OTREDAD andina y reflexiones de Juan Abugattás

Written By: Hugo Neira - Ago• 23•22

Me ha llegado un libro breve pero excepcional: Indagaciones filosóficas sobre nuestro futuro. Se trata de una “colección heterogénea de ensayos recopilados por generosa iniciativa de mis colegas y amigos del Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional de San Marcos”, dice el autor en la introducción, Juan Abugattás, en Lima, en el otoño del 2005. Los colegas y amigos que menciona son Carlos Mora, Miguel Ángel Polo, Javier Aldama y Zenón Depaz. Sean quienes fueran, les agradezco porque las reflexiones del autor que ya no es de este mundo, son sobre la tecnología y las formas posibles del futuro que estas implican, incluyendo la vinculación entre la naturaleza y la modernidad, la ciencia y la tecnología. Pero también asoma una crítica que suele ser algo poco corriente. Lo que el autor —filósofo y científico—, no olvida es nuestra realidad e historia. Para Abugattás, después de la conquista, “lo que se instauró fue una sociedad depredadora, de cuya lógica hasta el día de hoy no hemos podido zafarnos.”

Seamos sinceros. En nuestro mundo académico y universitario, es raro el diseño de nuestro desasosiego, pero Juan Abugattás nos lo dice para que despertemos. “La República excluyente y mediocre que se fundó hace más de ciento ochenta años, dominada por la misma lógica colonial, ha fracasado totalmente. ¿Qué sino significan 60% de pobres y las miserias que azotan todo el país? ¿Qué sino indica la incapacidad de construir un proyecto compartido de vida y de plantear retos para la acción colectiva? ¿Qué sino anuncia a gritos la mediocridad e incompetencia de las élites? ¿Qué sino indica el hecho de que más del 75% de nuestros conciudadanos sueñe todas las noches con un viaje que lo aleje de este país y lo transporte a un lugar donde pueda tener una vida con esperanza?” (p. 20)

¿Cómo entender a Juan Abugattás? Reflexiona desde la filosofía y la sociología. Un gran pensador que conozco y admiro —me refiero a Theodor W. Adorno, alemán traducido a diversas lenguas—, filósofo y estudioso de las sociedades trabajó sobre sendos ámbitos. Los alumnos de Abugattás lo apreciaron por su “condición de hombre bueno e íntegro” (p. 9) que les enseñó no solo el valor intelectual y moral sino su compromiso con la condición humana (idem). Entonces, para abordar las 190 páginas de su reflexión, conviene acudir a varias disciplinas.

1-Sus reflexiones sobre el Perú

El libro contiene dos partes, la primera es larga y se titula “Las fuerzas del presente y las posibles formas del futuro: indagaciones filosóficas”. Sus reflexiones son la segunda parte, “Reflexionar sobre el Perú: retos y posibilidades de la acción colectiva” (p. 151). Con subtítulos críticos como “Más allá de las ilusiones: el Perú al desnudo”. “El Perú visto más allá de su coyuntura”. Abugattás encuentra el pensamiento social peruano distorsionado por “el economicismo tanto el de raigambre marxista como de estirpe liberal”. Según el autor, hay otros “factores no económicos en el diseño de la vida peruana”. Como hay también “importantes esfuerzos por penetrar los secretos de la conciencia colectiva” y toma en cuenta los trabajos de algunos embajadores peruanos. Oswaldo de Rivero (El mito del desarrollo. Los países inviables en el siglo XXI y La capitulación de América Latina). De Carlos Alzamora, El drama de la deuda latinoamericana: sus orígenes, sus costos y sus consecuencias. Así como el libro de Óscar Ugarteche, La arqueología de la modernidad. Y de Javier Iguíñiz, Desigualdad y pobreza en el mundo.

Abugattás considera que los diplomáticos, comprometidos con el destino de su país, conscientes de la necesidad de construir estrategias y concertar con otros países latinoamericanos, lamentan la manera de vivir, los patrones de vida, que les impedían concertar y defender eficazmente los intereses nacionales. La respuesta interna era “celos, mala fe, cobardía, cálculos inmediatistas de interés” y sin duda el temible “factor corrupción”.

2- Las feroces palabras propias de un pensador libre

Para el lector, una pequeña selección.

El Perú, “una república criolla, excluyente y limitativa” (p. 168) – Una “fenomenología” aunque “rudimentaria” de la conducta social de los peruanos que explica “el descalabro institucional,  la rebelión de las masas, la trabazón de la acción colectiva” (p. 162). Un “territorio tan reacio al control humano y a la domesticación” – “Mientras que en la América del Norte lo que dominó los espíritus fue el liberalismo político, aquí en el sur el hegemonismo inglés y el equivocado cálculo de los líderes emancipadores hicieron prevalecer el más estrecho liberalismo económico. En la práctica, el liberalismo no produjo ni instituciones sólidas, ni economías firmes, ni ciudadanos libres, sino unas sociedades débiles y desindustrializadas” (p. 169).

