Rafael del Riego

Written By: Hugo Neira - Oct• 17•22

En este breve texto quisiera salvar un pedazo de nuestra historia, un personaje cuya vida e ideas no deberían ser desconocidos por gran parte de nuestros ciudadanos, pero los historiadores los esconden. Es el caso del general Rafael del Riego que se negó a dirigir una flota contra los movimientos de la independencia. En este portal, toqué el tema en una columna del pasado 20 de junio (https://elmontonero.pe/columnas/hispanofobia-otro-de-nuestros-defectos) y vuelvo a tocarlo por su importancia. Del Riego, antes de San Martín y Bolívar, evitó que fracasara nuestra emancipación. De haber llegado la Gran Expedición de Ultramar, probablemente habríamos tenido otro siglo de dominación. Pero en 1820, del Riego logra detener su partida. Lo hago por amor a la patria y no por alguna ideología. El papel del historiador es narrativo, el lector decide quién es el peor o el mejor. La historia es siempre imprevisible. Todo lo que a mí me interesa es la verdad.

¿Quién fue Rafael del Riego, militar y político, el hombre que se negó a una expedición gigantesca sobre las colonias americanas? Si usted es peruano, no conocerá probablemente lo que hizo mientras que en otros países como México, sí lo conocen. Saben qué fue esa Gran Expedición que en 1819 organizaba la España imperial. Preparaban algo que pudiera detener a gran parte de las colonias que ya intentaban  independizarse

El gobierno español, tenía para eso el mayor ejército en Andalucía, en Cádiz y la isla de San Fernando, un ejército de 20’200 infantes, y 1’370 artilleros con 94 piezas de campaña, y además, catorce escuadrones de caballería. Esa enorme expedición de ultramar estaba al mando de Enrique José O’donnell, conde de La Bisbal. Y para escoltarlos, las fuerzas navales contaban con cuatro navíos de línea, tres a seis fragatas, y diez fragatas, cuatro a diez bergantines, dos goletas, y treinta cañoneras, entre otros. La tripulación se componía de 6 mil marinos. El total de los hombres está en discusión entre los historiadores, entre 14’000 y 25’000. El objetivo era “sofocar definitivamente la sublevación de las colonias de América”. “El plan era dirigirse a Venezuela” según unos, o “desembarcar cerca de Montevideo y apoderarse de Buenos Aires” según otros. Otros más afirman que iba dirigida a México. Es evidente que lo que era levantamiento y ejércitos locales, hubiera tomado tiempo en vencer pues no eran las guerras locales de esos siglos. ¿Cómo se desmorona tal proyecto? Tras el llamado Pronunciamiento de Riego. Riego estaba al mando del Segundo Batallón Asturiano de la Gran Expedición a Ultramar y a favor de la Constitución liberal de 1812. Renuncia a la España absolutista. El político se impuso por encima del militar. Desde el balcón de Tineo en Asturias, el general Riego dio un discurso a sus tropas, el 1° de enero de 1820. He aquí su pedido de una España liberal, no un régimen absolutista:

“España está viviendo a merced de un poder arbitrario y absoluto, ejercido sin el menor respeto a las leyes fundamentales de la nación. El rey, que debe su trono a cuantos lucharon en la guerra de la Independencia, no ha jurado, sin embargo, la Constitución; la Constitución, pacto entre el monarca y el pueblo, cimiento y encarnación de toda nación moderna. La Constitución española, justa y liberal, ha sido elaborada en Cádiz entre sangre y sufrimiento. Mas el rey no la ha jurado y es necesario, para que España se salve, que el rey jure y respete la Constitución de 1812, afirmación legítima y civil de los derechos y deberes de los españoles, de todos los españoles, desde el Rey al último labrador. […] Sí, sí, soldados, la Constitución. ¡Viva la Constitución!”

Finalmente, tras su levantamiento, la Gran Expedición se desmoronará dándose tiempo a los movimientos independentistas americanos para organizarse. El resto lo sabemos. La Restauración del absolutismo, la guerra al otro lado del océano que fue inevitable, y aparecieron las Repúblicas.

