Toledo. ¿Contigo Perú?

Written By: Hugo Neira - Mar• 27•19

Lo de Toledo ha sido el lado negro de nuestra actualidad inmediata. Naturalmente, da pena y a la vez provoca indignación. Aun siendo un expresidente, tenía y tiene —no se ha muerto— una obligación, la de portarse correctamente. Como todo ciudadano que ha tenido tan alta magistratura. ¿Pero enterarse de que la policía de un modesto condado, el de San Mateo en California, tuvo que arrestarlo por ebriedad? Encima, en un lugar público, un restaurante. ¿No podía embriagarse en su casa? Esto ocurre el domingo pasado y a las 10:37 pm. Y lo sueltan el lunes a las 9 am. Encima dijo que no era cierto. Y la señora Karp, que «era un complot del fujiaprismo» (El Comercio, martes 19). Qué vergüenza.

Por mi parte esperé unos días. Quería ver qué decían otros columnistas. Y en efecto, hay diversos artículos. Me interesan, sin embargo, un par de los aparecidos. El de Santiago Roncagliolo, «La presidencia etílica». Y el de Díaz-Albertini, «Vergüenza no, indignación». No es corriente en nuestro país que se nombre a otros comunicadores, pero los menciono porque sus artículos me preceden, y sencillamente, no hay polémica puesto que comparto la «indignación» de Díaz-Albertini y lo de «la presidencia etílica», de Santiago Roncagliolo. Solo que yo extiendo el caso a lo social.

¿La presidencia etílica? Es cierto que no la hubo con Leguía, grandes convites, y punto. Ni con Belaunde. Tal vez Sánchez Cerro y con toda seguridad, el general Odría, que se mandaba unas juergas interminables. Duraban una semana, en el hotel Paracas, cerrado para esos días. En una de esas Odría, subiéndose a la mesa en un banquete, se puso a bailar con la Tongolele, y la morena, un monumento de mujer, le dio un caderazo, y el general cae de la mesa al suelo y se rompe el ilíaco. Tuvieron que enviarlo a los Estados Unidos. Lo operaron, Odría regresó cojeando, y desde los peldaños de la escalera del avión, convoca elecciones. Deberíamos tener un monumento a la Tongolele porque nos libra de una dictadura con el arma contundente y criolla de  un golpe de cadera.  

Borrachera, beodez, dipsomanía, el castellano es rico en sinónimos del alcoholismo. Julio Hevia, que se nos fue, en lingüística local, ‘chupar’ o la ‘chupeta’, «evento consistente en embriagarse». ¡Evento! Seamos sinceros, es costumbre muy peruana. Tanto en la cultura criolla como en la andina. No se hagan, las fiestas folclóricas no se hacen sin chupaderas atroces. Lo que estoy diciendo es que el alcoholismo sigue siendo una plaga social. En los inicios del siglo XX, hubo campañas antialcohólicas. ¿Y no han continuado? He vivido en varios países y sociedades, y siento decirlo, no he visto que se beba tanto como nos ocurre. Sociabilidad, pero malsana. No hemos adoptado del todo ese hábito que viene de la cultura mediterránea, el café para conversar. Lo tienen los países hechos con migraciones, Chile, Argentina y Uruguay. Algo en Lima, no mucho. ¿Solo el café salvará al Perú?

Dos varones peruanos no pueden conversar sin ponerse a chupar. El vicio colectivo no exonera a Alejandro Toledo. Pero no hablemos del alcoholismo como si fuéramos cuáqueros o musulmanes. No somos un pueblo de sobrios. Lo digo porque los camiones se siguen cayendo en nuestras carreteras. Por falta de mantenimiento, horarios excesivos pero también el machismo de beber timón en mano. La chupa es un mal nacional. Si no abandonamos ciertas costumbres, nunca dejaremos de ser el país que somos. Como dice el poeta Germán Belli, «descuajeringado». ¿A tal país, tal presidente?

Publicado en El Comercio, 27 de marzo de 2019

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/toledo-peru-hugo-neira-noticia-620625

La deconstrucción nacional

Written By: Hugo Neira - Mar• 27•19

Alguien se le ha ocurrido preguntarse cuándo se inventan las fábricas. Sí, ese lugar, por lo general un tanto lejos, que echaba humo por sus enormes chimeneas, que recibía trabajadores a horas muy tempranas, y en donde se hacía todo tipo de cosas, desde tejidos —fue lo primero— a automóviles, tanques y aviones de comercio o de combate. La Fábrica, con mayúscula. Es decir la revolución industrial que cambió el mundo. La revolución industrial que nos pasó por las narices. La primera ola, que fue con productos manufactureros, aprovechando la energía del carbón, la era del acero y los textiles. No teníamos en Perú una burguesía para ese salto. Tuvimos lo que los historiadores llaman, una «burguesía compradora».

