Lima, de todo como en botica

Written By: Hugo Neira - Mar• 18•19

Acabo de volver del extranjero en donde permanecí unos meses, avanzando uno de mis libros, y no tengo por qué decir qué temática ni que editor, ¿OK? El volver en los peruanos, ha sido tan frecuente que está hasta en los valses. Ahora bien, lo que percibo, a mis riesgos y peligros, no es sino lo mismo de lo mismo. Veo la continuidad morosa de una transición política interminable.

Veo agrupaciones capaces de proponer ministros a través de contactos de amistad y lazos sociales, sin apoyos populares o partidos. Bajando del avión, me he leído las varias crónicas, muy detalladas, de «cómo se cocinó el gabinete» —lo dice el periodista (Eloy Marchán, en Hildebrandt en sus trece, 15.03.19)—, qué peruanismo, «cocinar», asunto de allegados. He leído también la columna de Fernando Vivas que resalta la paridad. Carteras ministeriales para ellos y para ellas. Y Vivas nos cuenta «los entretelones». Sí, pues, así está la política peruana de este 2019. Hemos vuelto a lo que siempre nos gustó, el mundo cortesano. Siempre he dicho que Lima es una suerte de Mónaco. Salvo que su mayor ingreso es por establecimiento de química, farmacía y cosmetología. Pero nos parecemos: Lima, un Principado porque siempre tenemos corte.

Pero debo separar lo general de lo particular. Si la inmovilidad política persiste, el nombramiento de Premier a Salvador del Solar es algo que no puedo dejar de tomar en cuenta. Y no me voy a lanzar a escribir esas crónicas en las que opinólogos en diversos diarios le han explicado cómo debe gobernar, no soy de esos. Voy a decir una sola cosa. A Salvador del Solar lo he encontrado en una ocasión excepcional. ¿Qué ocasión se preguntará el amable lector? ¿Un cóctel en alguna embajada? ¿En un almuerzo entre amigos? Nada de eso, siendo ministro, en una librería, por casualidad. Nos saludamos, no estaba para lucirse sino para buscar un libro. Para más señas, y sin hacer propaganda comercial, en la que queda en Camino Real, en la entrada del Centro Cultural de la PUCP. Al amable lector, ¿esto no le parece significativo? Entonces, dígame si alguna vez en Lima ha visto a un ministro en una librería (¿?) Si lo ha visto, avíseme, por favor. Estoy diciendo que es un político culto. Y ese personal, no abunda.

Un aspecto de la crisis social del Perú contemporáneo es que somos un país que se ha desculturizado en los últimos años. La población es casi toda alfabeta pero igual no lee. Los celulares, los smartphones, y chaú. La marcha del mundo y de las ideas en el mundo no interesa ni en las élites ni en los Conos. Los sectores populares se han convencido desde hace tiempo que lo que manda es el dinero, y en efecto, el mercado los ha premiado. Tienen capital pero no tienen cultura. Por el momento, hay familias populares, medio regordetas, que se sientan en un restaurante y cada uno con su smartphone, ni conversan, lo cual me inquieta. No hay uno sin dos desdenes: la antipolítica y la no lectura han llegado a las masas. Varias generaciones que no han leído ni michi. El resultado peruano del encuentro del pollo asado y la mala escuela. Bien comidos, mal formados. Pero algunos de mis amigos me dicen, «Hugo, ya se viene la burguesía chola». Puede ser. Y espero que no se porten como las clases dominantes tradicionales. Puede que el cholo rico explote al cholo pobre. Algo de eso ya está pasando, en este país flexible en materia de empleos. En ese caos que llamamos informalidad. Tiene su lógica de explotación, peor que la formal.

En fin, dos cosas. Políticamente, ha sido un paso inteligente un nuevo Gabinete. Buena maniobra, renovarse. Sobre todo cuando se cae en las encuestas, no arranca la economía y Paita, en el norte post Niño, sigue siendo una desolación. La lista de lo no hecho es enorme. En cuanto al Premierato de Salvador del Solar, soy sociólogo y no adivino. Veremos qué hace. Pero en esta mañana de domingo soleado, hay un titular a cinco columnas en el diario El Comercio. La palabra «tolerancia», usada por el Premier, es novedad en este régimen. Contraría la retórica de la confrontación que ha predominado hasta este momento. Tras la idea de «tolerar» esta toda la filosofía liberal, y la conciencia de la pluralidad de los peruanos, que tienen derecho a ideas diferentes sin que por ello tengan que clasificarnos en «correctos» e «incorrectos», como hacen los «caviares» inquisidores. Con la guerra sin balas de estos años, tuvimos instituciones democráticas pero no sociedad democrática. El «otro» es el país entero. Y no el grupito que decide quién es ministro, en Lima fundida (juego de palabras, de Mazzotti, en libro que explica el criollismo).