Rafael del Riego, teniente coronel de 35 años, era muy español. Había nacido en una familia hidalga asturiana. Iniciada la guerra de la independencia (o sea, la guerra contra España), estuvo en las batallas donde las tropas españolas sufrieron importantes derrotas. Pero él se sentía un liberal, y se sabe que fue hecho prisionero el 13 de noviembre de 1808 y deportado a Francia donde conoció las teorías liberales las más radicales (Wikipedia). Desde Francia, viaja por Inglaterra (el reino en donde no solo estaban las familias reales sino las cámaras parlamentarias) y también Alemania. En 1814,  al retornar a España y reincorporarse al ejército con el grado de teniente coronel, quienes han estudiado su vida nos dicen que se había hecho masón. De ahí su lucha contra el absolutismo. En España, en la primera etapa del reinado de Fernando VII llamado ‘sexenio absolutista’ (entre 1814 y 1820), Riego ya masón prefiere restaurar la Constitución de 1812. No puede moralmente hacer una guerra del otro lado del océano contra quienes no querían un poder absolutista que era la esencia y la mentalidad del poderoso imperio español. La Gran Expedición a Ultramar no lograría disminuir el poder absolutista y por esa razón, no acepta el cargo militar y se pone en una situación difícil para la guerra. Su pedido es una monarquía sin el absolutismo que había vuelto en 1820. Después de su pronunciamiento en 1820, fue destituido de la capitanía general. A pesar de ello, su popularidad crecía, sus soldados por un tiempo lo apoyaron. Marchó a Cádiz donde había una mayoría de liberales, pero finalmente, capturado, lo trasladan a Madrid donde pidió clemencia a los que había ofendido por sus posibles crímenes liberales. Fue declarado culpable de alta traición, y el 7 de noviembre de 1823, en la plaza de la Cebada, en Madrid, ejecutado por ahorcamiento, entre los insultos del público. Tenía 39 años. “Rafael del Riego pervivió en la memoria popular como un héroe mítico de la lucha por la libertad”, señala Wikipedia. Víctor Hugo lo menciona en Los Miserables, y por mucho tiempo se tocaría el Himno de Riego como himno revolucionario.

Era un enemigo y rival del absolutismo. Nunca lo dijo pero no podía odiar a los países americanos cuando los revolucionarios eran como él, tenían el deseo de un imperio pero con un régimen que no diera todo el poder a las casas imperiales como los austriacos. Pero quiso más el cambio político en España. Logró un régimen constitucional que impuso en 1820, por un tiempo vencedor de la monarquía absoluta. Militarmente, fue entonces nombrado Capitán General en Aragón. Pero los monárquicos solo soportaron el Trieno Liberal (1820-1823).

El antihispanismo. Políticos y estudios

Es hasta normal el rencor de la dominación de un imperio. A lo cual se suma el homenaje al mundo de los incas en cada aniversario de la Conquista. Tanto los incas como los aztecas —civilizaciones que no tuvieron contacto con otros continentes — estuvieron aislados por los océanos. Sin embargo, ninguna sociedad escapa a la necesidad de los dominadores y los dominados. Muy poco se lee sobre los excesos del sistema de organización de las civilizaciones prehispánicas durante milenios. Nos olvidamos que el mundo inca se extendió del sur al norte de Sudamérica, y que mucho antes de que llegaran los conquistadores, el Imperio inca controlaba unas cien culturas. Y que cuando aparecieron Pizarro y los primeros extranjeros, el Cusco y sus poblados estaban en guerras locales. A tal punto que, durante la Conquista, muchos pueblos sometidos ayudaron a vencer el Imperio inca. Cierto que no fue por las armas de los invasores europeos, poco numerosos, sino por la pérdida de los dioses. El cristianismo que las naves españolas trajeron consigo no pedía sacrificios humanos, ni sacrificios de los hijos, esos que hasta hace poco siguen descubriendo los arqueólogos en las cumbres de los Andes de Arequipa. ¿Fue más humano el ritual cristiano que el de los indígenas? No lo sabemos. Pero la dulzura del Dios amable ha tocado diversos pueblos y culturas en lo que fue los espacios del mundo egipcio y otros, en el Mediterráneo.

Se espera, sin embargo, el rencor lógico de parte del dominado ante los dominadores. Hubo por cierto una esclavitud feroz, sabemos cómo se redujeron a lo largo de los siglos las poblaciones nativas. Y como pasa siempre, se etiqueta algún pueblo o etnia. Los alemanes, en la Alemania nazi, se inventaron un pueblo a exterminar, al cual se le podía negar inclusive la condición humana. Los judíos.

Pues bien, siglos después de los errores que comentamos, busquemos, esta vez, la herencia, la mentalidad y las sociedades que los españoles dejaron. Así, no se puede dejar de recordar a un personaje como Rafael del Riego, español, militar, político y liberal. Al español se le toma por conservador, reaccionario, se le atribuye lo peor posible. ¿Y no era español el que muriera ahorcado, por luchar por la libertad de los novohispanos, nuestra libertad?

Por cierto, la guerra republicana de la que emerge Franco pareciera ser prueba de ese mundo de españoles que no gusta. Por último, ¿España no está en Europa? Pero no es Europa. Sin embargo, nosotros los latinoamericanos, debemos tomar en cuenta que después de los 40 años de un gobierno tiránico, se convierte en un país con un régimen monárquico, y luego, un Estado con democracia. Y con modernidad. Los ferrocarriles, la educación, la tecnología, como en los otros países con sociedades que entraron a la revolución industrial. En América Latina hemos tenido decenios de caudillos, pero ninguno de ellos nos hizo entrar a la modernidad.

En una próxima ocasión les hablaré de las Cortes de Cádiz donde fueron llamados varios peruanos. Otro ‘olvido’. Es el primer Congreso. En el nacimiento de la primera cámara parlamentaria, en el corazón de España, lejos del Perú, estuvo gente peruana.

