Parlamento y Gobierno. La necesidad de la «consilencia»

Written By: Hugo Neira - Ago• 10•20

En una obra ganadora del Premio Pulitzer, Barbara W. Tuchman,  historiadora, sostiene que el motor de la historia son los errores, y va desde Moctezuma, que en 1520 creyó que Cortés y sus 600 soldados eran dioses o enviados de los dioses,  hasta el ataque del Japón a Pearl Harbor (The March of Folly). Entonces ¿las locuras hacen más historia que lo racional? No está mal como punto de partida. La marcha del capricho, el disparate, la imprudencia, y ahora la extravagancia, nos envuelven desde hace veinte años¡!

En cuanto al intitulado, «consilencia» es un concepto novedoso. Quiere decir que política no es odio ni antis. Claro que molestará a los acólitos del «pensamiento único», que abundan. En cambio la consilencia prepara el ánimo para la «ingeniería del consenso» que tiene consigo Max Hernández.

Son dos discursos los que voy a comentar. El adiós del 28 de julio de Martín Vizcarra. Y luego el inusitado discurso de Pedro Cateriano. Sobre lo dicho por el presidente Vizcarra, pienso que hubo dos partes. En la primera explica su gestión sobre la doble crisis, salud colectiva y economía. En la segunda, en cambio, fue algo sorprendente y diría bien pensado, a saber: una serie de proyectos, caminos caseros para pueblos y aldeas, y la modalidad de Gobierno a Gobierno, esta vez para las líneas 3 y 4 del metro de Lima. Y además lo del otro bono por 760 soles para más de 8 millones. Pero no pude menos que hacerme esta pregunta. ¿Por qué exponer un plan de gobierno tan amplio cuando no le queda sino un año? ¿Un plan como para 5 años o más? Entonces, yo no, mi cerebro me envía una idea. El presidente está haciendo un adiós, pero sugiriendo  «miren lo que podría hacer, pero no ahora». Hay que tomar en cuenta que el ciudadano Martín Vizcarra no tiene partido, porque si existiera, ese partido X tomaría esos proyectos para el periodo 2021-2026. Entonces, no hubo discurso del adiós sino ¡ya vuelvo en el 26! En nuestra historia, ya ha pasado. En Palacio dos veces, Leguía, Manuel Prado, Belaunde, Fujimori, Alan García. «Nada está dicho», como dice un programa de TV.

A ese juego inteligente y ambiguo, en la retórica se le llama el double bind. Proviene de la cultura anglosajona y en especial de los británicos, por algo se les llamó durante siglos «la pérfida Albión». Astutos hasta el hueso. Consiste en una propuesta, que envuelve al que la recibe y pierde de todas maneras. En este caso, los anti Vizcarra. Me explico. Primera hipótesis: si acaso el gobierno del año 21 resulta ser un desastre, la gente dirá, si hubiesen seguido el plan de Vizcarra nos iría mejor. Vizcarra gana. Pensemos ahora al revés: el gobierno que viene toma todo o parte de ese plan, Vizcarra igual gana. Eso es el double bind. Por lo visto, de Moquegua a Palacio, se aprenden las habilidades y manejos de los políticos profesionales.

Iba con el mismo buen humor a escuchar a Pedro Cateriano en su exposición en el Congreso. En el lapso que transcurrió entre el mensaje del 28 de julio hasta el fatídico martes 4 de agosto, los diarios limeños no se cansaron de decir que «el peor escenario para el país es una confrontación». El mismo Primer Ministro «solicitaba el diálogo entre los poderes». Ingenuo de mí, me imaginaba al señor Cateriano conversando con las bancadas; o acaso, sus portavoces. En fin, nada tiene de malvado ese tira y afloja de te doy esto pero me das este otro. Eso es normal, para eso a Montesquieu se le ocurrió un equilibrio entre poderes de Estado. Pero ese lunes, me comencé a preocupar cuando a paso ligero apenas toca el avance feroz del Covid-19. Ciertamente, no esperaba que hablara largamente sobre la crisis sanitaria, ni esperaba oírle sobre las pruebas rápidas o moleculares. No señor. Y entonces, me dije, aquí está faltando algo. Algo que se llama «inteligencia emocional». Una frase, un gesto de preocupación por los que se están muriendo, nada de eso. Se lanzó sobre el tema económico. Y de nuevo, la ausencia de empatía (que no quiere decir simpatía sino el ponerse en la situación del otro). Estaba ante unas bancadas y representantes que vienen de las provincias, o sea, deben sus curules a aquellos que detestan las mineras, y entonces, por el amor de dios, señor Cateriano, ¡¿se lanza a un elogio —qué digo— una loa a la minería?!   

Seamos francos. Yo también pienso que, lamentablemente, nunca entramos en la revolución industrial, perdimos dos siglos, y hoy solo tenemos extracción minera y algunos productos del agro que se puede exportar. Pero el asunto no es que sea asá o asá la minería, sino a qué público se estaba dirigiendo. Debió haber sido más corto en ese tema. O pudo proponer un vasto diálogo entre población agraria, comunidades, pueblos, con las mineras. ¿No ha escuchado usted lo que sabe Hernando de Soto de los trabajadores en las minas? Y no hablamos de informales. Y por mi parte, yo no milito en ningún partido pero estoy al corriente de que hay una Federación Nacional de Trabajadores mineros, metalúrgicos y siderúrgicos del Perú, con unos 200 mil o 400 mil miembros. Se puede, pues, discutir y conciliar, ya.

Ahora bien, cuando escucho todo lo que dijo, pensaba que ya había hablado con las diversas bancadas. No fue así. No creo, tampoco, que haya sido un descuido, una indolencia. A Cateriano lo aprecié cuando Humala: mientras estaba en el gobierno, Ollantita no iba a regalarle a los chavistas el Perú. Pero ese lunes tuvimos la sorpresa de un Cateriano que no conocíamos. Un moralista. Felicitaciones por serlo. Pero no es un hombre dispuesto a los consensos. ¡Justo cuando los necesitamos! Mientras escribo, a mi lado está un amigo. Se llama Léxico de la Política. «Los partidos representan intereses económico-sociales que, aunque contrapuestos, pueden siempre ser objeto de negociación». Sí, pues, pactos, acuerdos, eso que a usted le parece un pecado. Entonces, señor Cateriano, con todos mis respetos, es usted un hombre moral, pero se equivocó de carrera, su lugar está en el clero, el mundo de los postulados eternos, no en el mundo plural que separa poderes. Usted ha escuchado la voz de su conciencia pero no pensó en el bien común. Menos mal que otros tomarán las riendas.

