Perú: estamentos y clases sociales

Written By: Hugo Neira - Abr• 10•19

En estos días vi una obra de Avant Garde, un elenco inglés, el más alto nivel en la danza contemporánea en el Gran Teatro Nacional. Fagin’s Twist. Y en la Escuela Superior de Guerra, en Chorrillos, el Art Lima, una feria internacional apabullante de belleza y de calidad. Está claro que Lima es una megaciudad. Pero dudo  de que sea la capital de este enorme y fragmentado país. Las Bambas son el epicentro de una crisis que resulta ininteligible para una buena parte de la clase política.   

¿Qué es un estamento? Un grupo social que tiene una situación privilegiada. Una clase se determina por el lugar que uno ocupa en el sistema de producción. «El estamento es una forma de vivir». La clase es ser empleado, obrero, empresario, etc. Nosotros los peruanos, tenemos clases sociales y a la vez estamentos que nacen coloniales y no desaparecen con la independencia. Se reconstruyen en la República tras los negocios del guano y el salitre. Max Weber, que no puso jamás los pies en este continente, nos definió claramente. «En esas Indias aisladas, los reyes de  Austria [no los llama españoles] organizaron burocráticamente los privilegios dentro de un sistema de estamentos. De ahí salió la esfera de los favores». No dice que solo hubo clanes dinásticos en criollos y peninsulares, sino «que acogieron a los indios de nobleza o de rango de curacas». La esfera de los favores se prolonga hasta nuestros días. No me digan que a un ministerio se entra por concurso público. Es a dedo. Algo nada moderno.

El problema minero-agro, es choque de titanes. La metáfora de los griegos es pertinente para nuestro caso. ¿Por qué Zeus y los dioses Olímpicos se les enfrentaron? Porque los titanes eran tan poderosos que podían deshacer el universo. Los vencieron al encarnar, Zeus y su hermanos, el equilibrio, la sensatez.

Si tuviéramos estadistas, ya habrían reunido a las capas tectónicas, es decir mineras y comunidades. Eso sería la gran reforma. ¿No nos damos cuenta de que las transnacionales en el Perú, tras extinción de los «doce apóstoles», ocupan los 30 primeros lugares en el ranking de empresas? (Francisco Durand, 2004). Y del otro lado, según el Directorio de Comunidades Campesinas, hay 7267. Por lo demás, Las Bambas ha pasado por diversas manos. De la suiza Xstrata Copper a una empresa china, MMG Limited. Estaba en marcha un túnel —un mineroducto— y los chinos lo cancelaron. Natural, Ollanta presidente.

El mayor conflicto no está entre Ejecutivo y Legislativo, izquierdas o derechas. Me parece que no se entiende lo que está ocurriendo. Perdón, pero vuelvo con otro sociólogo alemán, Tönnies. Suyos son los conceptos Gemeinschaft y Gesellschaft. Traducción: comunidad y sociedad. Hoy, los que bloquean son comunitarios. Y en el gobierno ni se les ocurre llamar a antropólogos. A falta de estos, están las ONG que reciben dinero de la oligarquía mundialista y apátrida que paga para que se derrumbe eso que se llama nación. Entre tanto, a los campesinos los manipulan. Y ni una miserable línea telefónica vincula el gobierno limeño con esas fuerzas rurales. Hay quienes esperan alguna violencia para incendiar la pradera, sobre todo en el sur. Resolver Las Bambas está bien, pero no es gran cosa. El problema reaparecerá en Challhuahuacho, en Mara. Hay que distribuir territorios. Y pensar que Hegel, en 1818 define el Estado como la esfera del «bien común». Han pasado dos siglos. Y seguimos con gobiernos efímeros y tembleques que a lo más se ocupan de los intereses dispersos. El Estado moderno no lo tenemos. Ni entendemos qué es.  

Publicado en El Comercio, 10 de abril de 2019

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/peru-estamentos-clases-sociales-hugo-neira-noticia-625106

De Soto. El pata que siempre la ve claro

Written By: Hugo Neira - Abr• 09•19

Tengo ante mis ojos el último Caretas. Contiene una entrevista de ocho páginas en donde Hernando de Soto expone una propuesta que podría redefinir las relaciones entre mineras, comunidades y el terco y pasivo Estado que hasta ahora lo ha ninguneado. Ese vocablo es mexicano, lo puso en el tapete el propio Octavio Paz. Hoy, están muy orgullosos los mexicanos de su pluma y de su herencia de librepensador, pero en vida, quemaron sus libros. Claro está, desde tiempos bíblicos, nadie es profeta en su tierra. Pero acaso esta entrevista y el riesgo de perder Las Bambas y la minería, como perdimos en el siglo XIX el guano y el salitre, despierte a algunos. Se hacen los sordos, y no escuchan a De Soto. Solicitado por el resto del planeta¡!