Lo peor en estos días. La restitución (increíble) de 10 mil directores y subdirectores cesados, «es un atentado contra la meritocracia» dice el diario Expreso. Y un editorial de El Comercio, «Cómo se menoscaba una reforma». Hubo una reforma educativa, pero se la atribuyen al ministro Saavedra en el gobierno de Humala. No, señores, se olvidan del ministro Nicolás Lynch con Toledo y de Antonio Chang en el gobierno de García. ¿Por qué no los mencionan? La introducción de exámenes o meritocracia, ya lleva años y debe seguir.

Creo que hay que decir qué es meritocracia. Algo que se practica en todas las sociedades avanzadas desde hace siglos¡! Es la ética misma de los modernos. El origen del principio meritocrático fue expuesto por Kant, en Crítica de la razón práctica. Todos los seres humanos iguales ante la ley, pero desiguales por sus diversos talentos. En todas partes hay concursos para funcionarios públicos. Y ahora, ¿una comisión de representantes, muy sueltos de huesos, la anula? Qué error del Congreso. Gigantesco.

Publicado en El Montonero., 18 de marzo de 2019

http:// https://elmontonero.pe/columnas/lima-de-todo-como-en-botica

Buscando nuestros universales

Written By: Hugo Neira - Mar• 18•19

Todavía estoy fuera y bajo otros cielos. Pero Google ha achicado el planeta y me entero de que «Moisés Mamani no descarta un encuentro con el presidente Vizcarra», y que «los incendios los provocan malas instalaciones eléctricas». Después de tan trascendentes anuncios, se quedan cortos el cambio climático, la geopolítica y la economía global. A propósito, Mario Draghi, presidente del BCE, el Banco Central Europeo, ha reducido a 1,1% la probabilidad de crecimiento para este 2019. La noticia no sorprende, el crecimiento de la eurozona es lento. Ahora bien, el sostenerlo ya es prodigioso, dada la masa global de riqueza, mejor distribuida en Europa que en Norteamérica. Hay diversos capitalismos, el día que lo entendamos, aleluya.

Alguien me preguntó cuándo tendríamos pensadores universales. ¿Un Kant mexicano? Me molestó tanto que le he respondido: «¿qué han hecho con el pueblo europeo?». Según Michel Wieviorka, gran investigador y profesor, lo nacional-popular de las izquierdas, lo está recuperando el Frente Nacional de Marine Le Pen. Pero el reproche de que no teníamos filósofos, me trota en la cabeza. En el Diccionario Oxford de los británicos, los peruanos aparecen al menos con Francisco Miró Quesada, padre. Augusto Salazar Bondy. Y José Carlos Mariátegui, pese a que fuera autodidacto. En el campo de la literatura, sin duda alguna, Mario Vargas Llosa. Y claro está, César Vallejo. Neruda. Borges y Octavio Paz.

Hay muchos otros, pero ¿cómo van a ser universales si no hemos terminado de reconocerlos? Es el caso de Julio Ramón Ribeyro. Se conocen sus obras, desde Los gallinazos sin pluma hasta La palabra del mudo. Pero no nos hemos detenido suficientemente sobre un relato excepcional, «Silvio en el Rosedal». El cuento es sencillo, o eso parece. Ha habido algunos asedios, literarios por cierto, de Ismael Márquez y César Ferrero. En síntesis, Silvio, hijo de inmigrantes italianos, es empleado en la ferretería del padre. Es un frustrado, ama la música y el violín. La madre le consigue un maestro que le enseña a tocar el violín. Años después, Silvio recibe una herencia y deja Lima. Se enamora de la vida campesina y de su hacienda El Rosedal. José Miguel Oviedo dice que lo ve como «un jardin del Edén» y «el acceso a una dimensión trascendente». Rosas organizadas con las letras S, E, y R. Silvio busca la clave. Y en ella, acaso el sentido de la vida. Esfuerzos inútiles. Una noche se ilumina. SER quiere decir que sea lo que es, un violinista. Y toca «para nadie», palabras finales. El cuento es la respuesta a una interrogación fundamental de la naturaleza humana. ¿Para qué vivimos? Como Borges, sus cuentos son temáticas filosóficas. Julio Ramón fue siempre —dice Oviedo— un escritor «sin estridencias y casi con resignación». Cierto, pero algo más. Un senequista. Seneca, filósofo en el primer siglo de nuestra era. Ribeyro y su rosedal, cuento universal, porque todos los hombres viven, hacen cosas y mueren. Un elogio del trabajo por el trabajo mismo.