Y lo peor, el uso de la palabra ‘chantaje’. Me da vergüenza ajena. Que lo haya usado tal o cual o acaso algún periodista, qué miseria la cultura política de nuestro país en estos días. El chantaje es una amenaza física, «te hemos secuestrado tu nieto, danos la cabeza de tal ministro». Hubo presión, sin duda, ¡pero eso es pues oposición! «Te damos la confianza a cambio de tal cosa». ¿Qué hay de extraño? En las sociedades democráticas esparcidas en el planeta, cuando se goza de un Estado de tres poderes, esas negociaciones son corrientes. ¿O qué? ¿El Parlamento está pintado? ¿Pero qué esperaba usted, ¿qué le aprobaran el paquete completo, y chitón? Entonces eso es Maduro, señor Cateriano. Por lo demás, el mal peruano, esa educación chatarra dada a los pobres para que sigan siendo pobres, no es una cuestión de controles solamente. Yo estudié cuando había asignaturas y no «áreas». Por eso he vuelto al Perú, agradecido de la magnífica formación secundaria que tuve. Todo el resto es cosa menor.  

Se necesita actores políticos más flexibles. Acaso hemos visto dos intransigencias. Ciertas bancadas y usted. O acaso —siento decirlo— puesto que usted ha sido el dador de ese concepto jurídico de «negación fáctica» de la confianza con el cual se disolvió el anterior Congreso, ¿acaso ahora ha decidido disolverse usted mismo? ¿En qué se resume su Acting Out? Un filósofo español, José Antonio Marina, dice que «solo en las culturas fracasadas es cuando se hace daño a los demás, sin sacar de ello beneficio». ¿Es eso lo que nos está pasando? ¿El odio por las puras? Y acaso usted ha tenido una suerte de remordimiento, porque fue el Sumo Hacedor de este big bang, a saber, PPK, su renuncia, y Vizcarra, sin partido ni parlamento. Y usted tan moral. Sin duda, pero la democracia —cuando lo es— tiene su ética: consiste en el respeto y reconocimiento del «otro» aunque no nos guste. En fin, qué Dios y la patria os lo perdonen. Lo que es de los peruanos, le van a agradecer la recontracrisis de estos días, hasta el fin de los tiempos.   

PD: para la próxima semana, Líbano: liberal y descuidado

Publicado en El Montonero., 10 de agosto de 2020

https://elmontonero.pe/columnas/parlamento-y-gobierno-la-necesidad-de-la-consilencia

Entrevista: «Hugo Neira: ‘¡Todos nos hemos equivocado!’»

Written By: Hugo Neira - Ago• 06•20

Por: Carlos Espinoza

A sus 84 años, Hugo Neira dice estar acostumbrado al confinamiento, ya que para producir sus obras e investigaciones se aísla al menos unos cuatro meses. Se considera alguien muy disciplinado, se levanta a las seis de la mañana, escribe hasta el mediodía y prepara sus clases para la universidad de lunes a domingo. «Al momento de trabajar hay que concentrarse muy profundamente, no hay otra forma. Los libros son mis amigos», dice.

– ¿Cuál sería la principal causa de que seamos uno de los países más afectados en cuanto a casos de contagios y muertes por la pandemia de la Covid-19? ¿El Gobierno o la población?

Yo no pertenezco a ningún partido. No acepto consultorías. No me da la gana de tener un compromiso político. Yo estudié para ser comunista, no de izquierda, cualquiera es de izquierda. Por eso, yo no quiero decir nada malo del presidente Vizcarra, quien es legalmente presidente, porque todo el mundo se ha puesto a atacarlo ahora y yo no quisiera, ni por un millón de dólares, estar en su papel, francamente. Porque son dos problemas tremendos: si haces la cuarentena, salvas a la gente, pero se viene abajo la economía. Si sueltas la economía, la gente sale a la calle y va a haber más muertos. Es bien difícil.

El coronavirus nos ha quitado algo de los ojos. No nos habíamos dado cuenta de lo precaria que era la sociedad peruana. Casi tres cuartas partes del mundo del trabajo no tenían una refrigeradora en su casa para comprar alimentos una vez a la semana. Han dicho que hay que lavarse las manos todo el tiempo, pero si muchos no tienen agua! Entonces, ¿qué ha pasado? ¡Todos nos hemos equivocado! Pensábamos con la vanidad peruana del facilismo (…). Hemos ido por el camino suave (y decían): «Ah, los informales llegaron, se construyeron sus casas, no fastidian, tienen su trabajo, se inventan su propio empleo, ¡qué bien!». ¿Qué bien? Mira lo frágil que somos.

Hemos descubierto que no estábamos tan modernizados, que no íbamos a la OECD, que somos muy frágiles y que la población no puede soportar porque no tiene ahorros. Lo que tienen en el colchoncito se les acaba rápido. ¡Francamente tenemos todos, todos la culpa! Yo no me di cuenta, de verdad, lo grave que era todo esto. Han pasado veinte años de crecimiento económico, pudimos hacer esfuerzos para que el Estado pudiera invertir en salud y educación, que es lo más fundamental que hay. Si tú tienes un pueblo bien alimentado y bien educado, entonces puedes hacer cualquier cosa. ¿Cómo se desarrolló Suecia que en 1900 era un país de campesinos pobres?  Para modificar eso, un partido socialdemócrata decidió no gastar en armas, con un riesgo grande con Europa en frente, e invertir en el sueco.

En el Perú no se ha invertido en el peruano. Se tiene que invertir fuertemente en salud y, entonces, tendremos una sociedad más homogénea y si nos pasa otra pandemia o epidemia de este tipo ya estaremos más preparados. Es la lección que nos da el cielo o el infierno. El coronavirus nos ha dicho ‘que no somos tan modernos como nos creemos’. Chile está en la OECD, no tiene informales. Uruguay es un país moderno y no hay informales. Ahí está el tema y eso no se resuelve de la noche a la mañana. Para que los informales dejen de serlo, tienes que tener empleos formales. Es el momento de dar el salto, y ahí soy optimista, a la revolución industrial.

No nos vamos a poner a construir aparatos electrónicos que los hacen en Asia, o automóviles, pero sí podemos competir en las (tecnologías) biotécnicas en un Perú con diversos niveles, en las químicas, en las ciencias de la naturaleza. Entraríamos a la quinta vuelta de la revolución industrial. La gente tendría servicios, contratos, estarían mejor consolidados y vivirían en casa mejores y no hacinados en casas pobres como ahora. Me da mucha pena lo que está pasando, a veces me saltan las lágrimas cuando veo cosas en la televisión. Esa señora que corrió detrás (del presidente) en Arequipa, ¡me eché a llorar, carajo, me eché a llorar! Era el pueblo del Perú que estaba corriendo ahí.