El lugar donde aparecen las primeras fábricas queda en el condado de Lancashire, un poco al sur de Birmingham. Alguna vez recorrí ese itinerario, en un tour un poco raro para turista, a los lugares donde empieza la era industrial. Y yo como soy, un poco raro, tomé ese tour. Un gran profesor inglés, Peter Watson, señala que el espacio de esa primera revolución industrial era muy estrecho, como quien dice, de Chorrillos hasta San Bartolo. Ahora bien, ¿qué ocurría? El tema era la producción de tejidos. Por supuesto que había tejidos, y muy solicitados por la clientela. Pero en los talleres, se tejía hasta un cierto punto un ingreso que les permitía vivir. La innovación no fue máquinas con rodillos y husos. Lo que se necesitaba para cubrir la demanda del mercado era más trabajo y una organización distinta. Y entonces, en la fábrica, los telares están juntos, como están sus trabajadores. La novedad fue la disciplina brutal que se establece (Watson) y que aumenta los tejidos y la acumulación del capital.

Quien organiza esta forma de trabajo colectivo es Arkwright, que de paso inventa eso de los rodillos. Nos explican mal la historia: no es solo la maquinaria lo que cambia la forma de producir sino el trabajo agrupado. 

Ese sistema produjo la clase obrera. Su solidaridad. Su conciencia de clase. Y el derecho a la huelga. O sea, la modernidad.  Hoy vivimos en un capitalismo que no une trabajadores, sino todo lo contrario. Miren cómo nos ve una viajera peruana. «En los últimos veinte años nuestra sociedad ha tenido cambios brutales, que han disuelto identidades corporativas, sindicatos, asociaciones, cooperativas, partidos políticos. Ahora las personas no se consideran como parte de algo.» En «Nostalgias provincianas», Sonaly Tuesta, en Maruja Martínez, ¿Nacidos para ser salvajes?

Fernando Fuenzalida (hace 8 años de su muerte) prevé esta desestructuración en su libro La Agonía del Estado-nación. Bajo los efectos positivos y negativos de la mundialización, predijo un tipo de economía que no le interesa para nada el ser humano. Y en consecuencia, el caos social mientras sube el PBI. ¿No es esto nuestro mundo? ¿Y el de otras naciones que se fragmenta? ¿Qué une a un peruano a otro peruano? Casi nada.

Publicado en Café Viena, 26 de marzo de 2019

La deconstrucción nacional

El smartphone y el fin de la introspección

Written By: Hugo Neira - Mar• 25•19

Cuando Nietzsche supone la muerte de Dios, casi acierta. Lo que se nos está muriendo en este tiempo oscuro al retroceder el humanismo, es el alma. El filósofo alemán había redescubierto a Schopenhauer y la música de Wagner, amaba subir a las montañas, pero llevaba consigo una enfermedad que lo precipitaba a la tragedia y a la muerte. Hoy admiramos su desprecio a la moral de la manada y su independencia ante su siglo. De alguna manera es nuestro coetáneo. Es sincrónico a nuestro tiempo, puesto que el humanismo cuyas debilidades señaló, está más cerca que nunca de su extinción cultural. Este siglo tiene dos grandes abismos. Una guerra nuclear, y si no es eso, la deseducación que finge ser un sistema de enseñanza. Convencidos de que la técnica nos va a dar la respuesta a los dilemas del hombre y la sociedad contemporánea. Entre tanto, la no educación embrutece a pueblos enteros. Entre ellos, el nuestro.

Lo que noto, mirando las costumbres peruanas, es que nos hemos olvidado de la importancia de la escritura. Leer o escribir nos parece un acto natural. Como bostezar. ¿Para qué enseñarlo? Quienes así piensan —entre ellos docentes y ministros de Educación— se equivocan garrafalmente. «La capacidad de lectura no es innata y ha requerido un reciclaje neuronal», sostienen  científicos. Ojo, no es innato, se aprende. En la escuela o nunca. Hoy se puede observar cómo funciona el cerebro. Ha nacido una problemática que ocupa a varias ciencias, la cognitividad. Hay partes del cerebro que solo se encienden cuando se lee y cuando se escribe. La imagen no nos hace humanos, los animales también ven, y mejor que nosotros. Pero no escriben.