Sobre este problema, en mi vida yo he viajado en trenes por todas partes, en la China, en Europa donde uno se va desde España o Portugal a Suecia o Rusia. El tren atraviesa los Estados Unidos de Este a Oeste. Pero en el Perú no han entendido que eso sería decisivo para el comercio, la posibilidad para millones de peruanos de conocer la tierra de su patria. Perú no ha llegado todavía a esa etapa de la modernidad de los seres humanos. Hay muchos espacios vacíos, sin conectividad. Cada región se vuelve un mundo propio, un enclave. Sin trenes no hay nación. Nuestro país se caracteriza por su desarticulación económica y política. “La nuestra es una sociedad basada en corporaciones” y “el Estado, convertido también en una corporación privada, se convierte en instrumento para perseguir los objetivos de alguien en concreto” (p. 176). Para Abugattás, “el Perú de hoy es el resultado de la  universalización de la moral del ‘vivo’, del ‘pícaro’”. “El Perú, para decirlo más crudamente, es un país de ‘pendejos’” (p. 177). “No es de extrañar que la vida peruana esté dominada por la lógica del ventajismo y del aprovechamiento”  (ídem).

El libro de Juan Abugattás, como lo dijimos anteriormente, desde la filosofía y la sociología se ocupa de una manera original de la otredad, es decir el mundo andino. Sabemos que somos multiculturales, pero los humillados y los excluidos no solo han emigrado para progresar sino que han migrado de una región a otra.

En un libro de Francisco Durand titulado Los doce apóstoles de la economía peruana: una mirada social a los grupos de poder limeños y provincianos, publicado en 2017, hallamos datos sorprendentes. Ocurre que los Grupos de Poder Económico (GPE) no se les encuentra solamente en San Isidro u otro distrito de Lima. Durand nos presenta en gráficos la genealogía (siempre grandes familias) de los limeños Graña, Romero o Benavides, al lado del árbol genealógico de los provincianos Rodríguez Rodríguez (lácteos, cemento), Añaños (AJE, bebidas), Huancaruna (café, azúcar), Acuña (educación),  Dyer (Agroexportación, pesca y ferretería) y Flores (textil).

Entonces, tenemos grupos limeños “establecidos” (familias empresariales limeñas y que encabezan el ranking nacional) al lado de un nueva élite económica que no es una casta, vienen de la otredad indígena. Los GPE se modificaron desde el periodo de Velasco, que fue “una transición de oligarquía a burguesía como poder económico, mientras el gobierno de Morales Bermúdez representa un periodo de consolidación política de la nueva burguesía” (no lo digo yo sino Durand, en este estupendo libro editado por el Fondo Editorial de la PUCP, página 96).

En fin, a la pirámide del poder llegaron unos provincianos emergentes que se rozan con las élites blancas. Grupos “que tienden a permanecer en la sombra”. Para su estudio y respecto a los “establecidos”, el autor se centró en seis grupos “hegemónicos” (Benavides, Brescia, Ferreyros, Graña y Montero, Rodríguez-Pastor y Romero). Y se ocupó de los seis provincianos emergentes citados en párrafo anterior.

La sociedad peruana está cambiando al entrar en la economía nacional otros grupos de origen provincial, y con ello, la marca peruana, los andinos, de conformación más reciente (años 80 y 90) y tienen actividades volcadas hacia el mercado internacional, como los Huancaruna y su café. “Un grupo netamente familiar que, como los Añaños —dice Francisco Durand—, ha involucrado a todos los miembros de la familia en los negocios, brindándoles educación universitaria, pero que a diferencia de ellos, no se ha dividido.” En el Perú se está viviendo una otredad cultural adecuada a esta época y al mercado mundial.

Desde Europa, se ocupan y se interesan por la situación de las islas lejanas y su inserción en la economía internacional. Isla es también lo que no está rodeado de mar pero aislado de todo, como pasa en nuestros Andes. El Perú ha sido aislado durante siglos como si fuera una isla. Ya no.

Publicado en El Montonero., 22 de agosto de 2022

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¿Burguesía u oligarquías dominantes en América Latina?

Written By: Hugo Neira - Ago• 15•22

El tema de la burguesía en el Perú, desde el primer día de la Independencia, es decisivo. A Francisco Durand, le debemos el artículo, de 1982, “Sobre el problema de la Burguesía en el Perú”. No la tenemos. Antes de continuar, conviene recordar que el carácter de una burguesía se le encuentra en las naciones y países más avanzados, en la cumbre de las clases sociales. Sin embargo, su actividad mercantil y acumulación de propiedades, se le enfoca de otra manera. Es necesario conocer un poco el origen y la historia, sin apresurarse, de la burguesía peruana.

No es local ni vino con la Conquista. El origen de las burguesías proviene en todo país de la Edad Media. Y como se sabe, su actividad mercantil estaba lejos de la nobleza y de la clase obrera. Conforme pasó el tiempo, desde el siglo XVII desafía el poder monárquico y vence a lo que llamamos el Antiguo Régimen. De ahí vienen las Revoluciones burguesas, como la de Francia en 1789. Y la de Inglaterra que la precedió. Pero en Londres, tuvieron la astucia de preservar su nobleza. Así, fue en la misma Gran Bretaña que se inició la revolución industrial que luego se extendió a Europa, los Estados Unidos, y países como Japón y China.