Durante los meses de junio y julio el Perú figuró entre los 10 países más golpeados por la Covid-19 en cuanto a casos de contagios.

– De cara al Bicentenario, ¿cuál es la lección que deberíamos tener en cuenta sobre el periodo de la Reforma Agraria que usted tanto conoce?

Sin quitarle mérito al presidente (Juan) Velasco, eso ocurrió cuando hubo movimientos campesinos, no guerrillas, que invadieron tierras de hacendados en el Cusco. A mí me enviaron al Cusco, como periodista. Fui directamente con las personas del Partido Comunista y me dijeron que no tenían nada que ver (con el movimiento). Había una federación campesina que tenía cerca de 1800 sindicatos por todas partes. Viajé con los campesinos cada vez que iban a ‘recuperar sus tierras’ (en Lima le decían ‘invasión’, pero era porque les habían robado sus tierras en el siglo XIX, y no en la Colonia, cuando los criollos pudieron hacer lo que les dio la gana).

Encontré una élite de campesinos que había hecho servicio militar, que hablaba bien castellano y quechua y que eran ellos mismos los que estaban haciendo su propia revolución. Nació una élite de campesinos que tomaron las tierras. Metieron preso a 500 dirigentes campesinos. Los militares pensaron, en el año 62, que eso iba a seguir y como no iba haber reforma agraria tomaron el poder para hacerla. (Los campesinos) se liberaron. No se habla bien de la reforma agraria, porque (no es el triunfo de) ningún partido político de criollos, de comunistas ni apristas.

En cambio, Hugo Blanco, Saturnino Huillca y Velasco le dieron ley a ese tema de los campesinos. Eso terminó la Colonia. Lo que quiero decir es que el hacendado era la continuación de la encomienda colonial. Ahí se murió la Colonia, ahí los campesinos son nuestros iguales. Esa fue la libertad de los campesinos, porque la otra libertad de San Martín y Bolívar fue para los criollos y no para los campesinos. Pero el Perú es ingrato. Yo les digo a los cusqueños cómo no tienen una calle que se llame Saturnino Huillca, un monumento a Hugo Blanco o a Velasco que los salvaron de la servidumbre (¿?).

– ¿A qué intereses obedece que un sector critique documentales como el de Hugo Blanco, Río Profundo?

Lo que quieren con Hugo Blanco es marcarlo como terrorista. Terrorismo es lo que ocurrió con los edificios de las Torres Gemelas. (Hugo Blanco) no fue un guerrillero. Alguna vez le pegó un tiro a un policía que estaba buscándolo para matarlo. Blanco fue uno de los que se indigenó, se volvió indígena, trabajó con ellos y aprendió de ellos. Blanco no les puso en la cabeza esas cosas. Ellos ya estaban organizados. Tratan de deformar (a Hugo Blanco). (La reforma agraria) ha sido lo mejor que le ha pasado al Perú después de la Guerra con Chile.

De lo que se trata ahora es que recuperemos al pueblo que está sin recursos, que no tiene acuerdos jurídicos y que no está asimilado a la sociedad peruana. Ese es el paso que hay que dar porque la tierra ya está en manos de campesinos y agricultores. Hoy algunos hablan con una tranquilidad sobre ‘el fracaso de Velasco’. Y la papa y el maíz que usted come, ¿de dónde cree que viene? De esos que trabajan mucho mejor que las haciendas. Las haciendas eran precapitalistas, los hacendados no eran muy ricos. Hoy hay dos millones de agricultores desde Puno hasta Cajamarca. Los campesinos ya no tienen patrón, patrones son ellos mismos. ¿Eso no es bueno para el Perú?

– ¿Hoy existen luchas equivalentes a la de los campesinos de la época?

Lo que hay es una gran preocupación por la minería. Hay la duda que la minería vaya a malograr lo agro. Ese es un tema técnico. Hay terrenos que deben ser agrícolas y otros terrenos que deben ser mineros y las minerías pueden hacer muchas cosas científicas. Estas cosas se pudieran resolver pero no se les ocurre (cómo). El presidente (Rafael) Correa, en el Ecuador, tenía un problema con una entidad petrolera. Las comunidades del entorno no la querían. Entonces decidieron llevarlos en aviones a Chile, donde estaba la misma empresa, para que vieran que sí era posible, con tecnología, salvar el agua. No lo han hecho en el Perú, la gente tiene que tocar y ver las cosas porque ya perdieron confianza.

– ¿Cómo ve las próximas elecciones? ¿Los peruanos siguen prefiriendo a una figura autoritaria?

No sé qué va a pasar. Antes de la pandemia un partido me llamó y me pidieron que forme parte de un comité para un proyecto político. Yo dije que lo hacía si me daban dinero para tener un equipo y viajar con todos ellos por todo el Perú para saber qué diablos quiere la gente. No quiero nada de grupitos que se sienten a escribir sin saber qué quiere el pueblo, qué le interesa: ¿carreteras, puentes, subsidios? No me volvieron a llamar. Hay que ir a las provincias y ver qué quiere la gente porque sino después viene el voto de sanción, por haberlos abandonado. Al crecimiento económico ya no lo debemos mirar solo como el producto interno bruto, sino cómo se está distribuyendo eso, qué seguridad tiene una persona viviendo en los barrios populares, la necesidad de seguridad, de salud y no solo para los ricos y clases medias. Eso quiere el pueblo.

– ¿Cómo llega el Perú? ¿Cómo ‘nación’, al Bicentenario? 

Yo me he puesto a estudiar la existencia de las naciones que se formaron. Tengo un libro ¿Qué es nación? Estudié el caso de Inglaterra, Francia y Alemania. Las tres formaciones nacionales fueron a partir de estamentos y estructuras internas bien diferentes. En Francia la formación de la nación durante la Edad Media, y luego la edad moderna, duró nueve siglos. Lo digo para que los peruanos entiendan que estas cosas no ocurren de la noche a la mañana. Inglaterra también se organizó y le fue muy valioso ser una isla, tomar distancia de Europa y hacer su revolución liberal en 1600 con Cromwell, un protestante. Se tumbaron un rey absolutista como Carlos I. Cuando murió Cromwell, un dictador democrático, Inglaterra tomó el modelo de tener un Parlamento y una Corona. Alemania llegó a la unidad por la lengua, en un momento determinado había una serie de alemanias muy dispersas. En el siglo XIX, un personaje extraordinario como (Otto von) Bismarck reúne cerca de 65 entidades políticas, que eran una nación, un reino, un condado, un marquesado. Los reunió y fundó la Alemania moderna. Se volvió una nación muy poderosa porque su población era mayor que Francia y entraron a la Revolución Industrial.

