Pasado presente

Written By: Hugo Neira - Oct• 04•21

Hace tres años, el 30 de setiembre de 2019, el presidente Vizcarra que asumió el poder luego de la renuncia de PPK disolvía el Congreso de la República fuera del cauce constitucional, pero con un abrumador respaldo popular y mediático. Tres años después, tenemos un presidente electo en Palacio con menos de 100 días en el poder y una crisis de gobernabilidad jamás vista. Nos gobierna la incertidumbre, entonces la moneda nacional sufrió una devaluación de facto del 12% contra el dólar, la fuga de capitales ha sido gigantesca y el capital humano calificado, la va siguiendo. A la escasez mundial de energía que encarece enormemente la canasta familiar de cualquier país, se suma la crisis propia,  con sus consecuencias imprevisibles.

Es difícil escribir cuando uno parece repetirse. Tal vez la buena noticia de esos días sea la continuación de Julio Velarde al frente del BCR. Su nombramiento debería acabar con la volatilidad monetaria que sangra los hogares en una economía dolarizada como la nuestra. Por eso, prefiero recordar lo que en este portal escribía hace tres años y en un libro institucional, de diez años más atrás. Pasado presente es también el título de una obra mía del 2001, que recoge mis crónicas en el diario Expreso de los años 60. 

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[…] El país está paralizado pero en Palacio se divierten. Hasta hace poco, en la vida política peruana, era constante la sorpresa. «Con la política en el Perú nadie se aburre.» Pero en estos dos últimos años, ha perdido su encanto.

Esto ya cansa. Hace veinte años que vivimos de brazo con lo inesperado. ¿A quién se le iba a ocurrir que el ilustre candidato rey de la novela y la literatura y halagado por todos los diarios del mundo, iba a ser derrotado por un casi desconocido rector, y además, descendiente de emigrados japoneses? Y sin embargo, el «chinito», subido a un tractor, regalando lápices, derrota a Mario Vargas Llosa. Y el vencedor instala un sistema personalista y autoritario. Pero aquel presidente que había estabilizado la economía y ganado la guerra al terrorismo, se fuga al Japón, y el intento de entrar al país por Chile fracasa, y acaba  extraditado y con 25 años de sentencia. ¿A quién se le iba a ocurrir que el siguiente presidente, Alejandro Toledo, que según Juan Paredes, «mantuvo a velocidad crucero la economía y la democracia», ese mandatario que supo rodearse de ministros cabales —Luis Solari, Carlos Ferrero, Beatriz Merino—, el «cholo sagrado» como decía Eliane, acabase con esta frase que pasará a la historia: «Barata, paga, carajo»?  ¿Debo seguir?  […]

Resulta que Del Espíritu de las Leyes  (el amable lector puede adquirirlo en las mejores librerías del ramo) se vuelve la herramienta inevitable de todas las democracias contemporáneas. «La democracia debe evitar el gobierno de uno solo». Y entonces, «para que no se pueda abusar del poder, es preciso que, por las disposiciones de las cosas, ‘el poder frene al poder’».  Debería enseñarse en las aulas de escolares. Pero esos cursos dejaron de dictarse por los noventa. Los resultados son evidentes. Acaso tengamos que modificar el ritual republicano. Jurar diciendo, «acepto la existencia de los tres poderes autónomos, y sometidos a normas y leyes».  Lo que ocurre hoy, comienza a aburrirme. No veo sorpresas sino repeticiones. Hoy volvemos a viejas tradiciones, caudillistas. […]

El mal mayor, querido amigo Carlos Meléndez. Siglo XXI, crece la riqueza peruana, y con ello, ¿la necesidad de capturar el Estado? […] Lo peor está por venir. «Cómo ser déspota sin que se note». Habrá numerosos candidatos presidenciales. Desde ahora lo digo, votaré en blanco. Si es que voto. Hace 30 años que la educación, para los hijos del pueblo en escuelas estatales, la hicieron pedazos. Eso y las tecnologías, no producen conocimiento sino ignorancia. Y un alegre caos. Que será corto. Se viene una sanción popular en las urnas para todos los que hoy creen ser amados. De repente, una revolución. Las revoluciones no las hacen los revolucionarios. Ocurren. El que vive, verá.   (El mal mayor, 30/09/2019, El Montonero)

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¿Y qué pasaría si la sociedad es tiránica? El título lo inspira una obra de esos escritores de periódicos en España, Javier Marías. Alguien que nada a contracorriente. Y por eso lo habita la soledad. Es un riesgo, y hace rato que he ido contra esa corriente de opinión de mis paisanos, ese optimismo, que nunca ven hasta que el toro de la desgracia los atropella. […] (¿Y qué pasaría si la sociedad es tiránica? 07/10.2019,El Montonero)

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[…] ¿Qué pasó? […] Busco una causalidad. No es asunto político o económico. Explico, pues, el porqué del título de este artículo y la palabra ‘demos‘. Cierto, soy profesor, explico el mundo de los griegos para abordar a Aristóteles, luego Maquiavelo y los filósofos que pensaron la política. No quiero ser pedante, ese concepto demosya lo usó alguien que respeto para siempre, José Carlos Mariátegui. En los Siete Ensayos, en el capítulo sobre «política agraria», hablando de los caudillos, sus intereses, «se apoyaba en el liberalismo inconsistente y retórico del demos urbano». En la Lima de entonces, inmensamente más culta que la actual, todos entendieron. Para los griegos, demos era una suerte de distrito con asambleas, no una multitud sino un pueblo estructurado y consciente. La extraordinaria alma y cabeza de Mariátegui en los años veinte, llama demos a los gremios y sindicatos que habían surgido contra el civilismo y que logran las 8 horas, gente que luego se formaría en las Universidades Populares que dictaban intelectuales jovencísimos. Entonces, hubo un ‘demos’. Y el inicio de los movimientos políticos para renovar el Perú, por decenios. El pobre de entonces pensaba. Hoy no. Hoy consume y odia.

La actual crisis peruana: no se ha educado en este siglo al Soberano. A sabiendas. El problema no son las universidades. Es la brutal eliminación de cursos y disciplinas en la secundaria. Han asesinado al ‘demos’. Millones de jóvenes no abren un diario. El peruano medio lee la mitad de un libro por año. En el nivel medio y abajo, tenemos un nuevo siervo. Habían desaparecido al no haber gamonales, pero han vuelto. Y cuando no hay demos que lee y piensa, ¿qué puede haber? Masas movidas por emociones. Formidable. Eso fue el fascismo italiano y el nazismo de los años treinta. Pero lo peor es que cuando eso que se llama pueblo no existe, sino fragmentos desubicados, tampoco podemos decir que tenemos una burguesía. Y eso es más largo y complicado de explicar. (¿Democracia sin demos? 14/10/2019, El Montonero)

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[…] Si se sigue creyendo que nada importa las brechas sociales, puede pasar lo peor. Cuando el populismo, a partir de que la soberanía verdadera es la del pueblo, busque ciegamente su líder, lo encontrarán. El misterio del carisma personal. Y eso fue Mussolini, Hitler, Stalin, sin duda, césares totalitarios. Y en la línea de populistas con carisma —ese don para fascinar multitudes y pueblos enteros— Castro, Sukarno, Khomeni—. Dirigentes excepcionales, nos guste o no. El poder carismático, según Weber, puede ser tan legítimo como el poder tradicional o el poder legal-moderno, este último, con el sufragio. Siempre y cuando las mañas de la tecnología no intervengan, como en Bolivia.

