El yin y el yang

Written By: Hugo Neira - Jun• 07•21

Introducción   

Hasta que la ciudadanía no haya votado el 6 de junio y no se sepa el resultado de las elecciones, prefiero no decir nada. Lo que no quita que como millones de peruanos, yo también estoy preocupado e inquieto. No estoy en los ajetreos de Lima sino en Santiago de Chile por razones personales. Sin embargo, de la serie de causalidades y errores que nos han llevado hasta esta endemoniada situación, podría escribir un libro de un tirón, a favor de la verdad y no de tal o cual contricante. Pero esperemos. Sin embargo me permito decir algo para lo cual no es necesario ser ni vidente ni profeta. Vienen tiempos difíciles, gane quien gane. Es un presentimiento y espero equivocarme. Finalmente, la historia tiene una lógica propia, y por lo general, nos sorprende.

La complejidad del pensamiento chino

Ahora bien, este lunes retorno al caso de China y su pensamiento. Tengo un compromiso con El Montonero, y por cierto, con los lectores que me siguen. Y por dos razones: en primer lugar, hay que seguir los hechos locales, pero también lo que pasa en el mundo. La lección de ocuparse a la vez de nuestro país y de las potencias mundiales, lo hizo Mariátegui hace un siglo. (No me comparo, saludo al maestro.) Volviendo de su viaje por Europa produce primero La escena contemporánea y luego los Siete ensayos de la realidad peruana. Esa es la lección, qué pasa aquí y qué pasa allá. Y creo que la China actual es más que importante. Al punto que más de un estudioso de la geopolítica señala que en vez de decir «mundialización», deberíamos decir «asiatización». Se toma en cuenta la India. No estoy diciendo que hay que copiar a la China post Mao. Es imposible, ni los países asiáticos cercanos lo intentan. Pero está simplemente al otro lado del Pacífico. Si yo tuviera veinte años, estudiaría no el inglés sino la lengua china.

Hay una segunda razón. Consiste en hacer saber a la colectividad peruana que ha habido diversos marxismos, y el de la China de estos días usa la economía del mercado libre y prosperan, pisando los talones a los norteamericanos, si es que no es ya la primera potencia mundial. Salvo que USA es todavía la mayor fuerza militar. Ahora bien, en el caso de triunfar el partido Perú Libre, nos proponen el marxismo-leninismo, algo rechazado en tres países comunistas, a saber, Cuba, Vietnam, Laos y miren como está Venezuela. El estatalismo del sistema de la URSS era la regla de estos países hasta el colapso de 1990. Por mi parte, no entiendo que se proponga un sistema que ha fracasado. No quiero ofender a nadie pero es evidente que los teóricos de Perú Libre están con un retraso total de 40 años. Todo está en el artículo «¡¿Comunismo en el Perú?! ¿Cuál de ellos?».

En cuanto a las modificaciones en la cumbre del poder del gigante China, luego de la muerte de Mao, es una combinación de política marxista, o sea, partido único y Estado. Y a la vez, un sistema capitalista donde hay empresas privadas y públicas, propiedad privada, y hombres de negocios. China ha rescatado 500 millones de trabajadores en el campo para volverlos técnicos, profesionales en las actividades urbanas y tecnológicas, y con ello, capas sociales de la clase media. He dicho clase media, el ascenso hacia arriba. Todo ello, tras una sociedad de economía de mercado que, en el caso de China, proviene de tres mil años de experiencia.

Quiero ser claro. Ese «comunismo» asiático no tiene como meta desaparecer el capitalismo sino cabalgar sobre su dinámica. Como yo viajo para estudiar, he encontrado los libros adecuados para entender el rol de China en el mundo actual. No siempre ocurre la emergencia de un país como China, su territorio, su población, su modernidad que no ha tomado la vía de las naciones occidentales. El mapa de las grandes potencias es otro. Lo que debemos hacer es al menos pensar el mundo postsoviético. Si el amable lector quiere ampliar esa metamorfosis, puede acudir a la obra de Giovanni Arrighi, titulado Adam Smith en Pekín. Leer nos hace libres.

Sin embargo, saliéndonos por un momento de la política y la economía, es preciso comprender que el mundo chino es tan antiguo y creativo como la civilización occidental. En este caso, los antiguos griegos, Roma, el cristianismo y la Edad Media, el Renacimiento, la Ilustración, las revoluciones en Francia, en Inglaterra monarquía con parlamento, la libertad de los colonos en Norteamérica, y en ambos lados del Atlántico, aquello que ha hecho posible nuestra manera de vivir, trabajar: la revolución industrial. Por cierto, es posible un recorrido sobre China y la India, Sri Lanka, Sumatra y demás, la difusión hindú-budista que llega a China se hace popular porque encuentra un país y un pensamiento de la dinastía Han, una de las muchas dinastías, y esto ocurre en el año 206 a.C. ¿Por qué? Porque en China «aparecen la escritura china y una cultura de animados debates, desde el año 3500 a.C. y 1600 en el periodo Shang» (Peter Watson, Historia intelectual de la humanidad, 2005. Hay traducción al castellano, los libros no han muerto como creen algunos. Al contrario, el libro de Watson tiene 1491 páginas).

Para acercanos a las civilizaciones existen los estudios culturales (el libro de Michelle Payne y un equipo). Estudios bíblicos, caribeños, Europa occidental, culturales negros, irlandeses, japoneses, poscoloniales, latinoamericanos, inclusive postsoviéticos, y del Asia. Los ojos puestos sobre los conceptos y la estructura mental de la China antigua y actual. Para ello, un esfuerzo de síntesis. Es otra cultura, que nos puede asombrar. En primer lugar, tienen religiones, budismo —que llegó de la India—, taoísmo, confucianismo. ¿Pero son religiones o filosofía? En la creencia china desde el inicio de su cultura, a miles de años de Jesús, el cosmos no es la obra de un creador. No hay  una creación ex nihilo. Siempre existió, y por cierto, los dioses. La distancia de las otras religiones —en especial de judíos, cristianos y musulmanes— consiste en que los chinos piensan que la idea de un origen es una enfermedad espiritual. En la China antigua no hay una mitología como la tuvieron los griegos y luego los romanos. Y el Dao, que quiere decir el camino, el movimiento permanente. Visto que el cosmos es inalcanzable, el pensamiento oriental dispone las reglas humanas, y si no tiene magos, como los hindúes, China establece las escuelas, que además eran rivales. Ahí se formaban los funcionarios. No hay que olvidar que la China antigua tiene Emperadores pero no una nobleza. Las escuelas fueron coetáneas a la unificación de la China, desde el año 221 a.C. China, el Imperio del centro, burocracia, gobierno, economía. Pasaron con el tiempo dinastías, cambios socioeconómicos, y es un filósofo chino, Liang Shuming, en los años veinte, que conociendo la cultura occidental la define como una actitud, prometeica y conquistadora. De ahí la ciencia, la conquista del mundo, la democracia, que sería un rechazo a la servidumbre. «Lo Oriental es el conocimiento de sí mismo. Occidente es igualitario. Lo Oriental, la jerarquía. Occidente lo material. El Oriente lo equilibrado.»

Un par de ideas claves. Todo chino es monista. Quiere decir que para toda sustancia, sea espiritual sea material, todo está en movimiento, visible o invisible, lo que quiere decir que el soplo —el Qi—nos vincula. De ahí proviene la tercera llave del pensamiento chino, el yin y el yang. En particular el último nivel, que explica cómo las fuerzas opuestas se completan. En el fondo del pensamiento chino todo está ligado. El cielo y la tierra. Lo externo y lo interno. Y en ese juego, en el He, la armonía. Además,  existen las transformaciones (se dice bianhua), todo circula, lo que cuenta es la relación. «Así, el pensamiento chino no visualiza al individuo, lo elemental, sino la relación, lo multidimensional» (Isabelle Robinet).