Por eso les digo a los peruanos: calma y tranquilidad. Las naciones se hacen a partir de elementos muy difíciles en los cuales entra mucho la subjetividad. En este momento la gente ama al Perú, pero a veces es un amor del labio para afuera. Nos emocionamos mucho en un partido de fútbol con «la rojiblanca», sentimos que somos parte de algo, pero en realidad, en la vida cotidiana, los ciudadanos que pagan impuestos son muy pocos. A la patria y al Estado les damos muy poco, ¿cómo puede hacer cosas el Estado si no tiene recursos? Hay informales que ya son millonarios y no dan un centavo. No puede ser que las tres cuartas partes de la sociedad peruana estén fuera de la parte jurídica y moderna. Eso es un crimen. Esos son los informales, pero no es culpa de ellos, es culpa de todos nosotros. (En el Perú) no veo a ‘la nación’, porque todavía no hemos salido del pasado. Aquí hay poderosas culturas. Un peruano ama primero ciertas culturas suyas. Los criollos del Callao, los arequipeños y su arequipeñismo, los cusqueños, los charapas. Entonces todavía es un país de culturas.

– En todo caso, ¿se puede pensar en un Estado plurinacional?

Eso no funciona, Yugoslavia ya no existe. Eso se rompe porque es una emoción. El día que yo crea que ya hay nación será el día que un arequipeño me diga ‘primero soy peruano y después soy arequipeño’. Todavía eso no ocurre. Primero somos regionales, eso no es bueno. Eso no forma nación. Estados Unidos no es una nación es una confederación y nosotros no tenemos la materia humana para vivir dentro de una confederación. ¿Y cómo se consigue que la gente se parezca? En la educación.

Un ejemplo es la identidad de Argentina, que en el siglo XIX se convirtió en la proveedora de alimentos de la potencia más grande que existía, que era Inglaterra. Cuando comenzó la Revolución Industrial en Inglaterra, las personas salieron del campo y quedaba poca gente en el cultivo. Los ingleses tenían dos posibilidades: traer suecos más pobres para hacer trabajo de campesinos o comprar alimentos fuera y descubrieron que Argentina tenía la pampa y una extraordinaria producción agrícola. Crearon los refrigeradores y podían comprar llevando los alimentos por barcos ya que eran dueños del mar. La producción de alimentos de Inglaterra estaba en Argentina. En ese momento, Argentina aceptó la migración, llegaron tal cantidad de migraciones que en los mapas se ve que son las más grandes a América después de Estados Unidos. Si había un millón de argentinos, por entonces, llegaron seis millones de extranjeros. Se imagina esta multitud de extranjeros. ¿Y qué los convierte a ser argentinos? La escuela, que era obligatoria. Ellos tenían al frente la bandera azul y blanca y a San Martín. No se nacía argentino, aprendían a ser argentinos. Luego permitieron que los inmigrantes que ya tenían legalidad voten. Más adelante ese pueblo dio como solución el peronismo. La escuela es fundamental.

Yo estudié en el Melitón Carvajal, un colegio nacional. Ahí aprendí a ser peruano y no estar pensando dónde había nacido. Esa es la escuela importante que hace pensar en el Perú y tratar a los compañeros de igual a igual. Los colegios privados no hacen eso. Hay que tener más colegios nacionales que colegios privados. También se tendría que hacer —por qué no— un servicio militar. A mí me tocó hacer servicio militar todos los domingos, durante dos años, en un cuartel de Magdalena. Me iba los domingos en la mañana y por la tarde salía al cine o con la enamorada, etc.

Lo tercero que une a la gente son los partidos políticos. Esos son los momentos en los que se encuentra pluralidad peruana. También se requieren carreteras y ferrocarriles para que la gente conozca las regiones peruanas. ¿Cuántos peruanos han conocido Machu Picchu? Es muy caro, es para turistas. Hay manera de hacer nación con la educación que nos pone a todos iguales, el partido y el ejército. El servicio militar podría ser un servicio público de tres o cuatro meses o alfabetizar gente. No se pierde nada. Ahí se encontraría gente distinta.

– ¿Cuáles son los defectos del Perú como República?

Las dos culturas dominantes en el Perú son la cultura mestiza ‘chola’ y la cultura criolla. A ninguna de las dos les gustan las leyes. En la Colonia los criollos recibían las órdenes y decretos de Carlos V, del Imperio, y se los ponían en la cabeza (y pensaban) «acato pero no cumplo». No se cumplían las leyes que se pedían. Una de esas leyes era no maltratar a la población indígena. Pero no les importaba nada, y España no podía hacer nada porque estaba muy lejos. Además, el criollo era el que tenía que hacer pendejadas. Hay una cosa criolla que consiste en sacarle la vuelta a la ley. Los indígenas peruanos no estuvieron en el momento de la República. Los indígenas nunca votaron durante el primer siglo de la República porque la mayoría eran analfabetos, esa fue una República criolla.

¿En qué momentos comienza a integrarse la población campesina e indígena? A partir del 30. Tenemos una clase social que no está en el sistema jurídico: los informales que no están en el acuerdo económico, no tienen un seguro social. Están, pero no están. Se tendría que incorporar a esas tres cuartas partes de la población al derecho y a la juridicidad. Y que se acabe la manía de querer ser rico de la noche a la mañana, que por la presión del consumismo y del sistema liberal que estamos viviendo hace que la gente se vuelva loca y todos quieran morder o hacer otra cosa. No somos un país bien organizado porque nosotros no hemos salido de la Colonia. Son herencias malas que nos han quedado.

Publicada en el portal digital El Foco, 5 de agosto de 2020

https://elfoco.pe/personajes/hugo-neira-sobre-el-desempeno-del-peru-en-la-pandemia-todos-nos-hemos-equivocado/

Lo que nos junta nos separa

Written By: Hugo Neira - Ago• 03•20

La bola de cristal se niega a dar predicciones, ni siquiera un modesto pronóstico sobre la pandemia sino cómo nos va en esta coyuntura. Si no fuera por el estado de Emergencia me iría a preguntarle a alguna de las brujas de Cachiche qué porvenir nos espera. No se rían, Julia Hernández Pecho Viuda de Díaz, la más famosa de las brujas, vivió hasta los 106 años. Por algo sería. Pero también pienso en el impacto del Covid-19 en la economía externa. ¿Cómo vamos a recuperarnos mientras el mercado mundial tome su tiempo para reponerse?  

