sido así. Siempre quiere tener una opinión propia sobre las ideas y los hombres que conoce. Afirmar el íntimo convencimiento de su valor:

                        «Einstein —debo confesarlo— ha sido para mí el hombre más egregio de nuestra época, y ningún otro ha concitado tanto mi humilde admiración. Su bondadosa simpatía, sus palabras de aliento, son privilegio de mi vida. Y acaso porque su generosidad era amplísima con los jóvenes, un día, en casa de Goldschmidt, me hizo una amable broma. Súbitamente me dijo:  —Como usted y yo somos coautores de un libro… Y riendo de mi estupefacción me recordó que en 1926 se publicó en homenaje a Romain Rolland el lujoso Liber Amicorum, que prepararon Máximo Gorky y Stephan Zweig para honrar al autor de Jean-Christophe en su 60° aniversario. Conocida por ellos mi filial amistad por Romain Rolland, los compiladores me otorgaron un lugar en aquel volumen, honrado por las firmas más ilustres del mundo. Y ahí figuraba, claro está, el tributo de Einstein.

—Sí, mi amigo, en el Liber Amicorum, de nuestro amado Romain Rolland, agregó muy alegre de verme un tanto confundido.

            En el fondo la broma correspondía a la sincera admiración que Einstein sentía por su joven amigo. Más tarde la haría pública al declarar al escritor norteamericano R. Josephs: «Haya de la Torre es uno de los pocos hombres que entiende a fondo la teoría de la relatividad, y puede explicarla en términos filosóficos». Esta opinión sobre Víctor Raúl la adquiere el sabio después de largas charlas, que le permiten calar su entendimiento. A Einstein le deleita oír al político peruano aplicar con exactitud sus teorías a esas tierras que vieron nacer culturas remotas creadas por el hombre, precariamente, sobre el cuerpo contorsionado de la naturaleza, que lo empuja hacia abismos. Pocos describen Machu Picchu, con su equilibrio de masas, su sentido de simetría, su sentido de estructura. Árboles que hienden paredes, levantan bloques de piedra de sus cuencos y engullen ciudades alguna vez poderosas.

            El buen humor de Víctor Raúl no puede faltar en estas conversaciones «serias». En notas de su libro Ex combatientes y desocupados, figura una agudeza que relata a Einstein por aquella época: «Un chiste científico del astrónomo bonaerense Martín Gil. Al oírlo, el sabio rio de buena gana y halló coyuntura para decir cuánto le había llamado la atención, al visitar nuestro continente en 1923, la perspicacia y la viveza imaginativa latinoamericana. Martín Gil había dicho que toda la teoría de la relatividad se basa en el principio absoluto de que la luz viaja en el espacio con la más grande de las velocidades conocidas —300.000 kilómetros por segundo— y que, en consecuencia, un rayo solar tarda en llegar a la Tierra ocho minutos. «Yo conozco una energía —decía, más o menos textualmente Martín Gil— de velocidad mayor que la de la luz, y es la del pensamiento. Mientras ella emplea en venir desde el Sol a la Tierra ocho minutos, yo voy con mi pensamiento al Sol y vuelvo en dos segundos».

            Con cuanta consternación se entera Einstein del peligro de muerte en que está su amigo en el Perú. Entre los múltiples telegramas que recibe el gobierno de Sánchez Cerro, el de Einstein es uno de los más sentidos y apremiantes. El texto de aquel mensaje, redactado con señera sobriedad admonitiva, pide «se respete la vida del hombre que es honra y prestigio para el continente americano». Víctor Raúl declarará más tarde: «Es ciertamente una de aquellas grandes e inmerecidas compensaciones que la vida depara, cuya fuerza moral sirve de compañía y estímulo en los silencios adversos.»

            En 1947, Víctor Raúl vuelve a encontrar a Einstein gozando de la tranquilidad que le ofrece la Universidad de Princeton. El reencuentro no puede ser más grato. ¡Es tan plácido rememorar con un amigo los días pasados! Ha terminado la locura guerrera de Alemania. Víctor Raúl encuentra el maestro envejecido después de dieciséis años. «La rara luz de sus ojos brillaba siempre igual desde el fondo de su portentosa mente. La misma voz suave y pastosa, casi paternal, en el diálogo, pero con una novedad.  Ahora, Einstein hablaba en inglés, no muy claramente —honraba así el idioma de su tierra de asilo—, mas en cuanto comenzaba a tocar temas profundos se deslizaba casi sin dejarlo sentir hacia la lengua alemana. Entremezclaba ciertos vocablos germanos con los ingleses (Zeit, Bewegung, Materie, etc.), y luego entraba de lleno en el caudal de su lengua nativa durante largos periodos. Entonces su pensamiento parecía más denso y luminoso.»

En la sencilla casa de Princeton, Víctor Raúl fue huésped bienvenido. La primavera en el norte de los Estados Unidos es incomparable, como son incomparables los campos en esas universidades levantadas con espíritu y amor, tan ajenas al tradicionalismo de las universidades estatales. 