Pero no se alarmen más allá de lo necesario. Lo digo para los que creen que esto es nuevo, profesor de historia que soy: hubo césares democráticos, como de Gaulle, Haya de la Torre en los años treinta. Y un Perón que siempre llega al poder desde las urnas. ¿De modo que todos somos populistas? El tema es cómo la democracia debe continuar en las sociedades del siglo XXI sin caer en jefes de Estado omnipotentes, que tarde o temprano degeneran en despotismos. ¿Qué hay que hacer? Una democracia con élites que vengan del pueblo. Empresarios, no, zapateros a sus zapatos. Hijos del pueblo, no señoritos. Pero no repitamos el caso Toledo. ¿Cholo? ¡Un criollazo! (Populismos. ¿Neofascismos o neodemocracias? 11/11.2019, El Montonero)

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[…]  Al Perú le falta todo, desde pistas, aeropuertos, puertos marítimos, represas gigantes, hasta ciencia aplicada y científicos, industrias para la cuarta o quinta revolución industrial. Ciudadanos bien nutridos desde niños. Se necesita sabios peruanos a puñados. Y un Estado más fuerte, con puestos por concurso público. No porque se es amigo de tal Presidente o Ministro. ¿Bicentenario? Seguimos coloniales. Y a más tecnología, menos sociedad. La nuestra está atomizada. ¿Cómo va a haber partidos si todos son el rival de todos?

(Populismos. ¿Y si ensanchamos la democracia? 25.11.2019, El Montonero)

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[…] Somos una sociedad compleja. Habría que hilar más fino para indagar cómo se altera la relación social, entre quiénes se da, marido y mujer, padres e hijos, si las expectativas cambian de generación a generación. Qué dicen hoy los hijos y los nietos de la gran migración de los sesenta; en otro texto dije que era una «inmigración», es decir, pasaje a un mundo urbano que era como otro país, en particular limeño. Pero creo que decenios han pasado, y acaso los sujetos sociales de hoy no vienen en línea única de sus cercanos ancestros.  En una gran ciudad que ya no les es extraña sino suya. Y por eso más violenta. Lima es la gran madre de la batalla entre culturas adversas y colindantes, enfrentadas y combinadas. Y lo que ocurra en el enome país no se decidirá en los Andes sino en sus barrios y mixtura. La política dependerá de la metapolítica. Del imaginario a veces rencoroso que no se deja ver en las encuestas, pero que puede ser voto, vendaval sin aviso, arreglo de cuentas multitudinario de reales o supuestos agravios colectivos. El que vive, verá.  (Coloquio lo cholo en el Perú. Migraciones y mixtura, Susana Bedoya, compiladora, BNP, 2009)

Publicado en El Montonero., 4 de octubre de 2021

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Dos siglos de pensamiento de peruanos

Written By: Hugo Neira - Sep• 27•21

Un libro sobre dos siglos de pensamiento de peruanos sobre el Perú, mi libro, ha sido presentado en la tarde del jueves 23/9 en el auditorio del Centro Cultural Ccori Wasi de la Universidad Ricardo Palma que queda en la avenida Arequipa, a dos cuadras del Óvalo de Miraflores y el ingreso al Parque Kennedy. Dicha universidad tiene en ese lugar una amplia sala de exposiciones, una librería y un auditorio de 240 plazas para sus actos culturales. Ese día, precediendo la presentación del libro, hubo también un acto solemne en el que se me confería  una distinción de Doctor Honoris Causa, con lo cual dicha universidad me «incorporaba a su comunidad académica», como dice María del Pilar Tello, en columna que aparece en el diario Correo del sábado 25/9. Por el trabajo sobre ese libro, «bien ganado y con mucho lustre,… no deja de asombrarnos con su fecundidad intelectual y su lucidez de sabio tranquilo». En su artículo, María del Pilar Tello también toma en cuenta lo que dijeron dos de los comentaristas, Max Hernández y Carlos Meléndez. El psicoanalista «Max Hernández consideró que esa obra era de afectos y amores por el Perú». Porque yo había dicho «que el mosaico que es nuestra vida y cultura, mostraba la riqueza de la gran civilización que somos». Y Carlos Meléndez, «la ve como una obra de curadería del talento».

Cuando me tocó hablar, mis primeras palabras fueron de agradecimientos. No porque era el ritual convencional sino por la paciencia que terminara mi trabajo. Es un libro enorme, va hasta las 666 páginas. La idea de un texto con los más grandes pensadores peruanos era buena para este Bicentenario del Perú, una idea en la que concidimos con el Rector Iván Rodríguez. El libro trae textos de 82 pensadores, es una obra de compilación. Y también di públicamente mi agradecimiento al doctor Ramón León, Jefe de la Editorial, y a sus colaboradores, en especial al diagramador, Alberto  Caso. Por una razón: muchas veces hay libros grandes pero mal editados, esos pobres libros que pierden sus páginas. No será el caso de Dos siglos de pensamiento de peruanos, tiene un buen lomo, las tintas son fuertes y la diagramación distingue bien cuando habla un autor y cuando el que ha articulado el trabajo. El ojo del lector tendrá el beneficio de leer, por ejemplo, a Manuel González Prada, y seguido al compilador y comentarista sin confundirlos.

Debo decir pues que en algunos tramos aparece mi pluma y por qué. En dos siglos, las corrientes intelectuales y políticas cambian enormemente. Como sabemos, en los colegios privados o escuelas públicas, no se ha educado en el conocimiento, entonces, para ayudar al joven lector, hay momentos que intervengo para explicar la filosofía de un jesuita, o las reformas borbónicas que fue otra de las causas para que los peruanos tomaran distancia de España, o que eran los liberales, los escritores en el inicio del siglo XX, que hemos llamado «los novecentistas», y los cambios de una generación a otra, como lo fue con los pensadores de los años 70 del siglo XX. Y que el lector entienda cómo viene con Don Manuel Prada, el fundador del pensamiento libre y crítico.

La selección de los textos no ha seguido dogmatismo alguno, izquierda o derecha. No nos ha interesado si lo uno o lo otro. Aquí está el texto de Riva-Agüero, conservador, pero gran historiador. Sobre el fin del siglo XX, hay una fertilidad de pensadores que tienen una mirada muy distinta: psicoanalistas, antropólogos, políticos y politólogos, sociólogos, filósofos, lo que cuenta es que se les conozca, que se lean sus ideas. Hay muchos problemas que tienen soluciones en estos textos admirables y con una gran voluntad de decir qué es lo que nos detiene y nos separa. Pensadores que son gente que nos advierten el difícil e imprevisible siglo XXI.

La selección de tantas cabezas lúcidas para este libro ha sido, para mí, un trabajo enorme. He contado, en la presentación, que hacía muchos años que me trotaba en la cabeza tratar la historia intelectual de los peruanos. Fue en la ocasión de un viaje al Asia. Fuimos a China en vida de Mao, yo y Raúl Vargas. En los días de Velasco. Teníamos cargos muy altos, y el caso es que los chinos nos trataron muy amablemente. Pedí poder llegar al Tíbet, quería conocer ese país religioso. Me lo permitieron. Pocas personas llegan a Lhasa. Luego pedí otro país asiático para regresar a las Américas: detenernos en Japón. Raúl regresó con prisa a Lima. Y en Tokio, compré un libro con los principales pensadores que transformaron Japón. El libro lo he tenido durante decenios. Y les enseñé, esa noche lo que me había inspirado. Los que piensan y luchan por sus ideas son los que hacen los pueblos. Que los jóvenes entiendan que las ideas vienen porque se necesita proyectos, y un pueblo sin conocimientos no se puede gobernar él mismo. La ignorancia es nuestra peor calamidad. El poder no es el dinero ni las armas sino la cultura. Los libros nos hacen pensar y manejar el caos que nos rodea. Con conceptos. Como ocurre para examinar a un enfermo. Se tiene que descubrir la enfermedad que nos retarda como nación.