Ahora bien, en las ideas, parejas complementarias. El yin y el yang. ¿Qué significado tiene? Estamos ante un principio filosófico, religioso y lógico para explicar la existencia de dos fuerzas opuestas pero complementarias, que son esenciales en el universo. Por lo general se atribuye el yin como lo femenino, la oscuridad, la pasividad y el suelo o la tierra. Y el yang, más bien lo masculino, la luz, lo activo y el cielo. Según los estudiosos del pensamiento asiático, ese concepto proviene de la escuela del Yin Yang, una de esas escuelas que surgieron entre los años 770 y 221 a.C. También se le vincula al Taoísmo que predicaba que todo lo que existe tiene una contraparte. En otras palabras, no hay lo inmutable. Lo estático está cambiando continuamente.

Pero hay un aspecto que nos interesa. Miren bien, en la entrada de este texto. Veremos entonces un diagrama dividido en dos partes. Un lado está de blanco, el otro lado con color negro. Pero con el detalle que algo de negro ocupa el espacio blanco, y a su turno, algo de blanco penetra en el espacio en negro. Las consecuencias de esa figura puede significar:

  • nada es por completo mal o bien
  • lo estático no existe
  • el equilibrio es cuando las fuerzas se enfrentan
  • nada está solo. Hay una contraparte

Se entiende entonces, que la economía de mercado adoptada por China, y el sistema del Estado, logran un equilibrio, una armonía. Lo he visto. En algún momento, conocimos China Raúl Vargas y el que habla. Después, he seguido su evolución.

Acaso en los milenios de la otra civilización occidental, la dialéctica fue el punto de inicio de los filósofos griegos. Heraclito: «no es posible nadar dos veces en el mismo río». Y Platón, en Gorgias. O en Sócrates. Y de ahí la dialéctica de Hegel. La regla de los conceptos de tesis, antitesis, y síntesis. Y por cierto, Karl Marx, lo social, una realidad conflictiva, y de ahí la unidad y la lucha de contrarios.

Y sigamos cómo piensan. La naturaleza es la lucha de elementos contrarios. Nosotros los humanos, destruyendo bosques, reservas de agua y llevando animales a su extinción. ¿No cambia la naturaleza? Y nada es por completo bueno ni completamente malo. Ahí «está el detalle», como diría Cantinflas. El yin se mete en el yang, y viceversa.

Y es eso que nos cuesta entender, que exista un poder Ejecutivo, un poder Parlamentario y un poder Judicial —el esquema de Montesquieu—, poderes que fijan los límites del otro poder. En realidad podría haber tendencias de izquierdas y de derechas. Unos quieren reformas y otros conservar. Pero nos devora el deseo de ser pocos en el poder. Pero si desaparece una u otra tendencia, tendremos inevitablemente sistemas despóticos, ora de pueblos, ora de élites, de abajo o de arriba, siempre incompletos. El yin y el yang, es los equilibrios. Lo que contraría es parte de lo contrariado. A nosotros, en cambio —«occidentales del extremo» como nos llamó Octavio Paz—, no nos gustan los matices. Y por eso nacimos y morimos en culturas inevitablemente sectarias. Nos olvidamos que las políticas no son una religión. Pero parecemos católicos de la época de las cruzadas, o los que siguen el Alá de Mahoma. Uno tiene la razón y el otro es un pobre diablo. Por todo eso es que no podemos llegar a tener ni República, ni Nación, y menos Estado moderno. Lo siento pero hace rato que quería decirlo.

Datos que circulan en Internet

– Los Estados Unidos y China son las economías más grandes del mundo. Estados Unidos tiene el PBI nominal más alto pero China tiene el PBI más alto en términos de paridad de poder adquisitivo. China es el mayor exportador del mundo y Estados Unidos es el mayor importador del mundo.

– En 2018, el PBI de China creció 6,6% fue equivalente al 66% del de Estados Unidos y representó alrededor del 16% del PBI mundial, lo que la sitúa como la segunda economía del mundo.

– China desbancará a Estados Unidos como la mayor economía del mundo en 2028, cinco años antes de lo previsto anteriormente por el Centro de Investigación Económica y de Negocios (CEBR, por sus siglas en inglés).

– En este nuevo escenario, India se convertiría en la tercera economía del mundo en 2030, lugar que actualmente ocupa Japón.

Publicado en El Montonero., 7 de junio de 2021

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Mirando claro al 6 de junio. Un foro de debate

Written By: Hugo Neira - May• 31•21

Hugo Guerra ha llevado a cabo, el pasado miércoles 26 de mayo, la 99° sesión de Cátedra Perú y la presenta de esta manera: «Estamos en  un momento especial de transición política en el Perú, y en vísperas de la segunda vuelta de las elecciones generales». «Por eso hemos decidido convocar a una reflexión desde el mundo académico a distinguidas personalidades que vamos a presentar a continuación. Estarán bajo el tema de propuestas de acción para los primeros cien días del nuevo gobierno. (Como se sabe, los 100 primeros días es una costumbre, como una suerte de neutralidad de los gobernados ante los nuevos gobernantes, casi como una luna de miel, por lo tanto, breve.) Hugo Guerra: «Lo hacemos ahora en víspera de la segunda vuelta porque nuestra cátedra, al ser un foro permanente de debate en nuestra Universidad San Martín de Porres, no tiene banderas políticas ni ideologías sino un pensamiento en torno a la realidad nacional de nuestra patria. No quisiéramos inclinar la balanza en ningún  sentido». Estuve invitado a escucharlos y me parecieron tan interesantes las ponencias que produzco una síntesis de lo dicho. Pero si se le quiere escuchar en replay, hay que conectarse al Facebook de la universidad. Está completo.

Luego Hugo Guerra cede la palabra a Raúl Bao, rector. Y él nos dice que «los invitados están para aclarar el panorama de cara al domingo 6 de junio. «Abordan un tema crucial, los proyectos de acciones para los primeros 100 días del nuevo gobierno. Para el Rector  «todo está dicho». Se refiere a la contienda de los dos candidatos, «aunque habría un debate el 30 de este mes y en Arequipa». Piensa que se ha visto las campañas, los debates, pero «queda el tema de las propuestas establecidas por los equipos técnicos y qué será el rumbo del país desde julio del 2021 hasta el 2026». Y en ese instante, el rector recuerda «que nuestra universidad, previa a la primera vuelta y mediante el  Instituto de Gobierno, tuvo a seis candidatos presidenciales. Ellos expusieron sus ideas, su programa, de modo académico. Estuvieron Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga, Hernando de Soto, George Forsyth, Julio Guzmán y Rafael Santos. (Se invitó a Verónica Mendoza, al «profesor» Castillo y otros, pero no vinieron.)

Observa Raúl Bao que en la primera vuelta electoral, «los 18 presidenciables que compitieron tuvieron unos resultados muy llamativos». «Los cinco que estaban en el pelotón superior han tenido diferencias estadísticas muy apretadas». Visto las consecuencias, fue «la dispersión del voto y un nuevo Congreso con fuerzas políticas atomizadas». El rector, dado el grado de fragmentación —nueve bancadas— piensa «que sería indispensable unas negociaciones y concertaciones en plural para llegar a acuerdos de mayoría relativa».  (Ojalá, pero por el momento, lo bipolar es lo dominante.)

