Estados Unidos: ganó la democracia

Written By: Hugo Neira - Nov• 09•20

¿Por cuánto tiempo? Dos graves dilemas me inquietan. El pedido de vacancia del presidente Vizcarra (pero después de este lunes, si hay o no hay) y el de Norteamérica. Pero «Biden ha vencido a Trump». Lo dicen los diarios estadounidenses. Y las manifestaciones populares y las felicitaciones de diversos mandatarios en el mundo entero. Por mi parte, puesto que practico en estas crónicas, e incluso a ratos en mis clases con mis alumnos, el arte casi olvidado de la sinceridad, he sentido un gran alivio. Puede que me equivoque, pero he visto en ese presidente de los Estados Unidos un riesgo planetario. Cualquier cosa podía ocurrir en materia de política internacional con ese hombre en la Casa Blanca. Pero queda una cuestión. No se puede negar que tiene una gran parte de norteamericanos que lo siguen.

Dos temas, pues. Los Estados Unidos, por una parte, y el fenómeno Trump, por la otra. Reconozco que para estas líneas tengo sentimientos encontrados. De ahí dos narrativas. La de la conciencia, y eso que desde Freud sabemos que también nos habita: el ego, la inconsciencia, en cursiva.

Un hecho real, que me lleva a la curiosidad y al asombro: el caso Trump. Y creo que debemos preguntarnos cómo una sociedad como la americana ha podido llegar a esta situación. Dos problemáticas me saltan al cuello. Por una parte, los Estados Unidos de estos tiempos que por casi un pelo, no se convierten con un segundo mandato de Trump en algo parecido a los «regímenes híbridos» que clasificamos en las ciencias políticas. Pero la variedad de casos es tan grande que proliferan las nociones. Epstein, partial democracy, 2006. Merkel and Croissant, defective democracies, 2004. Diamond lo llama hybrid regime, 2002. Zakaria, illiberal democracy, 1997. O como lo llama un politólogo que viene a ratos a Lima, Levitsky, competitive authoritarianism, 2002. Lo que estoy diciendo es que en este siglo XXI aparecen modalidades de poder que van más lejos que la izquierda y las derechas clásicas. Es hora de saber que hay regímenes democráticos que funcionan con apoyo autoritario de las bases, algo inclasificable. Levitsky y Martín Tanaka usan ese concepto, que como lo entenderá el lector, es algo complejo porque acopla trabajadores y a la vez elites poderosas y vanidosas. En el caso de Trump, los obreros y los dominantes blancos y el mundo de los negocios. Veamos, pues, primero a los Estados Unidos.

Habla el recuerdo, la inconsciencia. «Soy peruano, soy latinoamericano. La vida americana nos ha acompañado desde la infancia: el pato Donald y sus tres sobrinos, Mickey Mouse, una infancia de dibujos animados, inolvidables, del cine de Hollywood y los cómics. Ya en la adolescencia, Star Wars, o las películas de Woody Allen. Decir América era el jazz, los tremendos McDonald’s hasta que nos dimos cuenta que era fastfood. Luego en la adolescencia, Marilyn Monroe, y la suerte de Arthur Miller, su primer marido. No sabíamos que había crecido casi sin padres y luego su muerte, la hallaron sola, y todo lo que se dijo. Después, mientras nos dedicamos al complicado aprendizaje de ser varón, nuestros héroes: el lejano oeste, entonces, John Wayne y los Douglas, el padre y el hijo —tantos actores para los Westerns—, y hasta nuestros días, Morgan Freeman, Brad Pitt y Angelina Jolie que con los años está cada vez más bella, pero le dan roles de ‘maga malvada’, y reina despótica. Los enanos que protegieron a Cenicienta es algo inolvidable. Y entre los 8 y los 10 años, me volví un experto en aviones de guerra de los Estados Unidos. Cazas y bombardeos. Me acuerdo de uno, A-205, lo prestaron en plena guerra a los rusos, los ingleses y franceses».

Más tarde, me admiró, en historia, Jefferson, Washington, su revolución y su confederación, un gobierno nacional y a la vez, con Estados, y esa república vigorosa que en 1789 solo contaba con 4 millones de población, en general, granjeros y en pueblos pequeños (Breve historia de los Estados Unidos, de Nevins, el mejor libro  sobre los primeros pasos). Y luego, la participación en la I y II guerras mundiales.

Pero desde los 70, EEUU ha girado sobre su propia historia. El problema de un presidente republicano no ha sido algo sin grandes riesgos. Por lo demás, Lincoln fue republicano como lo fue Theodore Roosevelt, y si no me equivoco, Eisenhower. Uno de los grandes soldados de los Estados Unidos lo fue Nixon, que establece relaciones con la Unión Soviética y China, aunque el escándalo del Watergate lo obliga a renunciar. Republicanos han sido Reagan, que era actor de cine e introdujo el neoliberalismo. Y los Bush, padre e hijo. Aparte de meter la pata con el ataque a Irak, no se le nota grandes defectos.

«Siempre hemos pensado que los Estados Unidos era el país a la cabeza de las patentes. Desde 1890. 26’300 patentes por año (Watson, Historia intelectual). Norteamérica, el país donde se inventó el telégrafo, los cables transatlánticos, Edison con el foco de luz eléctrica, Bell y el teléfono, la radio, las tecnologías de Silicon Valley. Y Trump ¿un jefe de Estado que no cree en pandemias y cambios climáticos? A su entender, son falacias inventadas para detener la economía norteamericana. Y por supuesto, hacerle daño.»