No se puede hoy augurar nada porque domina al mundo una inestabilidad social y mental provocada por una mundialización donde reina un capitalismo financiero que está tratando de hundir Estados y naciones. No es los Estados Unidos pero sí sus empresas transnacionales. A propósito, ¿se han enterado de que Donald Trump ha dicho que habrá fraude en las elecciones que se avecinan este noviembre? Y en consecuencia, las cuestionará. Está claro, le ha tomado cariño al célebre salón oval de la Casa Blanca. Lo que ocurre en realidad es que Joe Biden, el candidato demócrata, le lleva una ventaja del 10% al 14% en las encuestas. Y como siguen muriendo norteamericanos, Trump las ve negras. ¿Y saben qué es lo que ha dicho el posible ganador que viene del Partido Demócrata? Que si no quisiera irse, los militares no se lo permitirían. ¡Qué maravilla! Gracias al cielo, pronto vamos a ver un intento de golpe de Estado en la vanidosa democracia yanqui. Vaya, solo nos faltaba un golpista en Washington. Si eso ocurre, Maduro va a abrir el champán.

Lo que pasa con Trump es catastrófico. Es uno de esos que no creen en el cambio climático, ni en el virus que interrumpe economías. Su problema es China. Y un chino que se llama Xi Jinping. Debe envidiarlo, es sencillamente el presidente de la poderosa China desde el 12 de marzo del 2018 hasta la eternidad. O sea, la repetición de Mao, aunque usted no lo crea.

A lo que voy, este siglo XXI se nos viene encima. Trato de entender y anticipar, pero no es posible. La velocidad con que se mueve el mundo es desconcertante. Sin embargo, mis lecturas últimas son sobre las modificaciones en las más grandes potencias y sociedades adelantadas, pero sus sabios e intelectuales tiran ya la esponja. No sé si el amable lector conoce las obras de Ulrich Beck, alemán, sociólogo, autor de La sociedad del riesgo. También ha escrito algo poderoso e inquietante, La metamorfosis del mundo. Está en castellano, ediciones Paidós. ¿Y sabe usted qué dice? «Vivimos en un mundo cada vez más difícil de entender». No solo está cambiando —dice—, por eso ‘metamorfosis’. Es decir no cambios o reformas a lo Tuesta, sino algo más radical «que las viejas presunciones de la sociedad moderna». Gran sabio, en su último libro antes de dejarnos, nos ha dado un camino, a lo que me acojo como si me perdiera en un desierto. «Estudiar los riesgos cosmopolitas, porque vamos a pasar de Naciones Unidas a Ciudades Unidas. »

¿Y el Perú? Diré tres problemas de estructura social. El primero es que fuimos una sociedad mayoritariamente agraria, acompañada del feudalismo de los hacendados, y no una sociedad industrial. Así del siglo XVIII al XX. Y seguimos siendo, mientras la sociedad industrial en el mundo pasaba del motor a explosión al automóvil, la electromecánica, la química y lo nuclear, un país minero. No veo los peruanos trabajando sobre la genética, las biotecnologías. Nada de eso. Apenas preparaciones para técnicas productivas. Son cursos de aplicación no de ciencia básica. Es una estafa. Dentro de 5 o 10 años, la robótica habrá reemplazado esos técnicos. Se sabe que la economía del inmediato futuro solo necesitará de un 20% de la población para hacer marchar la economía. ¿Y entonces, qué empleos tendrá la gente en sociedades avanzadas? Sinceramente no veo en Perú interés por ingresar a la sociedad del conocimiento.

La otra capa tectónica (así llamo a las estructuras políticas y costumbres), es que vivimos en un país paradójico. Los 20 años de consumismo han producido la descomposición actual. No veo una nación sino un país con diversas culturas. Un país para antropólogos antes que economistas o sociólogos. En vez de nación veo culturas, en todo su sentido. Cultura criolla, cultura chola en emergencia, cultura chicha, cultura achorada. No veo clases sociales. Lo que hay es estamentos. Y no hay partidos sino clientelas. Todo eso no es novedad, son los residuos peligrosos de la herencia colonial. No hemos entrado a la modernidad. Mi amigo y hermano Carlos Franco pensó que sí («la plebe urbana»). Pero las cosas se han ido de lado. Los hijos y los nietos de los migrantes andinos aprendieron en la capital las mañas del criollismo. Y ya se sabe, la mano no invisible del Estado sino la mano visible de Mamani acariciando conchudamente a una azafata.

El segundo problema es que desaparecieron los antiguos oligarcas pero, en el proceso del descentralismo, surgieron mafias locales, de presidentes de región a alcaldes. Seamos sinceros, no fallan solo los políticos sino la sociedad misma. Fuimos un país dualista en el curso del siglo XVI al XIX, y lo seguimos siendo. En la colonia, era los criollos arriba, y abajo los indígenas que tenían su curaca. Hoy hay una sociedad de gente con contratos y derechos. Y al lado, otra sociedad lateral. Los llamamos «informales». No están abajo ni arriba sino al lado. Me hace pensar en la Europa medieval que se permitía tener a los judíos en un gueto. Bueno, hoy en día, algo de eso ocurre. El Perú es ya un país urbano. Lo dice el Instituto Nacional de Estadística. Al 90%. Y a los migrantes de las provincias o de la sierra, se les encuentra en las zonas más pobres y desmanteladas de la capital y las grandes ciudades. No todos, hay una élite que ha hecho dinero legalmente. Tienen capital. Pero hay otro poder que el dinero, según Bourdieu: el capital simbólico. Pero para evitar que tengan una buena educación, ese agente de la nueva dominación del neoliberalismo —el Banco Mundial y su agente que fue ministro de Educación— metió la mano en las escuelas públicas y les quitaron todos los cursos de humanismo, no vaya a ser que los nietos de la choledad se vuelvan pensadores, de izquerda, aprista, lo que sea. Muy peligroso. Todo eso es colonialismo puro. Nada que ver con el siglo XXI. Y el Estado normal tiene su Estado paralelo, el de la corrupción. Odebrecht manda.