Raúl Bao continúa esta vez con una síntesis. «Hay dos corrientes que son paralelas y en una suerte de empate en las estadísticas. Perú Libre y su candidato presidencial Pedro Castillo, tiene una visión socializante del Estado y de la economía, y propugna unas reformas radicales de la actual República, mediante una nueva Constitución».

«Del otro lado, Fuerza Popular y Keiko Fujimori, su visión es profundizar el Estado liberal mediante reformas que garanticen un modelo de capitalismo popular fomentando el desarrollo nacional sin por ello cambiar el sistema basado en la Constitucion del 93.»

Dicho esto, el rector no deja de lado las circunstancias de las elecciones de abril, la primera vuelta. Y dice: «Fue en un contexto nacional atípico debido a la pandemia». «Fue muy elevado el ausentismo. Un cuarto del padrón no votaron. Y fue muy reducido los votos de los peruanos en el extranjero. Espera que «en esta segunda vuelta haya una concurrencia más alta. Es preciso, pues, zanjar la pugna tensa de estos días. Ni pesimista ni optimista, no deja de tomar en cuenta lo que especialistas han descrito: por una parte, «la marcha hacia el comunismo, siguiendo un modelo que predica la Coordinadora Continental Bolivariana. Por la otra, «acentuar la democracia defendiendo sus valores tal como esencialmente fueron concebidos hace doscientos años».

Después del rector, le sigue en las ponencias el doctor Luis Solari de la Fuente, ex Primer Ministro, ex ministro de Salud, profesor emérito, y comienza su ponencia con esta frase: «el problema del Ministerio de Salud no es el dinero».

En efecto, señala que con la pandemia, el año pasado se ha manejado 20 mil millones, y «ya ven ustedes la catástrofe de la pandemia que hemos tenido». Lo atribuye a la falta de liderazgo y de competencia. «He observado coladeras en los aeropuertos, tumultos en los mercados a 60 días en que había comenzado la pandemia». Su ponencia gira sobre lo mal que se ha llevado el enfrentamiento de la pandemia. Es algo que no solo es técnico y retraso científico sino algo peor, una lección sobre lo lejos que estamos de eso que se llama Estado moderno. «Nosotros deberíamos tener un mínimo de 3400 camas pero ni siquiera hemos llegado con 4 o 5 ministros en 14 meses a completar ese número. Para hacernos una idea del problema humano que hay en el Ministerio». Lo que sigue me sorprendió y seguramente al amable lector. Continúa el doctor Solari: «Hay países que en esas semanas han controlado la pandemia, sin vacuna».

El tema se orienta a los organismos públicos y a su estructura interna. «Que no me vengan a decir que no se puede, sí se puede, pero lamentablemente en la América Latina, los ministerios de Salud no se han caracterizado por su brillantez para hacer esto, el control de la pandemia». Más adelante, nos cuenta cómo en el Perú, «si alguien mete la pata lo protege el director general, y a este el gobernador o el ministro». Para que funcionen bien los servicios de Salud —sostiene Solari— algo tiene que cambiar: «no se puede resolver nada si se toma en cuenta el primo o el sobrino». (Por mi parte, siempre he dicho que nuestras maneras son todavía clánicas, neocoloniales.) «Y todo eso no se acaba ahí», dice Solari, «no se puede hacer nada si el ministro se rodea de sus allegados y compadres». Fuerte vicio, ¿no? Pone un ejemplo, asunto de estos días. «Los 50 funcionarios que se fueron a su casa por la vacuna —que se clavaron en secreto— han sido reemplazados por funcionarios de corte ideologizado y que no se caracterizan por su brillantez, como estamos viendo en las tareas de la pandemia.»

¿Cuál es entonces la solución? Según Solari, se debe separar totalmente de la conducción de los establecimientos de Salud y no debe depender del poder político, o de turno». Pero eso no es todo. Solari sostiene que hay dos acciones: la primera, un conjunto de medidas que hay que tomar de inmediato ante una pandemia. La segunda, «algo que no se enseña mucho en nuestras universidades, a saber ‘el diseño intencional del futuro’».

En tercer lugar, añade: «… Sin dar inicio a una explicación ordenada, consecuente y progresiva de un modelo integral de Salud basada en las familias, la comunidad, los culturalismos…, ha sido demostrado y premiado en el poder por Medicus Mundi». Si entiendo bien lo que dice, hay algo construido en Huancavelica, y eso puede ser «una interrelación entre la comunidad, la salud y el desarrollo territorial».

Pese a que todavía no llegan las vacunas por millones, Solari tiene un toque de esperanza, porque hay soluciones, y cree en una «verdadera cobertura universal de Salud». Los problemas burocráticos se resolverían con un «proceso de formalización productivo». Si lo entiendo bien, «existe una ley para el sector rural, pero como estamos en el Perú, no ha sido reglamentada». Así es la cosa. Cada cinco años, muere un Estado y reaparece otro.

En fin su idea es que «la democracia del ciudadano es ser cada vez más libre y menos dependiente del poder político. Si alguno piensa que el ciudadano debe seguir siendo dependiente, entonces, no es un demócrata». Pero los partidarios del proyecto comunista de Perú Libre, si ganan, tomaría a la población peruana como si fueran menores de edad, es lo que el 6 de junio vamos a saber si los peruanos que quieren que los manden. Y entonces habremos dado un salto gigantesco hacia un pasado arcaico, vetusto, primitivo. Y de paso, los peruanos sirvientes de la gente de la Coordinadora Continental Bolivariana. Parece mentira, hay una parte de nuestros paisanos dispuestos a la servidumbre voluntaria. Ya no tendremos plutócratas y oligarquías sino burocracias por encima de trabajadores y otras clases. Los llamaban los rusos las nomenklaturas. Nunca hubo igualdad en la URSS.

Hubo otras ponencias. La de Jorge Izquierdo, economista en la Universidad del Pacífico. Su punto de vista fue claro y posible, «lo primero es la pandemia». No la economía. Y la de Rospigliosi sobre «la inseguridad ha crecido». Y el decano Álvarez, constitucionalista, explicando que no es necesario una Constitución nueva, hay otros modos jurídicos. Pero dice también que en Perú «cada político cree que tiene la razón». Y Delia Muñoz: «con nueve bancadas, hay necesidad de pactos políticos». Sus ideas-fuerza son conceptuar, negociar.

Y he dejado para estas líneas lo que ha dicho el rector. Grave muy grave, a saber:  «Este 6 de junio la nación decidirá no solamente un nuevo gobierno sino un nuevo régimen que enfrentará graves problemas que acosan su sociedad».

No he podido continuar porque inesperadamente me quedé sin electricidad. Se robaron los cables porque tienen cobre. Esto en Santiago de Chile. No solo mi casa sino toda una manzana. No pueden los lectores imaginar la manera como logramos enviarlo a El Montonero.  

Publicado en El Montonero, 31 de mayo de 2021

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Segunda vuelta: ¡Bienvenidos al ayer!