En Perú para librarse de un librepensador, lo etiquetan. La flojera peruana es ilimitada. A De Soto le han colgado lo de «naranja». En Caretas, reconoce que trabajó con Fujimori hasta el 93, iniciando el shock financiero, pero Fujimori, político al fin, se llevó la corona. «Agarró las reformas, se robó a gente del ILD.» Ahora bien, ese pasaje, brevísimo, cambió su vida. «Tuve que salir al extranjero, no tengo rentas peruanas». Cosmopolita. Por mi parte, lo frecuento, aunque no siempre de acuerdo. Mi lectura de Marx es distinta de la suya. Pero esa entrevista es trascendente. Caretas vuelve a ser esa revista limeña e intempestiva de Doris Gibson, Enrique Zileri y Marco. Siempre dije que Caretas no era una ideología sino un «estado de ánimo». Una voluntad de nadar contra la corriente.

A de Soto lo conocí leyéndolo. Vivía yo en la exigente Francia, era ya profesor titular. Entonces escribí Hacia la tercera mitad. Entre las muchas temáticas, la informalidad. El resultado de la migración masiva de campesinos. Enorme bibliografía, elegí tres pensadores. Carlos Franco, que veía una «plebe urbana». Matos Mar, «como desborde popular». A ambos los conocía. Con Franco, habíamos estado en el Partido Comunista. A Matos, mi profesor en San Marcos. Pero la hipótesis de Hernando me pareció la mejor. Los informales eran los empresarios capitalistas y no los empresarios de entonces, mercantilistas. Y «sujetos a la esfera de los favores». Dije también que había tres De Soto. «El investigador empírico, el político liberal y el gestionario de nuevas ideas que relacionan lo macro con lo micro». Eso dije en 1996. Hace 23 años. Ese libro anda en su quinta edición. Y ahi está De Soto, para decirnos una vez más, en economía, algo que no está en los -ismos. Sino en su mirada clara y realista. «Los dueños de la superficie de la tierra, bloquean la extracción de minerales». Hay que darles acciones. «Títulos sobre derechos minerales». Sino, seguiremos siendo «el país de las oportunidades perdidas»  (Basadre).

Publicado en Café Viena, 9 de abril de 2019

Perú. La doble muerte de los mejores

Written By: Hugo Neira - Abr• 08•19

Todos los hombres son mortales. Sócrates es hombre. Sócrates es mortal. A eso se le llama el silogismo. Desde el 400 a.C. Desde Aristóteles. Dos premisas que llevan a una conclusión lógica. Pero no todos los mortales mueren para siempre. Aparte de deudos, la humanidad guarda memoria de sus sabios y artistas. De alguna manera Leonardo da Vinci está presente en sus obras. O Cervantes porque siguen trotando el Quijote y Sancho. Las culturas no mueren, suelen sobrevivir cuando desaparecen las civilizaciones que las han engendrado. La Ilíada no necesita que Homero la defienda, se defiende por sí sola. Pero, como dice el dicho, toda regla tiene una excepción. Y esa singularidad, distinta de todo otro pueblo o nación, es lo peruano. Nuestras celebridades tienen un destino inmerecido. Reciben la mezquina venganza de los infecundos. Cuando el ángel de la guadaña interviene, son los llantos. Pero en vida, hicieron lo imposible por ignorarlos. Al que ha destacado por ser escritor o pensador, tiene una doble muerte. El mecanismo peruano con el cual vuelve a morir estando ya muerto, es muy sencillo. No se le lee. Y no me digan que los 18 tomos de la Historia de la República del Perú de Basadre está en las bibliotecas —si las tienen— de las escuelas peruanas. Ni las obras completas de César Vallejo.  

Los antiguos griegos para darles consistencia a sus vidas, tenían un personaje mitológico, la diosa de la memoria, Mnémosina, hija de Titanes, madre de las nueve musas. Sin duda candideces del pasado, por no decir otra cosa. ¿Las musas? Nosotros tenemos los smartphones e Internet. Pero hay algo que no cuela. Algo que se vuelve una interrogación. ¿Por qué en países más avanzados que nosotros, donde cualquiera tiene una laptop y celulares, sin embargo, los libros se siguen imprimiendo y vendiendo por millares? ¿Mientras que en el Perú, según las estadísticas, un peruano lee cada año, la mitad de un libro? Incluyendo los universitarios.  