Pero el burgués, sobre todo en materia de burguesía industrial, no es solo quien detiene la propiedad del capital y procede a la acumulación, es también el que controla el mercado, los impuestos, el crédito, los medios de produción. Al tal punto que se puede hablar de fracciones burguesas. La propiedad se volvió difusa, desde la más pequeña o local e intangible hasta la más grande, en la industría, mina y construcción (edificios o puentes y carreteras) o pesca (buques factoría en alta mar), se financia tanto en los mercados nacionales como internacionales mediante las bolsas de valores.

Distinto es con las oligarquías que fueron quienes gobernaron después de la Independencia, como lo escribió en el gran historiador Jorge Basadre. Una por una, las elites limeñas aumentaron sus propiedades y privilegios, como si continuara un país neocolonial, y de ahí la importancia de las grandes familias, el poder de la parentela como lo explica muy bien la profesora francesa Marie-Danielle Demélas en La invención política. Ni burgueses, ni nobles. En el Perú, dos siglos después, quien es parte de una gran familia tradicional siempre tendrá un puesto, aunque no tenga formación profesional alguna.

El papel de la burguesía lo estudió un filósofo alemán. Uno que escribiendo a su amigo, en 1852, le explica el concepto de “clase social”. Existen clases en las sociedades modernas y una lucha entre ellas. Estamos en una fase histórica determinada por el desarrollo de la producción, y la lucha de clases contempla la abolición de todas hasta la dictadura de una sola, el proletariado. Sí, pues, estoy hablando del Karl Marx (1818-1883) y Engels.

El curioso filósofo estudioso de la economía Karl Marx, antes del Manifiesto Comunista de 1848, antes de su tesis, para descubrir el valor de la fuerza de trabajo y el capital como leyes del capitalismo, fue a diversas universidades. Estos estudios del joven Marx y su lectura de Adam Smith fueron decisivos para teorizar la transformación del trabajo como salario y producción del valor.

Marx era a la vez un revolucionario, un pensador, y un burgués. Nace en una ciudad alemana, en Tréveris. Hijo de un abogado judío, el padre y su familia se convirtieron al cristianismo, del lado protestante. Marx estudió en la Universidad de Bonn. Allí conoce a Jenny von Westphalen que sería su esposa. Luego estudió en la Universidad de Berlín. Seamos sinceros, ir a esas universidades significaba tener una familia que no era rica pero tampoco pobre. Es ahí donde descubre los libros de Georg Hegel y otros idealistas alemanes, como Ludwig Feuerbach, y por supuesto, los intelectuales de la época de Las Luces (los de la Revolución Francesa), o sea Jean-Jacques Rousseau (El contrato social).

Seamos sinceros, el camino a la revolución fue largo. Él se convierte en periodista crítico de los liberales escribiendo en la revista alemana Vorwärts! editada en París. La monarquía prusiana, al ser favorable a la democracia en Francia, pide su cierre, Marx es expulsado de Francia y se exilia en Bélgica. Karl Marx estuvo rodeado por diversas revolucionarias, la de 1848 y 1849. Regresa a Alemania en 1848. Pero tras la caída del rey, se exilia nuevamente, en Londres, y con su esposa e hijos, viven en una pobreza extrema. Muere a los 64 años en 1883. En su funeral, asistieron tan solo once personas. Pese a su pobreza, algo de dinero recibía por escribir para un diario norteamericano, que encontraba sinceridad en sus artículos sobre lo que estaba pasando en el viejo mundo. Pese a su estrechez económica y mala salud, escribe diversas obras, a saber: La ideología alemana (1845) – La miseria de la filosofía (1847) – Manifiesto Comunista (1848) – El capital, tomo I (1867)

Los errores de los rusos en Rusia, desde 1917 hasta el poder estalinista, no están en lo que Marx pensaba del comunismo. El Partido Comunista fue un nuevo tipo de poder político, pero en Rusia lo volvieron el mayor de todos los Estados represivos, con un sistema de opresión que no existió ni en Roma, ni con los esclavos, ni en el sistema feudal, a tal punto que la misma clase dominante renuncia a mantenerlo y desaparece la URSS.

Volviendo al Perú, Henry Pease publicó en 1977 El ocaso del poder oligárquico. Cierto. Pero por los caminos del poder, hoy retorna. Manejan regiones. La clase que emerge es el caos. Algunos quieren unos Andes ocupados por los rusos de hoy. Es curioso, dado que entre las formas de organización de las sociedades, la primera y la más antigua, son los imperios. Ahora bien, vivimos dentro de organizaciones y sistemas políticos que llamamos naciones. Volver al imperio, sería retroceder cinco siglos en la historia. Es algo llamativo el querer tener un poder por encima de nuestro pueblo.

Han pasado dos siglos y todavía no podemos administrar nuestro Estado, terminar de construir la nación, tener pueblos unidos y libres. Quieren gobiernos autoritarios, y el retorno a la dependencia, como en los tiempos de virreyes, con gente nombrada desde el otro lado del mundo.