Si escribir es lo humano, ¿por qué lo hemos abandonado? No hablo por gusto,  ha dejado de ser una disciplina curricular en las escuelas públicas del Perú y me temo que también en las privadas. Cursos de gramática ya no existen. ¿No vale la pena su enseñanza porque hablamos castellano?  ¿Cree el amable lector que alemanes, franceses e ingleses no estudian su gramática? Tampoco hay cursos de lógica, como si no nos faltara. Defenestrar a un comentarista que se llama Carlos Meléndez¡! Cómo se nota que vivimos en una democracia en la que se respeta el derecho a la libre expresión. Volviendo a la escritura, paso por la vergüenza —la vergüenza ajena— de tener que explicar por qué es decisiva. Siempre y cuando queramos seguir siendo seres humanos.

Desde los primeros pasos de nuestra especie, después de las hachas de mano por milenios, y tras el gran salto de pasar de la caza a la agricultura, se logra la escritura. Con ella se fijan los conocimientos. Es una victoria ante la muerte, lo escrito permanece. Sin embargo, fue un largo proceso, pictogramas en el arte rupestre, jeroglíficos de sumerios, letras de fenicios. Papiros, pergaminos, rollos, la opinión reflexionada tuvo diversa forma hasta llegar al libro actual. Y la cultura digital no hace sino extenderlo (Amazon).

Para Rudgley, arqueólogo, hay civilización cuando hay escritura, ciudades, religión y ocupaciones especializadas. Ahora bien, desde que aparece el individualismo en los antiguos griegos, y el pensamiento hasta nuestros días, existe la escritura. Isaiah Berlin, pensador contemporáneo, la define como «una actividad individual y solitaria, en que nos libramos de las tendencias masivas de los dominadores y entonces podemos ser dueños de nosotros mismos». Pero lo dice antes que aparezcan las redes. Entonces, si Berlin tiene razón, tenemos un problema en el Perú. La escritura «una actividad solitaria», precisa de introspección. El estar solo consigo mismo, al menos un rato en cada jornada, ¿eso hacemos? Yo los veo más bien abriendo desesperadamente su smartphone.

Introspección no es mirar para afuera sino para adentro. No lo que dicen los otros sino tu self, tu consciencia. Era corriente una persona que meditaba en silencio durante un viaje, o acaso luego de leer un libro o un diario, un signo de preocupación o un recuerdo. Una persona en la banca de un parque público. Lo practicaban en la plegaria. Algunos hoy que hacen yoga. Hablando del acto de escribir —algo entiendo de ese oficio—, para redactar nos ocurre consultar libros, hablar con amigos, pinchar Google en Internet, pero tarde o temprano, eres el que escribe. Precede la escritura  una idea previa o un plan en los eruditos. Pero hoy veo la muerte de la introspección. No la podemos tener porque nos interrumpe el WhatsApp y el smartphone todo el tiempo. Está bien culantro pero no tanto.

Con el smartphone estamos ante «un pensamiento compartido». En la historia intelectual de Occidente no es novedad. No es avance sino retroceso. Se está resucitando el Código de Justiniano, el Corpus Iuris Civilis, que se estableció en el siglo IX, llegando a un acuerdo: Kepler y los astrónomos que sostenían que el sol era el centro del sistema planetario, estaban en el error. Durante siglos, gracias al pensamiento compartido, «la tierra fue plana». Lo que desaparece con el fin de la introspección es lo que ha costado siglos, «el individuo que piensa por su cuenta» (Kant, Descartes, Locke). Además,  el smarstphone aprovecha un punto débil del ser humano, el temor a estar solo. ¿La búsqueda de la «ayuda mutua» de Spinoza? En fin, bueno para la información, no para el conocimiento. Les guste o no, están los libros.

Se ha muerto en estos días, Gonzalo Portocarrero. Me pareció bien la página entera que le dedica el diario El Comercio. Qué lástima, no lo hicieron cuando estaba vivo, en este país han desaparecido las reseñas de libros. Una generación de humanistas se ha ido, Carlos Franco, Fernando Fuenzalida, Arturo Corcuera, Toño Cisneros, Rodolfo Hinostroza. Leímos y nos gustaba encontrarnos para hablar hasta por los codos. Amar a los libros, no nos impedía el vivir vital, físico, erótico, imaginario. Si no hay introspección dejaremos de tener poetas y pensadores. Volveremos a la manada.    

Publicado en El Montonero., 25 de marzo de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/el-smartphone-y-el-fin-de-la-introspeccion

En economía y política, ¡cuidado con la simpleza!