            Paseando por los cuidados parques de Princeton, en inglés y en alemán, reanudaron el diálogo. Poca atención prestaba Einstein al relato de los trances políticos de su amigo. Por otro lado, en palabras de aliento, le instaba a continuar su proposición sobre el espacio-tiempo histórico, que tanto provecho tendrá para la Humanidad: «Me estimuló a seguir —recordará Víctor Raúl— en el significado subjetivo del espacio-tiempo, no solo perspectiva en la historia según mi interpretación, sino conciencia de ella.»  Y luego repitió, en inglés, con mucho convencimiento: «Parece tan lógica su proposición que podría servir de base a toda una teoría. ¡Cuánto me gustaría verle emplear todo su tiempo en seguir estas investigaciones!».

            Hay varias fotografías que muestran a Einstein y Víctor Raúl en sus diarios paseos. Siempre en charla. Dada la insaciable curiosidad por todo lo que represente valores espirituales, ya podemos suponer los intensos momentos felices vividos por Víctor Raúl. Lo que más le admira es el claro optimismo del sabio respecto a las grandes posibilidades del uso de la energía atómica para fines pacíficos. «Cuando yo le expresé que en mi sentir, con aquel nuevo y prodigioso poder del hombre sobre la Naturaleza, vendría la revolución que realmente transformaría al mundo», respondió en alemán: «Son nuestras seguras esperanzas y también nuestros deseos. El deseo de dos pacifistas sinceros.» Al mostrarle Víctor Raúl una cajita que acababa de recibir de la revista Time, de Nueva York, conteniendo unos fragmentos de tierra radiactiva de Hiroshima, Einstein le aconsejó que tuviere siempre lejos aquel regalo.

En las calles de Estocolmo se entera por los titulares de los periódicos de la muerte de «El padre de la física nuclear». A un grupo de jóvenes oyó lamentar la desaparición: «El más grande sabio del mundo; el descubridor del E igual Eme v dos (E= m v 2)». «Acaso sobre su tumba —pensó Víctor Raúl— sea esa fórmula primicial de la edad atómica el mejor epitafio».

* Cossío del Pomar, Felipe, Biografía de Víctor Raúl Haya de la Torre – Periodo 1931-1969, Editorial Cultura México DF., 1969, pp. 283-286. 

Publicado en El Montonero., 10 de julio de 2023

https://www.elmontonero.pe/columnas/la-amistad-entre-einstein-y-haya-de-la-torre

La sociedad heteronómica  

Written By: Hugo Neira - Jul• 03•23

La heteronomía es un concepto que aplica a la sociedad peruana. En griego, hetero es el otro. Lo que influye fuera de uno. Y heteronómico es el individuo que se determina por algo externo. El concepto de heteronomía es técnico, procede de la filosofía, se opone al de autonomía, y procede de Immanuel Kant. Ahora bien, no es un concepto más sino uno decisivo. En el kantismo, por razones morales, es una falta “si un agente individual o colectivo no se da a sí mismo la ley a la que está sometido”. La heteronomía impide al individuo asumir su libertad y su responsabilidad si se deja llevar “por principios que lo hacen depender de objetos exteriores”, dice el filósofo francés Luc Foisneau (Encyclopédie Philosophique Universelle, “Les Notions Philosophiques”, PUF, París, 1990).  Es más que eso, es una tara: la heteronomía de la voluntad “es la fuente de todos los principios ilegítimos de la moralidad” (Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres).

En nuestro tiempo, el filósofo Castoriadis recupera el concepto de Kant para un uso sociológico, psicológico y ético. El individuo se degrada en la heteronomía y entonces no es un ser autónomo, “sino alguien que toma decisiones desde el exterior de su mismidad”. Es el caso del sujeto manipulado por las ideologías de masas, la propaganda emocional de los autoritarismos o la seducción de un líder carismático. O alguna religión opuesta a la modernidad. Castoriadis —economista, filósofo, comunista griego, desencantado por el estalinismo— emigra a Francia y junto a Edgar Morin, fueron la crítica de izquierda del comunismo, con la revista Socialisme ou Barbarie, que salió entre 1949 y 1965. Castoriadis se propuso, como lo dijo Patricio Lóizaga en su Diccionario de pensadores contemporáneos (Emecé, 1996), “repensar en todos sus aspectos la sociedad”. Fue profesor en la École des Hautes Études en Sciences Sociales en París, donde me formé. No se puede resumir semejante esfuerzo en una columna, pero podemos citar a Lóizaga: “La enfermedad de las sociedades modernas es que esperan que el sentido de la vida y de su muerte les sea provisto por otra persona, institución o Estado”. En cambio, Castoriadis sostuvo que “el sentido de nuestra existencia ya no nos puede ser dado por una religión o una ideología, sino que somos nosotros mismos los que debemos crearlo”.

Ahora bien, la heteronomía ocupa un espacio inmenso en la historia de la vida intelectual del Perú. O es la religión, como lo expliqué en mis libros y hace poco en este portal (somos los hijos de la Contrarreforma, de un catolicismo estatal, crecimos en un imperio hostil a la modernidad (https://www.bloghugoneira.com/no-clasificado/la-mentalidad-tridentina-y-sus-herederos-actuales), “La mentalidad tridentina y sus herederos”), o son las “leyes de la historia”, el marxismo, las que determinaron las grandes escuelas de pensamiento político.

Publicado en El Montonero., 3 de julio de 2023

https://www.elmontonero.pe/columnas/la-sociedad-heteronomica