Estamos realmente al borde del  abismo. (Inclusive ya hay un libro, editado en Perú en el 2012 por el IEP: El nombre del abismo. Meditaciones sobre la Historia de la Historia, de Mark Thurner).Espero equivocarme. Es duro ver morir a sus padres, pero peor es cuando se trata del país de uno, que se muera lo que era nuestra patria…

Las repúblicas pueden desaparecer. Escribí ¿Qué es República? en el 2012, advirtiendo ese peligro latente. ¿Qué fue de la Yugoslavia de Tito? Yo la visité. Pero se rompió. ¿Y por qué se separaron serbios, croatas, eslovenos, macedonios? Un conjunto de identidades, de tal arraigo que se vuelven identidades nacionales. Siento decirlo, pero en Perú, Cusco se siente lejana a Arequipa. Trujillo, lejos de Lima. Ayacucho, lejana de las ciudades costeras. Los peruanos son primero la región que la nación peruana. Algo que sí es muy grave. La conciencia de una nación, pese a todos los problemas que nos aplastan, no la tenemos. No nos vemos como una sola tierra, un solo pueblo, una patria y un solo destino. Desunidos, nos van a devorar. La política no es odiar ni insultar al que discrepa. ¿Por qué? Porque respetar al que piensa distinto es el punto de partida de la civilización. El fútbol y la política se parecen mucho. Se trata de ganar al rival pero está prohibido hacerle daño o matarlo. La esencia de la democracia es el debate, la inventaron los griegos.

Publicado en El Montonero., 15 de agosto de 2022

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La crisis general de las izquierdas

Written By: Hugo Neira - Ago• 08•22

El 9 de noviembre de 1989, la población alemana, unos 70 mil ciudadanos, de manera pacífica, sin derramar sangre ni disparar un arma de fuego, derribaba el Muro de Berlín. Durante treinta  años, después de la derrota de los nazis, en las conferencias de Yalta y Postdam, las potencias vencedoras, es decir Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, habían acordado dividir a Alemania en cuatro zonas de ocupación. En el fondo, era una supuesta división entre dos modelos, socialista y capitalista. Así se formó la República Federal de Alemania (RFA), partiéndose en dos la capital, Berlín. La región de Alemania Oriental quedó bajo control ruso y pasará a llamarse República Democrática Alemana (RDA).

Era el principio de una interminable Guerra Fría. Berlín quedaba en parte en territorio soviético, es decir bajo el sistema socialista que contralaba todos los servicios y medios  de producción. En cambio, la Alemania Occidental quedaba bajo el modelo norteamericano y capitalista y recibía la ayuda del Plan Marshall de los EEUU. Así alcanzó un nivel de desarrollo alto rápidamente, con empresas privadas y un sistema político liberal que garantiza el acceso general a la educación, el trabajo, la salud, y una posición más igualitaria de las mujeres. El caso es que la frontera abierta no duró, los berlineses preferían el oeste para prosperar, y se tuvo que levantar un muro para preservar el recurso humano de ambos lados y modelos. Según la página oficial de la ciudad, entre 1961 y 1988, cerca de cien mil ciudadanos de la RDA intentaron saltar el muro para escapar al oeste, y unas 140 personas fallecieron ante los disparos de la policía.

Yo vivía entonces en Francia. Era docente en la Universidad de Saint-Étienne y subía a París regularmente, en el tren de alta velocidad (TGV), para escuchar a mis profesores y preparar mi tesis. Me demoraba tres horas nomás para una distancia Lima-Piura. En un viaje a Berlín desde París en esos tiempos y en ferrocarril (Europa es pequeña y se usa mucho el tren), me acompañaron dos peruanos, pero no les dejaron pasar a la zona del oeste. Nunca me olvidé de la protesta de uno de ellos ante los policías alemanes. “Venimos porque estamos con Alfonso Barrantes. Barrantes, pues, y yo, San Marcos, somos de la izquierda”. Y como el policía no lo entendía, mi amigo me dijo: “¡estos no saben nada!”. Y esa mañana entendí uno de los mitos de mi país: Perú es tan importante que todos los otros mundos de Europa y del Asia saben todo lo nuestro…

El tema de la frontera interna se volvió global. Quien llegó a Berlín Oeste fue un presidente de los EEUU: “Hoy en el mundo de la libertad, el mayor orgullo es ‘Ich bin ein Berliner’ (‘Soy berlinés’), todos los hombres libres, dondequiera que vivan, son ciudadanos de Berlín. Y, por lo tanto, como hombre libre, me enorgullecen las palabras ‘Ich bin ein Berliner’”. Era J. F. Kennedy, el 26 de junio de 1963.

El Muro de Berlín había sido al inicio una frontera abierta dentro de lo que se llamaba la Cortina de Hierro. Eric Hobsbawm, historiador y profesor emérito del Birkbeck College en Londres, sostiene que los siglos pueden ser cortos o largos. Así, según él, el siglo XX  es un siglo corto, se inició con la Primera Guerra Mundial y se terminó con el hundimiento de la URSS. Como sabemos, es lo que pasa con Gorbachov: “inició su campaña de  transformación del socialismo soviético con dos lemas”, dice Hobsbawm, dos  proyectos, “perestroika, que quiere decir reestructuración (tanto económica como política), y glasnost o libertad de información”. Pero Hobsbawm observa que Gorbachov “fue un personaje trágico, destruyó lo que reformaba, sincero, inteligente, guiado por los ideales de ser comunista, sistema que creía corrompido desde que Stalin llegó al poder” (en Historia del siglo XX).