¿Qué es Trump? Hombre de negocios con una escolaridad barata. Cursos especializados sobre venta de inmobiliarias, en la Universidad de Pensilvania. Cuando es presidente de los negocios familiares, levanta un rascacielo que se llama Trump Tower, en Manhattan. En política, ¿republicano? La cosa no es muy clara, su primera filiación fue de demócrata. Con Reagan entra al seno mismo del republicanismo. Y propone el «aislamiento». Luego pierde en unas primarias y es George H. W. Bush el candidato. En los Estados Unidos, ante su estilo, se le clasifica con términos de «inclasificable»  (Soufian Alsabagh). O el historiador Berstein, «político nativista-nacionalista». Él mismo se define como «republicano conservador». No es dañino, pero como no ama las ciencias, se explica que China ande por delante de EEUU. Pero si fuera solo eso, resulta que quienes lo llevaron a la Casa Blanca, son en un 51% los de más bajo nivel de educación. Y por supuesto, los «supremacistas blancos».

Pero no quiero sino decir la verdad. Trump desde el 2017 volvió a levantar el crecimiento de la economía americana. En el 2018, los salarios de los obreros progresaron, y el paro había caído a su más bajo nivel desde 1969. No seremos tan tacaños como decir que había una conjetura económica favorable.

¿Qué opinión podemos tener de un sistema tan complejo de elecciones, con Colegio de delegados? ¿Y por qué ha perdido las elecciones? Tal vez las cifras de la pandemia cuentan en esa derrota. Los Estados Unidos tienen más muertos por el coronavirus que cualquier otra nación, y se acerca en cifras a los muertos en la guerra de Vietnam. ¿Y todo porque al presidente Trump, no le dio la gana de ponerse la mascarilla y decir  que no era una simple «gripe fuerte»?

Muchas causas. Usemos la célebre navaja de Ockham. El método de un monje inglés en el siglo XIV, con esta premisa: «la explicación más sencilla suele ser la más probable». Entonces, Biden encarna el revés de Trump. Lo primero que va a hacer es volver al Acuerdo de París sobre el clima. Lo segundo, los impuestos a las grandes empresas (Trump los había anulado). Tercero, ocuparse de esos 21 millones de estadounidenses que no tienen ningún seguro de salud. Con Biden se interrumpe esa paranoia que tenía el presidente Trump, viendo siempre complots contra los Estados Unidos y su persona. Con Biden regresa el sentido común. La cordura. Si los extraterrestres nos observan —lo cual es muy probable— el uf! que se ha echado a los cielos en todo el planeta deben haberlo notado. Y qué placer no verlo, la encarnación de la vanidad, de la grosería, realmente insoportable. Es decir, el antipolítico. Pero no me quedo del todo satisfecho. ¿Es Trump un caso aislado? ¿O el inicio de poderes que vienen del dinero y que, convencidos de que son semidioses, establezcan seudodemocracias. Eso de que el pueblo aplaude a un mandatario narcisista no es nuevo. Lo llamé alguna vez, «cesarismo». Como en Roma, en el poder hasta la muerte. Y había, entre tanto, Senado. 

« También la Alemania de los treinta tuvo un formidable desarrollo social y económico, cuando todos los países naufragaban debido a 1929. Eso era Hitler. También progresa la Italia de Mussolini. Hoy los neodespotismos toman el poder con las urnas, no con las armas. Los marxismos ya no existen. Pero la formación de nuevas modalidades de dominación aparecen en este siglo XXI, de la misma forma como aparecen virus  nuevos. Ni la naturaleza ni la sociedad se quedan quietas.

Publicado en El Montonero., 9 de noviembre de 2020

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Chile: ¿Aparta de mí este cáliz?

Written By: Hugo Neira - Nov• 02•20

«La ciudad, no debe estar sometida a los Señores»

 Platón, Carta VII – 347 a.C.

Sobre lo que ocurre actualmente en Chile tengo un punto de vista distinto a los quejidos y tembladeras que corren en los medios políticos de Lima. Mi enfoque es empírico. Y solo después que explique lo que he visto y conocido, me atreveré a un juicio racional. Para que se me entienda, debo comenzar por qué razón conozco Chile. Y pido disculpas al lector por hablar de mí mismo.

Cuando dejé la BNP, decidí enrumbar mi vida a dos actividades, a mis clases y a la investigación de unos cuantos temas. Por ejemplo, me ocupé de un trabajo comparativo de civilizaciones: inca, azteca, China antigua y la India activa. Para sendos trabajos, tuve que viajar a Francia puesto que en París, hay institutos donde se encuentran libros y centros de estudio para cada lugar del mundo. Si usted quiere estudiar el mundo islámico, o los Estados Unidos, o la América Latina, o Japón, hay un edificio con todos los materiales necesarios. Pero al retorno a este continente, hicimos una parada en Santiago de Chile, y encontramos dos fuentes. De una parte, la CEPAL. Es una institución que Chile ha logrado tener en su territorio, pero podría estar en Washington. Así, si tuviera necesidad de comparar la situación de la educación peruana con la república de Honduras o Guatemala, tendría ahí lo necesario. Y ahorraría un viaje. Pero el otro aspecto positivo, son las librerías en Santiago.

La sociedad chilena la compone mayoritariamente diversas «capas» de clase media. Son varias y acaso por las migraciones o las modalidades de su educación, y los hábitos, hace que tenga demandas que se vinculan a la cultura mundial y la información de cómo va el mundo, siento decirlo, mayor que en Lima. Ese tema, para mí es decisivo. Yo no puedo intentar comprender lo peruano aisladamente. Estamos en una era de la mundialización. Si alguien piensa que eso no es necesario, recuerde la visión de José Carlos Mariátegui. En los años veinte, grandes libros. Por cierto los «Siete ensayos…», pero anteriormente, cuando todavía no había fundado Amauta, otro libro que La escena contemporánea. ¿Me hago entender? Somos parte de la historia universal. Somos parte de nuestra especie. El hombre, ese extraño animal, el libro de J.-F. Dortier que jamás se encontrará en librería o biblioteca en el Perú. Y fue entonces cuando encontré una solución para mi sed del saber, Santiago a tres horas y pico de Lima. Y hace diez años que vamos y venimos. Por eso, lo de empírico.