Publicado en El Montonero., 27 de setiembre de 2021

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Quemar pero no olvidar

Written By: Hugo Neira - Sep• 20•21

Podemos comenzar si se crema o no se crema los restos del que fue Abimael Guzmán, con la portada del diario El Trome que cuelga en los kioscos limeños este sábado 18/09, diario que compré al llegar a Lima, porque es diario de periodistas de otros tiempos, buenazos, no porque tengan la verdad —eso es otro cantar— sino que saben lo que quieren y esperan millares de peruanos. Miren, pues, la portada: HARÁN HUMO A ABIMAEL. Por supuesto, en tinta roja, como debe ser. Los del Trome, es lo que queda en las calles de Lima de la época de oro del periodo de oro del periodismo. Como está claro, sus periodistas actuales no se queman con el titulazo que se mandan, porque de inmediato señalan debajo de una foto de las barbas del jefe de Sendero, «Fiscalía desaparecerá sus cenizas». Pero como son muy cucos,  también te hacen saber que «el gobierno promulgó ley para cremar a cabecilla de Sendero Luminoso». Entonces, el peatón que se echa a leerlo tiene que desatar los enredados hilos de ambas cosas. Hay ahí una pugna, el gobierno solo promulga, ya no gobierna. La cosa se la dejan al que queme o no queme. Parece que la cosa va por unos 60 días.

Aterricemos. Hay dos corrientes. Lo de las cenizas no es cosa de matrimonios o algo burgués, pero menos que vaya a un cementerio para pobretones. Por una parte, Guzmán siempre tuvo lugares cómodos. Cuando profesor en 1965 en Huamanga, vivía en el jirón Bellido, alquilaba un cuarto amoblado a una señora, según cuenta Umberto Jara, en su libro Abimael: el sendero del terror. Me parece la mejor biografía del inventor de Sendero Luminoso. El Rector Morote Beis (el padre) le pagaba al comienzo seis mil soles, que era plata por entonces y más en una ciudad provinciana. Antes de sus matrimonios, «se iba a La Colmena y le servían un churrasco con papas y huevo frito, más pan, té o café por diez soles» (en la narrativa de Jara, p. 59, si quiere saber más, compre y lea a Jara, pero ya sé que en el Perú no se lee sino rapidito nomás). Cuando lo capturaron fue en Lima, en un distrito de gente acomodada, y justo porque amigas de las altas clases venían a saludarlo el día de su cumpleaños, y los que las seguían, personal militar especializado, las siguieron a la salida de una tienda de regalos de plata o de oro. Así era la vida del que iba a libertar de la pobreza a los peruanos. ¡Qué capacidad la de mis paisanos para tragarse las mentiras que les cuentan! Viven esperando políticas de ideologías de salvación. De esos paraísos y seres angélicos que esperan que caigan de los cielos. Pero en ciertos casos, de los infiernos.

Por otra parte, donde vayan a dar las cenizas, si nos ponemos en los zapatos de un senderista, si lo vuelven solo humo, entonces se pierde la oportunidad de continuar «el pensamiento Gonzalo» y la posibilidad de una cripta y por qué no, un mausoleo. ¿Acaso el profesor Abimael Guzmán no era el poderoso profeta que venía para salvar a los campesinos pobres? Eso ya lo habían intentado otra gente de intención planetaria, entonces venía para continuar lo que había emprendido Marx, Lenin, Stalin y Mao, sobre todo, este último, ¿no había iniciado una revolución desde los campesinos? Pero, el  maestro  supremo Mao Tse-tung muere en 1976 y el marxismo-leninismo-maoísmo se quedaba sin cabeza. Cuatro años después, como Mao era un pensador (antes de ser miembro del Partido Comunista chino su profesión era bibliotecario), él también, Guzmán, se da el nombre del Pensamiento ya no de Mao sino, modestamente, el Pensamiento Gonzalo. Pero en la China post Mao, el trono del poder estaba en manos de Deng Xiaoping. Guzmán no solo lo odiaba sino lo despreciaba, y desde el lejano Perú, uno de los primeros gestos de terrorismo, el 26 de diciembre, aparecen en la ciudad de Lima unos pobres perros colgados de los postes, con un cartel «Deng Xiaoping, hijo de perra».

Y esto es lo mejor del plato. El profesor Abimael Guzmán Reinoso —que ya había ido un par de veces a China— no podía dejar que el planeta perdiera el revolucionario de la cuarta espada. Él iba a ser esa figura excepcional. Si en la República Popular de China no podían seguir con el maoísmo, al otro lado del enorme océano Pacífico, el Partido Comunista Peruano – Sendero Luminoso, sería la jerarquía más alta del mundo. No importa que China fuera un país de 1’500 millones de seres humanos y el Perú no llegara sino a 22 millones en esos años, con un territorio de un 1200 km2 y China de 9 millones de km2, y que esa nación asiática fuese ya una sociedad industrial, cosa que estaba lejos de volverse el Perú ni entonces ni en el futuro. Abimael tenía respuesta para todo. Si Mao había logrado su meta, era verdad que el Per había comenzado a ser un país no tan rural como se creía sino el de las grandes migraciones, al punto que crecían las aldeas urbanas, las ciudades, y luego Lima misma. Un país urbano el Perú, y es cierto, dice Umberto Jara, «el año 1980, se abrió con una conmoción social producto de huelgas de trabajadores bancarios, telefónicos, gráficos, textiles, municipales, y aduanas». Pero el jefe de los senderistas no vio ese país dispuesto a envolverse en una guerra civil. Obviamente, el profesor Guzmán tenía la respuesta precisa, esa que había visto en China. Cuando Mao se equivocó con el célebre y catastrófico Gran Salto Adelante, un error enorme, pequeños hornos de fundición con millares de campesinos desforestando bosques, se produce una terrible hambruna. Por lo visto, murieron millones. Un utopía salida de Mao. ¿Pero cómo ve este asunto, Guzmán?  «Incluso cuando la gente agonizaba, nadie se atrevió a sugerir que las políticas del jefe estaban siendo las responsables de la tragedia o que esta estuviera teniendo lugar.» Este es párrafo que aparece en el libro de Jara, pero es cita de David Jiménez. «Mao, el mayor asesino del siglo XX», que apareció en el diario El Mundo, en España. Pero lo que nos interesa es que lo que le interesa al patrón del Sendero Luminoso, la total sumisión del individuo al Jefe Supremo, en este caso, como Mao, el ego del Jefe Supremo. Un ser divino, no discutible.

Si esa cautela del simple senderista revela el centro mismo de Sendero Luminoso, el culto, la obediencia ciega, esto tiene un sentido específico, no es lo mismo con una jerarquía de militares. Mucho de esa tuvo Sendero Luminoso. Pero más la ceremonia, el ritual. El ego de Guzmán nos lleva a otro tipo de organización  y de mentalidad.

Seamos francos. América del sur es un continente del misterio, me lo digo Mariano Picón Salas cuando pasó por Lima y nos hicimos amigos. Más allá de los regímenes políticos y la importación de culturas, hay un enigma psicológico. Es algo horrible pero también fascinante. Como tenemos Andes volcánicos, aparecen extrañas devociones, estratificaciones y rachas de violencia, inesperadas. Entonces ¿cuál es la forma de vencer según Sendero? ¿Cuando Guzmán, o lo que hoy es? Sendero Luminoso se dice un Partido Comunista, pero no lo es. Se llama así pero no lo es. Alguien en Lima, en su revista, se da cuenta, César Hildebrandt. «Guzmán desprestigió el marxismo-leninismo tanto como lo habían hecho Mao o Pol-Pot». Y dice también: «Y sin embargo, aquí en Perú, hay unos cuantos miles que le siguen, lo aprecian como caudillo redentor». La palabra redentor, César, nos lleva a otra luz.