VAYAMOS A LOS EFECTOS MUNDIALES

La caída del Muro de Berlín tuvo efectos en todos los continentes, afectó las esperanzas políticas de las sociedades del sistema totalitario comunista y se perdió la confianza en el marxismo. Los acontecimientos y transformaciones sociales que siguieron terminaron con el marxismo del siglo XX. Pero las “izquierdas” de nuestros días, que no tienen masas y multitudes, no lo quieren entender. Unos ejemplos, el primero no muy lejos, en España,

el partido Podemos de Pablo Iglesias. Y el segundo, en un lugar del Este europeo, en Bulgaria, hay un monumento gigantesco, abandonado, que nadie entiende qué es y lo creen un OVNI (ver foto en la ilustración). Lo llaman Bouzloudja y con ironía, la “Capilla Sixtina del socialismo”. O sea, los monumentos a la gloria de un Partido Comunista ya no tienen sentido, y no saben qué hacer con ellos. No son símbolo de nada. El líder de Podemos fue a asesorar a Chávez de Venezuela, pero los españoles no votaron por Podemos. Dejó la dirigencia de su partido, para siempre. Es un error de Iglesias, con su partido, meterse, 50 años después, con España, que había salido de Franco para volver a la monarquía y al sistema de partidos políticos, lo que le permitió volver a Europa.

Pero el tiempo avanza, estamos ahora en la era del posmarxismo que cuenta con Theodor Adorno, Hannah Arendt, Jürgen Habermas, Ernesto Laclau y Alain Touraine (que fue mi profesor en París). El continente sudamericano merece una teoría propia y otra crítica al capitalismo. Lo que es el marxismo europeo, lo que Karl Marx planteó y que los rusos modificaron, era para naciones y sociedades que habían entrado a la revolución industrial que se inició en el siglo XVIII en Inglaterra. No era para una Rusia retrasada, su mentalidad no estaba preparada para una revolución industrial. También conviene saber que Marx no se ocupó mucho de la América hispana por las mismas razones, y que todo latinoamericano debería conocer el libro de José M. Aricó  “Marx y América Latina”, autor que les presenté en una columna en este portal en junio pasado. https://elmontonero.pe/columnas/el-bolivar-de-marx-segun-arico

Los países, las naciones e incluso los imperios son muy distintos entre sí. Tanto como las religiones y las sociedades son variadas, el hombre mismo suele ser distinto.

En la América del Sur, no hay ningún país que haya entrado al progreso de la revolución industrial. Ni siquiera Brasil y México. La revolución industrial no solo se dio en EEUU y Europa sino en otros mundos. Por ejemplo, en el muy moderno Japón, en China con o sin Mao. Hasta que no demos este salto seremos siempre el “tercer mundo” y siempre pobres, marginados en la globalización de estos años. La política de educación de estos decenios, es pésima, no apunta a la ciencia y el conocimiento sino al comercio desigual. Entre tanto, los países poderosos que tuvieron desarrollo exportan máquinas que no tenemos. Por ejemplo, miles de tractores.

Publicado en El Montonero., 8 de agosto de 2022

https://www.elmontonero.pe/columnas/la-crisis-general-de-las-izquierdas

Perú sin brújula

Written By: Hugo Neira - Ago• 01•22

Hace trece meses les decía en este portal lo siguiente:

Lo que está pasando es lo que anticipó Francisco Durand, «La captura del Estado». Ni más ni menos, como en el siglo XIX, cuando grupos pequeños se convertían en plutocracias (Basadre). No de clases sino de castas y sectas. No viene del pueblo, el nuestro quisiera volver a la época anterior a la pandemia. Hoy, bajo diversas máscaras, se repite la historia, una crisis, y se preparan para dominar desde arriba mientras los de abajo los creen revolucionarios. Ahora o nunca. Después de todo, han desaparecido los cursos de Historia peruana y mundial en los colegios estatales. Y menos tienen Educación Cívica. Se están aprovechando la incultura de los pobres. Ellos, los que quieren dominar, les han quitado las asignaturas que enseñan a pensar, a razonar, a tener un espíritu crítico. Esa también es una trampa. Nos hemos olvidado que un sistema político —el que sea, liberal, socialdemócrata, comunista o conservador— tiene que tener una cosa que se llama ética. Así de simple, así de difícil.

Hace poco, una tesis fue aprobada en San Marcos. Trata de la pendejada, eso que divierte y nos hunde en el Perú, porque es el deporte más celebrado, tanto como el fútbol. Sigan así, y cada día nos iremos hundiendo en el desorden y la miseria. (El Montonero, 28 de junio de 2021, https://elmontonero.pe/columnas/ninan-cuyuchiq)

                                                           ***

“Desasiéndose de la historia, el hombre queda solo.”