Hablemos sumariamente de Chile. Es cierto que han progresado con el modelo liberal en estos últimos veinte años. En lo que es renta (o si se quiere, el PBI), tienen clase alta, anchas clases medias, capas populares y pobreza (lo que se llama pobreza, un 6,4%). La fuente de este dato es el Banco Mundial. Ahora bien, están en 17 mil dólares per cápita, mientras nosotros, raspando, en los 7 mil. Al menos antes de la pandemia. ¿Dónde está la razón para el descontento? Yo no estoy en Chile para estudiarlo, pero claro está, leo sus diarios, tengo vecinos y escucho cómo ve las cosas la gente corriente. Por eso digo, un punto de vista empírico. Lo evidente, lo tangible. ¿Y eso qué es? En libro chileno del 2017, Malestar social y desigualdades  de Antonieta Vera Gajardo. O bien, de Kathya Araujo, Habitar lo social, unos y abusos en la vida cotidiana en el Chile actual (2009) ¿De izquierda? Algo mejor, una combinación de sociología y psicología. El conocimiento de lo real. 

Bueno, no solo bibliografías sobre el malestar del Chile neoliberal, también los vecinos. Una de ellas —no tengo por qué decir su nombre— me dice que tiene un dilema. Tiene un hijo en edad de hacer una formación superior. La señora duda porque le da lo mismo el gasto si lo envía a los Estados Unidos o si se queda en Chile. El problema es que un americano corriente está en US$ 65 118 (Banco Mundial, 2019). Y el chileno en US$ 14 896 mil. O sea, por mucho que tengan ingresos altos los chilenos, tienen precios norteamericanos para la educación y la salud. El resultado es que están ahorcados. Las clínicas, ni les digo. Tan costosas como en América del Norte. Entonces, el estallido no es la pobreza, no es el desempleo, es que no es posible vivir en esa contradicción entre ingresos inferiores a los gastos familiares. He visto desfilar gente bien vestida, incluso llevando el perrito mascota, o los niños a la mano, gente diría de nuestro San Isidro o Barranco, pero en protesta. Y un millón. Pero si eso fuera todo, viene lo peor.

Chile es un país ya moderno. Pero con nuevas brechas sociales. Entonces, en su caso es decisiva la formación superior. Pero es carísima¡! Eso es el corazón del malestar social. Ocurre, pues, que la sociedad chilena ha sido de una cierta cohesión social en el pasado (no se dividen en criollos e indígenas, salvo el caso de los mapuches), pero para lo que los sociólogos llamamos la movilidad social, para subir, en Chile el ascensor son los estudios. Para el individuo o el progreso familiar. El cartón tiene un valor distinto al peruano. En nuestro país, casi no hay meritocracia, la remplaza los «contactos», la vara, el amigazo, el color de la piel, el apellido. Chile es bastante distinto. Ya están en la modernidad, pero la clase alta chilena ha inventado su Muro de Berlín. Lograr que pocos chilenos lleguen a la buena formación.

¡Y lo han logrado! Una revista, Capital, y el Seminarium Head Hunting reveló, en el 2003, que los líderes del mundo corporativo chileno provenían de un «selecto club», o sea, la clase alta venida de unos pocos colegios privados, y los menciona: Verbo Divino, Saint George’s. Por lo general, formados para «administración de Empresas» (un 41,9%). Un periódico conservador lo llama ‘el capital social’. No soy yo quien lo dice sino los chilenos. «Vivimos en una sociedad de castas» (Alexis Jeldrez, 2016). En el Perú ya estamos acostumbrados a esas diferencias. Aquí, en los noventa, cuando destrozaron la secundaria en las escuelas del Estado, nadie dijo ni pío. Porque el ascensor de una clasa emergente no es el conocimiento sino llegar a ser un adinerado a cómo dé lugar. Por eso estamos bien jodidos.

Entonces, ¿victoria de la izquierda en Chile? No me hagan reír. Es la presión de los grupos medios de chilenos¡! ¿Y qué quieren? Una modificación constitucional para que la educación se haga con el Estado, como ocurre en diversas sociedades capitalistas en la Europa, con ese sistema «espantoso» que se llama la socialdemocracia. Por el momento un joven chileno para sufragar los gastos universitarios, tiene que endeudarse y cuando termina sus estudios –son carreras largas en Chile— se encuentra con que debe el valor de un departamento. Y si consigue trabajo, vivirá ahorcado por sus deudas. O sea, aun con chamba, nunca vivirá contento. Es contra esa situación que han votado. Pero en Lima, creen —necesitan creer— que es para poner en el poder algún Hugo Chávez o un Maduro. De alguna manera es una crisis del neoliberalismo. Pero no es la única. Lo mismo ocurre en otros lugares del planeta. En el alba de un nuevo siglo, hay fenómenos sociales que no se pueden entender con conceptos del pasado. En el siglo XX, las ideologías ocuparon el lugar de las religiones. Y así es como hubo el dogma staliniano, y fracasaron. Hoy los liberales tienen el dogma del todo-mercado. Se necesita otra cultura, otra mentalidad, para entender este siglo XXI. Pero el embrutecimiento con la teología del mercado o de la violencia, hace más victimas que las pestes virales. Del Covid-19 saldremos, pero difícilmente lúcidos ante lo imprevisible.

Publicado en El Montonero., 2 de noviembre de 2020

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Brevísima historia de las democracias

Written By: Hugo Neira - Oct• 26•20

El jueves pasado 22 de octubre, fui invitado al Congreso para una conferencia —a distancia— sobre el proceso democrático en nuestro país, y tuve como comentaristas al  ingeniero Edmundo del Águila y a Lourdes Flores, y Wilmer Bajonero, presidente de la Comisión Bicentenario. Agradecí, por cierto, tal honor y mis primeras palabras fueron no es fácil exponer qué es la democracia. La hubo en la Antigüedad y luego en los tiempos modernos y contemporáneos. A veces desaparece. Me voy a ocupar de sus metamorfosis y tratarla en plural. Desde los griegos hasta nuestros días. Intenté resumir las democracias en 30 minutos. Es tan difícil como hacer entrar un elefante en una caja de fósforos.