Se acaba de morir Julio Cotler. Y hace poco, Gonzalo Portocarrero. Y Enrique Bernales. Hay pena, sin duda. Se les honora a grandes titulares. Pero no puedo por ello dejar de pensar que este es un país con cultura de cementerio. Esperan que alguien ya no esté, para tomarlo en cuenta. Por mi parte no me voy a sumar a ese ritual que esconde, junto a la honesta pena y dolor, una cierta hipocresía y cinismo. Cuando estaban en vida, pudieron comentar sus ideas y obras. Pero en Perú han desaparecido las reseñas. O sea, la circulación racional de las ideas. Por mi parte he tenido la costumbre de citar en mis artículos y libros a mis contemporáneos. Sin esperar las pompas fúnebres. El reconocimiento, señores, en vida, no cuando están en los Campos Eliseos. He citado toda mi vida a otros autores, a Tanaka, a Alberto Adrianzén en Hacia la tercera mitad, escrita en Tahití, antes de conocerlos personalmente. Sí, pues, se me han pegado los saludables hábitos europeos. Sé que citar a otro en Lima es declararse o un sobón o coincidir ideológicamente con el citado. El mundo de las ideas no funciona así. Pero en Lima es el qué dirán. Y en consecuencia, el prudente y calculado silencio. El resultado es que intelectualmente nos empobrecemos.  

Dije en vida de Javier Tantaleán, en el diario La República, en un comentario a ese vasto trabajo suyo, Virú, «Virú. 12 mil kilómetros de Historia» (2004), que era un sabio, cargando una cruz. Un sabio aprista. A Cotler, no solo lo he citado, en clases y en mis libros, y en uno de ellos (¿Qué es Nación?) al llegar al capítulo sobre México que desarrolla sus aldeas rurales, tomé no unas líneas sino varias páginas de un trabajo etnográfico de Julio, sobre San Lorenzo de Quinti, y un estudio de Fuenzalida de Huayapampa, para compararlos con Apatzingán, próspera aldea mexicana.

Para mí, los que se han ido, no son espectros sino sabios que siguen vigentes. Claro está, la realidad se mueve pero no del todo. Gonzalo Portocarrero se ocupó «del rostro criollo del mal». De estar en vida se ocuparía del «rostro andino del mal». Me refiero a la vivezas y astucias de Gregorio Rojas. Que luego de exigir la libertad de sus asesores, ahora dice que «ellos les instaron a bloquear el paso de los vehículos de la minera en Las Bambas» (El Comercio, 5/4/19). Los abogados Jorge y Frank Chávez Sotelo, se llevan la amarga sorpresa que los comuneros no les son leales. Esos andinos, los de hoy, no son los campesinos de las tomas de tierras de los años sesenta. Y los informales urbanos también han cambiado. Una señora malcriada le pega una bofetada a un policía de tránsito, y jaladores tienen el cuajo de arrancar los carteles que clausuraban el local ubicado en la urbanización Fiori, permitiendo que subieran al bus de la muerte. El no respeto a las  normas y leyes, es corriente. El ventajismo y la pendejada se han democratizado.   

En algo tiene razón el ecléctico Gregorio Rojas, «ignorábamos que era un delito». Sí, pues, no hay clases de civismo en nuestras supuestas escuelas públicas. Supuestas: no hay educación del soberano, o sea el pueblo, desde hace treinta años. Educar se hace con cursos. En Perú no existen. No hay Lógica, ni Gramática, ni nada. Se enseña por áreas. Un invento peruano. Una suerte de tacu-tacu. Sobre el desplome de la educación, para otra crónica. Sin eufemismos.

Ante los que se han ido, ¿por qué no los leen? Deberían hojear sus obras, porque este país no cambia. ¿O creen que la matriz colonial, que establece Cotler hasta nuestros días, ha cesado? El caso Las Bambas se soluciona —por el momento— cuando interviene un cura, un político y un cacique local. La triología sagrada del poder efímero.

Publicado en El Montonero., 8 de abril de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/peru-la-doble-muerte-de-los-mejores

México: un presidente perdido en la historia

Written By: Hugo Neira - Abr• 03•19

Acabo de comenzar mis clases para universitarios. Comienzo con la lista selecta de pensadores y como punto de partida, la Atenas de Sócrates y de Aristóteles. A la Grecia antigua le debemos, desde el siglo V a.C., la filosofía y la idea de la política, es decir, «la vez primera que se funda una versión científica con generalizaciones realizadas a partir de observaciones empíricas». Lo dice un hombre de nuestro tiempo, H. D. Kitto, The Greeks, Londres, 1961. Aristóteles estudia monarquías, aristocracias,  tiranías y los casos en que manda el demos o sea, el pueblo. La democracia. Pero les digo que eso dura a lo más dos siglos, luego Grecia es dominada por Roma, y luego el Imperio bizantino. Ese largo periodo no nos incube, se le llama «helenismo». Volvieron los reyes. Perdieron su libertad y no hubo pensadores en Grecia.