Ortega y Gasset

Como lo saben mis lectores, me encuentro en Chile, y siguiendo un tratamiento médico, pero no dejo de preocuparme por el Perú que se hunde. En Cable, hay un canal que se ocupa del Perú (Perú Mágico), en el cual he podido seguir el programa de Jaime Chincha, “El octavo mandamiento” de Canal N, luego del discurso del presidente el 28 de julio. Lo que digo es sin interés personal. Por internet, al día siguiente he podido leer algunos diarios limeños, por ejemplo, el diario Expreso con una portada fuerte: “86 páginas de mentiras” y esta opinión: “QUIERE HACER CREER A LOS PERUANOS QUE ESTAMOS EN SUIZA, EN UN PAIS DE PRIMER MUNDO”. Me permito una felicitación por la portada. Algo conozco de comunicación pues no solo he sido en mi vida un periodista que escribía artículos o columnas de opinión, 50 años atrás fui director del diario Correo (tiempos de Velasco, que luego volvió a las manos de sus dueños). Algo entiendo por no haber sido solo un docente universitario. En todas las ciudades del mundo, los quioscos lucen diarios y revistas. Es un arte que ingresa por la imagen y el contenido de las hojas. Cuando hacíamos la primera plana, acudíamos al mejor periodista, el más agudo y a la vez sincero. Es verdad entonces, yo también he escuchado el mensaje diciendo que estábamos en el mejor de los mundos. Se entiende que el actual presidente quiera gozar de ese honor, pero lo que es de la mayoría de la población, no ve las cosas de esta manera. Voy a decir algo personal. No lo voy a aplaudir, pero tampoco soy de los que golpean a quienes ya están en el suelo. A Pedro Castillo no lo conozco personalmente, pero conocemos su vida, él adora lo que llamamos el campo, el mundo agrario. Bueno, a cada quien sus gustos. Hay también seres humanos que aman el mar, el océano, y otros los cerros y las grandes alturas. Digo esto, señor Presidente, porque nuestro país actual es de costa, sierra y selva, no solo agrario, es una visión algo anticuada.

Hoy el Perú es un país urbano como consta en las publicaciones oficiales, las del INEI, por ejemplo. La migración interna no fue la obra de los partidos políticos, las iglesias o los gobiernos. No señor, y es el más grande fenómeno social y político, espontáneo. Comienza a mediados del siglo XX y modifica todo. Llegaron por millones cambiando por completo el rostro de Lima. Se cansaron de esperar que llegara la modernidad, la escuela para los niños andinos, los médicos, los dentistas, la chamba, y a falta de trabajo, inventaron su pequeño negocio, sus tiendas, etc. Eso que llamamos ‘los informales’. Es por allí, señor Presidente, donde está la pobreza, en las grandes urbes, y por cierto, la delincuencia, el desorden. Con su discurso señor Presidente —y no soy el único que lo diga—, usted muestra que no conoce el Perú de estos días, sus gigantescos problemas. Faltos de cultura mínima, con esa primaria y esa secundaria, la peor del planeta, entre otros. Yo me formé en escuelas fiscales estupendas pues mi familia no era de las clases altas. Los últimos de la clase, es título de un libro de un profesor peruano, Nicolás Lynch. Desde entonces el saber, el conocimiento, necesarios para prosperar, han desaparecido. No hay sociedad avanzada y poderosa sin educar al pueblo, de ahí la creación de riqueza, mediante los recursos humanos. No podemos entrar a la modernidad con el vicio del dinero fácil, la plata como cancha, como dijo el dueño de una universidad. O sea, la coima, el soborno o el cohecho.

Pero no todo es así. En el programa de Jaime Chincha en TV, escuché a sus invitados, entre ellos el ministro de cultura, Alejandro Salas, y Cayetana Aljovín, varias veces ministra, y otros más. Yo estaba a punto de apagar la tele, desfilaban funcionarios cercanos al actual presidente, cuando de pronto escuché ideas sensatas y se formuló una pregunta necesaria, decisiva y muy sencilla. ¿Adónde va todo y todos los peruanos, señor Presidente? Cada país y cualquier civilización se proyectan, se ponen metas indicando un punto de llegada deseable. Por ejemplo, en Brasil apuntan a mejorar el PBI per cápita de un 3,4%. En España, proyectan aumentar el PBI de un 4% este año. Otros se preocupan por la cantidad de ciudadanos que tendrán más de 75 años. O si se tendrá el doble de jóvenes en edad escolar dentro de veinte años, lo cual implica formar más profesores y tener locales en número suficiente. En fin, usemos una metáfora: nuestro querido Perú es hoy como nave en aguas peligrosas. ¿Adónde vamos señor Presidente? ¿Hacia qué meta económica, científica, política y moral? Los países son como los antiguos navíos o buques, tienen una ruta, ¿o es que somos apenas una chalupa llena de infames campeones de robo al Estado en ese juego peruano de volverse rico de un día para el otro —la coima—, desde arriba hacia abajo? No se nace con esa costumbre, se aprende. Ese chongo es peor que el Covid.

Publicado en El Montonero., 1 de agosto de 2022

https://www.elmontonero.pe/columnas/peru-sin-brujula

Pensar el fútbol

Written By: Hugo Neira - Jul• 26•22

Ricardo  Gareca se despide del Perú. Ese adiós ha conmovido los diarios y la televisión del país. Según algunos, era algo que se venía venir. Vivimos una época en que se ha vuelto pequeño el mundo nuestro. Porque la tecnología reduce las distancias, podemos ver y escuchar más allá de las fronteras. Yo no estoy en estos días en el Perú sino en el exterior, y me llega la noticia de lo que ocurre en Lima.  El técnico Ricardo Gareca, el “Tigre” se despide, el argentino, el director experimentado  que logró dos clasificatorias mundialistas y el regreso de la Bicolor a una Copa del Mundo luego de 36 años de ausencia.