Propuse, entonces una exposición que gira sobre unos cuantos conceptos. El filósofo alemán, Ernest Bloch, nos enseña que «el concepto es el estado mayor del conocimiento». Y nuestra Independencia nos ha arrojado hace dos siglos a un mundo que se maneja con conceptos universales. Por ejemplo ¿qué es Democracia? (En adelante con D.) Todo esto se puede escuchar en el Facebook del Congreso.

1. Una D tiene un «demos», concepto griego. No es multitud sino pueblo autorganizado. Los griegos inventaron las matemáticas, la filosofía y otras ciencias y la teoría y la «polis», ciudad-Estado. Y de ahí, la política. Habían dejado de tener reyes o basileos, reemplazados por ciudadanos elegidos para gobernar —solo por un año— a mano alzada o por sorteo. Hace dos mil cuatrocientos años que Aristóteles inicia la clasificación de las formas políticas del poder, en tres sistemas. Gobierno uno solo, el monarca, o varios, los «aristoï», los mejores, o sea la aristocracia. Y el pueblo, la democracia. Pero dije que cada régimen tenía su contrario. Un sistema perverso. El monarca podía abusar y entonces era un tirano. Los aristócratas eran pocos, pero podían reducirse más y entonces, una oligarquía. O como se dice en criollo, una argolla. (Abundan en nuestras costumbres, los amigotes, etc). Y si el pueblo era manejado por demagogos, ya no era D sino oclocracia. Es decir, cuando la turba manda. En fin Aristóteles trata los diversos regímenes políticos, las politeïas, como plurales y variadas. Y nunca nos dijo cuál era la mejor de las politeïas. En la academia, se sostiene que prefería las combinaciones.

2. En los tiempos modernos, la D fue la alternativa ante las Monarquías absolutistas. Después de la Ilustración, Rousseau y la revolución francesa. Pero antes de 1789 hubo dos grandes pasos a la democracia. La Independencia de los colonos norteamericanos, en 1773. E incluso anteriormente, cuando Inglaterra acepta ser gobernada con Corona y Parlamento. En la modernidad la D va de la mano con el reconocimiento de los derechos civiles. Una línea por la libertad, Locke, Spinoza, Kant, Tocqueville. Pero en el fatídico siglo XX, aparecieron los Estados ideológicos totalitarios (Hitler, Stalin). Después de la II guerra mundial, Russell, Popper, la línea de la sociedad abierta. Y la importancia para la salud de la D, el respeto por «las reglas del juego». Y si se usan trampas electorales, la D deja de ser.

3. Y de ahí, ingresé a las dificultades de nuestro tiempo. Y propuse que se conociera a Tocqueville. En 1835 viaja para conocer la democracia en América. No había república sin reyes en la Europa de los inicios del XIX. Y Tocqueville descubre que la D en América no solo tenía una superestructura institucional sino un pueblo venido de los migraciones y la voluntad de ser iguales. Eso que no hubo en la América hispánica. Y si hemos perdido un siglo con la lucha de clases, bueno sería que se sepa que la D norteamericana no solo se construye con instituciones sino con un modus vivendi. Tocqueville debería estar en nuestras escuelas. Pero Dios del cielo, esas cosas no les gustan a los del CONARE-SUTEP. 

4. Hoy existen democracias diversas. Hay D parlamentaristas (Europa). Y D presidencialistas, en América Latina y Norteamérica. Hoy hablar de la D nos lleva a varias interrogaciones. Ir al pueblo, ¿pero qué es el pueblo? ¿Lo es esa clase media que en las economías de mercado prospera? Y si la D se funda con el concepto de libertad, nos encontramos con una paradoja, la necesidad de libertad para evitar los abusos del Estado, y también la necesidad de libertad para evitar el abuso de la libertad. O sea, los que queman iglesias en Chile, los que desobedecen en el Perú de la pandemia. Y en Francia, los chalecos amarillos que marchan por las calles pero en silencio, no tienen propuestas. Hablé entonces de las seudodemocracias. Los golpes de Estado hoy se dan desde las urnas. El ejemplo ha sido Hugo Chávez. ¿Las elecciones son el dolor de cabeza de las democracias? Hay que decirlo, la D no es para un grupo o un solo partido. Si no hay pluralidad, no es D. Pero las instituciones se adaptan o se reforman porque las sociedades se modifican. Y la D es inestable y variable. Pero eso es su virtud. Lo que no se mueve son las tiranías.

5. Cabe hacerse algunas preguntas. Las D tienen, desde la Antigüedad, algunos principos éticos y políticos. Un concepto griego, la isonomía. Es decir, la igualdad. Pero si bien nos independizamos en 1821-1824, la sociedad peruana que conocen San Martín y Bolívar era una serie de estamentos: funcionarios peninsulares, criollos, indios, negros esclavos. Y de castas. Tenían en común el vivir en el mismo territorio. Pero hoy, dos siglos más tarde, ¿aceptamos ser iguales? Me temo que no. Nos encantan las distancias sociales, choleamos e insultamos con criterios etnoinsultantes. El segundo concepto para ser parte de la D viene a ser la pluralidad. No la soportamos. Y entonces —lo dice Martuccelli en Lima y sus arenas— aparece el «achorado». La estrategia del aplastar al «otro» (sea de izquierda, fujimorista, aprista). ¡Ni igualdad ni pluralidad! Además nos falta la tolerancia. Venimos de un poder español y de la Contrarreforma. Pesada herencia.