Algo ha habido de religioso y de ahí, las paradojas de nuestra historia. Marxistas católicos en universidades que bien conocemos. Hubo mucho en el pasado europeo. Comunismos religiosos ha habido. Thomas Müntzer, en 1525, era un comunismo religioso de insurrección, a partir de Suiza, o el ruso Tolstoi antes de Lenin, o en las utopías de Thomas More, o en nuestra América, el comunismo de los indios guaraníes piloteados por los padres jesuitas en el Paraguay, que José Carlos Mariátegui admiró. Comunismos cristianos siempre ha habido pero nunca solo con las armas. Salvo un caso, los islamistas. Mahoma era un guerrero. La expansión musulmana no es únicamente religiosa sino militar y muy poco políticamente. El pueblo árabe ha tocado todas las regiones del Mediterráneo, y luego el África negra, el mundo del sureste del Asia. Si esto es cierto, y la historia no miente, Sendero intentó ser un partido, pero en el senderismo real, es más un ejército que otra cosa. Con Guzmán, sabemos que el rector de la Universidad de Ayacucho, le pidió que formara un ejército-partido no tanto con los pobres sino con los jóvenes dispuestos a la vida militar y tras unas metas precisas. Y así fue.

Que fuesen comunistas, insisto en mi duda. No diré que son la procesión del Señor de los Milagros con ametralladora en mano, pero por ahí van. El que escribe esta nota fue comunista en sus años juveniles. En San Marcos, nos afirmábamos quemándonos las pestañas leyendo a fondo a Marx, y con ello, la búsqueda de la racionalidad. En nuestras células de estudiantes aprendíamos a disputar, a convencer, y el aprendizaje de las armas era cuando hicimos nuestro servicio militar. Y ante el aprismo que era  numeroso, no los despreciábamos porque también conocían el legado de Mariátegui. Luego vino la victoria de Fidel Castro. Una revolución comunista que había triunfado en Cuba fue malinterpretada en todo el continente. Pareció ser fácil, pero no lograron los centenares de focos revolucionarios en Venezuela, Brasil, Colombia, Chile, Argentina y Perú, no vencieron a los ejércitos nacionales. Pero hay una diferencia infinita entre  guerrilleros y terroristas. Sendero Luminoso nunca fue un partido de izquierda, de esos que se combinan con las clases obreras y los niveles de la pobreza, y jugaron también a las maneras como los partidos de izquierda convencían a una gran parte de las izquierdas. Pero no hemos visto  debatir a los del lado Sendero Luminoso.

Así, Guzmán lanza la máquina de guerra en los años 80, cuando ya se había logrado la Reforma Agraria (por lo cual, los campesinos no tomaron a SL como sus salvadores) y había un tiempo de democracia. La actitud de los que siguieron ciegamente a Guzmán, no se entiende en un país en que ya no había campesinos quejándose de los gamonales y hacendados. Con indígenas que habían recuperado sus tierras, era muy difícil pensar en una guerra popular. Fue al revés: los soldados senderistas molestaron a los indígenas, ellos terminaban de escuchar a los senderistas, los jóvenes ayacuchanos hijos de los propietarios que habían perdido sus fundos, darles una clase, los dominados escuchaban con paciencia serrana a esa gente que ellos veían como otros «mistis», acaso peores que los antiguos. Apenas Sendero dejaba una aldea, los habitantes buscaban al ejército nacional. Sendero hizo algo que no era precisamente lo que le había dado resultados a Mao, no humillar a los campesinos. Sendero, en cambio, ha matado más gente, y por lo general, campesina. No solo 25 mil muertos, sino pueblos desaparecidos.

¿Qué es, pues, Sendero? Algo que no es ni asiático ni occidental. Es algo que hace pensar en los musulmanes. No vienen de ahí, de Afganistán. No son talibanes, pero son lo que más se les parece. Y algo así como una suerte de religión con venganzas seculares. ¿Qué son? Hay Partidos Comunistas en todo el mundo. Pero no son entidades cuya  praxis sea solo la violencia y la muerte del otro. Eso nos hace pensar en la ETA de los vascos. Y los tártaros de otro siglo. Una forma de barbarie.

Para terminar, alguna vez he dicho que cada civilización lleva consigo su propia barbarie. Y hace poco, he encontrado alguien que piensa lo mismo que yo. A pesar de que soy un comelibros, el filósofo europeo-argentino se llama Alejandro Vigo. Y dice: «Hemos supuesto con liviandad que hemos superado la barbarie para siempre». «La civilización es una capa de hielo que se triza cuando no transitamos por los mecanismos previstos. Entonces nos confundimos cuando apostamos que la violencia pretende vivir un momento revolucionario». No es así, en España se tuvo a la ETA. En el mundo islámico, el Estado Islámico. La Corea del Norte. Y gente como Bin Laden le hizo la guerra a un Estados Unidos que nunca conoció.

Volviendo sobre las cenizas de Abimael, pues se teme que las echen al mar como lo hicieron los norteamericanos con Bin Laden, siempre tan pragmáticos. Pero tengo un temor. Si quieren echar las cenizas, si es para olvidarse de todo lo que fueron esos 12 años de terrorismo en Perú, temo la manía limeña de evitar los grandes problemas. Lima con esa cultura del rapidito nomás. Hay algo desesperante de esta cultura de la ciudad que se cree capital y es una suerte de lo que llaman en Europa, Principado. Pues bien, el Principado del río Rímac, nunca cree que el mal ronda el contorno. Así se nos vino encima la Guerra del Pacífico sin tener ejército profesional y apenas el Huáscar. Y hoy, sin entender por qué apareció en Ayacucho, en una universidad, una preparación para la muerte. Sendero no es un partido. Lima vive como en el siglo XVIII, la perezosa corte  vivía sin saber que todavía había indios. Y que había jóvenes andinos que  soñaban de otra manera su futuro. Así, mientras crecía Sendero Luminoso, «militares y demócratas distraídos», dice Gustavo Gorriti, uno de los gobiernos fue el de Morales Bermúdez. Esto lo edita el diario de Hildebrandt en sus trece de este viernes 17 de setiembre. Sendero Luminoso no es cualquier partido, de esos que desaparecieron. El tema de sus inicios y estructura viene con una complejidad rotunda. Lean a Moisés Lemlij y Luis Millones, uno psiquiatra psicoanalista, el otro antropólogo. Ambos lo consideran religión. De maldad deliberada y demoniaca, pero eficaz. Incluso se voltean las urnas cuando en el momento de votar te ponen una pistola en la sien. Buen sistema para conseguir éxitos electorales. Sendero es un tema muy serio. Pero la política criolla y sus diarios lo vuelven todo en algo ligero y frívolo. Nada pasará. Dios es peruano.

Publicado en El Montonero, 20 de setiembre de 2021

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En esta era planetaria, ¿cómo ven al Perú otros ojos?

Written By: Hugo Neira - Sep• 13•21

Por diversas razones, de trabajo y de salud —una inesperada invasión de bacterias estomacales—, he estado lejos de Lima. Meses de meses para llegar a estar sano. Como no era necesario estar en una clínica, nada me impide intentar comprender qué está pasando en el Perú. Hoy los medios de comunicación de nuestros días —televisión, internet— sobrepasan las fronteras, pero los periodistas sedentarios de mi país, me llevan una ventaja. Saben si fulano es amigo de sutano desde hace tiempo, y se entiende entonces la presencia de personas que no tienen ni experiencia ni formación para los cargos de funcionarios del Estado .