El tercer problemazo es que nos creemos democráticos. Hay elecciones pero no es eso solamente. Alguien ha dicho «la democracia no produce por sí sola una forma decente de vivir. Son las formas decentes de vivir las que producen las democracias». Lo que está de moda son mentiras fundadoras. Llegar al poder se ha vuelto un reparto de beneficios. Nuestro compromiso con la ley y la legalidad es el más bajo de la América Latina. El problema es agudo, la política peruana ha dejado de ser. La reemplaza una guerra interminable de clanes. Hay candidatos pero no hay una clase política. No hay debate sino odio al otro. La política no es eso. Y esa historia del pesado Montesquieu, el sistema de tres poderes —ejecutivo, legislativo, judicial— no nos entra en la cabeza. No nos gustan los parlamentos. Cada tribu política, cada clan, busca un mandón. Tanto es así que no falta un presidente que, apenas hereda por casualidad el poder ejecutivo, se pone a atacar al parlamento. No se hagan, si hubiera un referéndum, una mayoría aplastante diría «¡abajo los parlamentos!». Queremos paz y progreso. Eso del consenso, los pactos y alianzas, son para otras sociedades. Y como dicen, «no somos Suiza». Eso está claro, por eso el intitulado: la política nos junta, pero también nos separa. A propósito, ¿para cuándo un Senado? Solo los países minúsculos tienen una cámara única. El Perú es vasto y complejo, necesita esa institución que permite equilibrios razonables. Pero acabo de decir una mala palabra, razón.    

Volvamos sobre el Covid-19. Se irá un día, pero nos queda la otra peste: el desconcierto ciudadano, la crisis de credibilidad, el desencuentro entre gobierno y sociedad, el clima de discordia y las desigualdades opresivas, y como resultado, el fatídico 2021, la urna como sanción. Y en este país de diversas crisis —política, moral y sin sociedad democrática— se nos viene, desde el afuera, riesgos inmensos.

Algo nos amenaza. Y ni lo sabemos. Está en un libro de Francisco Durand, La captura del Estado. ¿Y qué nos dice? Que ignoramos el poder de las grandes corporaciones, se refiere a las ETN (empresas transnacionales). No es cuestión de hacerles la guerra, son el capitalismo de este época. Incluso las necesitamos. Pero ay del país con una sociedad civil débil, que es nuestro caso. Y gente dispersa y debilitada. En consecuencia, Estado sin instrumentos. Hay que enterarse que vivimos bajo la dominación de ideología apátrida e internacionalista. Quién los puede limitar es ahí donde hay nación y Estado fuerte, acaso China, Europa, Rusia, pero ay de la población sin Estado moderno, sin nación, sin una república de al menos iguales en derechos (o sea, sin informales). No tenemos nada de eso. Entonces, lector amigo, este sería el último bicentenario de este país que amamos. Una nación no es eterna. Mañana, si seguimos peleando los unos con los otros, alguna ETN comprará el Perú. Hay culturas suicidas. ¿Qué pasó con Yugoslavia?

Amable lector, lea el libro de Durand, gran profesor en Texas. Él vive en USA y sabe lo que no sabemos. Lo encuentra en nuestras librerías, El Virrey, La Familia, no lo digo porque me haya vuelto comerciante. Lo digo nada más. Durand no cobra consultorías ni tiene ONGs que viven de los regalos de Soros. Un buen libro limpito, sin otro fin que decir lo real. Sí, pues, la lectura. Un día de estos, puede que me muera de golpe, será con un libro en la mano. No alguna novelita. Algo difícil, algún filósofo. 

Publicado en El Montonero., 3 de agosto de 2020

https://elmontonero.pe/columnas/lo-que-nos-junta-nos-separa

Covid-19. Cuando la palabra llama a la palabra

Written By: Hugo Neira - Jul• 27•20

A veces pasa que algo te devuelve la esperanza. En mi caso no es el poder ni el dinero  sino la vivencia del saber. Ese rasgo de lo humano, lo necesitamos, tanto como cuidarse, que es la manera de cuidar también a los demás. Pero también queremos saber qué es esa peste. Y para la puesta en orden de nuestros pensamientos y para el pasaje necesario de lo monstruoso a lo lúcido, se hallan los libros. Que el amable lector no se equivoque,  no necesariamente en papel sino virtual.  

En efecto, buscaba en Internet algún comentario racional sobre la actual pandemia y por casualidad doy con un conjunto, se titula El coronavirus y su impacto en la sociedad actual y futura. Lo hace circular el Colegio de Sociólogos del Perú. Dicho libro virtual viene diagramado con la lógica de los libros en papel, no como en otros casos, y en su portada luce el autor, Arturo Manrique Guzmán. En página interior se menciona a César Abelardo Manrique Gúzman «que peleó esta batalla por todos nosotros». Por lo visto, alguien se echó a la espalda el enorme trabajo de esa selección de textos. Una colección excepcional y variada sobre la peste que nos ataca y el mundo que nos espera. Ni mejor ni peor, distinto.

Al amable lector me dirijo. Desde las primeras páginas me llaman la atención las temáticas y las ideas. «La guerra virtual» dice al inicio Arturo Manrique Guzmán. «La lucha contra el enemigo interno, que opone a la vida la economía.» Luego, Benjamín Marticorena, doctor en  física, su artículo  «Epidemias y sociedad».  Se ocupa de las pestes en Etiopía, Atenas y Europa, las del Perú (p. 83) y el trabajo de los microbiólogos peruanos. Y termina: «las pestes permiten una renovación en los espíritus». Ojalá. Le sigue Pedro Pablo Ccopa a quien se conoce por sus estudios sobre migrantes, en Lima y amor y sexo en la ciudad. Y Eduardo Arroyo, Julio Chávez Achong,  Rodrigo Montoya –tres textos– y Oscar García Meza. Alberto Vergara y César Hildebrandt. De este último, una de sus frases merece ser conocida (no se dice ‘amerita’, por el amor de Dios y del castellano). Dice Hildebrandt: «Es el fin de una civilización pensada por piratas y operada por asesinos y saqueadores. Y no ha sido necesario un Cromwell o un Napoleón para que nos enteremos. Ha bastado un zombi microscópico para que las caretas se cayeran y el carnaval desnudase sus miserias. Un virus ha relevado cuán enfermos estábamos de podredumbre, de desigualdad, de planetaria inviabilidad».

Bravo César, de verdad. Sin embargo, perdona, una observación. Si acudes a déspotas, ¿por qué no citas a Stalin y a Hitler? Ese Cromwell logra establecer un Commonwealth republicano en Inglaterra. Y después de que fuera Lord Protector hasta su muerte, Inglaterra busca un rey, pero ni absolutista ni proteccionista. Desde 1658 Inglaterra gracias a Cromwell goza de un sistema de monarquía parlamentaria. Modelo de los reinos actuales en Europa. En cuanto a Bonaparte, no me lo maltrates. Las guerras bonapartistas duraron unos 14 años. Sirvieron para que el retorno de los reyes borbones se retardara. Y así la idea republicana entró en la mentalidad francesa. Y ahí los tienes. Espero que no te piques.