6. Tras la independencia tuvimos liberales y pensadores republicanos, pero no en la prática. Para lo que pasó en nuestro siglo XIX, acudo al estudio de Cristóbal Aljovín y Sinesio López, el capítulo de César Gamboa. ¿Democracia? En el primer siglo independiente, hubo como sistema filtros decimonónicos, o sea, elecciones en mesas de parroquias, donde solo intervenían los «notables» (Historia de las elecciones, pp. 179-263). ¿Cuántos electores para ser Presidente como Manuel Pardo? En 1871, 3 mil votos ante 4 mil votantes¡! ¿El siglo XIX? Criollos ricos y dominantes. Luego un periodo de modernidad, 1896-1930. En realidad, solo desde 1931 tenemos elecciones universales. O sea, ni siquiera un siglo. Luego el electorado crece e incorpora  mujeres, e incluso en los 60, a analfabetos. (En el comentario, Edmundo del Águila, interviene y recuerda las 12 constituciones, lo hizo con claridad y le agradezco.) Terminé diciendo en la conversación final que Basadre llama a los que mandan, «plutocracia». Además no eran empresarios sino rentistas. Perdimos el siglo en que aparecía, en otros horizontes, la revolución industrial. (Y seguimos fuera, a diferencia de los países asiáticos como Corea del Sur.)

7. El crecimiento hacia la Modernidad en el siglo XX fue incompleto. Los debates fueron en torno a problemas socioeconómicos, producción, distribución, propiedad, clase. Un siglo marxista. Y también de liberales con su propio error, confiaban ciegamente en la libertad del mercado, sin ocuparse de los derechos civiles y electorales. Tiempos de Milton Friedman y F. Hayek. Se olvida que en la España de Franco crece la economía sin libertad. O sea, ¿el despotismo para progresar?

8. Hoy día debemos y podemos preguntarnos si la democracia es compatible con la sociedad de masas. No siempre las masas son de izquierda. En la Europa de los años treinta, Hitler llega al poder con el volk alemán, es decir, plebe y lumpen. Su maestro fue Mussolini. ¿Y hoy para la civilización del consumo es necesaria la D? Otro tema. Los peruanos miran con admiración a los Estados Unidos. Pero el sistema de EEUU tiene filtros, cuenta mucho el Colegio Electoral. No se elige presidente con voto directo. Trump, con dos millones menos que la señora Clinton, fue el vencedor. ¿Y qué D es esa que tiene 50 millones de estadounidenses que no tienen ningún seguro social de salud? Todo es, para ellos, lo privado. Nos hemos distanciado con exceso de los capitalismos que se ocupan de lo público (todos son capitalistas, incluyendo China, un capitalismo de Estado). Las D difieren según la sociedad, si es «propietarista», «socialdemócrata», «social-nativista», o si son «sociedades ternarias o coloniales». Clasificación de Piketty (Capital e ideología). Si no lo tiene, corra a comprar el libro. Modestamente, 1246 páginas. Lo digo porque buena parte de los jóvenes creen que todo está en Internet.

9. El debate sobre las diversas D no ha concluido. Hay una corriente elitista. Pareto, Mosca y Michels. También los comunistas lo fueron, las Vanguardias. Por lo general, terminaban en una nueva clase dominante, los aparatchiks rusos, el fin de la URSS. Entonces, lo que dice Dahl, americano, las poliarquías, elites que el pueblo americano elige, ora republicanos, ora demócratas. Pero entonces, ¿la D no es sino un disfraz para que circulen las elites gobernantes? Y explico que hay dos tipos de demócratas: los liberales y los igualitaristas.

10. En el momento de los comentarios, Lourdes Flores me pregunta sobre los igualitaristas. Y le agradezco su pregunta —estuvo estupenda, dijo muchas cosas sensatas y claras—, los liberales creen en el todo mercado, lo cual es un error. Se necesita el Estado fiscal, el que se ocupe de los servicios públicos. Los igualitaristas dicen que todo es posible con tal de que el poder no solo lo tenga el dinero y la acumulada riqueza. El problema de la desigualdad. Entre tanto, la D no es un ideal sino un esfuerzo permanente.

11. Riesgos posibles, la situación actual: por arriba, las empresas multinacionales. Por abajo, las etnopolíticas estilo Cataluña, o esos partidos que quieren el retorno al Tahuantinsuyo. No hay que asombrarse, la mundialización produce su respuesta, arcaica, fuera del tiempo, pero como pasión política. Sobre el futuro, nada está dicho. En cuanto a las empresas apátridas, capital financiero sin jurisdicciones, de baja o nula supervisión, usan los paraísos fiscales. De ahí que sociedades y Estados avanzados tienen hoy problemas para afrontar la demanda de la población en salud, educación, saneamiento. Lo que lleva a la desigualdad social. El neoliberalismo anglosajón considera a todo Estado, un estorbo. También las culturas, las patrias, las diversas formas de vivir. ¿Qué se busca? «La disolución definitiva de los lazos de solidaridad y de conciencia histórica, que constituye el gran baluarte de los pobres.»  Hoy el cuerpo político mundial es el inicio de un régimen oligárquico-elitista profundamente antidemocrático. Y el futuro, ¿la civilización del mercado con el mínimo de ciudadanos con conciencia y conocimiento? ¿El despotismo desde las tecnologías recientes? ¿Ya no la verdad sino los fake news?

12. La visión de Carlos Franco. En su libro, Acerca del modo de pensar la democracia en la América Latina, editado por Friedrich Ebert Stiftung (1998). Cinco características, que son nuestras y planetarias: La pérdida de creencia de los grupos sociales en los valores y el sistema. La negativa social a las normas (la desobediencia ante la pandemia). La disyunción entre dirigencias y lealtades (pregunten a los partidos y bancadas). Los comportamientos desviantes de ciertos actores sociales (indiferencia, la no política). El repliegue en el mundo familiar, en el sí mismo de los individuos. ¡Qué lúcido! Se anticipa a nuestro problema, la Democracia, por cierto pero como construcción y amplitud de sujetos sociales. Importancia de la educación: sin pueblo educado no hay democracia. Al despedirme, dejé tres problemáticas, cada una, con su pensador:

            ¿Democracia fuerte? (Benjamin Barber)

            ¿Democracia y cultura cívica? (Gabriel A. Almond)

            Y ¿Democracia y neoliberalismo? Giovanni Sartori, quien dijo que eran incompatibles. En suma, mercado libre, sí, pero Estado social y fiscal, también. Así de simple.