Publicado en El Montonero., 17 de octubre de 2022

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Un indio inteligente, Huillca

Written By: Hugo Neira - Oct• 11•22

Cómo un indio inteligente en el Cusco salvo a los indios y cholos del Perú.

I. Con Wikipedia, que respeto y admiro a menudo, esta vez no tengo otro camino que discrepar del trato que le dan a las revueltas indígenas y de campesinos en el Perú a partir de los años sesenta del siglo XX (Movimiento de Izquierda Revolucionaria, Perú). Es algo pues que he visto y vivido, escribí libros sobre el tema. Un diario de Lima, Expreso, me envió a la gran zona andina peruana donde ocurría una serie de fenómenos políticos nuevos. Fueron tan intensos que el ejército y los militares dieron un golpe de Estado contra la clase social más alta —los hacendados terratenientes—, para detener esa fuerza social en rebeldía. Estábamos en los años sesenta, y en 1963, subía al poder, sin duda legítimamente, tras elecciones, Fernando Belaunde, democrático, acaso con intentos de reforma. Pero lo que ocurría en los Andes cusqueños no solo era un tema político y económico sino de estructura social. No podrían darse las modificaciones del caso sin una reforma agraria, que es lo que ocurre en 1969. Es el año en que, por razones de Estado, desaparecen los gamonales o terratenientes. Y no era por una acción guerrillera que imitara a la revolución cubana. Entre 1963 y 1965, los Andes peruanos fueron sacudidos por una convulsión social y política de carácter masivo y de raigambre rural, que provocó la fuga de los hacendados mismos, acontecimiento que fue conocido en la capital porque estuvo en las noticias que yo enviaba desde un hotel en Cusco al diario Expreso.

Algo gigantesco estaba ocurriendo en el Sur. No era un pequeño grupo de guerrilleros. Y eso venía del pasado cercano. Cuando se habla del Perú y de las llamadas haciendas o latifundios, se habla de posesiones enormes de territorios agrarios en valles y cuencas. Era la estructura tradicional de la tenencia de la tierra de esos inmensos dominios, donde una sola familia, o un gran señor, era terrateniente, uno solo, como en los siglos de la colonia. Ese sistema no desapareció cuando el Perú dejó de ser un dominio hispano. Al contrario, después de la Independencia, en el Perú hubo un proceso que en sociología se llama el poscolonialismo (Nicolas Bancel). Podemos decir que en el centro del Perú andino sobrevivió un sistema de dominación y producción que descansaba en una clase de siervos. Un sistema de señoríos rurales, los gamonales, tenía a los indios encadenados, formaban una “clase ociosa” y rica, como diría el sociólogo Ferdinand Tönnies, al reunir la posesión y su usufructo, un modo de vida premoderno con producción y fiestas dispendiosas en los siglos XIX y XX a costa de los indios.

¿Cuándo perdieron sus territorios los indígenas peruanos? No fue durante la Conquista. Ni durante el virreinato, bajo el dominio de los virreyes españoles. La dominación de la clase social blanca fue una mutación del poder después de la Independencia. Esa etapa que hace perder toda esperanza a los herederos y descendientes de los incas, es un fenómeno gigante. Fue el descubrimiento de uno de nuestros historiadores, Jorge Basadre, sincero. Se ocupó del salto capitalista desde la costa peruana a los Andes con otros patrones. Todo está en su libro Sultanismo, corrupción y dependencia en el Perú republicano, editado por Carlos Milla Batres, en 1981. Lo de Basadre es un conjunto de ensayos. Describe a la aristocracia colonial peruana, luego a las clases sociales, una por una, ya en el tiempo republicano. Sigue con las etapas de la sociedad republicana, la tercera siendo la formación de un “sólido grupo plutocrático nacional” desde 1860. Y lo que ocurrió en la cuarta, la “apropiación de la región serrana del país por un pequeño número de antiguos y nuevos propietarios de tierras, que antes pertenecieran a las comunidades indígenas, al Estado, a la Iglesia, a las municipalidades y a las beneficencias.” Y prosigue: “Las masas rurales empobrecidas quedaron como mano de obra servil en los grandes dominios agrícolas u optaron por la emigración”. Y si faltaba mano de obra rural para el auge de la agricultura de exportación del algodón y el azúcar, estuvo la “mano de obra servil china”, chinos que llegaron antes de la guerra con Chile (1879-1883), añade Basadre.

Hay algo que no podemos callar. En las compras de tierras, la fingida actividad judicial nunca le dio la razón a los indios. Las comunidades indígenas, desde la costa, que existían desde el presidente Leguía, en los años veinte, llamaron a sus abogados. Los indígenas tenían los títulos para hacer valer sus derechos. Pero como me lo dijeron los abogados del Cusco, ¿cómo un indígena, ante los fiscales, le iba a ganar a un poderoso miembro de una familia blanca? De las plutocracias limeñas o costeñas, nunca a los indios la moneda de papel les llegó. No recibían dinero, trabajaban fuera de todo sistema de remuneración. Esta distancia y separación entre blancos e indios o cholos, ha quedado, y por lo que es del Perú, nación no es. Desde ahí, de esas antiguas raíces, sigue en pie la sociedad de brechas, no solo de dinero sino de cultura, educación, sentimientos políticos y mentalidades.