Volviendo a mi lectura, las doscientas páginas del inicio recogen las obras de peruanos. A saber, Nelson Manrique «las dos enfermedades». Waldo Mendoza, economista y presidente de un consejo fiscal. Luego Rochabrún, preocupado siempre por la teoría, «hacia otras reglas de juego», Eguren sobre «el agro y el coronavirus», y Efraín Gonzales de Olarte, Sinesio López, «los límites estructurales de los martillazos». Y Jaime de Althaus, y François Vallaeys, filósofo francés que vive en nuestro país. Y Marco Cueto, de la Cayetano Heredia.

Ahora bien, pensaba como lector que solo había textos de pensadores peruanos, pero me equivocaba. Desde las doscientas páginas hacia adelante hay opiniones planetarias. Aparecen textos de Michel Wieviorka, que ha sido presidente de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en París, y Yuval Noah Harari, de la universidad hebraica de Jerusalén y autor del Homo Deus (que me parece el pico más alto del optimismo, aunque traducido a 30 lenguas) y Enrique Dussel, argentino vuelto mexicano, «cuando la naturaleza jaquea a la orgullosa modernidad». La verdad, me dije, esto es muy interesante. Y claro está, no ha faltado Byung-Chul Han, coreano vuelto alemán, especialista de la literatura alemana y católico y filósofo, con un par de temas que merecen (no ‘ameritan’) conocerse. Hay tres textos suyos, recojamos solo un par: «La emergencia viral y el mundo del mañana». Y «vamos hacia un feudalismo digital y el modelo chino podría imponerse».

Lo que estoy diciendo es que ese abanico, hecho en Lima con voces peruanas, es también cosmopolita. De Slavoj Zizek —eslovaco marxista influido por el psicoanálisis— seis textos. Entonces entendí que el libro no es ideológico sino  plural, cosa que es casi un milagro en estos años de maniqueísmo. La prueba, texto de JürgenabermasHaHh HaH Habermas: «Nunca ha habido tanto conocimiento sobre nuestra ignorancia». En fin, de la página 300 hacia delante están Badiou, Latour, Manuel Castell, Fernando Savater, Ignacio Ramonet, hasta Edgar Morin, «lo que el coronavirus nos está diciendo». Morin, el librepensador que es y que nos visitó cuando yo era Director de la Biblioteca Nacional y en la embajada francesa, Nelson Vallejo-Gómez. La lista de esos artículos es variadísima. Está por ejemplo Giorgi Agamben, filósofo, italiano, amigo de Pasolini y especialista de Walter Benjamin, y a la vez, Joseph Stiglitz, norteamericano, premio Nobel y crítico feroz de la globalización. Además, detesta a Trump. «Ninguna administración presidencial norteamericana ha hecho más para minar la cooperación global y el papel del gobierno que la de Donald Trump». Leerlo es un placer.   

No conozco quién es George Monbiot, pero está su versión. Para él, el coronavirus es un jalón de orejas de la naturaleza a una civilización complaciente: «Hemos estado viviendo en una burbuja, una burbuja de falso confort. Ahora nos encontramos desnudos». Esto, en The Guardian. En fin, me olvidaba, los textos han sido obtenidos porque están en la nube, o sea, Internet. Sin vanidad alguna, les diré que en la página 143 hay un artículo mío publicado en este mismo portal digital, El Montonero. La verdad, no lo sabía. Lo que es «nube», es de todos.

En suma, confieso que hacía tiempo que una lectura no me entusiasmaba de esta manera. Alguna vez me ha ocurrido. En París, hace años, en el Instituto de América Latina, rue Saint-Guillaume, de su biblioteca me llevé prestado una novela por una semana. Pero la leí de un tirón. Su autor un colombiano nacido en Aracataca, era un desconocido, un tal Gabriel García Márquez y la obra Cien años de soledad. La magia del relato. Hacía tiempo que no me ocurría algo parecido. Se ha dicho que «un libro auténtico está escrito en virtud de una necesidad» (Jean Guitton). Chau, me voy a terminar de leerlo. No se olviden, es un PDF. 700 páginas. Yo lo que he hecho es imprimirlo y anillarlo. Tomos I, II, III, IV. Prefiero eso a la pantalla. Tomo notas en el papel y de ahí esta modesta reseña.

Publicado en El Montonero., 27 de julio de 2020

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Chispazos en la aldea global

Written By: Hugo Neira - Jul• 20•20

El escritor no escribe para los que hacen la historia sino para los que la sufren  —Camus

Voy a comentar, calamo currente, varias cosas, muy distinas entre sí. Esa expresión latina quiere decir con prontitud, de improviso. No se confunda usted, amable lector, mi primaria no fue en un colegio privado y maestros franciscanos o dominicos, sino en la escuela fiscal 429 de la avenida Militar en Lince. Las maestras enseñaban esas cosas. Lo digo e insisto sobre el colapso de la educación peruana. Después del Covid-19 puede que se repitan las endemias, pero la humanidad estará más alerta ante la amarga sorpresa que tenemos todos. Sin embargo, otro tipo de plaga nos continuará acompañando. La no cultura. Lo no libros. La no educación de este país que tuvo en el siglo XX, centenares de pensadores y creadores.

Alguna vez Jorge Basadre dijo que las etapas históricas —Edad Media, Renacimiento, Modernidad— no tienen que seguir siempre ese orden. La historia es algo que sorprende, tiene avances y retrocesos. Y en efecto, el Renacimiento lo hemos tenido desde Mariátegui y Haya de la Torre hasta Carlos Iván Degregori y Alberto Flores Galindo. Hasta los años 70. Hoy los hay —Dargent, Vergara, Tanaka, Meléndez— pero sin la pluralidad del ayer. Cuando estudié los pensadores del siglo XX, contando poetas y diversas disciplinas, eran impresionantemente numerosos. Lo que veo venir, en cambio, es una suerte de Edad Media. Incluso hay bancadas con nuevas religiones¡!