Sigo pensando que de inmediato necesitamos un Estado moderno. Pero eso es imposible mientras prevalezcan las males costumbres que vienen de la colonia. No somos una república sino un sistema político neocolonial. No soy el único que tenga una actitud crítica. En El capital ausente, dos peruanos, Dwight Ordoñez y Lorenzo Sousa, dicen algo que es un pistoletazo al corazón del seudo Estado limeño: «Las instituciones en el Perú no funcionan. Funcionan las argollas» (Tomo II, p. 275, 2003). Añadiría, por mi parte, que el derecho a ser nombrado no viene de la sociedad civil sino de conocidos, familiares o amigos. Lo digo porque los excluidos son una masa imposible de contar. Hace dos siglos que arrastramos la crisis de la ética mesocrática. El Estado existe para servir a la nación y al pueblo. Pero no es nuestro caso. Los funcionarios resultan, pues, de lo que las altas esferas deciden, incluidos tecnócratas elegidos a dedo, y en muchos casos, no solo en Lima sino en los gobiernos regionales y alcaldías, el pragmatismo de los que mejor conocemos, nuestros familiares. Cuando describo cómo son otras repúblicas en América Latina y en Europa, insisto en que se llega al rango de funcionario en competencia. (Fui profesor en Francia tras un concurso público.) Entonces, aparte de los presidentes, ¿quiénes se ocupan de la gobernabilidad? Quienes, finalmente, mandan.

Si me piden que diga en pocas palabras la vida republicana de estos dos siglos, me atrevería a decir que es la historia del establishment en sucesiones.

¿No es así? Comencemos con Jorge Basadre, nadie mejor que quien conoció el siglo XIX como la palma de sus manos. Basadre nos informa, después de la Independencia, de «la formación de un sólido grupo plutocrático nacional» de 1823 a 1853. La opulencia y el boato en una sociedad de pobres. Luego, «la apropiación de la región serrana del país por un pequeño número de antiguos y nuevos propietarios de tierras que antes pertenecieran a las comunidades indígenas» (más adelante, vueltos poderosos hacendados y gamonales). Esto está en el su último libro, Sultanismo, corrupción y dependencia en el Perú republicano (pp. 12-13). En el siglo XX, surge desde 1930 la calificación de «oligarquías». Fueron siempre la gran fuerza político-económica, hasta la ruptura de «militares de izquierda». Así lo llamo porque es cómo los reconocen en el mundo entero. Pero luego de Velasco, el establishment se recupera. Y continúa. Hace rato que Francisco Durand lo dice, ver Riqueza económica y pobreza política: Reflexiones sobre las élites del poder en un país inestable. Está lejos, profesor en los Estados Unidos, pero nos entiende desde fuera. Lo último, desde 1919, no es sino una guerra en las fuerzas en conflicto, un asalto al poder.

La historia no es un camino en el tiempo. Hay sociedades que son inmóviles. La nuestra es una. Aunque tengamos coches, internet, nuevos medicamentos, la estructura del poder no se modifica. Y la pandemia viene al caso: como hay variantes en la Covid-19, también, en nuestro caso, ya no hay dictaduras sino autoritarismos sin límites. Por mucho que hablaramos de dictaduras civiles o militares, de tal o cual ideología, sigue siendo algo especial. Por eso Basadre buscó un término original y adecuado. Lo encuentra en Max Weber. Una definición muy especial, el sultanismo. Concepto de Weber y tomado a fondo por Basadre, el último libro en su vida fue un texto realmente muy crítico, y hasta diría una dolorosa convicción. El sultanismo es el «sistema estatal que carece de contenido racional y desarrolla en extremo la esfera de la gracia del jefe». Las Repúblicas —dice Basadre— surgieron en los Estados Unidos o en los viejos Estados europeos. Las ideas post guerras de las independencias no vinieron de los ámbitos europeos sino más bien de los países árabes. Pero al menos ellos tienen el Corán. ¿Qué ética puede salvar al Perú? Ética civil.

Mientras hilaba estas ideas, me preguntaba si eran digestivas para aquellos que no conocen la historia del Perú, puesto que, desde 1990, en los colegios del Estado, la pedagogía dejó de transmitir «conocimientos». Quiere esto decir que hace 30 años, millones de escolares peruanos jamás han escuchado un curso de Historia de su país, y la del mundo. Y además, adiós a la gramática, lógica, geografía, química, física, educación cívica y música y deportes. Pensaba en esto cuando, por azar, tropiezo con un resumen excepcional sobre el Perú en lo que se llama la Enciclopædia Universalis. No solo se ocupan de ideas, pensamientos, ciencias sino de la historia de los pueblos del planeta. Entre ellos, el Perú. Lo que sigue son párrafos adecuados, en orden cronológico. Por supuesto, no todo.

Lo primero de lo que se habla de nosotros, es los Andes. «Segmentos de cordilleras del Pacífico que se extienden del Alaska a Tierra de Fuego. Los Andes peruanos se caracterizan por su masa y su continuidad, que también atraviesa los territorios nacionales de Bolivia y Ecuador». Los Andes meridionales son largos. O sea, Perú país andino. Hay varias zonas, pero se interesan por «la población indígena al lado del lago Titicaca (50 habitantes/km2)». Luego, notan las minas de cobre. «En los Andes del centro, se encuentran las fuertes densidades entre el Mántaro —región de Huancayo— las densas aldeas y la tierra fertil, con el valor del maíz, el trigo, la papa, y a los 4500 m, las comunidades cercanas a los yacimientos de cobre, zinc, plomo y plata. En cuanto a los Andes norteños, no han sido un sector olvidado de la República peruana». De esta forma estudian y describen tanto la Amazonía como la costa. Luego se ocupan de las ciudades como Arequipa, «oasis a 2400 m entre la costa y el altiplano».

En cuanto a nuestra independencia, no voy a repetir lo que ellos saben, y también nosotros, sobre San Martín y Bolívar. Pero subrayo que recuerdan que Chile pone una flota al servicio del Lord Alexander Cochrane, lo cual solemos olvidar. Lo que me parece. El autor de este episodio es un conocido y célebre peruanista francés, Olivier Dollfus. Él señala que, previamente a la lucha por la emancipación, en el reinado de Carlos III y en la Constitución de Cádiz de 1812, hubo un progreso liberal, pero regresó el régimen absolutista. Por mi parte, he afirmado que el Conde de Aranda se preocupaba por el destino de las Indias. Pero España no existía, era parte de un imperio, y los antiguos reinos, Castilla y Aragón, un territorio dominado, tanto como Italia y Flandes (hoy Holanda). Lo que llamamos España era un Imperio de los borbones en el XVIII. El más vasto del mundo. Con todo, lo que llamamos independencia se paraliza en 1808 cuando en México se aplasta el intento de emanciparse. Y ello regresa desde la invasión de Bonaparte al territorio español. En consecuencia, Dollfus resume nuestra situación de hace dos siglos, por poco no hay independencia. «De todos los países de América Latina, el Perú constituía el bastión más sólido de la monarquía española». Señalan «que los criollos, los más activos —negocios, comercio, haciendas— estaban activos en Lima, además de la Inquisición y la autoridad no discutible del virrey Abascal, que disponía de fuerzas militares apreciables, listas para aplastar cualquier rebelión.» Aranda fue puesto a la cabeza del Consejo de Indias, y estaba al tanto de los informes de los virreyes y lo que hicieron saber los marinos Juan y Antonio de Ulloa. Una inimaginable descomposición social. La Independencia fue sangre y coraje, pero fue contra un Imperio en caída. 