II. Pero encontré en el Cusco al indio inteligente que se llama Saturnino Huillca. Había organizado a los grupos de sindicatos que invadieron las tierras de las haciendas, evitando la violencia, solo ocupándolas sentando a la gente suya, sin armas ni guerrillas. Esa estrategia que Huillca llamaba “recuperación de tierras” abría la puerta a una discusión con los gamonales, los seudo dueños (más adelante, explicaré cómo perdieron sus tierras por los fiscales y jueces limeños, en el siglo XIX). Esa manera de recuperar sus tierras llamó la atención en Lima, y un director de periódico buscó a un periodista que conociera el mundo indígena. No es la primera vez que lo cuento. Yo nací en Apurímac. Por el lado de mi familia materna, los tíos Samanez me invitaban cuando no había clases en la capital, y yo pasaba más tiempo con los indígenas que con mis parientes. Además, fui alumno de Arguedas en San Marcos. Por eso no estoy de acuerdo que algunos vayan a creer que fueron los pocos grupos guerrilleros que obligaron al régimen de Velasco a tomar la decisión de la Reforma Agraria. Es infame y vanidoso que se suponga que los grupos de guerrilleros repetían el mecanismo revolucionario de Cuba y no se tome en cuenta otras causas profundas en el alma y la memoria indígena. Dicen, por ejemplo, que un grupo en Chiclayo llamado APRA Rebelde, con De la Puente Uceda y que pasará a llamarse MIR, fue la gran causa que lleva a 1969, o sea a la Reforma Agraria desde el propio Estado. Hay diversas causas y muy potentes.

III. En primer lugar, el CAEM, una universidad para hombres de guerra

En la historia contemporánea del Perú, hubo muchos golpes de Estado —Sánchez Cerro, Odría—, en general, fue desde los años 30 para la defensa del poder oligárquico. Y en efecto, lograron impedir que llegara Haya de la Torre a la presidencia. Pero pasando los decenios, los miembros de las fuerzas armadas fundaron su propio instituto universitario. El Centro de Altos Estudios Militares, CAEM, hoy CAEN. En su formación académica no solo estudiaron sus especialidades sino cursos de cariz civil, como Derecho, Economía, Ciencias Políticas, etc. Por lo general, en el siglo XIX no habían tenido esa vasta formación académica, y en consecuencia, en el siglo XX, sí podían las fuerzas armadas reemplazar a un gobierno civil. De modo que el fantasma del ignorante soldado ya no tenía cabida en la segunda mitad del siglo XX.

El CAEM fue fundado por el general José del Carmen Marín. Si el lector no me cree, que pregunte a un oficial. Lo que hizo fue formar un nuevo tipo de profesionales, el “militar intelectual”, lo dice la Historia del Perú editada por Lexus en su página 1070. Se llamó a esa institución Centro de Altos Estudios Militares. Estudiaron como yo lo he visto en Francia para mi persona una formación que no es una sola disciplina sino varias, que es lo que se necesita para comprender una sociedad y el Estado: Economía, Sociología, Derecho, Historia, etc. Entonces, esta formación pluridisciplinaria, que es racional, la tenía el general Velasco y no estaba solo. Decir “gobierno militar” es insuficiente para contar la historia del periodo 1968-1980: se puede decir “gobierno militar” y añadir la formación singular que tuvo dicho gobierno con el CAEM.

IV. En segundo lugar, los indios campesinos toman las tierras sin matar a nadie

No fueron guerrilleros. Estos eran otras gentes, muy jóvenes. Una de las características más interesantes eran las tomas de tierra entre el territorio de Cusco y Puno, pero con unas reglas asombrosas. Por lo general, las movilizaciones campesinas se daban por las mañanas. Las conformaban centenares de personas que, sin quemar ni matar, ocupaban las haciendas que iban a tomar, los hombres de pie y las mujeres sentadas. Invadir era entrar en la tierra prohibida de la hacienda. Los periodistas nos fijamos en esa regla. Se evitaba la violencia que hubo en el tiempo. No hubo sangre. Si eso hubiera ocurrido, los indígenas de esos días sabían que entonces caería sobre ellos, como en otras épocas, la policía y batallones militares. Los que vimos esa sublevación de los indios campesinos entendimos que habían acordado una estrategia a lo Gandhi. Y vimos a los indios revolucionarios poniendo una mesa y sillas para discutir, con una bandera peruana sobre la mesa. La rebeldía de los indios no estaba manchada de sangre. Así lo puse en mi artículo en el diario Expreso. Llegando al Cusco me recomendaron que buscara al presidente de la Federación de Campesinos del Cusco. Y en efecto, encontré al campesino presidente en su oficina, Saturnino Huillca (originario de la hacienda Chhuru de Paucartambo). Fue lo mejor que hice.