¿A qué viene todo esto? Viene a tiempo del desaguisado de López Obrador que les envía cartas al Papa y Felipe VI, para que «pidan perdón a los pueblos originarios».  Se emociona al pie de una pirámide y envía un tuit.  Qué tontería. Los conquistadores no eran soldados enviados por Carlos V. Después de Colón, era gente que vivía en las islas caribeñas, y entre ellos, uno, Hernán Cortés, que a su cuenta y riesgo, monta un grupo de combate privado —he dicho privado—, unos 600. Y se sumaron contingentes de indígenas que detestaban a los aztecas. Cierto, la población sufre una caída enorme: en 1519, había 25 millones de aztecas, y en 1607, 2 millones. ¿Qué había pasado? Historiadores norteamericanos, W. Borah y S. F. Cook, encontraron la causa. Plagas de sarampión, de la simple gripe, no estaban inmunizados como los del viejo mundo. Pero todo eso es algo que lo saben los escolares.  

Señor Presidente, no se usan conceptos de nuestro tiempo para juzgar el pasado. Me preocupa otro mandatario utópico en América Latina. Ya lo tuvimos con Hugo Chávez, que creía en un Bolívar socialista. Otro disparate. La idea socialista no es del tiempo de la independencia sino de sociedades con revolución industrial y proletarios. Pero con presidentes que ignoran su ignorancia, entraríamos a un ciclo de decadencia que dura siglos, de eso que los griegos tuvieron con el helenismo. ¿Y es este el político impregnado de historia? ¿Qué dicen en Letras Libres? ¿Qué dirá de los mexicanos que se volvieron cristianos y dejaron las pirámides para gozo de turistas? En el país de la virgen de Guadalupe no hubo la obligación de sacrificar hijos en el altar azteca. Así de simple. Qué lástima, López Obrador estuvo tras el sillón presidencial desde los 70 del siglo pasado. ¿Para esto? MORENA, AMLO, el parto de los montes, no salió un gigante sino un ratoncito. Sin embargo, inquietante, ¿qué está buscando? ¿Una simpatía popular para ser el nuevo Porfirio Díaz, dictador? Me parece.

Publicado en Café Viena, 2 de abril de 2019

Las Bambas. Tempestad en los Andes y ausencia de Estado

Written By: Hugo Neira - Abr• 01•19

Las Bambas era el nombre de una minera. Y hoy el nombre de un problema gigantesco. La prensa limeña no ha cesado de informarnos. «Más de 200 días de tensión en el corredor minero» (EC, 18.03.19). «El diálogo se frustra por ataque en Yavi Yavi» (EC, 28.03.19). En efecto, «entrampado el helicóptero» y «los tres ministros, apedreados» (28.03.19). En total había pasado unos 50 días en que un grupo de comuneros de Fuerabamba impiden el paso de vehículos en la minera. El tema parecía ser la protesta por la detención en Lima del dirigente Gregorio Rojas. Y asesores legales sobre los cuales han caído tintas negras en los diarios limeños. En efecto, la Fiscalía investiga a  los abogados Jorge y Frank Chávez Sotelo por extorsión a la minera Las Bambas, «pretendiendo conseguir 100 millones». Es cierto, pero el problema es mucho más grande y más novedoso de lo que a primera vista parece ser una manipulación de aprovechados tinterillos.

La estrategia de la resistencia de los comuneros pasa por una mutación. Entre tanto, los vehículos de las mineras que trasladaban cobre hacia el puerto de Matarani en Arequipa, han cesado. Todo gira ahora sobre montos que exigen unas 38 comunidades de Challhuahacho (Plinio Esquinarila, Expreso, 29.03.19). Las Bambas no solo son Las Bambas. Y no es solo un asunto del Ministro de Transporte y Comunicaciones.