Written By: Hugo Neira - May• 25•21

Se acerca la fecha de que hablen las urnas en la incompleta república peruana, a pesar de un clima de discordia y vaguedad sin límites. Y se supone que hay uno o varios partidos que legítimamente aspiran a llegar al Caserón de Gobierno que queda en la Plaza de Armas de Lima. No me parece que es así. Para comenzar, acepte usted amable lector, que somos un caso particular. La década de la antipolítica, en el 2000, de Carlos Iván Degregori, se ha extendido hasta nuestros días. El odio. Desde entonces, no se debate ni se compite, se aplasta. No hay política y el país crece pero no evoluciona. Pero hay que recordar que, antes de la pandemia, la población peruana estaba adiestrada a progresar aunque sin prisa, pero ahora, hay un corte. Para cualquiera, una mañana nos espera el Covid. Si no pensamos en eso, el que no se distrae es el inconsciente. Y sin embargo, vacunados o no, la escena es una lucha feroz por quien agarra el poder (agarrar es un peruanismo, no debe usarse —no tenemos garras—, pero esta vez sí las tenemos). Cuando haya concluido esa peste, quien haga en el futuro la historia de estos años rabiosos y fúnebres no podrá eludir la palabra «locura». No hablo de los casos individuales sino de los rebaños que dejaron subir al poder a los más aprovechadores. Sin embargo, el concepto de «arribista» existía en el vocabulario del educado y también  del lumpen. Pero igual, el Perú tiene también, como otras sociedades, el recurso a la desmemoria. Y luego «yo voté pero no tengo la culpa».

Con cordialidad pero sin efusión, mi primera conjetura. Lo que nos está pasando, no es novedad. Es del pasado, por algo el intitulado de este modesto artículo, «el ayer». Hay una definición de Jorge Basadre, en el Perú de los años 70, que resulta justa como un anillo al dedo. Lo que nos proponen en la segunda vuelta electoral, puede no ser solo marxismo-leninismo (eso es una banderola para decir que somos «radicales extremos», acaso buena parte de la clientela lo espera) sino lo que llama sultanismo. Fue su último texto, acaso un testamento. ¿Sorprende el concepto? Entonces, el buen maestro don Jorge nos lo explica: «sistema estatal que carece de contenido racional y desarrolla en extremo la esfera del arbitrio libre y de la gracia del jefe» (p. 37). El concepto, nos dice nuestro historiador que viene de Max Weber. El alemán lo encuentra en el curso de la historia «de señores con vínculos de fidelidad». Y Basadre lo encuentra «en el viejo fenómeno del caudillaje». Además Basadre considera que en los peruanos ha habido un «sector culto, que se inspira en las ideas de la tradición occidental», pero también un grupo, que por «primitivismo sicológico o por conveniencia inmediata, se acopla al sultanismo y a veces  trata de injertarlo en la democracia formal» (p. 38). ¿Qué país es este en que los muertos saben más que políticos, periodistas, sociólogos y psicoanalistas?

Segunda conjetura. Me dirán que hay izquierdas. Yo no las veo. En los años 70, el más moderado partido de izquierda, el Movimiento Social Progresista fundado por el filósofo Augusto Salazar Bondy tenía locales por todo el país. Y hoy pregunto: ¿dónde están los locales de Perú Libre? Las leyes precisaban de que concurriera un número reducido de electores. Vaya facilidades. Se entiende por qué hay tantos partidos, y que no duran más allá de un ciclo. ¿Dónde está el partido Perú Posible de Alejandro Toledo? ¿Dónde el Partido Nacionalista de Ollanta Humala? ¿Dónde los que se opusieron a la revocación de Susana Villarán de su cargo de alcaldesa? ¿Qué hay entonces, ahora? Lo que es la dinámica partidaria son bandos, facciones, por lo general sin ideas ni proyectos, con sus propios circuitos de lealtades.

Digo esto porque la vida, y acaso el cielo, me ha permitido tener una larga vida y he visto en el Perú hasta 1990, las izquierdas peruanas. Lo que hoy pretenden ser, esa mentalidad y calidad no tiene nada que ver con los que ahora fingen serlo. De izquierda era Hugo Blanco que dirigía las tomas de tierras en la Convención y Lares, que le valieron años de cárcel. De izquierda era Moncloa, Carlos Malpica, Ricardo Letts Colmenares, aunque en partidos diferentes y a la vez con la misma intención. Entre ellos, Alfonso Barrantes Lingán. De tener mejor salud, habría llegado al sillón presidencial. Y Diez Canseco que fue diputado. Tengo en mis manos los nombres de líderes y dirigentes pero si los pongo aquí, ocuparían por lo menos diez páginas. Estaba Pablo Macera y Héctor Cornejo. No olvidaremos a Manuel Dammert. Genaro Ledesma y Manuel Scorza. Sí, el poeta y el novelista.

El Perú era izquierdista. Incluso, en la lista de los mejores poetas, Francisco Bendezú, Alberto Hidalgo, Arturo Corcuera, Gonzalo Rose, Alejandro Romualdo Valle, Gustavo Valcárcel, César Calvo. Héctor Béjar. Eleodoro Vargas Vicuña. Y hubo sus mártires voluntarios, Luis de la Puente Uceda, exaprista, que se lanza a una guerrilla en Mesa Pelada, y Guillermo Lobatón, como Javier Heraud. Y hubo el Ejército de Liberación Nacional de Javier Heraud. Y el «chino Chang» que fue a visitar al Che Guevara, justo cuando lo rodeaban, y muere junto el Che.

Tercera conjetura, de nuevo una idea de Jorge Basadre: «Perú, país de las oportunidades perdidas». En efecto, se muere Barrantes. Aplaude la mayoría el fin del gobierno de Velasco, y lo reemplaza Morales Bermúdez. Haya de la Torre ha muerto. Emerge el joven Alan García. Justo en el momento que se inician las acciones terroristas de Sendero Luminoso. Y nada más que eso, pone a los partidos de izquierda que esperaban llegar a Palacio por las urnas. Lo peor, un dilema. Si lo rechazaban, iban en contra de sus principios revolucionarios. Si lo seguían, perdían su estatus de partido, Abimael sería su jefe. Fueron los intelectuales los que tuvieron el coraje de disentir. Por ejemplo, Iván Degregori, su Qué difícil es ser Dios, es lo mejor que se ha dicho y escrito. Si hubiese triunfado, era un sultán en el poder. No olvide el lector que SL tiene como base del partido la creencia de Abimael Guzmán que el comunismo —no el local sino universal— estaba en riesgo. Muerto Mao, y no estando en este mundo ni Stalin, ni Lenin ni Marx, el puesto estaba listo para la cuarta o quinta espada. La guerra que arranca en Ayacucho era para reemplazar la China posmaoísta. ¡Y le creyeron! No era nada lógico sino desvarío, pasión, delirio, fanatismo, furor. No soy el único que no reduce Sendero Luminoso a un partido militarizado, hay otros causales: esa cultura peruana que cree en magias y creencias. Les invito a leer a Moisés Lemlij, psicoanalista, y Luis Millones, antropólogo, en su libro Guerra y fe en los Andes (2009).

Cuarta conjetura, el desinterés por la política proviene de los fracasos de casi todos los presidentes. Es cierto en gran parte que la crisis de los partidos peruanos cubre desde el 2001 hasta estos días, en el 2021. Pero, levanto la mano y pido la palabra. En un trabajo de Osmar Gonzales, se recoge una información estadística de Nicolás Lynch. Desde los años ochenta, hubo una crisis partidaria en la América Latina. Pero el Perú es el caso extremo. «Tomando como base las elecciones presidenciales, Lynch constata que mientras en 1980 la votación por los partidos representó el 96,9%, en 1990 era el 63%. Y en 1995 las cifras bajaron drásticamente hasta representar sólo el 8%». Amable lector, está claro que Toledo no resultó el cholo chambero que se esperaba sino un diletante, y que Ollanta no era por militar un cachaco de izquierda sino que firma la hoja de ruta y adiós las grandes reformas. Es claro, esta crisis viene de lejos, de raíces que nos da flojera investigar, por eso lo de rapidito nomás. El Perú no ha logrado tener una sociedad moderna, culta, con comportamientos republicanos. Ni la nación está construida, y cada vez más, nos fraccionamos. Vivimos entre burbujas.  