En el conversatorio intervino al final Omar Chehade, que se animó a hablar de sus orígenes árabes y ayacuchanos. Sí, pues amigo, el Perú es un pedazo de la humanidad, tenemos indios, blancos, negros, asiáticos. ¿Lo mejor que nos pasa? La variedad de etnias y culturas. Para mí, los dos grandes cambios que ha tenido el Perú contemporáneo no vienen de gobierno ni partido alguno. Las tomas de tierras de los campesinos sureños fueron el primer paso hacia la desaparición del ‘feudalismo’. El otro es la migración del campo a la ciudad, de la sierra a la costa. Los llamo las capas tectónicas. Se movieron por su cuenta. La inteligencia colectiva y las clases pobres inventan, desde abajo, un Perú múltiple que no tiene las instituciones que merece.

13. Un número que trae mala suerte. Pienso que a diferencia de otras sociedades que tenían ya nación para los grandes cambios —Japón, Inglaterra, Francia, México—nosotros comenzamos al revés: 1821, ¡el Estado antes que la nación!  Las consecuencias para otra ocasión.

Publicado en El Montonero., 26 de octubre de 2020

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¿Bolivia retrasada? Mirando con el ojo izquierdo

Written By: Hugo Neira - Oct• 19•20

Hace unas semanas escuché una frase muy grave. Cuando se nombró al ex primer ministro Vicente Zevallos, alguien dijo que no era para la OEA sino acaso para un país como Bolivia. Eso es un exabrupto. Innecesario. Luego vinieron las excusas del caso. Me parece un triple error. Lo primero, el presidente de la República tiene la facultad de nombrar Embajadores y Ministros (art. 118 de la Constitución). En segundo y tercer lugar, era una valoración injusta tanto para el ciudadano Zevallos y el diplomático José Boza. E incluso, para la vecina Bolivia, hoy Estado Plurinacional. Con instituciones que no tenemos. En cuanto a José Boza, lo conozco, he sido testigo de su capacidad como Embajador, pues lo conocí cuando pasé unos meses largos en Chile. Es un funcionario de primera clase y muy culto. Lo que pasa es que muchos, en nuestro país, se sienten superiores y miran por encima del hombro a las otras sociedades andinas. Sin embargo, en varios campos, sobre todo culturales y de cohesión nacional, están por delante nuestro.

Ser embajador en Bolivia es de lejos mejor que la OEA. Establecida en Washington, de varios edificios como sede, y muy cerca, el Museo de Arte de las Américas. Y eso es todo. ¿Difícil chamba? Por favor, todo está montado y organizado. Una burocracia, eso no es un trabajo abrumador, eso es una beca, una canonjía, como la que tenían los nombrados al Parlamento Andino. En cambio Bolivia es todo lo contrario. Su historia es más intensa que la nuestra. La guerra del Chaco, la guerra por el gas boliviano, el petróleo, suministros de agua y electricidad; aymaras cultivadores de coca y sindicatos que gobiernan con los gobiernos; iglesias que compiten en ganarse el alma de los indígenas, no solo evangelistas sino una nueva religión.  ¿Simple y retrasada Bolivia? Donde nosotros decimos indígenas, ellos ven Chipayas, Quechas, Muratas y Aymaras, y leyes bolivianas para cada quien. País que espera mucho de su litio (que es escaso en el mundo) y a la vez, plantaciones en su Amazonía. Un periodista argentino, después de admirar la heterogeneidad boliviana, dijo que es el «pais del realismo mágico» de la novela latinoamericana.En suma, Bolivia ha sido un laboratorio andino de regímenes distintos. Mi amigo el embajador Boza la va pasar muy bien. Va a estudiar Bolivia, con los respetos del caso.

Volviendo a la historia boliviana, ocurre que después del MNR en el tiempo del general Barrientos, vino el «populismo militar». Fue quien se prepara a vencer al Che Guevara, y lo consigue. ¿Cómo supo que andaba por Bolivia? Al parecer lo vendieron a la CIA los de la KGB, cosas de los soviéticos rusos. Lo que sigue parece una continuidad del famoso  Malaparte, «el arte del  golpe de Estado». El general Ovando y «la apertura democrática» que no lo era. Hugo Banzer Súarez, «orden, paz, y trabajo». Acaso la influencia del Brasil de las dictaduras desarrollistas. Me olvidaba, hubo unas Asambleas del Pueblo. En fin, cuando se cae el Muro de Berlín era el cuarto gobierno de Paz Estenssoro, y lo que ocurre es que se desmorona el marxismo —cosa que no ocurre aquí— junto al mito de la revolución. Y como dice Baptista Gumucio, «militares y obreros salen de la escena».

La Bolivia de hoy me asombra, y me motiva el vecino andino en el Sur. Y ahora diré algo sobre su cultura actual. Lo del indigenismo los ha llevado a una suerte de simbiosis cultural. Me refiero a sus pensadores y pensadoras bolivianas, Mendoza Loza en la historiografía, María Galindo y Julieta Paredes sobre la «mujer espejo de otra mujer». Mónica Navia y Cecilia Salazar, «pueblos humanos», como metáforas corporales. Los intelectuales bolivianos han inventado un nuevo concepto y una manera de vivir que reúne su tradición y la modernidad occidental, y se llama la socionatura (2013). Sobre el pensamiento indígena, el mejor es Esteban Ticona, educador aymara. Y Waskar Ari Chachaki, «construyendo la ley de Indios, un proceso de descolonización en Bolivia» (2005). Nosotros tenemos muchos antropólogos, pero no esa entidad indígena. 