Las Bambas ha pasado, en cortísimo plazo, de las manos de una entidad suiza Xstrata Copper absorbida luego por Glencore Xstrata, a una entidad china, MMG Limited. A primera vista, nada hay de anormal. Salvo que, antes que llegaran los chinos, no solo se iba a construir una pista asfaltada sino un túnel —lo llaman mineroducto— de Las Bambas a Antapaccay. Pero la MMG china cancela la obra. ¿Quién gobernaba en el Perú? Nada menos que Ollanta Humala. Y la pregunta que podemos hacernos en esta hora crítica, ¿por qué no intervino el gobierno peruano? Por otra parte, hace rato que hay bloqueos. Lo dice sintéticamente el periodista Paolo Benza (25.03.19), a saber: «hubo huelga en el 2015, 3 muertos. En el 2016, 4 comunidades de Challhuahuacho, pueblo vecino a Las Bambas, bloquearon la pista reclamando por el polvo: 1 muerto. El MTC les pagó S/ 15.9 millones por el derecho a usar la vía. En el 2017, 4 comunidades del vecino distrito de Mara bloquearon de nuevo la pista».

Y no se diga que las mineras, y en especial Las Bambas, no han hecho gasto sociales y ambientales. ¿Sabe usted, amable lector, qué es la ciudad de Fuerabamba? En una ladera a unos 25 kilómetros de la mina, 441 casas de dos o tres pisos para los comuneros, y «colegios, postas, canchas de fútbol, y pistas asfaltadas, y edificios con lunas polarizadas, pizzerías y hoteles» (Gestión 08.12.17). ¿Qué les parece? Y son los que bloquean la mina y no dejan salir ni entrar a sus obreros¡!

El Perú está pasando por una mutación social y crematística. Billete, pe. Y el roce, negociación y conflicto entre dos titanes. Perdón por la métafora, pero no hay más remedio. Por un lado, las mineras. Por el otro, las comunidades campesinas. Pasemos de lo micro a lo macro.

En el Perú actual operan mineras transnacionales. Empresas de Australia, Canadá, Japón, China, México, Sudáfrica, Suiza y de los Estados Unidos. Véase el Directorio Minero del Perú. El dato es del 2005, acaso hay más empresas. Dicho de otra manera, sobre las 20 principales mineras transnacionales del mundo, operan 11 de ellas. Es enorme. Desde el año 2000, cuando gobernaba el país el muy odiado Alberto Fujimori, ya el promedio de exportaciones nacionales era minería, al 48,6%.

Ahora bien, lo que se llama ‘comunidades campesinas’ (sin contar con las que existen en la Amazonía), son numerosas. Han crecido, incluso después de la reforma agraria, se establecieron como comunidades las que bajo Velasco eran cooperativas. Hoy hay 7267 comunidades campesinas. En Puno, 1303; Cusco, 927; Huancavelica, 640; Apurímac, 476. El Estado peruano, ¿qué contacto tiene con esas comunidades, desperdigadas en las cuencas andinas y costeñas? Ninguno. Ni un teléfono, una laptop. ¿Cómo se puede gobernar sin partido, o sin operadores? ¿Y cuál es la actitud cuando mineras y comunidades se enfrentan, o negocian? Más de un ministro dice: «son líos entre privados». Extracción y gobiernos andinos. Y Pilato se lava las manos.

La exploración minera extranjera ha remecido la mentalidad de las comunidades vecinas. Localidad, territorio y glocalización. Ni globales ni locales, glocales. Tomo el término de Anthony Bebbington. Seamos claros. Se esta modificando la geografia y las expectativas. Los territorios rurales donde operan las empresas extractivas, dejan de ser tradicionales. Y todo cambia. El valor mismo de la tierra. Hay que tomar en cuenta que, «desde 1992, los denuncios mineros han aumentado de 4 millones a 22 millones de hectáreas» (Jeffrey Bury, cifras de CONACAMI, 2000). Estamos viviendo algo parecido a la fiebre del oro en California. Ya no es un tema solamente ambiental. Se revalorizan los recursos. Otros los llaman extorsión. Los terrenos en la sierra van hasta «los 50 mil dólares por hectárea» (entrevista de Mariella Balbi del 18.12.16, Perú21, al presidente de la Sociedad Nacional de Minería y Petróleo).

Los movimientos sociales no son los únicos actores en ese laberinto. Intervienen «campesinos, estudiantes, gente de la ciudad, activistas, organizaciones locales, instituciones públicas» (Anthony Bebbington, IEP/CEPES, 2007)). Y parte del gasto social de las mineras, es un fiasco. Es el caso de Nueva Fuerabamba. Muy moderna, un lujo, pero no tienen donde sembrar ni cuidar ganado. «Sus nuevas casas de dos o tres pisos de paneles de yeso les parecen fríos». «Prefieren sus antiguas chozas de adobe con techo de paja, calentadas con estufas de leña». Está surgiendo una capa social de comuneros, que aspiran a ser clases medias rurales. Y si es posible, ¡rentistas!

Publicado en El Montonero., 1 de abril de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/las-bambas-tempestad-en-los-andes