Quinta conjetura, algo que nos incluye a todos. «La vida social en el Perú está constituida en gran medida por el arte de enfatizar, en la práctica, las diferencias». Blanquiñosos o cholos, ricos y pobres, decentes y vulgares, elegantes o huachafos, honestos o corruptos, trabajadores u ociosos, de alcurnia o arribistas, los peruanos nos pasamos estableciendo permanentemente las diferencias entre «nosotros» y «los demás». De ahí la escasez de confianza. Te pones a hablar mal de un poderoso con un amigo, y a las horas apareces en YouTube o redes. Y te jodieron. Y si no hay partidos como los tradicionales, con espíritu de corporación, ¿cómo funciona la economía y la política?

Mediante algo que se llama argollas. No son el poder pero sí su dinámica. Además de la jerarquía, en tiempo de democracia o dictadura, las argollas —no es una cita mía sino de Dwight Ordoñez y Lorenzo Sousa— son «un grupo interactivo de individuos, deliberadamente establecido, independiente de una estructura organizacional formal». No sería un problema pero lo es porque existen «para garantizar a sus miembros y personas allegadas el control de una esfera de actividades… y por cierto, sus privilegios y beneficios»  (El capital ausente, tomo II, p. 238). Desde mi punto de vista, es el sumario de los efectos del sistema de vida y trabajo en el Perú. Como el lector apreciará, no estamos hablando de economía sino de comportamientos. No son ilegales, sino modalidades viciosas. Nos viene del ayer colonial, con algo del sistema inca, donde para gobernar había que nacer en el clan cusqueño. A propósito, nuestros historiadores callan ciertos hechos como que los indios, sobre todo en el norte, vieron a los conquistadores, se pasaron al bando de los invasores para dejar de ser dominados por los incas. El silencio o la hipocresía, habita en la historia oficial. Un ejemplo: ¿por qué el periodo 1895-1919 lo llaman «República Aristocrática»? Ya no había ni condes ni duques, todo con tal de no decir Timocracia o Plutocracia.

Sexta conjetura, el abuso del poder será permanente hasta que la sociedad deje de ser poscolonialista. Las argollas, como se comprende, echan a la basura lo que se llama la meritocracia. ¿Adónde te lleva el sistema de la argolla? Pues al flujo de las relaciones. O sea la vida mundana para abrirte paso, para triunfar tienes que prender una vela, «quemar el santo ni tan lejos que no te alumbre» (El capital ausente). Entonces, la política consiste en el arte de impedir. Pero suave camay, la obstrucción pasiva. Al poder no se le discute, se le tumba. ¿Por qué no funcionan con energía las instituciones en el Perú? Porque no son luchas de clase el neoliberalismo y el consumismo, rompen el tejido social. No es tampoco partidos, sobreviven dos o uno. Lo que hay es millares de pequeñas y continuas «guerras fratricidas» entre argollas. Y eso es una costumbre civil.

Hoy la  sociedad carbura en torno al dinero. En el ayer, Perú éramos mucho más pobres, se nacía pobre y se moría pobre, en cambio, éramos más cultos. Es cierto los efectos de la pandemia, tiendas y restaurantes que se cierran, gente que pierde su chamba y se queda sin nada. Cierto, ¿pero saben que desde 1990, de unos miserables ingresos por persona de entre 4000 y 6000, la economía abierta los ha hecho pasar a 16000 soles en el 2017? ¿Por qué entonces la protesta actual?  No es el ingreso. Es que son marginados. La separación geológica en lugares o provincias donde no se tiene una infraestructura moderna de ferrocarriles, aeropuertos, no llega la bonanza. No por azar, el candidato presidencial emerge del campesinado. Pero su partido ya ha dicho que se quedará en el poder. Quieren no solo el poder sino la presidencia vitalicia. No han libertado cinco repúblicas como Bolívar, o como Fidel Castro, venciendo el ejército de un dictador. Apenas un accidente, ¡la pandemia! Y el idiota sistema que en 20 años no hizo las grandes reformas.

Publicado en El Montonero., 24 de mayo de 2021

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Chile: la sorpresa. ¿Otro Chile? ¿Otra política? ¿Los constituyentes?

Written By: Hugo Neira - May• 20•21

Estoy en Santiago, por razones personales. No es la primera vez, desde que renuncié a la BNP y me dedico a mis investigaciones —además de mis clases—, me he instalado para escribir mis libros (Civilizaciones comparadas, ¿Qué es Política en el siglo XXI?, etc). No soy, pues, un politólogo que conoce a fondo los partidos y tendencias de nuestro país vecino. No he venido a Chile para estudiar su historia y su sociedad. Podría ser posible, algo comparativo como lo hecho entre México y Perú. Pero también es cierto que tengo otros vicios además de la lectura y el pensar. ¿Cómo dejar de salir a la calle para ver qué estaba pasando? Ver la historia no solo en los libros sino en las plazas públicas. Y hablar con la gente. Amo las ciencias humanas, desde la antropología a la filosofía, pero a la vez soy un incurable corresponsal. No puedo dejar de observar el contorno, la ciudad y el país, y sin desearlo, vimos lo que se ha llamado el «estallido social» en Chile. Todo lo que hoy ocurre proviene de ese volcán.

Era el 18 de octubre del 2019. Nos costó trabajo llegar a nuestra casa, no había taxis por el toque de queda, y el metro de Santiago estaba cerrado porque los escolares —no los universitarios— protestaron, evadiendo, por la súbida del precio del pasaje. La avalancha de los jóvenes tuvo como respuesta los carabineros. Piedras por aquí, gases por allá, otras protestas con cacerolas, y en la noche el presidente Piñera declaró la emergencia. Por lo general esas protestas masivas se apagaban, así fue en el 2011, en el 2006, lo que llamaron la «revolución pingüina». Pero esa vez no fue así. Jaime Bordel Gil lo describe: «La gente inundó las calles como respuesta al estado de emergencia y a las imágenes de militares descendiendo de los tanques en pleno centro de Santiago».  

Le explico, amable lector,  para no ir de inmediato al presente. Viene de inmediato pero con un pedido metodológico. No razone para el caso chileno con los conceptos que nos son familiares a los peruanos. Las sociedades tienen puertas y muros, pero las llaves son diferentes. No digo mejores, diferentes. Por muy andina que sea Bolivia, no es Ecuador. Somos en América Latina países específicos. Tanto como son distintos el Portugal y España, o Italia con Francia.  ¿O cree usted que Canadá y los Estados Unidos son lo mismo cuando están en el norte? Entonces, paciencia. ¿Qué siguió después del estallido?

Preámbulo a lo que está pasando. Se acuerda un proceso constituyente. Es decir, un plebiscito nacional es acordado el 25 de octubre del 2020, y chilenos y chilenas «decidieron que se redacte una nueva Constitución». Ahora  bien, ¿cómo se forma el cuerpo político para discutir y producir la nueva Constitución? En el Perú, estamos acostumbrados a que algo así lo hagan representantes en el Congreso. En el caso chileno es un cuerpo político específico que se llama la Convención Constitucional, y debe estar compuesto por 155 representantes y mediante elección directa. ¿Ok? ¿Lo ha entendido el lector?