Publicado en Café Viena, 12 de marzo de 2019
https://www.cafeviena.pe/index.php/2019/03/12/buscando-nuestros-universales/

Choferes amistosos o filósofos inesperados

Written By: Hugo Neira - Mar• 13•19

Acabo de regresar. En los últimos años alterno mi vida peruana con periodos que salgo al mundo externo. Muchos escritores, sobretodo los novelistas, han hablado del exilio voluntario. Alfredo Bryce Echenique lo usa mucho en Permiso para vivir. Pero una profesora de literatura en la Sorbona, Sonia V. Rose, no lo acepta. Y tiene razón. Exilio cuando Ciro Alegría por aprista, tuvo que partir. Y L. A. Sánchez. Lo que nos pasa, Alfredo —lo digo con respeto y simpatía—, es otra cosa. Es la necesidad de la errancia. El que no está tal vez ve cosas. Lo que Ortega y Gasset llamaba «los melancólicos privilegios del ausente». Algunos novelistas ven y escriben fuera. Pero hay otra forma de decirlo que el relato literario, la crónica local.

Lima no es la misma tras cada retorno. Acabando de llegar me apresuro a ir a una librería. Necesito ciertos libros peruanos que solo acá se encuentran. Y como en Lima yo no conduzco un auto porque no quiero, llamo a una de esas empresas que te ponen el taxi en la puerta en minutos. En efecto, viene el taxista. Y conversando, me comienza a contar lo que pasa en las comunidades selváticas. Lamenté no tener una grabadora. La tala, la desforestación, los cocaleros invadiendo la selva virgen. Y le pregunto cómo sabe todo eso, y me enseña en su celular, a su hijo, un ambientalista. El chofer teme por su vida. Me trota en la cabeza lo que me dice al despedirse, «la selva, señor, la toman por asalto». Sí, pues, filosofar no es sino ver el mundo y razonar.

En la librería me esperaban con un libro de filosofía que no tiene nada que ver con mis clases. Desde 1983, leo a Peter Sloterdijk desde Crítica de la razón cínica, según Jacobo Siruela, su editor español el más vendido en Alemania desde La decadencia de Occidente, de Spengler. Sloterdijk no respeta los géneros ni las fronteras de las disciplinas. No escribe para colegas sino para el gran público. Dice que lo que llamamos civilización no es sino que nos han amaestreado como un ganado. «Las culturas, la mayoría de las veces, unidades de supervivencia cerradas, los individuos como en cercos artificiales». Además estamos en la era del Antropoceno mandan los humanos, pero con el sistema actual de consumo, vamos de frente a la debacle mundial.

El segundo taxista, al volver a casa, tuvo un efecto todavía más apocalíptico. La conversación se inicia al evitar atropellar a un perro callejero. El chofer, más joven que el anterior, me cuenta que tuvo un perro chusco pero su mujer no lo soportaba. Se puso a hablar de sus hijas. Tiene tres, todavía muy jóvenes. Y hablando de drogas me dice que hay algo todavía peor. Le pregunto qué puede ser. Y su respuesta es la pornografía. Por internet, «el que menos, ve porno. ¡Y qué porno! Sexo con menores, con cadáveres, con animales, de todo». «Luego se acostumbran y ya no tienen sexo con mujeres». Me cuenta todo eso, muy tranquilo. «En los colegios fuman marihuana y ven con sus celulares los pornos que les da la gana». Internet pudre al mundo.

En suma, selva amazónica, culto masivo al padre Onan en Lima, tanto de muchachos a viejos, capítulos de Sloterdijk que se escaparon de su trilogía de Esferas. Dice, en cambio, que nadie está solo, «convivimos con piedras, plantas, animales, armas, dioses, jefes de Estado». Y con choferes que conversan como si hubiesen pasado por la Hoschschule für Gestaltung de Múnich.