El texto de nuestra historia da un salto de 1816 a 1884. Vinieron los tiempos de la fortuna en 1840 a 1868. No lo dicen, pero se explica por las guerras internas de los caudillos, Gamarra, Orbegoso, Santa Cruz, hasta la explotación del guano, y el nitrato en Tarapacá. Aquí destaca Ramón Castilla, presidente de la joven república en 1845-1851 y 1855-1862. «Hubo prosperidad y estabilidad política y llegaron técnicos extranjeros e inmigrantes. Luego viene la crisis y la guerra  con Chile, 1868-1884. Hay un tema que les llama la atención, Piérola es reemplazado por Manuel Pardo, «un mandatario rodeado de ministros hombres de negocios y la aristocracia de funcionarios y la plutocracia surgida del guano y el salitre». Pero se olvida que Chile, «envidioso de la prosperidad del Perú, se preparaba para la guerra». Otra hubiese sido acaso la historia si hubiese tomado las precauciones del caso, sobre todo las dos fragatas que el presidente José Balta había mandado fabricar en Inglaterra. Pardo amaba el que se hiciera ferrocarriles en Perú, pero descuidó a los vecinos.  Para seguir, el equipo de estudiosos de esta historia del Perú establece otra etapa, posguerra: dado el resultado catastrófico, se ven obligados a acudir a los créditos externos. «Gran Bretaña, la Peruvian Corporation, que costó 50 millones de libras en treintaitrés pagos anuales. Esa Corporation tendría el control de los trenes peruanos para explotarlos a su gusto por sesenta años». A esa época que va de 1884 a 1970, la llaman «el control financiero extranjero». Ahora bien, para los ciudadanos peruanos de estos días, ya pueden comenzar a entender por qué el Perú no pudo jamás escapar de su situación de penuria.

No por eso ese periodo fue estable y pacífico. Hubo pronunciamientos y dictaduras, dice este estudio de la Enciclopædia Universalis. De 1884 a 1930, con el pie ya en el siglo XX, «el  Perú pasó a manos de los civilistas», López de Romaña en 1899, Pardo en 1904, Leguía en 1908, Oscar Benavides, 1913-1915, y luego aparece un segundo Leguía, que en su segundo gobierno aprende a ser demagogo, y dice: «nuestros hermanos, los indios». Yo no lo digo, los que hicieron esa investigacion, dicen: «…pero no aportó ninguna mejora de la situación miserable de los indios». Insisto que estos datos no son para unos cuantos. Una enciclopedia hoy es planetaria.

Lo que sigue es lo que ya sabemos. Ellos lo dicen: «Nacimiento de un movimiento marxista, el APRA. En 1930, para luchar contra la inmoralidad reinante» y pensando en un ideal bolivariano para una unión continental de los Estados latinoamericanos, y entre otras propuestas, la nacionalización de las industrias, la defensa de los intereses de los indígenas, en especial, las tierras. «No es un indigenismo político sino que las tierras pertenecían a los ricos criollos, y no a los ayllus indígenas, es decir, las antiguas comunidades anteriores, incluso antes de los Incas

El resto está dedicado al Perú contemporáneo. Desde 1930 a 1945, el establishment duda entre dos estrategias de lucha contra el APRA, o bien eliminarlos, o bien «recuperarlos». La gente del diario El Comercio es la más dura, el aprismo había tenido el error de mostrarse como algo internacional, y es pues el argumento para confinarlos como a los comunistas. Entonces, surge un compromiso. El aprismo sería libre y legal, pero había que resignarse a no tener otro presidente que José Luis Bustamante y Ribero. Ganó fácilmente, el perdedor en las urnas fue el general Ureta. No se entendieron. Y para colmo, en 1947 es asesinado el director del diario La Prensa, el aprismo tuvo siempre gente dispuesta a las armas. Pero eso acaba con la legalidad del aprismo. Durante una sublevación de la flota el 2 de octubre de 1948, el general Odría deja de lado a Bustamante, y gobierna ocho años. ¿Y qué dicen los estudiosos europeos?«La sustitución de Bustamante por Odría es la más grande victoria política de la clase dirigente tradicional». La derecha la llama «revolución restauradora». Pero hay que decir las cosas como son, el general Odría hizo dos cosas, «el orden» y el «libre juego de la economía». «Desde 1950 una libertad casi completa de intercambio». El dinamismo del gobierno del general Odría se ha explicado, para algunos, como el resultado del boom de la Guerra de Corea. No se puede negar, tiempo de grandes trabajos públicos, creación de empleos para trabajadores sin calificación, construcciones de edificios administrativos, hospitales, escuelas y reducción de los sindicatos, por lo general apristas.

Sobre Odría, diría, por mi parte, que era un hombre surgido de los mestizos o cholos, e hizo obras no populistas sino reales, populares, hizo que la clases altas tomaran sus distancias. Odría no pudo seguir. Se había vuelto demasiado autónomo. En las elecciones del 17 de junio de 1956, los resultados oficiales fueron los siguientes: Manuel Prado Ugarteche, 568’124 votos, Fernando Belaunde Terry, 457’638 votos, y Hernando de Lavalle, 222’324.

¿Por qué no funcionó la segunda convivencia, después de Odría? Aquí un párrafo del trabajo de los peruanistas europeos. «A la diferencia de Bustamante, en 1945, Prado disponía del Parlamento, el apoyo de un mayoría de partidarios que le eran personalmente fieles. En el Congreso elegido en 1956, los del APRA no podía contar con ellos, ni como partidiarios o aliados.» Por lo demás, Haya de la Torre, para no molestar a Manuel  Prado, ante problemas agudos, pasó todo ese tiempo en el extranjero. «Durante la convivencia, a algunos apristas se les otorgó funciones diplomáticas, y el partido aprista soñaba con 1962». Como sabemos, una nueva figura política había emergido en las clases medias, Fernando Belaunde. Y por otra parte, «grupos de extrema izquierda y candidatos de la democracia cristiana.»

No nos detendremos sobre 1962 y la presidencia de Belaunde. El texto sobre la historia contemporánea puso más su atención sobre «el gobierno de los militares nacionalistas, 1968-1975. Los llaman ‘nasseristas’, por aquello de los países tercermundistas, también les ha interesado el Centro de Altos Estudios Militares, el CAEM. El gobierno militar, en 1968, ataca esa situación neofeudal. «En las manos de los propietarios estaba el 75% de tierras  y el resto, 5,5% de campesinos con las tierras mediocres. Con la reforma agraria, en 1976, siete millones de hectáreas fueron expropiados

¿Qué pasó en el Perú? «Desde 1978 se había establecido una alternancia democrática.»  Para las elecciones en los años 80 y 90, había partidos de izquierda, y entre ellos, líderes como Alfonso Barrantes. Extremas izquierdas pero en el juego de las urnas. Luego, Fredemo de Mario Vargas Llosa y ante él, un casi desconocido personaje, Fujimori. De este Fujishock, dice el texto, gana por ser populista, pero Sendero Luminoso ocupa el Estado hasta 1992, con unos doce años de terrorismo. Los europeos no dejan de observar que el combate de Sendero tiene un lugar que le importa mucho, «en el valle amazónico, donde activamente actúa en el tráfico de cocaína». Nos están diciendo que Sendero Luminoso tiene un posible proyecto, un Estado mafioso, como lo que ocurre en México de los Carteles, como en Venezuela. Pero en el mundo se sabe que «Sendero Luminoso, siguiendo a su líder Abimael Guzmán, es responsable de la muerte de 25’000 personas, una mayoría de campesinos negándose a unirse a él». Casi no vale decirlo pero treintaitres mis paisanos son bastante olvidadizos. Guzmán decía ser la continuidad de Mao, la lucha a partir del campo. Sin embargo, atacaron sus soldados los campesinos. Por lo tanto, no solo el ejército nacional lo venció sino las rondas campesinas y la oposición de los indígenas.