Pues bien, las elecciones de Chile en este 2021 y en estos 15 y 16 de mayo, se han organizado a partir de tres elecciones a la vez. Las municipales, los gobernadores (por primera vez) y los miembros de la Convención Constitucional. Estas elecciones en paralelo fueron postergadas dos veces, se había previsto el domingo 25 de octubre del  2020 pero, visto la pandemia, las dejaron para el 4 de abril del 2021. Otra suspensión, por la pandemia. Por una serie de aspectos jurídicos en los que no entraremos, los nuevos alcaldes y concejales asumirán sus funciones el 28 de junio. También hubo un tiempo para que los partidos, los tradicionales o los nuevos, tuvieran sus primarias. Y elegir sus representantes para los tres rangos, obviamente, el más importante, ¿quién dominará la asamblea que redactará la Nueva Constitución?

Sí, claro, Chile tiene una administración local dividida en 346 comunas que son 345 municipalidades, si es que no me equivoco. El número de concejales depende de la demografía de la comuna,  y alcaldes o concejales tienen el cargo hasta el cuarto año,  y pueden ser reelegidos. Pero supone usted, el lector, en este instante, que la cosa del poder no está en las comunas sino en quienes han sido elegidos para la Convención Constitucional. ¿Qué son, de derechas o de izquierdas? Se sabía antes de los resultados —que han dejado con la boca abierta a todo el mndo— que era para dejar la de Pinochet y los Chicago boys que impusieron la muy conocida economía neoliberal. Cierto, en Chile ha habido crecimiento económico, pero a la vez, brechas gigantescas en la sociedad chilena. (Los mismos problemas que sacuden a las sociedades avanzadas de Europa, acosadas por los populismos tanto de izquierda como de derecha). ¿Quién ganaría, pues, en el caso chileno?

En fin, se sabe que desde el 2000 al 2019, el poder legal ha estado en manos de izquierdas y derechas, a saber, Ricardo Lagos, socialista, del 2000 al 2006. Luego, Michelle Bachelet, del 2006 a 2010. Y luego, Sebastián Piñera del 2010 al 2014. Vuelve la señora Bachelet del 2014 al 2018, y luego, por segunda vez, Piñera. Hasta este día. Parece un sistema bipartidista. Para algunos les debe parecer un modelo de reconocimiento del «otro». Pero esta vez, algo ha pasado. Como diría ese gran filósofo que era Cantinflas, «ahí está el detalle». Ocurre que ha aparecido un nuevo actor en Chile, se llaman los «independientes».

Una nueva fuerza, que nadie esperaba. Con sus 48 escaños, por encima de los 37 escaños de Vamos por Chile (muy pocos, el voto por el oficialismo). Con 28 escaños, un conjunto de fuerzas de izquierda y en donde está el Partido Comunista. Con 25 escaños, liberales y demócratas cristianos. Hubo 17 escaños para pueblos originarios. Y el presidente Piñera dijo que la «ciudadanía le envió un mensaje claro al gobierno». Y acierta en pensar qué es lo que emerge en Chile: «Estamos siendo interpelados por nuevas expresiones y nuevos liderazgos». Exactamente, no lo vence la izquierda sino un nuevo anhelo del pueblo, tener pueblo en el poder. Un cambio cultural, más que político, de orden social.

¿Qué significa este resultado? En primer lugar, la derecha pierde su derecho a vetar, lo que quiere decir que la constitución liberal no tendrá defensa alguna. Eso es una victoria, ¿pero para quién? La izquierda no ha perdido pero tampoco ha ganado. Se esperaba, visto las protestas permanentes en la calle, un triunfo masivo. Pero no es mayoría. ¿Entonces quién va a mandar?  Es claro, los de «independientes».

Pero no es toda la sorpresa. El triunfo de independientes, se dice en Chile, es un castigo del ciudadano a la política y a los partidos¡! En efecto, a los que han perdido se les está llamando «los tradicionales». Y eso es feroz crítica tanto a la derecha como a la izquierda. Los llamados «independientes» no forman parte de un partido. Un observador dice lo siguiente: «se acabaron los días en que los partidos políticos dominaban la política»  (Kenneth Bunker, en Las últimas Noticias).

Ahora bien, preguntando qué son, los dibujan como figuras variopintas, donde se mezclan movimientos, dirigentes sociales, y también críticos de partidos. Sobre todo, eso, los partidos. Un conocedor del mundo político chileno dice que «los independientes son figuras que en su mayoría no esgrimen ideas, sino la voluntad de promover este o aquel interés». Otro dice que «ya no es problema de representación». Se da cuenta,  amable lector, si eso se piensa en Chile. Entonces, los «independientes» resultan ser el ciudadano corriente, que no tiene líder, que en cambio se prepara para el diálogo. O sea, lo que está pasando en Chile es un giro en la historia de la política. Quien no se sorprendería es un tal Rousseau, «la soberanía está en el pueblo». O sea, en nuestra época en donde todo gira en torno a enriquecerse o comandar, viene la idea del «estado llano». Los constituyentes pueden gobernar, no es necesario ni un Rey ni un Mandatario. Y que es el pacto social. Y Rousseau: «Encontrar una forma de asociación  que defienda y proteja con toda la fuerza común a una persona y los bienes de cada asociado, y por la cual, uniéndose cada uno a todos, no obedezca, sin embargo, más que a sí mismo y permanezca tan libre como antes». 

En Chile ¿retorna la «voluntad general»? Y para aterrizar y ver qué cambios o temas ocupan los independientes constituyentes, lo que está en un diario de Santiago. Los 48 electos de los 155 de la futura Convención, traen los temas de «pensiones, impuestos, agua y Banco Central, esto en lo económico». En cuanto a qué posición los de izquierda o la derecha, nada que ver. Titular de El Mercurio del martes 18.05.2021: «Lista del Pueblo se define contraria al sistema neoliberal y es crítica de partidos de izquierda». ¿Qué les parece? Ni esto ni ajeno. Se supone que para no necesitar de partidos y de líderes excepcionales, «el pueblo» —o sea, todo ciudadano— precisaría de un nivel alto en la sociedad civil compuesta de gente bien formada, no solo en una profesión sino en conocimiento de la cultura democrática. Puede que así sea en este momento en la sociedad chilena. ¿Será el país vecino una suerte de Suiza latinoamericana? Ya lo veremos. Lo de la nueva Constitución tendrá un plebiscito que la ratifique o no, en el 2022. Y solo entonces, su promulgación.

Y el Perú, ¿como estará? Cuando gente de Perú Libre dice, muy frescos, que si ganan se quedan para siempre. Es una barbaridad, pero al menos no esconden sus propósitos.

Publicado en El Montonero., 19 de mayo de 2021

https://elmontonero.pe/columnas/chile-la-sorpresa

Un género de escritura, entre ciencia social, ironía y la verdad

Written By: Hugo Neira - May• 17•21

Hemos tenido los peruanos el Pitucómetro, el Caviarómetro, el Cholometro, y ahora tenemos el Ignarómetro. Esta vez se trata de los jóvenes que tuvieron esa magnífica educación en la secundaria peruana que, como sabemos, es la mejor del planeta en las evaluaciones PISA gracias a que sus maestros fueron senderistas. Varias generaciones que creen que son marxistas y no saben ni michi. Por supuesto, hubo clases de Historia Peruana e Historia Universal (nunca las hubo, desde 1990 hasta nuestros días). Ellos no son culpables de «la educación de la ignorancia» que han recibido, lo somos todos. El truco ha sido no explicar por qué la URSS se desploma. Y por qué Sendero Luminoso pierde la guerra en la sierra y cae prisionero Abimael Guzmán. A veces el silencio es una complicidad. Es el caso.

El sistema es el mismo que para el Caviarómetro: una pregunta y una respuesta, con puntos para subir o bajar.

1) En marzo de 1985, la potente URSS decide aplicarse la Perestroika, palabra rusa. Este concepto fue conocido mundialmente. ¿Puede usted explicar qué es?