Publicado en El Comercio, 13 de marzo de 2019

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/choferes-amistosos-filosofos-inesperados-hugo-neira-noticia-616174

Venezuela, una órbita impredecible

Written By: Hugo Neira - Mar• 11•19

Hace más de un año, explicaba al amable lector lo que es el «bachaqueo» de los venezolanos en Venezuela. Consiste en comprar productos regulados —o sea, subsidiados por el Estado— para venderlos a mayor precio o para exportarlos principalmente a Colombia. Dada la diferencia entre el bolívar venezolano y el peso colombiano. «Lo que hace que esa actividad resulta altamente lucrativa», dice el periodista de la BBC mundo en Caracas. En mi crónica, en este mismo portal, explico cómo «la preocupación mayor de los venezolanos es la escasez y van al mercado cuatro o cinco veces. Además del acaparamiento de las mafias, cada familia para no volver a hacer cola o porque no son abastecidos los mercados, ¡almacenan en casa!» Maduro, por evitar el capitalismo ha creado uno, particularmente caótico, «bachaquear», o las delicias de la compra y venta. Otro periodista: «hay lugares de Caracas, como la caótica y colorida Redoma de Petare, donde se puede encontrar con facilidad todos los productos regulados, por varias veces su precio». O sea, el enrevesamiento mercantil de la era Maduro. Esto ya no es un tema de Adam Smith ni de Marx, sino de Freud.

Venezuela no es fácil ni de vivir, ni de entenderla. No es la India de los años veinte con cadáveres en las calles muertos por la hambruna. También es cierto que en la Venezuela de Maduro la gente se muere en los hospitales por falta de medicamentos. Lo del caos interno atrae el interés de más de un economista extranjero, porque además de la caída de la renta petrolera, se suman las devaluaciones del bolívar, lo que lleva a la gente a comprar y de ninguna manera a ahorrar. En fin, dentro de un par de años, habrá en todo el planeta centenares de tesis universitarias explicando el fenómeno venezolano. Los astrónomos  de nuestros días ven miles de exoplanetas, o sea fuera de todo sistema planetario. Venezuela también se ha salido de los sistemas. El resultado del ego vanidoso de Chávez y la renta petrolera. Su socialismo, 2 millones 463 mil 759 de empleados públicos. Unos 310 empleados cada día. Así cualquiera es amado por el pueblo.

El desorden interno un tanto que se transmite a lo externo. Tengo algunas dudas sobre el final de Maduro. Por cierto, no tengo simpatía alguna por su régimen, y menos por sus consecuencias. Pero no creo que las cosas sean tan sencillas, como algunos lo pretenden.

Reflexiones. Tres o cuatro o hipótesis sobre Venezuela y su porvenir.

La primera, la más feliz. Lo que ha logrado Guaidó, presidente interino, en el exterior, los necesarios apoyos. España, Reino Unido, Francia y otros países europeos, han reconocido al opositor que era Juan Guaidó como «presidente encargado». Alemania, Holanda, Portugal, Luxemburgo, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Polonia, República Checa, Estonia, Lituania y Letonia. Cómo olvidar que el Grupo de Lima, once de 14 miembros, formaron un bloque de naciones críticas a Maduro. En la lista se incluyen también Australia, Israel y Ecuador. Y los Estados Unidos fue el primero en reconocer a Guaidó cuando este se autoproclama presidente interino. Y luego, el 31 de enero, el Parlamento Europeo lo reconoce, puesto que era presidente de la Asamblea de Venezuela. Pero internamente, el chavismo no ha desaparecido. ¡Pierden la chamba!

Segunda hipótesis. ¿Qué hacer cuando Maduro no se va? La posibilidad de una abdicación inmediata no ha ocurrido. Y eso lo ve también la oposición misma. Si bien aparecen señales de uno que otro militar disidente, también se notan las fragmentaciones de la oposición venezolana. Profesora de Ciencias Políticas, Julia Buxton identifica tres grandes tendencias. La primera, la que gravita en torno a Guaidó, llamada «Voluntad Popular». Pero con solo 14 bancas en la Asamblea Nacional. «Es el ala más radical», dice. La de mayor contacto con Washington. La idea inicial era que dimitía. Parece que tampoco puede haber una intervención militar estadounidense. Rusia y China han gruñido.

Tercera hipótesis. Los partidos tradicionales —esos que llevaron al desastre de Hugo Chávez— se preparan para el retorno. Parece normal, pero puede ser fatal. Julia Buxton señala que son mayoritarios en la Asamblea. El partido Justicia (así se llama), con 28 bancas sobre 109 y AD, Acción Democrática, con 25. Y aunque usted no lo crea, AD sigue siendo el mayor partido del país. Un tanto, el aprismo venezolano. Normal, volverán (o volverían, en condicional) tanto como el Copei, la democracia cristiana. «Pero no responden a esta pregunta: ¿qué país pretenden construir?» (Buxton). Y qué se le puede proponer a los chavistas con empleo en 39 ministerios (¿?) Sí, pues, las cosas son complejas.

Cuarta hipótesis. La peor, Maduro, o uno de los chavistas, gana las elecciones.