El estudio que hemos comentado no es de estos días. No dicen cómo fue la salida de Fujimori. Ni tampoco el retorno de Sendero. Como se puede deducir, después de Velasco y hasta ahora, volvemos a perder la ocasión de una vida política en que no se luche para mandar, bajo la máscara de querer salvar a los pobres esta el pattern secular del sultanismo.   Hay políticas que parecen enigmáticas pero no lo son. Si bien yo no estoy en condición de responder al proyecto revolucionario o reformista, sí indicar que la lucha de clases se nos queda como algo corto para nuestro país y el siglo XXI. Nuestra sociedad conoce nuevas y múltiples diferenciaciones sociales. La presión de las reivindicaciones son diversas. Hay un problema no solo político y económico y social. Una democracia no puede solo reducirse a un sistema  político y jurídico, los intereses son plurales. Para comenzar hay que reconocer al otro. Y por otra parte, tenemos que admitir que ninguna sociedad puede eludir los conflictos. Por eso es necesario la pluralidad de partidos, ideas y la discusión como arma de batalla. Pero en el Perú, en dos siglos, siempre se ha sabido excluir al rival.

Además conviene que dejemos de lado el pensamiento mágico, la esperanza del Edén, la utopía, a veces pensada como un retorno al mundo de Atahualipa (mal llamado Atahualpa, los conquistadores castellanos eran duros de oídos). En fin, la evolución del capitalismo podría terminar en algo tan social que admiraría el propio Marx. Pero la buena vía no es los autoritarismos. Somos sociedades muy complejas para una sola meta. Y desde ahora, hay que decirlo, este sistema de producción y vida de este siglo, tendrá que modificarse de una manera inevitable, a causa de los cambios climáticos. No es el comunismo que frenara la sociedad del consumo, que destruye la naturaleza. Viene otra era, otras civilizaciones, en un planeta en el que nos hemos vuelto, los seres humanos, las termitas de la naturaleza. ¿Qué haremos cuando no tengamos ríos en nuestros Andes y la Amazonía?

Publicado en El Montonero., 13 de setiembre de 2021

https://elmontonero.pe/columnas/en-esta-era-planetaria-como-ven-al-peru-otros-ojos

Moral y luces. ¿Pero quién lo dice?

Written By: Hugo Neira - Sep• 06•21

«No hay buena fe en América, ni entre las naciones; los tratados son papeles,                                                      

las Constituciones libros, las elecciones combates, la libertad anarquía,

 y la vida un tormento»

—Quien podía ser sino Simón Bolívar

A veces, cuando vas a decir algo sobre la actualidad, el otro lado del cerebro, eso que Freud descubre y llamaba el inconsciente, te dice que vives en un país más bien inmóvil. En efecto, alguna vez me ocupé del tema si el pasado era el pasado. Y esta fue mi respuesta: «A todos los problemas políticos actuales es posible resumirlos en una sola pregunta: ¿Ha sido útil la República? Subdesarrollo, analfabetismo, dependencia económica. Bajos niveles de vida (…), ausencia de un gran ideal nacionalista. Exilio o frustración de la elite intelectual refugiada en las utopías sociales. Preponderancia de lo regional sobre lo nacional. Crisis de la clase dirigente, crisis de la derecha peruana. Desarraigo espiritual colectivo evitando las tradiciones, en busca de cosmopolitismo vacuo. Esto y mas es el resultado del balance de mas de siglo y medio de vida republicana». (Ese fragmento de un artículo mío es del viernes 07 de noviembre de 1962 y en el diario Expreso.)

Que el amable lector no se detenga en mi longevidad y el cuidado de guardar mis artículos sino en la cuestión decisiva. Le propongo que medite libremente. ¿Hemos cambiado mucho? ¿Encontramos la vía de progreso y de coherencia de nuestra sociedad?  Le propongo meditar libremente sobre esas interrogaciones.

Seamos realistas y sinceros, seguimos en lo que se llamaba el ‘Tercer Mundo’. El concepto se usaba por los ochenta, ya no, pero fuera como fuese el concepto adecuado, no somos un país potente. Antes de la pandemia, había gente peruana que creía que podíamos ser parte de la OCDE. Con el Covid-19 nos despertamos de esas ilusiones. Éramos más precarios de lo que pensábamos. Pero la cuestión es compleja. Por una parte el país se ha modificado. Por la otra, no ha dado el gran salto al desarrollo.

En lo primero, hemos pasado de ser 10’420’357 en 1961 a unos 28 millones en el 2007, y seguimos creciendo en población (32 millones hoy). Estos datos son precisos y provienen de una fuente que suelo consultar. (Compendio Estadístico PERÚ 2016, del INEI, dos tomos). Otro dato positivo, la población en situación de pobreza monetaria pasa del 49% en el año 2006 al 22,7% en 2014 (INEI, tomo 1, p. 735). Es un cambio, acaso muy lento. La pobreza extrema ha seguido disminuyendo, y en realidad, el tan discutido sistema económico de esos primeros años del siglo XXI no es lo que se dice en contra del sistema de libre mercado. En realidad, las cosas no iban tan mal, pero la pandemia detuvo ese proceso de crecimiento. La gente lo sabe, y quiere volver al año 2019.

Ahora bien, es cierto que el crecimiento de los años 2001 a 2019 benefició a unas regiones más que a otras, dejando brechas enormes. De alguna manera, en Ayacucho, Cajamarca, Huancavelica —entre otras—, la segunda vuelta en las últimas elecciones fue una señal muy clara en contra de la costa y Lima. Las causas. ¿Un país con dinámicas distintas, o el descuido de las zonas y clases sociales? En otras palabras, hay un Perú más moderno que el otro Perú. Como sabemos, de la energía eléctrica y el agua gozan plenamente los peruanos en la modernidad, pero no en otras zonas y regiones. Algo parecido ocurre con los empleos, se producen nuevas infraestructuras de trabajo, lo cual provoca las emigraciones internas. Y de ese modo el Perú es hoy un país de ciudades. Somos un país urbano. Y además costeño. Por primera vez en la milenaria vida, las grandes cuencas de la zona de la sierra —Puno, Arequipa, Huancayo y Cajamarca— no son el lugar de mayor población sino la costa, acaso por sus llanos y no las montañas andinas. País vuelto urbano y costero. País de ciudades. Es un cambio enorme, con diversas consecuencias.

Sea como sea, el Perú actual es un mundo de necesidades distintas. Es el mundo que tenemos que enfrentar, porque somos un país heterogéneo, acaso más que otros países latinoamericanos. Ahora bien, las grandes modernizaciones que esperábamos en los 20 años de crecimiento son, hasta el momento, desiguales. Para atender un país tan fragmentado, a primera vista necesitaríamos una malla, una trama, eso que se llama infraestructura de movilidad, o sea, ferrocariles, aeropuertos locales, no solo carreteras sino autopistas. Acaso la población rural es la más interesada sobre eso que significaría su ingreso total a la vida moderna, tanto para la necesidad del viaje como para trasladar los productos peruanos. Que, como se sabe, pueden exportarse para beneficio de una capa social, la rural, que en estos momentos políticamente proviene del mundo campesino. Lo cual es algo al revés de la sociedad peruana que, en su mayoría aplastante, es urbana.