Sabe: 20 puntos para arriba.  No sabe:  20 para abajo.

El término quiere decir «reconstrucción». Lo establece Mijaíl Gorbachov, Secretario General del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética). No era, pues, una iniciativa de la oposición, en el sistema estaliniano eso no existía. En realidad era un mea culpa del sistema mismo. Muerto Stalin en marzo de 1953, comenzaron una serie de reformas anteriores a la Perestroika, que fue la última. La enorme modificación se organiza en tres metas. La primera consistía en reducir los gastos militares. Era la era de la Guerra Fría. El rival de la USSS en materia de innovación y armas nuevas eran los Estados Unidos. Rusia soviética gastaba un 40% de sus ingresos y USA solo un 10%. Fue una habilidad del presidente norteamericano Reagan, haciendo gastar más a su rival y provocando una permanente crisis socioeconómica en el interior de la URSS. En efecto, las colas de gente en Moscú eran enormes, «y en la vida cotidiana, las dificultades materiales provocaban una tensión de la cual sufrían los rusos mismos» (Información obtenida en Histoire du XX siècle (Initial), un manual de secundaria de 1973. Por supuesto, una temática como esta no se tuvo, desde 1990 a nuestros días, en las asignaturas peruanas. De ahí la ignorancia como materia de educación en Perú.)

La segunda meta era acrecentar la producción. La URSS competía con las sociedades europeas sin poder alcanzarlas. Y la tercera, una modificación completa del sistema tanto económico como social. Como sabemos, se les escapó de las manos y esas modificaciones destruyeron el sistema y llevaron a la desaparición de la URSS.

2) Gorbachov tuvo otra idea, tan importante como la Perestroika, y ese concepto se llama Glasnost. ¿Qué quiere decir? Si sabe, + 20 puntos. Si no sabe,  – 20 puntos.

Glasnost quiere decir un lenguaje de la verdad. Al tener una economía planificada, se formó una suerte de economía subterránea. Era sabido que la burocracia soviética mentía en sus resultados, y era preciso decir las cosas como eran, para despertar la apatía de esos años.

3) Desde la Revolución de Octubre en 1917 —que fue un golpe de Estado de Lenin—, se establece la dictadura de un solo partido, el PCUS. Los bolcheviques hacen la paz con los alemanes, perdiendo territorio, enfrentan una guerra interna (con los rusos blancos), lanzan el movimiento comunista internacional y se estatiza la industria, el comercio y los campesinos. Es una economía planificada en la que no hay propiedad privada ni libertad de mercado, por cerca de un siglo.

¿Cierto o falso?

Es falso. El mismo Lenin, en las circunstancias de una guerra en el extranjero y en el interior, lanza la NEP, en 1921. Es decir, la Nueva Política Económica, mediante la cual llama a propietarios privados y a empresarios, y que salva a Rusia de la hambruna y permite la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Pero también es cierto. ¿Por qué no continuaron eso que hoy es el método de la China actual: economía de mercado y Estado-Partido? Lo que ocurre es que Lenin muere en 1924 y es Stalin quien lanza, en 1929, la «construcción del socialismo». Consiste, según Stalin, imponer a la fuerza una política industrializante y una colectivización agraria sin piedad. Lo que se sabe hoy —y es académico y no ideológico—, está en la Historia que no miente. Lo impuesto a los campesinos tuvo un costo humano: dos millones de personas se negaron a ese sistema y los separaron. La hambruna que estalla entre 1932 y 1933, produce seis millones de víctimas.

La pregunta que les hemos hecho es para que conozcan la ambivalencia de la historia misma. Se puede decir que es cierto, por la intervención de Stalin, y que no lo es, por el sentido común de Lenin de llamar a los que entendían el mercado y salvan por unos años, al pueblo.

4) Los rusos, en el prolongado sistema soviético, desde 1929 hasta la Perestroika en 1985, soportaron el régimen estatalista.

¿Cierto o falso?

Es cierto mientras estuvo Stalin. Con él se establece un régimen totalitario. Es la época del Gran Terror. No solo el Partido elimina las élites de otros países sino las suyas. Las «purgas», así se llaman esos crímenes. Y en víspera de la II Guerra Mundial, se estima que unos siete millones es el número de personas que fueron enviados al gulag (a tierras de la Siberia, donde se morían de hambre y de frío). Muchos de ellos no eran conservadores sino facciones de marxistas que discutían a Stalin, algunos de ellos echaban de menos a Trotsky. Este había construido el Ejército Rojo de los años veinte que salva a la Rusia comunista. No vamos a ocuparnos de la II Guerra Mundial ni de los esfuerzos de los rusos por contener la ofensiva alemana. Fue una guerra patriótica, no de defensa del régimen. Costó 26 millones de muertos, y dentro de esa cifra, 9 millones de militares. El derrumbe del nazismo lleva la URSS, desde 1945, a ser una gran potencia mundial. De ahí la extensión de la Rusia soviética sobre Europa, un Imperio como en la época de los zares, Rumanía, Hungría, Albania, Checoslovaquia, países satélites que, con gran cinismo, se llamaron «democracias populares». ¿Democráticas? En ellas, partido único y nunca elecciones. Sin embargo, los rusos soviéticos lograron el CAEM, un acuerdo de  Rusia con las naciones que dominaban en la Europa del Este, una mutua ayuda. Se le conoce  como el Pacto de Varsovia. (Algo así como el pacto silencioso de la Cuba que ya no tiene la riqueza que le daba Rusia soviética y tiene hoy problemas internos, con una Venezuela tan inepta que no logra producir petróleo y una Bolivia de Evo que sueña en convertir Moquegua en su salida al mar, por supuesto, a patadas.)

Para tener buena nota hay que revisar la historia de Rusia. No todo en la historia y en las transformaciones cabe en negro o blanco. Es el caso de la Rusia post Stalin. Intentaron mejorar el sistema pero, por lo visto, la economía comunista no era productiva. Pero tampoco eso significa que el capitalismo salga triunfante. La crisis del 2008 revela grandes problemas provocados por lo que se llama el neoliberalismo. En las semanas siguientes, trataremos con el mismo criterio crítico, desde la falla de la URSS a lo que se llama neoliberalismo.

Por el momento, tomemos en cuenta la cronología de 1945 a nuestros días de una y otra Rusia.

El 5 de marzo de 1953 muere Stalin, y el 7 de setiembre Kruschev, Primer Secretario del Partido, asume el cargo. Hijo de minero, inicia su vida como pastor en Ucrania, participa en la Guerra Civil de 1918-1920, estudia técnica y política, y hace una brillante carrera en el aparato del Partido. A la muerte de Stalin, es una figura, la mejor del politburó. Con él comienza un proceso de des-estanilización. Lo que sacude el mundo comunista en la Europa del Este, la China y Corea del Norte. Es un periodo que va de 1956 a 1964. Pero es en la URSS que lo increíble ocurre: el inicio de una liberalización intelectual y reformas económicas. Todo ello a partir del XX Congreso del PCUS  (febrero de 1956). «El cometido era lograr la eficacia en el sistema soviético y alcanzar a los Estados Unidos hacia los años setenta» (manual escolar ABC du bac, Nathan, París, 1994, p. 94). Otro Congreso, el XXII (1961), va más lejos: todos los nombres que recordaban a Stalin fueron transformados. Así la ciudad de Stalingrado pasa a ser Volgogrado. El cuerpo de Stalin deja el mausoleo donde están los restos de Lenin.