V. Los indios salvándose ellos mismos, sin partido

Puedo contar más cosas de Huillca, con él se disipa el prejuicio según el cual los indios no pueden vencer con sus propios medios, no tienen inteligencia. Lo entrevisté, y salió un libro sobre su vida e ideas que ganó el premio Testimonio de la Casa de las Américas, en Cuba:  Huillca: habla un campesino peruano. Él habla, yo pregunto. El libro fue traducido a siete lenguas. Huillca abrió el camino para liberar a los indios del latifundismo y de los gamonales. Entonces, el militar que era el general Juan Velasco Alvarado, vio tres cosas que no queremos entender. – Los movimientos de recuperación de las tierras arrebatadas se hacían sin violencia ni guerrilla. – El ejército dejaría de defender a la clase dominante para que el Perú entrara a la modernidad con la reforma agraria. – Se evitaría así una explosión de violencia, una guerra interna (lo que hizo después, a pesar de todo, el jefe de Sendero Luminoso). Los senderistas fracasaron, los mismos campesinos los dejaron.

El Perú cambió radicalmente después de la Reforma agraria. Según el Instituto Nacional de Estadísticas, desde Puno al norte, hay dos millones de campesinos propietarios de lotes venidos de la reforma de 1969. ¡Vayan a decirles que regresen los antiguos gamonales!  Unos cuatro millones de lotes, me han dicho, retornaron a los andinos.

Cierto es que hubo varios líderes de movimientos guerrilleros. Héctor Béjar, las guerrillas primeras. Inclusive sacrificios, como el caso de Javier Heraud, poeta. La gente del MIR. Cómo se muere Guillermo Lobatón, tras los pasos del Che Guevara. Edith Lagos. Y desde entonces, después del ocaso del poder oligárquico y de la muerte de Velasco, enfermo, con el general Morales Bermúdez, se volvió a las etapas anteriores. No regresaron los hacendados medievales, pero se volvió a la disgregación del mundo andino, librado a su suerte. Los indios quedaron fuera del mundo moderno. A la reforma agraria le faltaba una educación técnica. Eso necesitaba más tiempo. Pero el Perú es así. Muerto Velasco, el país no pudo ser un lugar de gran producción de alimentos de varios tipos para el mundo entero. Nadie sabe adónde vamos.

Publicado en El Montonero., 10 de octubre de 2022

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¿Ha sido útil la República?

Written By: Hugo Neira - Oct• 03•22

Hace de eso 60 años, retomé por mi cuenta esa pregunta de Jorge Basadre intentando responderla en el diario Expreso donde había entrado como editorialista. Hoy, amable lector, exactamente seis décadas después, me la vuelvo a plantear y respondo sin quitarle una línea. Lamentablemente. Es la tercera entrega que les hago de esa época. Y dada la casualidad, haré una pequeña digresión. Acaba de presentarse en Lima el pasado 27 de setiembre, la vida, obra y pensamiento del fundador de Expreso, Manuel Mujica Gallo, un gran trabajo a cargo de sus hijos, con un título epónimo. Ramón me pidió el prólogo sabiendo el enorme aprecio que le tuve a su padre —hacendado y escritor a la vez—. La obra alcanza tres volúmenes que los invito a leer encarecidamente, por dos razones. Primero, Mujica Gallo era un gran patriota, un terrateniente patriota, y es hora que se conozca lo que hizo por el Perú, su generosidad. Y luego, como lo dije en el prólogo, porque la obra, que tiene emoción y erudición, aspira a ser a la vez una crónica personal y una versión histórica lejana y contraria a la historia convencional.

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¿Ha sido útil la República?

A todos los problemas políticos actuales es posible resumirlos en una sola pregunta: ¿Ha sido útil la República? Subdesarrollo, analfabetismo, dependencia económica. Bajos niveles de vida y de consumo. Carencia de coherencia nacional. Fragmentarismo cultural y psíquico. Ausencia de un gran ideal nacionalista. Exilio o frustración de la elite intelectual refugiada en las utopías sociales. Preponderancia de lo regional sobre lo nacional. Crisis de la clase dirigente, crisis de la derecha peruana. Desarraigo espiritual colectivo evitando las tradiciones, en busca de un cosmopolitismo vacuo. Esto y más es el resumen del balance de más de siglo y medio de vida republicana. En las grandes unidades culturales e históricas peruanas, cuyos antecesores son el Incario y la Colonia: ¿cuál es el fruto de la República? Es preciso, a esta altura de los tiempos, ensimismarse en la tarea de un arreglo de cuentas con nuestro legado, con nuestra obra de país sin tutelas políticas. Imagen que parecemos ofrecer al mundo a partir de 1821.