Entonces, ¿no son modernos? Otro error: los creemos provincianos, sin embargo gozan o sufren de una diáspora exterior. Quizá los sedentarios somos nosotros. Lo que pasa es que los flujos migratorios de bolivianos se dirigen a Estados Unidos, España, Brasil, Italia, etc. Han entrado a una dinámica de familia, comunidad y mundialización. Algo más, se llaman transnacionales. O sea, ya no es República sino Estado Pluriétnico. Además conocí a un presidente boliviano, Carlos Mesa. Historiador, premio Rey de España. O sea un Basadre. Pero esas cosas no pasan en Lima. Y a un intelectual, René Zavaleta, una suerte de Cotler y Arguedas por su indigenismo. Eso ocurrió en Oxford, donde nos conocimos. Además era muy divertido. Para cenar había que ponerse una capa. Yo me la puse y el boliviano no. Era un signo de que éramos scholars. Vino un colega inglés y le dijo ponte la capa, René. Y respondió, hablándome a mí:  –Oye Hugo, ¿este inglés cree todavía que son los dueños del mundo? Y el inglés, con una paciencia de santo: – Puede ser, pero ponte la capa. Y eso, 15 veces. Hasta que René se la puso. Fue la victoria de la tenacidad británica sobre un rebelde boliviano. Dos maneras de ver el mundo.

Al amable lector le voy a contar un par de cosas sobre Bolivia. Cuando iba a ganar las elecciones el MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario), el presidente Urriolagoitía convoca un cónclave de jefes militares y procede a un golpe de Estado, en mayo de 1951,  llamado el «mamertazo». Y se produce una insurrección popular. El MNR era un partido con cuadros militarizados y a la protesta se suma Lechín, la izquierda, y obreros y gente del pueblo que pedía armas. En cambio en el Perú, cuando Ricardo Pérez Godoy depuso al presidente Prado en 1962 para impedir que Haya de la Torre fuese presidente, nuestros paisanos ni chistaron. En Bolivia no hubo esa apatía, el «mamertazo» acabó de esta manera: el 13 de abril de 1952, Víctor Paz Estenssoro, candidato victorioso, es reconocido presidente. Entonces, ¿quién es el país subdesarrollado? ¿El que se aguanta un golpe de Estado o una colectividad que sabe defender sus derechos?

Con Paz Estenssoro se había hecho lo que tradicionalmente se reservaba a los partidos de izquierda, o sea la nacionalización de las minas, la reforma agraria, y en este caso, tenían una situación de coloniaje parecida al Perú, es decir, un 4.50% que detenía la propiedad agraria privada de un 70%. Y luego, con Evo Morales, después de decenios de experimento tras experimento, se logra conectar la gobernabilidad institucional con las culturas autóctonas. Estoy diciendo que en Bolivia hay un CONAMAQ, o sea un Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu vinculado al poder central. Con Evo Morales se consigue esa alianza entre un partido de izquierda, el MAS, y las culturas autóctonas. Eso ni soñando en el Perú.

La gobernabilidad de Evo Morales es reconocida a nivel mundial, a pesar de sus errores. En fin, Bolivia, nación y sociedad andina, no está mal. He intentado decir que todo a lo que puede aspirar lo poco de izquierda que nos queda en el Perú, ya lo hizo Bolivia hace rato. Por eso no hay que mirarlos por encima de los hombros. La Paz está cerca, dense una vueltita.  

PD: Escrito antes de las elecciones. Conozco a Carlos Mesa, ojalá gane. Es un intelectual, periodista culto e historiador. Y si es uno de los hombres de Evo, tampoco es un desastre. Tienen hoy lo que no tenemos: derechas, centro e izquierdas. Lo nuestro, gane quien gane, sigue siendo un proceso sin meta ni propósito.

Publicado en El Montonero., 19 de octubre de 2020

https://elmontonero.pe/columnas/bolivia-retrasada-mirando-con-el-ojo-izquierdo

Ricardo Palma: tradicionalista, pero no reaccionario

Written By: Hugo Neira - Oct• 12•20

Me anima el deseo de escribir sobre Palma puesto que por fin se termina la reparación de su casa-museo de Miraflores. En la esquina de la calle Colina con la calle General Suárez, 189, a una cuadra de la casa que fue de Raúl Porras Barrenechea, otro lugar histórico. Un diario dice: «el lugar está lleno de historia y cultura viva». Los visitantes, como en todo caso de casa-museo, encontrarán «cartas, libros y escritos de puño y letra, y objetos personales». En una revista la definen como «un ranchito típico del siglo XX». Será más bien, del XIX. Pero es cierto que en vida del escritor, Miraflores era un lugar campestre y periférico a la Lima del centenario. En cuanto al general Suárez, he buscado qué general es ese, los diccionarios biográficos hablan de un Belisario Suárez, nacido en Arica, oficial en las filas de Ramón Castilla. También se unió a Piérola, cuando este se va a la sierra. Hay otro Suárez, Manuel. Estuvo en la  batalla de Tarapacá. Pierde la vida, «al frente de sus soldados llegó a tomar los Krupp de los chilenos a la bayoneta, y peleó hasta caer con el pecho atravesado por las balas del enemigo». Esta mínima investigación es curiosidad. Y si acaso hay otra vida después de la muerte, el alma de Palma —si eso existe— estaría satisfecha de ese azar, porque don Ricardo no fue solo un gran escritor —uno de los más importantes del castellano— sino esencialmente un patriota.

Algún diario dice a propósito de la casa-museo, «una joya histórica y arquitectónica». Un poco excesivo, «histórica» sí, pero era y es una casa modesta, nada que ver con una de esas casonas con zaguanes, arcos y patios de las casonas limeñas. Un hogar para Palma y sus hijos, dos mujeres, una de ellas Angélica, escritora, y Ricardo Palma hijo, cirujano. Un tanto que los hemos olvidado. A Angélica la conoció Riva-Agüero: «había migrado a España, luego vive en Argentina», y prosigue, «era amena, dulce, con algo de melancolía, amiga intelectual» pero precisa «aunque en ideas sociales y políticas no coincidiéramos siempre». Para mi gusto, un dato muy importante. Palma nunca dejó de ser un rebelde.