En los cambios que ha habido, no todo es progreso. Sobre todo en el terreno de los modos de producción, base de la sociedad. Ese concepto viene de Karl Marx, sí, del filósofo y luego economista, el autor de Das Capital. (Por un tiempo el que escribe, insisto, fue de joven comunista, actitud que tomé en San Marcos del Perú pero luego, estudiando por segunda vez, en París, Ciencias Políticas, y luego de mis siete años con el gobierno militar y revolucionario de Velasco, a mi vuelta de Europa, encontré otro mundo, éramos testigos del ocaso de la Rusia soviética y de la poca importancia a fines del siglo XX del marxismo. Desde entonces razono de otra manera. Las sociedades han cambiado. Las ciencias sociales también).

Hoy la lógica del sociólogo es ver lo real, y no las ideologías. Y tocando el tema de las metamorfosis de nuestra sociedad, podemos decir con toda la fuerza del conocimiento de lo real que la sociedad peruana ha tenido por lo menos dos modificaciones, tan enormes, que no hay más remedio que llamarlas tomando un término de la geología, las «placas tectónicas». El primero es la migración de la población peruana del campo a la ciudad, de la sierra a la costa, de la aldea a la ciudad provinciana y de ahí a Lima. Todos conocemos la aparición de excampesinos en la vida limeña, la aparición de los comerciantes callejeros, luego los mercadillos, luego todo un mundo de trabajadores que hasta ahora existen, los informales. Y son tres veces más numerosos que los empleos formales. Pues bien, eso no fue una solución surgida de algún partido. Ni de ningún gobierno. En cambio, desde la mitad del siglo XX, lo sabemos, a medida que las barriadas que rodean a la capital iban construyendo sus propias casas, también se hacían ciudadanos, es decir, aprendieron a leer y escribir. Y los gobiernos apoyaron a ese movimiento social espontáneo por la simple razón de que era una nueva clientela electoral. Tanto regímenes militares como civiles. El segundo caso de «placas tectónicas» fue en los años sesenta, los movimientos de tomas de tierra de las haciendas en el sur del país. Sobre ese cambio, se habla de la reforma agraria. Pero se olvida —somos el país de los olvidos— que todo arranca a partir de una Federación Campesina en el Cusco, que organiza una serie de organizaciones que se llamaron sindicatos, unos 1800 por todo el sur, y que llaman a la toma de las haciendas —sin armas y sin sangre— recuperación. Es sabido pero lo olvidamos que desde el siglo XIX, el periodo republicano fue el más desastroso para los indígenas peruanos. Basadre lo dijo, el sólido grupo plutocrático nacional «se apropia de la región serrana», es «un pequeño número de antiguos y nuevos propietarios de tierras, que antes pertenecieron a las comunidades indígenas, al Estado, a la Iglesia, a las municipalidades y a las benificencias». Esto está en Sultanismo…, página 13.

El Perú no indígena, durante un largo siglo hasta la mitad del siglo XX, toma esa situacion como algo natural. Por eso, las invasiones campesinas para recuperar sus tierras sin violencia sorprendieron al país. Al comienzo pensaron que eran guerrillas. Habían comenzado en la Convención, al lado del Cusco. En ese momento aparece Hugo Blanco. Luego, bajo el control de los militares (1962) se acaba la experiencia de los arrendires de ese lugar semi selvático. Pero, en las zonas altas de la sierra sur, las comunidades se interesan por esa toma de tierras fundada en la huelga de la mano de obra ante los hacendados. Fue la Federación Campesina, dirigida por Saturnino Huillca, que siembra la misma semilla de organización y acabar con el sistema de trueque de trabajo de los campesinos (el pongaje) a cambio de un lote de tierra (prestada) con el cual alimentaban a su familia. Ahora bien, el movimiento se detuvo cuando tomaron presos cerca de 500 dirigentes, todos ellos gente del lugar, en una cárcel muy especial, El Sepa, porque no tenía murallas sino la selva misma, a la cual no se podía entrar y menos salir sino con helipcótero.

Cierto, en 1969, la ley de Reforma Agraria. Pero tanto Velasco como los coroneles que le seguían comprendieron que ese movimiento espontáneo podía crecer de Puno a Cajamarca. ¿Y eran ellos los que iban a enfrentar a dos millones de campesinos sin tierras?!

Por mi parte, nada de lo que estoy describiendo le quita un valor histórico, político y revolucionario a Velasco Alvarado. Pero es evidente que sin las tomas de tierras pacíficas, no hubieran tomado las Fuerzas Armadas un paso excepcional, la desaparición del gamonal, el patrón precapitalista. El fin de la servidumbre de una capa social. Sobre estos hechos hay libros-testimonios, no son novelas. Recomiendo Urin Parcco y Hanan Parcco, de Mercedes Crisóstomo Meza (editado por la PUCP).

Sin embargo, por otra razón he recordado el origen de esa modificación. Las otras explosiones que he visto en mi vida han sido «emergencias inesperadas». Por ejemplo, en Francia, en París, una revuelta producida en la capa de los universitarios franceses (en esa época, hijos de la burguesía) y que se llama Mayo del 68. El lector me dirá ¿qué tienen que ver los indígenas campesinos del sur del Perú en los sesenta, y los muy diferentes estudiantes parisinos? Pues sí hay una semejanza, algo similar, no provienen de un partido. Y en el caso peruano, el Estado siguió a la iniciada revuelta pacífica de los campesinos sureños. Pero me atrevo a decir que los parecidos son sobrepasados por los hechos inesperados en la vida real. Estuve en Polonia, cuando el movimiento sindical Solidarnosc dirigido por Lech Walesa, un obrero electricista, en setiembre de 1980, se rebela contra el hecho que el poder comunista les ponía los representantes de los trabajadores, y éstos solo querían elegir a sus propios dirigentes. Parece nada, pero era el inicio de la separación de los obreros y el sistema soviético. Fue, una vez más, un fenómeno sin partido. Eso a pocos años de la perestroika de Gorbatchev en el Moscú de 1985. Hay otros casos, Berlín en 1989. Una muchedumbre de ciudadanos alemanes en la noche del 9 de noviembre rompen y derrumban con sus propias manos el muro de Berlín. Y con ese derrumbe, el siglo XX comunista. 

Y entonces cabe decir que no se tiene cómo llamar a estos estallidos sociales. Sin embargo, encontramos un concepto. Los llamé las «realidades autárquicas». Fue en el 2006, para el número 100 de Socialismo y Participación, la estupenda revista que ha desaparecido, tanto como Quehacer y otras, mostrando un repliegue en el campo intelectual peruano.

Llamé realidades autárquicas a los que son actores diversos, aunque hay sujetos sociales planteados por Michael Hardt y el italiano Antonio Negri a los que él llama «multitud», o más bien, «revolucionarios sin revolución». Y si son las víctimas de la globalización imperial los que se organizan de otra manera en los días del post leninismo. ¿Y si se avecinan nuevas formas de radicalismos —¿por qué no democráticos?— que sobrepasan la lógica misma de la representación delegativa? El caso del estallido en Chile es evidente. ¿Y si la manera misma de hacer política ha cambiado? ¿Y si el viejo topo de la historia ha vuelto a cavar, pero de otra manera?

El tema es grave. Alguien ha dicho que en el Perú hierven «muchas organizaciones autónomas» y que no esperarán a ningún tipo de ideología conocida. El tema es enorme. Ni lo entienden aquí en las ciencias sociales y tampoco en la política. Muchos traen la sopa del pasado y repeticiones de ideologías que caminan para ser gobiernos de pocos para gobernar a muchos. No va a ser así. Demasiado sencillo para este siglo de la variedad de actores y la heterogeneidad tanto de los problemas como de las soluciones. Época de la pluralidad, difícil para los del «pensamiento único». Tienen que olvidar las ideas del siglo XX. Estamos en otro siglo. Mucho más complejo, con gente y masas que han estudiado y que no quieren repetir los errores del pasado.   

Publicado en El Montonero., 6 de setiembre de 2021

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