Es preciso un balance, un alto en el camino. Una mirada a lo que somos. A lo que pretendimos ser. A lo que quizás no lleguemos a ser ya, si no cambiamos de paso y si seguimos marcando el ritmo zigzagueante y de cíclico regreso a los viejos problemas sociales y políticos del Perú del siglo XIX —militarismo y civilidad, Cáceres y Piérola, elites conservadoras versus la ola popular democrática— y a los que hoy no hemos logrado aún dar solución, al menos dentro de las instituciones republicanas. Esta es la invitación al autoconocimiento, claro, frío, sin mitos ni ideologías, hecha tanto a los eufóricos como a los adormecidos. ¿Cuál es el nudo del problema? ¿Tan sólo la estructura social del país? ¿Nuestra presente crisis nacional puede explicarse sólo por algunos hábitos colectivos, alguna influencia de líderes o caudillos personales, aislados? ¿Sólo por el factor económico, o el psicológico, o el histórico? Están en crisis hoy, en el mundo de las ideas contemporáneas, las sociologías monistas del siglo XIX. Las que querían explicar los mecanismos de cambios en las sociedades a través de la influencia de un solo factor, clase, raza o medio geográfico.

Hay algo que todo hombre peruano, derechista o izquierdista, aprista, comunista, democristiano, belaundista, socialprogresista, puede responder. Un tema al que se ha dado ya, si no una respuesta clara, sí algunas formas de opinión en los libros clásicos que han marcado la preocupación por el Perú en cada generación, como son El Perú contemporáneo de García Calderón, Horas de lucha, de Manuel González Prada, o en las obras de Mariátegui, de Porras, Víctor A. Belaunde o Haya de la Torre. Una pregunta que unificaría a Ravines con Huamantica, el líder rojo sindical del Cusco. Una misma interrogación con reacciones distintas para José Luis Bustamante y Luis A. Sánchez. Y esa pregunta a la que Jorge Basadre ya le ha dedicado un ensayo magistral con el título de «Para qué se fundó la República», no expresa otra cosa que la preocupación, la angustia general, esta vez de veras patriótica que indaga por el porvenir de la fórmula republicana. Lo que equivale a decir: ¿Cuál es el futuro del universo social peruano y su modo de organizarse tal como lo conocemos, en sociedad regida por la voluntad general, el voto representativo y la existencia de los tres poderes públicos, separados y autónomos?

No es extraño que en este instante histórico surja una encuesta tan necesaria como ésta. ¿Creen en la República, en la utilidad, en la necesidad, en la firmeza o el éxito de sus instituciones, el estudiante, el hombre de negocios, el artista, el campesino, el obrero, el empleado público? ¿Acaso no es vox populi, que se duda de las ventajas del sistema parlamentario, del sistema de partidos, de las mismas elecciones libres? Ya por fatiga democrática o por sentido realista al ver que estas maneras colectivas republicanas no conducen ni a la paz ni al infierno del cambio, sino al regreso desalentador y deprimente del mismo caos y de la idéntica parálisis partidaria y la frustración de generaciones de peruanos. Si se duda de estos supuestos, se duda del mismo esquema que se instaló solemnemente el 28 de julio de 1821. Si es así, si hay quienes consideran que no sólo nuestra crisis alcanza los niveles económicos ysociales del país y que es urgente organizarse colectivamente de modo distinto, es preciso que fijen de una vez y para siempre esa incertidumbre. No se trata de si la República ha de sobrevivir con signo de izquierda de algún grupo partidario o con un estilo de República señorial, aristocrática y de derecha. Se trata simplemente de saber si debemos seguir echando los vinos nuevos en los viejos odres. La interrogación, pues, es ésta: ¿La República tal y como la plantearon sus fundadores, se acerca a su fin? ¿La institución de una República democrática, parlamentaria, representativa, centralizada, conviene o no al bien público?

Es tiempo de que sepamos, o nos preguntemos al menos, si tales instituciones, tales regímenes, tales ideas o creencias de filosofía política, tales valores históricos han dado o no buenos resultados a la nación. Ésta es la pregunta de estos años y es tema tabú, del que no se habla, porque responderlo es intentar darle un sentido, un significado, a la totalidad de nuestra vida colectiva. (Expreso, viernes 7 de setiembre de 1962. Reeditado en Pasado presente. Del tiempo aleve: crónicas de los 60, editado por SIDEA en el 2001, pp. 109-111).

Publicado en El Montonero., 3 de octubre de 2022

https://www.elmontonero.pe/columnas/ha-sido-util-la-republica

Teresa de Jesús

Written By: Hugo Neira - Sep• 27•22

Siguiendo con la nostalgia de los 60, una crónica más que está de jubileo. Salió el martes 25 de setiembre de 1962, en Expreso, y ha sido reeditada en mi libro Pasado presente. Del tiempo aleve: crónicas de los 60 (Sidea, 2001). Aquel año, escribí tres columnas sobre la santa literata, la reformadora de la Orden de las Carmelitas, y me gané una beca española.

“Ansí que, hermanas, á las cosas ocultas de Dios

no hemos de buscar razones para entenderlas,

sino que, como creemos que es poderoso,

está claro que hemos de creer, que un gusano

de tan limitado poder, como nosotros,

que no ha de entender sus grandezas. Alabémosle mucho,

porque es servido que entendamos algunas.”   (Las Moradas)

Teresa de Jesús: éxtasis y contemplación                        

Intensa y creadora es la relación entre lenguaje y misticismo en la obra de Teresa de Ávila. He aquí un fenómeno literario que vincula dos actividades de la existencia en las que se revela el problema de ser del hombre. Poesía es el nombrar que instaura los dioses y la esencia de las cosas, ha dicho Heidegger ante el parecido dilema de lenguaje y misterio en la poesía de Holderlin. Y tal vez esta tensión máxima a la que somete al lector la lectura de Santa Teresa es la razón del astigmatismo crítico acaecido a su obra.