Esa discrepancia de la hija de Palma con Riva-Agüero, nos pone en la línea de intentar otro retrato y otra interpretación del escritor que inventa Las Tradiciones, ‘era un conservador’. Con Ricardo Palma, ha ocurrido que se sabe a duras penas que es el autor de Las Tradiciones, publicadas en 1872, 1874, 1875, 1883. No me refiero a otras publicaciones, a su bibliografía enorme, interminable, poemas, obras teatrales como Rodil, sus Anales de la inquisición de Lima, y ensayos sobre Monteagudo y Sánchez Carrión, o estudios sobre Verbos y gerundios, neologismos y americanismos. Que fuera Director de la Biblioteca Nacional, luego de la guerra del Pacífico en que fue saqueada, o que fuese en vida miembro de la Academia Española, todo esto, nos inclina a pensar en un hombre de orden y conservador. Pero era Palma un liberal. En ese siglo peruano, en el XIX, el lado de los liberales era el de los descontentos. El Palma político se descubre, por ejemplo, por su simpatía por Andrés de Santa Cruz, el hombre de la Confederación Perú-Boliviana, justamente ese boliviano, mestizo, detestado por Orbegoso y los limeños que veían en Santa Cruz, «un rostro de cholo sin la marcialidad de la barba de moda entonces» (Jorge Basadre, La iniciación de la República, tomo I, página n°355). No sé si me dejo entender, lo de la destrucción de la Confederación era una meta de Chile concebida por Diego Portales. En el laberinto de los caudillos, Ricardo Palma, por liberal, estaba del lado de Ramón Castilla. He dicho laberinto, porque en algún momento, el joven liberal Ricardo Palma anduvo en un complot, y Castilla lo exila a Chile, por tres años. Pero ese siglo XIX y sus personajes son especiales,  había una cierta ética. Cuando muere Castilla, sobre su lápida aparecen estos versos: Libertador del indio y del esclavo Soldado de la ley, nunca vencido. Al rigor del destino has sucumbido, con noble audacia y contingente bravo, vivida luz que en nuestra cielo funge, tu nombre para honrar es suficiente, dos palabras, no más, Ramón Castilla. Esos versos para esa ocasión, son de Ricardo Palma. Pese al destierro. ¡Qué tiempos esos!

En fin, algo más debemos añadir sobre sus inclinaciones morales y políticas. En un trabajo sobre su correspondencia, se le conoce sus Cartas con Guillermo E. Billinghurst. El insoportable minero, combatiente en la guerra y con fuerte apoyo popular, presidente un par de años, 1912-1914, ‘hombre de temperamento violento e intransigente’, derrocado por el general Oscar Benavides, resulta que era muy amigo de Palma. Esas Cartas reunidas es el trabajo estupendo de Osmar Gonzales y Delfina González del Riego, que confirma la actitud de Palma. Es también conocida la simpatía  por Piérola. Infatigable montonero (nombre peruano a los guerrilleros a caballo). Entonces, ¿Palma un conservador?

Ante Palma hay un punto de vista que lo cree artesano de un mito colonial que favorecía a las clases dominantes. Eso a mí me parece un malentendido. Conviene discutirlo. Incluso partiendo de los que lo integraron, como Riva-Agüero, «Palma es el tipo de criollo culto, literario». Y lo trata de «burlón, irreverente». «El criollo, aunque ha sido muy religioso, no reverencia al clero y a la Iglesia.» Porras va un poco más lejos: el estilo, la prosa, «alas de originalidad, estilo desenvuelto, jugosa mezcolanza, latinazgos de colegial, dicharrachos de abuelas picarescas».  En suma, maneras de una lengua en la que entre lo culto y el bochinche popular. Pero un intelectual de mi generación, José Miguel Oviedo, en su gigantesca Historia de la Literatura hispanoamericana, tiene este acierto: «Palma descubre que era posible contar la historia nacional o americana, y hacerlo de otra manera» (tomo II, p. 119). Las Tradiciones, pues, no son una nostalgia de la colonialidad como muchos lo han creído. El tiempo de Palma es el de la sátira costumbrista y criolla, visible en la poesía, el teatro, el periodismo y Palma que desestructura la seriedad de arzobispos y virreyes, sorprendiendo a uno de ellos trepando a un balcón con miras amorosas. O frailes como Martín de Porres, con magias con los ratones. O «El Alacrán de Fray Gómez», sin duda la mejor tradición de Palma (según Porras).

En suma la tradición no se inventa con Las Tradiciones. La hubo en diversas sociedades, Walter Scott, que crea la novela histórica. Pero Palma cabe en una palabra, la «broma» (Luis Alberto Sánchez). Ricardo Palma parte de la literatura satírica que abundaba en el Perú, desde Caviedes. ¿O es que su tradicionalismo corresponde a que era limeño? Así lo hemos creído, pero investigadores —Iván Rodríguez, Porras— discuten su fecha de nacimiento. Y otros la cuna. Según Luis Humberto Delgado, su lugar de nacimiento sería Arequipa. En todo caso, de aspecto «mestizo, hijo de cholo y cuarterona» (Sánchez). O sea, con algo de negro.

En fin, ¿por qué todo este ajetreo cuando se abre la casa-museo? Me parece que no vendrá mucha gente joven y peruanos, lo han creído parte del establishment. Error, Las tradiciones son un arte. No una ideología. Ricardo Palma «se jactaba de no tener en sus venas sangre azul, ni ser coronel ni doctor» (Manuel Zanutelli). ¡Se hizo solo! Sus  personajes eran reales y los encuentra en archivos y bibliotecas. Ese autodidacta llega a ser miembro de la Academia Española. Solo comparable con otro autodidacta, José Carlos Mariátegui. Sí, pues, el amor a los libros, que hemos dejado de lado. Y lo bien que nos va con una clase política de primera, ¿no?

Publicado en El Montonero., 12 de octubre de 2020

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