Pasemos a otros augurios. El retorno de Pedro Cateriano. Me sumo, sencillamente, a los que les parece positivo. Por ejemplo, a la felicitación dada por Luis Almagro, Secretario de la OEA: «Por reasumir un cargo que conoces y que has desempeñado tan bien». En una línea, lo dijo todo. El lenguaje de los diplomáticos, por lo general, es correcto pero no sincero. Y es cierto que el señor Cateriano se ha comportado siempre como un demócrata. Mientras estuvo al lado de Humala presidente, para mi modesta opinión, Ollantita no iba a entregar el Perú al chavismo. Yo decía en esos años, «el día que Cateriano se vaya, mala seña». Habría entonces que agradecer en algo no solo al flamante Primer Ministro, sino al propio Humala. No por lo que hizo sino por lo que no hizo. Acaso también Nadine jugó un papel decisivo. ¿Se acuerdan de la postura que tomó cuando se discutía la posibilidad de aumentar el salario mínimo? Estaba en contra¡! No me digan que eso es izquierda. En fin no seguiré, «la cuestión Cateriano», Fernando Vivas la ha agotado en El Comercio. Pero ya saben cómo es el humor de la opinión pública, aura popularis, o sea, la inconstancia. Hoy te aplauden y mañana te crucifican.    

Pasemos a una protesta. El atropello a la democracia y a la inteligencia, al abrirse a Jorge Nieto una investigación preliminar de parte de los fiscales del equipo especial de Lava Jato. Ocurre, pues, que en nombre de la lucha contra la corrupción —¿quién va a discutir esa investigación?— se usa la investigación para eliminar candidatos presidenciales. Basta un José Miguel Castro que aspira a ser colaborador eficaz, para que se abra una preliminar. Ya sabemos lo que va a pasar. Nieto estará presente, ya lo ha dicho. Pasará un cierto tiempo, no se le encontrará nada. (Ya ha ocurrido con Alan García). ¿Pero el descrédito lo borraría de la lista de presidenciables? En suma, el sistema político es perverso y ya no estamos en un Estado de Derecho sino en una barbarie que pretende ser política.

¿Quién es Jorge Nieto? Yo sé que nadie tiene corona pero Nieto no es cualquiera. Formación de primer nivel y largo periodo de vida en el extranjero. Estudió en la PUCP sociología. Y luego ciencias políticas en FLACSO, y estudios de doctorado en ciencias sociales en México. ¿Saben en qué entidad? En el Colegio de México. En 1988-1991. Cierto, estuvo en partidos de izquierda en los 80. Nieto ha trabajado en la UNESCO. Nunca tuvo un problema legal. Es de esos peruanos que no nos dejan mal en su vida en el extranjero, al contrario. Cuando ha vuelto, ha sido dos veces ministro, de Cultura y de Defensa. Y en cuanto a su competencia, pueden preguntarle a los oficiales de nuestra Fuerza Armada qué opinan sobre el ahora investigado. Todo para sacarlo de las arenas electorales. No hay manera de probarlo, pero si Jorge Nieto no hubiese formado un partido (que tengo entendido, no ha logrado inscribirse para el 2021) no estaría acosado.

En otras épocas, acaso más sinceras, se mataba a alguien de un pistoletazo. Hoy mediante un desdichado que, para salvarse, canta como una cotorra lo que sea con tal de estar libre. Qué abuso a Nieto, que es un pensador. Enorme experiencia que proviene de su vida mexicana. Golpearlo de esa manera señala cómo los intelectuales peruanos siguen siendo perseguidos, aunque ahora ya no se exila sino se hunde al posible rival con «una preliminar». Hemos vuelto a la Inquisición. Cuando alguien de la Santa Hermandad te acusaba de judío o protestante o brujo, era inútil discutir. La Inquisición siempre ganaba. Operaba desde el lado de Dios. Y en consecuencia, era infalible. Hoy, gracias a esa modalidad, las cárceles peruanas están llenas de personas probablemente inocentes pero que pasan allí años para que se produzca una sentencia o excarcelación. ¿Y quién les devuelve los años perdidos?

En el pasado, tuvimos intelectuales que querían reformar el Perú. Pero tuvieron que irse. Mario Vargas Llosa, a Barcelona. Vallejo, en cuanto pudo. Haya de la Torre, a cada rato. Porras se murió de pena porque sus amigos no le hablaban después de San José de Costa Rica. Basadre lo tuvieron arrinconado porque los jóvenes de San Marcos lo consideraban un viejito conservador. Julio Ortega y Oviedo se fueron a USA y no volvieron. También se ha ido Pásara a España. Me pregunto: a Nieto, ¿qué corriente política intenta bajarlo del caballo? Me temo que tanto la izquierda como la derecha. Y una vez más, tengo que decir lo que siempre digo, «la izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas». Paciencia y coraje Jorge. Esta nota no la escribo por hermandad de oficio. ¡Ay del país que no escucha a sus mejores cabezas! ¡Ay del pueblo que desdice de sus amautas!

En fin, la policía peruana. ¿Qué quiere decir policía? Sí, pues, soy un maníaco del contenido de los vocablos. Quiere decir no solo fuerza pública sin «seguridad». Y sin embargo, lo contrario. De golpe, 26 policías y civiles son investigados por el Tercer Despacho de la Segunda Fiscalía especializada en delitos de corrupción de funcionarios. Al parecer, traficaron con alimentos y salud de agentes. Otros policías han intervenido en la Dirección de Administración de la PNP. ¡35 inmuebles allanados! Me da vergüenza como peruano. Y en mi caso, algo más. Mi padre, Manfredo Neira Damiani, era policía. De esos de antes. Era un blancazo de Camaná que creció en el Callao. Criollo hasta la médula, tocaba cajón y cantaba. Tenía muy mal carácter o quizá le gustaba trompearse. A veces lo ponían tras las rejas, en la misma comisaría. Y yo le llevaba el portaviandas. Con los años se fue calmando, y ascendió a cabo y luego a sargento. Vivía con lo que tenía. Y fue decente. ¿Ya no hay policías así? ¿Todos queremos ser ricos a cómo dé lugar?  

¿Qué nos pasa? ¿Qué pasa en el mundo? Las fiestas más riesgosas del mundo, en Texas, llamadas «fiestas Covid», y consiguen infectarse. ¿Los jóvenes del país de las grandes universidades —la sociedad que inventó casi todas las máquinas que nos rodean, desde el auto a la computadora—, se han vuelto tontos? ¿La cultura digital y los medios de comunicación nos están volviendo idiotas? Nunca pensé que el Apocalipsis vendría con música electrónica y todos bailando. El diablo sabe lo que hace. Mi abuelita me lo decía, es muy astuto. Chau. Me voy a leer un libro. Esa cosa rara que no tiene movimiento. Salvo las ideas, el saber, esa cosa que tiene la escritura, algo que nos separa de los simios, o sea, pavadas, tonteras. Solo te conectas contigo mismo. Qué aburrido.

Publicado en El Montonero., 20 de julio de 2020

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