En efecto, el mismo Gareca se despide de 7 años de trabajo que modificó el fútbol peruano. Él lo ha dicho en estos días, “cuando llegué había equipos más competitivos, me parece, estaba Roberto Palacios, Renzo Sheput y Carlos Lobatón”. Eso es su recuerdo, de cuando estuvo como entrenador del Universitario de Lima, en el 2008. Entonces, “en la U me tocó dirigir a jugadores de mucho nivel”, nos ha dicho. Sin embargo, “había un estancamiento, y se necesitaba reestructurar. Y a la vez, era necesario algo elemental, o sea, que los jugadores fueran resurgiendo, y en zonas del interior del país, debe tener talentos importantes, el fútbol peruano necesitaba una evolución”. Para Gareca era preciso una lista de 24 jugadores.

Por mi parte, he pasado horas en la TV y me he quedado atónito. Algo que provoca esta nota. Lo que ha dicho son explicaciones racionales y que todo el mundo puede entender. Gareca impresionaba por su sinceridad y a la vez su sentido de la realidad (peruana). Tanto que un diario había titulado el año de la clasificación a Rusia “con el chip mundialista”. Lo que pasaba es que había que ponerse a pensar en el equipo, en la responsabilidad que cargaba sobre sus hombros. ¿Qué selección peruana ante el reto olímpico? Con Gareca, la afición popular tuvo sus momentos de decepción, no contaba tanto como pensaba. Es otra manera la suya. Al punto que un periodista de Exitosa (Jorge Rojas Orillo) ha dicho, en mayo de 2018, “después de escuchar a Ricardo Gareca en la conferencia de prensa, solo nos queda pensar y reflexionar en frío”. Me llamó la atención entonces, ¿reflexionar en frío, en el Perú?

Sí pues, algo pasaba. Ahora bien, lo tradicional, la costumbre es que los estadios están para todo tipo de deporte, pero en especial para nosotros, el fútbol es el lugar de las emociones, las barras bravas, como ya lo dije en una columna pasada, el lugar de las pasiones, con un gran parecido a la multitud que manifiesta por algún partido, masas que obedecen a alguna ideología, a una fe, o en contra de algo, gobierno, Estado, que tampoco razonan sino liberan sus instintos emocionales. Y sorprendía entonces el llamado a “reflexionar en frío”. Y escribí en aquel momento que la política peruana buscaba su Gareca.

Volviendo al adiós del técnico que ha logrado clasificar al Perú, a la blanquirroja,  en dos campeonatos internacionales, es desconcertante. Su abogado dice que “no fue cuestión económica”. Por su lado, Gareca ha dicho en su despedida, “me hubiese gustado ganar un título y clasificar a Qatar”. ¿Qué ha ocurrido? Como esto sucede en  Perú, nuestro país de mañas y trampas en el Estado, y en tantas instituciones que no razonan, esto lo sabremos algún día, no ahora. Porque todo, de los errores y los defectos, tarde o temprano se sabe, se sabe la sucia verdad.

El sport no es un asunto de juego únicamente

En nuestro continente, el fútbol es algo más que un espectáculo. Por ejemplo, en la Argentina, el fútbol es pasión. ¿Quién no conoce a Maradona? Tanto como a Perón conocen el ascenso y la caída de su gran futbolista.

Sí, es un juego. Sí, es un espectáculo. Una sublimación del instinto de la guerra y la violencia. Pero no está solo el equipo sino el público, y no solo espectadores que son individuos con una identidad particular sino fanáticos que fusionan en un alma colectiva, una identidad común. El fútbol nuestro posee una especificidad que no tiene el béisbol, el básquetbol, y el fútbol americano o el rugby europeo. Su popularidad.

Se discute en Latinoamérica por qué razón el fútbol es el “deporte que más apasiona”. Juan Nuño, filósofo venezolano, en un ensayo titulado “Teoría de los juegos” del 2002, intentó responder, pues se sabe que uno de los dos equipos va a perder, no es lo mismo que en el juego con los toros. Siempre hay un vencedor, pero en el deporte de nuestra época, si hay enfrentamientos y rivalidades, los deportistas no cumplen el rol de los mercenarios de los romanos y griegos. En la Antigüedad, el juego reproducía la guerra como espectáculo. De alguna manera, se puede decir que la civilización occidental ha dado un gran paso con los juegos que, como el box o la lucha, no matan al rival. Sin duda alguna, el deporte es una falsedad. A diferencia de los antiguos, en todos los juegos de nuestro tiempo, si bien hay combatientes y si todos los juegos tienen algo de agónico, todos combaten en tanto que seres humanos que saben que es una apariencia, un remedo, no se mata al rival. Acaso una sublimación necesaria para nuestro sistema cerebral, y lo que Freud descubre, para conectar las dos caras de nuestro yo, Eros y Tánatos. Nuestra naturaleza que mueve las pasiones, el odio como el amor.

Entonces tres cuestiones:

– Pensar el fútbol. Un equipo no solo son los 12 o los 24, se necesita un técnico que sea a la vez un amigo, y que conozca a cada jugador en su rol auxiliar de psicólogo, así como el juego mismo del fútbol. Y que debe también conocer al equipo rival, para establecer las estrategias. A la vez maestro y amigo, todas las virtudes de un Ricardo Gareca.

– El sport, sea el que sea, nos dice si estamos sanos, equilibrados, dueños de nuestro propio cuerpo. Desde el siglo XX, el deporte se ha vuelto una actividad de laboratorio.