En resumida cuenta, Guaidó es un líder admirable, valiente, sin pasado, pero es frágil, no todo el antichavismo es suyo. ¿Qué es lo que pasa, pues, en Venezuela? Mi interpretación es la siguiente. Cuando una nación es manejada por un tirano por un largo tiempo —y si se apoya en un sector importante del pueblo—, ocurre que el poder se hace personal. O dicho de otra manera, desaparece la clase política. Incluyendo la que gobierna. Por eso, no tuvo sucesor Fidel sino su hermano. Ni Franco. Ni Perón. En otras palabras, en Venezuela hay solo dos políticos importantes, el tirano Maduro y ese angel caído del cielo que se llama Guaidó. Y nada más. El bloque chavista de poder no se fragmenta porque tienen intereses que guardar. En particular, los militares. Parte de la oposición está hecha de gente que no pudo preparar algo coherente antes que llegara Chávez. Acaso solo Guaidó puede darle una salida nueva, a una sociedad venezolana que, para bien o mal, ha cambiado. Crucemos los dedos. No vaya a ser que Maduro permanezca y venda Venezuela a algún Emirato.  

Publicado en El Montonero., 11 de marzo de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/venezuela-una-orbita-impredecible

El siglo que se nos viene encima

Written By: Hugo Neira - Mar• 05•19

La temática de estas líneas: ciencias y tecnologías en el mundo contemporáneo y sus efectos sobre las sociedades. Ahora bien, el espacio de esta crónica invita a la brevedad. Para ello, un problema, un examen severo y una conclusión.

¿Qué nos espera en el futuro inmediato? No solo como peruanos sino como especie humana.  

Trabajan sobre esa materia diversos profesionales, y van desde instituciones gubernamentales a una densa y extensa producción intelectual y universitaria, imposible de resumir. Citaré, pues, algunos enfoques sintéticos. El primero, del 2009, americano. El segundo, un par de libros pensados en Europa. Ninguno de ellos es pesimista pero no son partidarios del optimismo bobo que se practica a ratos, en nuestro contexto. Y nadie se toma por Nostradamus.

Cómo será el mundo del 2005 al 2030, es un producto del NIC (Consejo Nacional de Información de los Estados Unidos). Lo he leído años atrás, y pensé que sus escenarios eran posibles pero no los tomé muy en serio. Hoy, hay que aceptar que no se equivocaron en varios puntos. La economía se ha mundializado. Las clases medias han emergido en India, China, y el África. Son centenas de millones de seres humanos. En el 2030, lo que se llama pobreza, será minoritaria en el planeta. Se habrán corregido los desequilibrios mundiales de un Occidente rico y un tercer mundo marginado, por un mundo caótico. El nuestro. Nudos de finanzas, migraciones o mejor dicho, desplazamientos étnicos, y contrariamente a lo que piensan nuestros economistas liberales, «desarrollos divergentes». En efecto, Rusia, China, India e Irán, son más bien, «capitalismo de Estado». Venezuela estaba en la lista. Gracias a Maduro, ya no. 

Tras esos pronósticos, hay otros actuales y en nada optimistas. Circula un libro con el título de «El retorno a la barbarie en el siglo XXI». No solo terrorismo, «la aceleración de la historia, la desaparición de la estabilidad, el desorden del mundo». La historia ya no progresa de manera continua, dice su autora. «Lo imprevisto ya no es un concepto exótico». Las sorpresas, pues, son devastadoras. La autora no es una improvisada, Thérèse Delpech, catedrática en París y en Londres. Se especializa «en estudios estratégicos». Y lo que llama «barbarie», lo tenemos delante de nuestras narices. En la abundante bibliografía, Federico Campbell, La era de la criminalidad. De Natacha Polony, «Bienvenidos al peor de los mundos». De Patrick Pharo, «El capitalismo como adicción». De Stéphane Foucart, «El Mercado como Dios». Pero el lector ni se preocupe. Esos libros no llegarán jamás a nuestras librerías. Sus autores no son ni marxistas ni liberales. Solamente gente que piensa y ha dejado los -ismos tras sus espaldas. ¡Pídanlos a Amazon!

El tema sobrepasa a nuestro país y al mundo latinoamericano. Pero hay que enterarse. Las revoluciones técnicas y las políticas de las potencias actuales, pueden variar y lo imprevisto forma parte de ese futuro inmediato. Es obvio que formamos parte de la transformación planetaria, queramos o no queramos. Llegará a los Andes.

Publicado en el portal de noticias Café Viena, 5 de marzo de 2019