Written By: Hugo Neira - Mar• 19•19

En la vida que llevamos, en el tiempo actual en que vivimos, sea cual fuese la lengua en la que hablamos o pensamos, usamos lo que se llama tópicos. Es decir, frases hechas, lo ya sabido, ideas simples. El tópico es trivial. Y de cierta manera, es inevitable. No podemos todo el tiempo ser ingeniosos o tener ocurrencias. Pero si el tópico invade la vida política y económica, es decir, el conocimiento del mundo, llega a ser prejuicio. Y nos llena la cabeza de falsas correlaciones. Lo que sigue es la argumentación no del autor de esta nota sino de un profesor de Cambridge. En el Reino Unido. Con las necesarias «comillas», no somos Acuña.

¿Qué es lo que se dice sobre la educación y la prosperidad económica? Se suele decir que «una mano de obra bien educada es absolutamente necesaria para el desarrollo económico». La prueba es «el contraste entre el éxito económico en los países del Asia, conocidos por sus buenos resultados pedagógicos, si se le compara a la depresión económica de los países del África subsahariana, cuyos niveles de educación son los más bajos del planeta ». Puede ser. Pero el profesor de Cambridge argumenta que «los casos en que un avance de la educación permite la prosperidad nacional, son más bien raros». Y nos enfrenta a pruebas aplastante. «En 1960, la tasa de alfabetización en Taiwán no era sino del 54% y la de Filipinas un 72%». Sin embargo, «Taiwán realiza uno de los más espectaculares crecimientos económicos y llega hoy a un ingreso per cápita de 18 mil dólares, contra 1800 para Filipinas. ¡Diez veces mayor!» Hay otro ejemplo apabullante, Corea del Sur, menos culta que la Argentina, alcanza un ingreso per cápita que es el triple del país sudamericano. Por último, hay un caso europeo que pone en cuestión el mito de la correlación educación/economía. Ese país es Suiza. Nadie duda que «es uno de los países más ricos y más industrializados del mundo». Pero es una sorpresa el saber que «en una medición hecha en 1996, la tasa de inscripción en las universidades era menos de la mitad de la media de los países de la OCDE. Solo un 16% de los suizos ante el 34% de los ciudadanos de la OCDE».

El docente de Cambridge no dice que la educación deja de ser necesaria, sino que el auge económico es mucho más complejo de lo que pensamos. Puede un país elevar su nivel de educación, incluso puede producirse —dice el autor— «una producción malsana de diplomados», pero puede ser que sus empresarios no tengan ánimos para invertir y prefieran la buena vida a los riesgos financieros. El autor de estas críticas se llama Ha-Joon Chang. Un chino no maoísta¡! Comenzamos con un tópico, concluyamos con otro. Los caminos del Señor son impenetrables.

Publicado en el portal de noticias Café Viena, 19 de marzo de 2019
https://www.cafeviena.pe/index.php/2019/03/19/en-economia-y-politica-cuidado-con-la-simpleza/

Lima, de todo como en botica

Written By: Hugo Neira - Mar• 18•19

Acabo de volver del extranjero en donde permanecí unos meses, avanzando uno de mis libros, y no tengo por qué decir qué temática ni que editor, ¿OK? El volver en los peruanos, ha sido tan frecuente que está hasta en los valses. Ahora bien, lo que percibo, a mis riesgos y peligros, no es sino lo mismo de lo mismo. Veo la continuidad morosa de una transición política interminable.

Veo agrupaciones capaces de proponer ministros a través de contactos de amistad y lazos sociales, sin apoyos populares o partidos. Bajando del avión, me he leído las varias crónicas, muy detalladas, de «cómo se cocinó el gabinete» —lo dice el periodista (Eloy Marchán, en Hildebrandt en sus trece, 15.03.19)—, qué peruanismo, «cocinar», asunto de allegados. He leído también la columna de Fernando Vivas que resalta la paridad. Carteras ministeriales para ellos y para ellas. Y Vivas nos cuenta «los entretelones». Sí, pues, así está la política peruana de este 2019. Hemos vuelto a lo que siempre nos gustó, el mundo cortesano. Siempre he dicho que Lima es una suerte de Mónaco. Salvo que su mayor ingreso es por establecimiento de química, farmacía y cosmetología. Pero nos parecemos: Lima, un Principado porque siempre tenemos corte.