En esos años, las naciones europeas sometidas a la URSS aprovecharon para liberarse, no del todo pero en algo. Albania deja el bloque soviético y se aproxima a la China de Mao. Yugoslavia dirigida por Tito se reconcilia con Rusia en 1956, pero su modelo es un socialismo autogestionario, o sea, un sistema que no es el soviético. En Polonia no siguen el sistema de planificación de los rusos y descolectivizan las tierras. Se vuelve a una producción de economía familiar, como lo hará la China post Mao. En fin, en lo que se llamaba el Tercer Mundo, la China Popular, en 1958, toma una vía de desarrollo maoísta, y no la de Stalin y los jefes de Estado posteriores.

No fue nada fácil esa metamorfosis. El 14 de octubre de 1964,  Kruschev es destituido de todas sus funciones. Lo remplaza Leonid Brézhnev. Hijo de obrero, trabajó muchos años en fábricas, y se forma como ingeniero metalúrgico. Al parecer estaba cercano a Stalin, y luego vuelve y es un personaje discutido. Tomamos en cuenta lo que les parece un retorno al pasado estalinista, o bien, los esfuerzos por salvar el Estado y la Rusia soviética.

Para algunos, los años de Brézhnev son el retorno «del culto a la personalidad», eso que se rechazaba para Stalin, un hombre de medallas. Medalla de la Orden de Lenin, medalla de Héroes de la URSS, medalla de oro Karl Marx. Los que han estudiado ese periodo inestable de la Rusia soviética dicen que Brézhnev, en los años 70, favoreció a algunos de sus familiares, a su hijo Yuri, como delegado a un XXV Congreso, y ministro adjunto del ministro de Economía. Curioso, ¿no? Se diría alguno de nuestros mandatarios y el comportamiento de las capas dominantes en Perú. Desde nuestro punto de vista, vemos todo el tiempo cómo las sociedades latinoamericanas, y en particular la sociedad peruana, están devoradas por las argollas. Podemos pensar que la Rusia en caída de los años 70 tenía un aire de prepotencia parecido.

Pero sigamos la otra versión sobre las dificultades de Brézhnev. Había un problema: muchos cuadros políticos eran gente de mayor edad. Esto ocurre en los años 70, la potente Rusia estaba dirigida por una «gerontocracia». Ciertamente, ese aspecto le daba a Moscú algo de estabilidad, pero también de inmovilidad. Continuaron con el sistema de planificaciones pese a las reformas que intentaban. Y es así como el bajo nivel de crecimiento agravaba la vida cotidiana de la población, crecía la penuria, la mala calidad de los productos, y la URSS descubría que la mortandad infantil aumentaba, puesto que se degradaban los servicios de salud. Había, pues, un malestar social.

El sistema comunista se descomponía por dentro. Había ya gente que se reconocía «disidente», pero no había marchas ni protestas porque podían terminar en uno de los campos de prisioneros llamados gulag. Entonces, era un tiempo de hipocresía, sobre todo entre los dirigentes menores. Cada uno guardaba silencio, pero si hablaban, era posible que los internaran en hospitales para dementes. Alguno, sin embargo, se atrevía a protestar: el escritor Solzhenitsyn, expulsado en 1974. Para el ruso corriente, había algunas formas de huir de la zozobra social: la indiferencia, el trabajo con mala gana, el alcoholismo, las drogas, la delincuencia… Otras formas de resistencia, entre los jóvenes, en la manera de vestirse y divertirse. Adoptaron el jazz, la música electrónica, el rock, el blues, se diría casi un exceso de idealización del mundo occidental.

Extraña sociedad. Si aplicamos la idea de Karl Marx a la URSS antes de su derrumbamiento, encontramos clases sociales en el mundo soviético, la clase obrera, los campesinos en los koljós, o sea, zonas de trabajo colectivo agrario (no había propiedad privada) y lo que se llamaba la intelligentzia (trabajadores intelectuales).

En 1991 es el fin del comunismo y la desaparición de la URSS. El 29 de agosto, el Sóviet Supremo suspende las actividades del PC en toda Rusia y procede a su disolución. Se establece un gobierno de transición, reuniendo a Gorbachov y dirigentes de las repúblicas. Y continúa la perestroika en la Europa del Este. En Polonia, es el triunfo de Solidaridad. Hungría abandona también el comunismo. Dos Estados se declaran contrarios a la perestoika, la República Democrática Alemana y Bulgaria. En Checoslovaquia, forman un gobierno todavía con comunistas pero en minoría. En  Rumania, en noviembre de 1989, Ceaucescu es elegido por unanimidad por el Partido Comunista Rumano, y un mes después, en diciembre, es ejecutado. Hay que decir que  el poscomunismo, para las naciones que fueron «democracias populares», les es muy difícil acomodarse a un sistema de economía de mercado. Su democracia es frágil, en cambio ha aumentado el nacionalismo y el temor de pasar de una dominación a otra.

5) ¿Qué viene a ser, entonces, lo que se llama marxismo-leninismo?

Según el Diccionario Histórico y Geopolítico del Siglo XX, es la etiqueta que el propio Stalin se coloca. Sirve a Rusia en la época del imperialismo soviético. Políticamente es la ortodoxia doctrinal para lograr el control desde el partido único. Por cierto, no todos los bolcheviques estaban de acuerdo en que el poder estuviera en pocas manos. Los opositores eran Nicolás Bujarin y León Trotsky. Ese sistema no logra la mejora de los rusos, y dura hasta 1956, cuando en el XX Congreso del PCUS, Nikita Kruschev denuncia el estalinismo. Hay que decirlo, es el peor régimen que se conoce en la historia del comunismo a nivel mundial. Socialistas como Castoriadis —griego comunista que rechaza el marxismo-leninista—, lo consideran un régimen de «barbarie». Otros como Lefort lo ven como un «totalitarismo».

La pregunta adecuada es la siguiente: ¿Por qué el partido Perú Libre, en la voz del señor Cerrón, sostiene que entre las variantes del régimen comunista prefiere el marxismo-leninismo, es decir, el peor. Entonces, de obtener una victoria en la segunda vuelta, borraría el Congreso y habría lo que él busca, un poder sin límite alguno. Ese marxismo-leninista ha fracasado en la Rusia soviética y en nuestros días. Los pocos países comunistas —Cuba, Vietnam, Laos— caminan hacia una economía de mercado. En cuanto a China, está claro, es un capitalismo de Estado. Dejaron a Mao y desde 1980 (hace 40 años) combinan, desde Den Xiaoping hasta nuestros días, un capitalismo que logra el socialismo porque es productivo.

(Cf. https://elmontonero.pe/columnas/comunismo-en-el-peru-cual-de-ellos)

PD: Programa para las siguientes columnas del Ignarómetro:

– Segunda parte. No hay un solo marxismo. Son varios. Marxismo, Stalin. Maoísmo. Socialdemocracia (en particular en la Alemania del siglo XX. La variante de Yugoslavia con Tito.

– Tercera parte. Qué es socialismo. Qué es comunismo. Y cuándo y en dónde se separan.

– Cuarta parte. ¿Quién era Karl Marx? ¿Y por qué lo seguimos leyendo?

Conviene saber que el dijo alguna vez, viendo como no le entendían sus seguidores, «que si así pensaban —de modo totalitario— él no era marxista».

Además de Karl Marx, ¿conoce usted quiénes siguieron observando y estudiando el fenómeno económico, social y moral del capitalismo? ¿Por ejemplo, Sombard, Weber, Schumpeter, y muchos otros en el siglo XX?

Publicado en El Montonero., 17 de mayo de 2021

https://elmontonero.pe/columnas/un-genero-de-escritura-entre-ciencia-social-ironia-y-verdad