Hay un revelador fenómeno de desubicación, de desapego, ante el legado y el testimonio de Teresa, la santa. De este modo, ha sido juzgada como una mujer piadosa que escribió y, por lo tanto, su obra interesa más a la historia de la Iglesia, a la tecnología o a la exégesis religiosa. O, en cambio, se trata de una mujer de letras con hábito. En este caso, se coloca el acento crítico en la historia de la literatura española, y se la ve desde el atalaya de la Filología, porque refleja el idioma de su tiempo, cumplidamente. Así, sospechada por religiosos (por sus transportes estéticos) y por literatos (por sus transportes místicos), Teresa de Jesús ha sido juzgada fragmentariamente y ha llegado hasta nuestros días, en cierto modo, intacta.

Porque puede decirse que la discusión sobre la ubicación de Teresa de Jesús incluye la discusión sobre la esencia misma de la creación literaria. La crítica a Santa Teresa, como en otros poetas y escritores irreductibles por la carga de misterio que conllevan, es la historia de la crítica de Occidente ante el fenómeno de la poesía pura de los escritores herméticos. Santa Teresa, irreductible, derrotando a Urizel, el ángel de la razón, se une así a la vasta familia de «los poetas malditos», pese a su santidad y su fe en la existencia de Dios. Si la crítica exclusivamente Literaria la une a fray Luis de León (1583) y a San Juan de la Cruz, y la historia religiosa a Ignacio de Loyola (1548), por el compromiso que encarna su prosa y su poesía entre misticismo y lenguaje, pertenece también al linaje de William Blake, Mallarmé, Holderlin o Rimbaud. Porque, como en ellos, su creación literaria es producto de un relámpago, de una encarnación, de una comunión entre imagen y palabra, y porque, como en ellos, su poesía se vincula con la filosofía y culmina en la proposición de mitos.

En Teresa de Ávila la experiencia poética y su prosa creada bajo la pluma se confunden con el tema de la existencia del hombre. Como en Rilke, como en Novalis, los temas de Teresa de Jesús, son el amor, la muerte, es decir, temas en sí mismos absurdos, sin explicación racional, pero sí poética. Y en nuestro tiempo, la filosofía existencial ha reivindicado para los poetas, por su inmersión en el lenguaje, un mayor acercamiento y contacto con el ser y la nada. En la noche oscura de la locura halla Heidegger la mayor protección del mundo de entes para el poeta Holderlin. Y por lo tanto, la mayor visibilidad del tema del hombre y de la existencia. Santa Teresa asume para sí contacto con varios de estos abismos, metafísicos y poéticos. Novalis ha dicho: «religión no es sino poesía práctica». Teresa de Jesús siente a la religión como una revelación, un estado de ánimo susceptible de ser contado. El nudo esencial de su universo de imágenes y símbolos es el éxtasis. Un hecho irracional, metafísico. Y sólo la comprensión de cuánto puede deberle la filosofía a los poetas herméticos hará posible la lectura renovada de Teresa y de sus experiencias de vértigo místico y alucinante exploración del mundo interior del hombre.

Sucede pues que hoy podemos ver en la más extraordinaria y explícita narradora del éxtasis místico, un interés que la crítica anterior no halló. Un interés basado en las relaciones existenciales del hombre con el lenguaje, con el ser y con la esencia de las cosas. ¿Qué pasó, sin embargo, con la crítica anterior a nuestra época?

Fueron siglos burgueses los que vinieron luego del siglo XVI. Y burguesa (o racionalista) fue la crítica literaria. O interesadamente piadosa (libros laudatorios de religiosos sobre Santa Teresa, libros biográficos). De todos modos, los temas de la Virgen de Ávila pertenecen a la misa secreta de la creación poética y su prosa toca las situaciones límites de la existencia: muerte y transfiguración del ser. Ya Octavio Paz ha contado cómo el sueño, la divagación, el juego inútil y bello de la literatura simbólica o pura, fueron proscritos por la razonable y práctica burguesía ascendente del siglo XVIII y XJX. Ni lacayos, ni bardos, ni profetas, los poetas fueron simplemente desocupados. La poesía y la prosa sólo vuelven a tomar prestancia social cuando es preciso volver a transmitir mitos. Y éste es el hecho de los últimos años. Por eso hay que ver la vinculación, con otros ojos, de religión y Literatura en Teresa de Ávila. Y este es el nudo del fenómeno literario de Las moradas o Caminos de perfección. Teresa de Jesús pasaba del éxtasis místico a la comunicación literaria. Y en el éxito de sus imágenes, en la frescura de sus descripciones, por las cuales podemos saber hoy cuál era el estado de ánimo de un místico, radica el permanente valor de esas páginas.