– Varias ciencias sociales se interesan por el deporte: la psicología, la sociología, y la filosofía. Y obviamente, la medicina.

Las pasiones comunes suelen confundirse con los sentimientos políticos” dijo el filósofo francés André Comte-Sponville. Que el fútbol en nuestra patria sea algo muy popular y por lo tanto una pasión democrática no debe sorprender. Toda sociedad es sensible. No todo es interés o economía. Y que el equipo nacional se haya quedado fuera de la clasificatoria no va a levantar la moral de los peruanos. Esto es grave, muy grave. Después de la pandemia, los problemas electorales, jurídicos, políticos —con cambios de ministros al límite del tiempo—, la sensación que se tiene es la de una inestabilidad que no hemos tenido en el pasado. Por lo cual nos viene encima una ola de pesimismo. Una actitud que será colectiva pero también individual. Lo peor que nos ocurre es la pérdida del optimismo por un tiempo muy largo. La catástrofe de echar a Gareca y el adiós a Qatar 2022 podría producir una investigación interna. Pero la tristeza no la detiene nadie. Los pueblos, necesitan tener confianza en ellos mismos. Pero ahora van a dudar de sí mismos. La moral de un pueblo se debilita. Por mucho que sea libre, no escapará al contexto, el ambiente, la opinión pública. No pudimos llegar a Qatar.

Neurobiología y los fundamentos naturales de la ética.

Los griegos antiguos y los incas

Se puede tener grandes atletas cuando los niños están bien alimentados, pero hay hambre en las capas sociales peruanas que no tienen un Estado protector para su población de los Andes, la costa y las ciudades, porque ya somos demográficamente urbanos. El hambre y la falta de puestos de trabajo es lo que se encuentra, una pobreza gigantesca. Una falsa modernidad.

Las olimpiadas las inventaron los antiguos griegos. Pero todos eran eso, atletas. Para ser libres, soldados de por vida. Para defenderse de los persas que los volvían esclavos. La ética de los griegos nace en la polis, y los filósofos también eran formados desde muy jóvenes hasta la vejez. Cierto es que hubo un Euclides y un Arquímedes y que los griegos inventaron la política. Pero el saber griego tenía escuelas en Atenas, las Academias, y en la batalla de Maratón (490 años a.C.) vencen a los persas. En el saber griego, hubo diversas utopías, mitos, pero también la astronomía, la física, la geografía, la historia, la lógica, las matemáticas, la medicina, la retórica.  Pero no dejaron de ser guerreros, con su tecnología —las catapultas como parte de la guerra— y sin devorar los otros poderes. Los romanos incorporaron su tecnología y luego, la cultura occidental o lo que llamamos Europa. Hoy mismo, se puede visitar la Torre de los Vientos de Atenas, una torre que tiene un reloj de agua.

Seguro que el lector no nos perdonará si no tratamos el mundo inca. Es sencillo. Su originalidad es evidente. Los Andes estaban aislados de otros continentes. Se ha hablado de Mesoamérica pero el mundo andino, antes de los conquistadores, reunía diversos pueblos y culturas. Todo comienza en el Cusco, y luego de dominar un espacio, ocurre la expansión de lo que llamamos el Estado Inca, por el sur hasta el río Maule, en el centro de Chile. Y hacia el norte, más allá de Cajamarca, Chachapoyas, hasta Quito, hoy en Ecuador. Pero lo específico y asombroso es que el hombre de los Andes lograra dominar la áspera naturaleza, reuniendo una gran fuerza de trabajo y concibiendo métodos para superar la inclemencia del suelo. Esto lo encontramos en el libro de María Rostworowski de Diez Canseco, donde se evita el concepto de Imperio. Le prefiere, esta gran investigadora, eso que los incas llamaron Tahuantinsuyo, que significa “las cuatro regiones unidas entre sí”. Lo cual, para Rostworowski, es un impulso hacia la integración, un posible inconsciente. Algo que todavía no se ha perdido en las diversas etapas históricas son, por ejemplo, las comunidades indígenas, son el 55%. En Perú hay más de 4 millones que ahora se llaman pueblos indígenas (el quechua representa el 83,11%. Entre los pueblos amazónicos, son 47 lenguas). Si quieren conocer lo mejor sobre la historia de los incas, hay que leer a María Rostworowski de Diez Canseco, hija de un padre polaco y de madre puneña, Historia del Tahuantinsuyu. En la tercera edición del IEP, en la carátula, un kero o vaso ceremonial del siglo XVI. Hasta ahora, el mejor libro.

¿Cómo lograron los conquistadores vencer a los indios? Demasiado territorio. Los indígenas del norte vencieron a los indios del Cusco y sus elites. Dicho de otra manera, Pizarro y sus guerreros españoles llegaron cuando el Tahuantisuyo estaba dividido. Hubo sinchis y grupos que también apoyaron a los hispanos para deshacerse de las reglas y la dominación. Llegaron cuando había una guerra entre dos hermanos. También hubo yanas, una clase de las más bajas, criados de los hatun curacas. Conviene decirlo porque algunos creen que todos eran iguales. Un yana era el servidor, y un guaranga curaca, un señor de mil hogares.

Publicado en El Montonero., 25 de julio de 2022

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