Pero debo separar lo general de lo particular. Si la inmovilidad política persiste, el nombramiento de Premier a Salvador del Solar es algo que no puedo dejar de tomar en cuenta. Y no me voy a lanzar a escribir esas crónicas en las que opinólogos en diversos diarios le han explicado cómo debe gobernar, no soy de esos. Voy a decir una sola cosa. A Salvador del Solar lo he encontrado en una ocasión excepcional. ¿Qué ocasión se preguntará el amable lector? ¿Un cóctel en alguna embajada? ¿En un almuerzo entre amigos? Nada de eso, siendo ministro, en una librería, por casualidad. Nos saludamos, no estaba para lucirse sino para buscar un libro. Para más señas, y sin hacer propaganda comercial, en la que queda en Camino Real, en la entrada del Centro Cultural de la PUCP. Al amable lector, ¿esto no le parece significativo? Entonces, dígame si alguna vez en Lima ha visto a un ministro en una librería (¿?) Si lo ha visto, avíseme, por favor. Estoy diciendo que es un político culto. Y ese personal, no abunda.

Un aspecto de la crisis social del Perú contemporáneo es que somos un país que se ha desculturizado en los últimos años. La población es casi toda alfabeta pero igual no lee. Los celulares, los smartphones, y chaú. La marcha del mundo y de las ideas en el mundo no interesa ni en las élites ni en los Conos. Los sectores populares se han convencido desde hace tiempo que lo que manda es el dinero, y en efecto, el mercado los ha premiado. Tienen capital pero no tienen cultura. Por el momento, hay familias populares, medio regordetas, que se sientan en un restaurante y cada uno con su smartphone, ni conversan, lo cual me inquieta. No hay uno sin dos desdenes: la antipolítica y la no lectura han llegado a las masas. Varias generaciones que no han leído ni michi. El resultado peruano del encuentro del pollo asado y la mala escuela. Bien comidos, mal formados. Pero algunos de mis amigos me dicen, «Hugo, ya se viene la burguesía chola». Puede ser. Y espero que no se porten como las clases dominantes tradicionales. Puede que el cholo rico explote al cholo pobre. Algo de eso ya está pasando, en este país flexible en materia de empleos. En ese caos que llamamos informalidad. Tiene su lógica de explotación, peor que la formal.

En fin, dos cosas. Políticamente, ha sido un paso inteligente un nuevo Gabinete. Buena maniobra, renovarse. Sobre todo cuando se cae en las encuestas, no arranca la economía y Paita, en el norte post Niño, sigue siendo una desolación. La lista de lo no hecho es enorme. En cuanto al Premierato de Salvador del Solar, soy sociólogo y no adivino. Veremos qué hace. Pero en esta mañana de domingo soleado, hay un titular a cinco columnas en el diario El Comercio. La palabra «tolerancia», usada por el Premier, es novedad en este régimen. Contraría la retórica de la confrontación que ha predominado hasta este momento. Tras la idea de «tolerar» esta toda la filosofía liberal, y la conciencia de la pluralidad de los peruanos, que tienen derecho a ideas diferentes sin que por ello tengan que clasificarnos en «correctos» e «incorrectos», como hacen los «caviares» inquisidores. Con la guerra sin balas de estos años, tuvimos instituciones democráticas pero no sociedad democrática. El «otro» es el país entero. Y no el grupito que decide quién es ministro, en Lima fundida (juego de palabras, de Mazzotti, en libro que explica el criollismo).

Lo peor en estos días. La restitución (increíble) de 10 mil directores y subdirectores cesados, «es un atentado contra la meritocracia» dice el diario Expreso. Y un editorial de El Comercio, «Cómo se menoscaba una reforma». Hubo una reforma educativa, pero se la atribuyen al ministro Saavedra en el gobierno de Humala. No, señores, se olvidan del ministro Nicolás Lynch con Toledo y de Antonio Chang en el gobierno de García. ¿Por qué no los mencionan? La introducción de exámenes o meritocracia, ya lleva años y debe seguir.

Creo que hay que decir qué es meritocracia. Algo que se practica en todas las sociedades avanzadas desde hace siglos¡! Es la ética misma de los modernos. El origen del principio meritocrático fue expuesto por Kant, en Crítica de la razón práctica. Todos los seres humanos iguales ante la ley, pero desiguales por sus diversos talentos. En todas partes hay concursos para funcionarios públicos. Y ahora, ¿una comisión de representantes, muy sueltos de huesos, la anula? Qué error del Congreso. Gigantesco.

Publicado en El Montonero., 18 de marzo de 2019

http:// https://elmontonero.pe/columnas/lima-de-todo-como-en-botica