Ningún místico de la Edad Media logró comunicar mejor que Teresa el arrobamiento, la visión, la luminosidad cegadora de ese estado del alma en el que la conciencia del infinito, la extinción del yo, la desaparición del mundo temporal y espacial se acerca al propio aniquilamiento. La diferencia básica entre misticismo y ascética está en que el primero no depende de la voluntad. Y la segunda, es producto de la disciplina. Teresa de Ávila, cierto es que tenía a su alcance el idioma claro y expresivo del Siglo de Oro español. Que recogía la tradición franciscana que se hunde lejanamente en Platón. Pero cierto es también que sus descripciones del estado místico, de su enajenamiento, son poderosas y visibles. Aguas luminosas son sus visiones. Usa metáforas sencillas. No abandona lo terrestre. No hay «noche oscura del alma», como en San Juan de la Cruz. A su lado, los místicos medievales quedan ayunos de imágenes. Lo que es goce de los sentidos para Teresa, comunicación con el infinito, es en Dionisio el Cartujano, «planicie inmensa, inconmensurable y desértica». Y «abismo sin fondo y sin forma» en Eckart. Teresa de Jesús, embriagada por sus visiones, no busca lo absoluto, como los místicos varones. «Intento de descripción directa y vívida de los procesos sensibles no se halla antes de Santa Teresa», dice América Castro. Y a ella ha de volverse cuantas veces se plantee el tema del conocimiento de la conciencia del hombre y de sus más exaltados e íntimos estados de lucidez total. (HN)

Publicado en El Montonero., 26 de setiembre de 2022

https://www.elmontonero.pe/columnas/teresa-de-jesus

La Lima de Chabuca Granda

Written By: Hugo Neira - Sep• 20•22

Para el amable lector, una crónica que celebra su jubileo, 60 años. La escribí para el diario Expreso el mes del natalicio de Chabuca Granda (setiembre 1920), que era apurimeña. Tenía entonces 26 años. A Chabuca, que supo retomar el buen humor del fin de siglo en sus canciones, le he dedicado una columna hace dos años en este portal, y fue la ocasión también de recordar cómo eran los años 60 (https://elmontonero.pe/columnas/chabuca-granda-cuando-la-cancion-es-poesia-y-metafora). Tiempo aquel en que había broma y no injuria como ahora. Con algo de nostalgia, la columna del joven Neira.

LA LIMA DE CHABUCA GRANDA*

Todo el mundo sabe quién es Chabuca Granda. Y todos gustamos de «su Lima», porque viene envuelta en la magia de un ritmo y un verso con matices sólo alcanzables para la rubia compositora. Pero entre la ciudad de ensueño, con rumores de río y alameda, que ella nos canta, y la otra ciudad en la que vivimos, hay el abismo que separa a la realidad de la fábula. Claro, nosotros vivimos en «una Lima» y Chabuca nos habla de «otra», de otra Lima que ya no es.

Pero la imaginación perdona al sentido común y fascina los sentidos. Así, quizá ella nos ayuda a ver bella una ciudad que cada día es más arbitraria, vulgarmente cosmopolita, sucia a veces, injusta siempre, si se la ve por el lado de las barriadas. La Lima de Chabuca Granda es una ciudad aristocrática. Es criolla, pero «fina», no popular. Quizá por eso, porque el pueblo admira lo que está por sobre él, por la misma razón que hace que justamente los que nunca aparecen en la página social son los que más leen las páginas sociales de los diarios. Por parecidas apetencias son populares los valses de Chabuca. Su humanidad limeña es superior. Se diría que esconde sus linajes en la vieja prosapia de las familias linajudas. Y los personajes de sus valses, aun la acanelada criolla, bien pueden ostentar nobles abolengos, ramificados y prestigiosos árboles genealógicos; sus casas, han de ser, necesariamente, grandes casonas señoriales, de patios recogidos, con olor de jazmines, y fresca agua de aljibe. Y, por lo tanto, los hombres, señoriales y bizarros, como José Antonio, caballero de galano caballo de paso. En fin, el mundo perdido y casi olvidado del criollismo señorial. Es una tradición que Chabuca ha sabido recrear y hacer gustar a todos, incluso a quienes están más lejos de esta vida.

Después de todo, hubo alguien antes que ella, que hizo lo mismo: Ricardo Palma. Esto es, prestigiar la dorada vida de los virreyes y los oidores ante los ojos y oídos alucinados y atentos del alma popular. Así, debido a estos trovadores, el pueblo seguirá cantando la leyenda de los señores cuando éstos hayan dejado de existir. (HN)

*Lima, Expreso, viernes 21 de septiembre de 1962. Reeditado en: Neira Hugo, Pasado presente. Del tiempo aleve: crónicas de los 60, Sidea, 2001, pp. 208-209)

Publicado en El Montonero., 19 de septiembre de 2022

https://elmontonero.pe/columnas/la-lima-de-chabuca-granda