Educación peruana en la encrucijada. Entrevista a Hugo Neira

Written By: Hugo Neira - Oct• 12•20

Por: Juan Carlos Tafur

¿En qué momento se jodió la educación en el Perú?

En dos momentos. El primero fue cuando, después de Odría, dejaron de construirse Grandes Unidades Escolares mientras la población iba en aumento. El segundo momento es lo que en tauromaquia se llama la puntilla, el último golpe, el que provoca la muerte del toro. Ocurrió  a inicios de los años 90. Después del primer gobierno de Alan García, las cajas fiscales estaban vacías. Su primer gobierno fue el de una inflación inmensa, como todos recordamos. Entonces, sin grandes recursos, un grupo especial de pedagogos llamados «constructivistas», propusieron al entonces presidente Alberto Fujimori, un sistema ahorrativo que consistió en dos medidas básicas: eliminar el turno tarde para pasar de de 1600 a 500 horas de clase por año escolar. Y lo más grave, eliminar asignaturas enteras para no tener que pagar a más maestros.

¿Cuáles fueron las consecuencias de esas dos modificaciones tan drásticas?

El problema fue que, al hacer eso, se estableció un aprendizaje que suponía la construcción del mismo a través de un proceso mental que no necesitaba profesores y, por ende, se oponía al modelo educativo vigente en el resto del planeta. Es decir, se eliminó la transferencia de conocimientos a los alumnos para promover el desarrollo de «habilidades». ¿Sin estudiar las ciencias ni los conocimientos que se deben trasladar a las nuevas generaciones? Esta tendencia educativa está inspirada en las ideas del francés Jean Piaget (1896-1980) y el ruso Lev Vigotsky (1896-1934). En algunos países han tomado en cuenta sus teorías, de manera parcial, pues han servido para dar espacios de trabajo personal a los escolares, pero nunca les han dado por completo la educación, como en el Perú, y menos aún, la oportunidad de hacer desaparecer la enseñanza. En nuestro ingenuo país, dueños del Ministerio de Educación lograron hacer  desaparecer las asignaturas: nada de clases de física y química, lógica, gramática, álgebra, historia del Perú, historia universal, nada de literatura ni de filosofía (como introducción, se enseña en otros países). Según los constructivistas los jóvenes peruanos deben descubrir por su cuenta la clasificación de los elementos químicos de la famosa tabla de Dimitri Mendeleiev (1834-1907). ¿Descubrir lo que ya está descubierto? Ellos trabajaron a partir de una vanidad muy peruana, querer ser creativo y dejar de lado la maldita cultura occidental. Como sabemos, el éxito de esa nueva escuela es visible. Para muestra, los resultados de las pruebas de PISA que dejan al Perú, siempre, entre los peores del planeta. Y pensar que la cultura peruana no era lo peor que teníamos. Al contrario.

¿Cómo afectó todo esto, de manera concreta, a nuestro sistema educativo?

He insistido muchas veces en que las razones por las cuales llamamos «media» al nivel de Educación Secundaria. En efecto, es el momento en que, en plena adolescencia, los seres humanos reciben los elementos básicos del saber, tanto humanistas como de ciencias naturales. Y el mínimo de matemáticas. Para profundizar existen los estudios superiores. La «media» debe transferir, a las generaciones, la acumulación del saber humano. Pero es precisamente eso lo que no se ha hecho en el Perú, desde hace 40 años. Y aunque ya me cansé de decirlo, lo repito una vez más. Es un crimen contra la cultura, el sentido común y la nación. Si yo fuera político, les abriría un juicio de traición a la patria a todos los responsables.

Además, ellos han probado lo fácil que es convencer y estafar a muchos peruanos. Por ejemplo, hablaron de formación moral para darles el gusto a quienes consideraron que era necesario incluirla en el modelo educativo constructivista. Pues bien, ¿dónde quedaron las clases sobre los valores? Nunca ha habido más delincuentes juveniles que en estos años. Lógicamente, salen de la Secundaria sin saber gran cosa de nada. Y lo ilícito les genera ingresos que jamás conseguirían si buscaran un empleo formal. Por lo demás, antes del desastre del constructivismo, eso de los valores se abordaba dentro de una asignatura llamada educación cívica. Pero lo que se llama behaviorismo, del vocablo inglés ‘behaviour’ que significa conducta, — es decir, lecciones para tener buenas conductas— ocupa ahora el lugar de las discíplinas científicas o humanistas. Nadie en el mundo ha hecho algo parecido. Lo que tenemos en el Perú no puede ser llamado educación. Apenas un Ersatz, término alemán aplicado en economía para referirse a un «bien que sustituye a otro». Algo sí como los edulcorantes que usan los diabéticos para no consumir azúcar. El resultado es una vergüenza. Salen de la Secundaria sin tener un oficio ni tampoco posibilidades de enfrentar la vida universitaria. Por eso estamos siempre en los últimos puestos de las pruebas PISA. Los últimos de la clase: aliados, adversarios y enemigos de la reforma educativa en el Perú (UNMSM, 2006) es un texto de Nicolás Lynch cuando era ministro de Educación, en el que aborda ese tema.

¿Por qué hemos llegado a este punto, según su óptica?

Porque nadie hace algo para regresar a la normalidad. Hay cosas que, por sentido común, son evidentes y no deberían dar lugar a confusiones. En la producción de autos pueden competir diversas naciones y marcas, pero todos los autos tienen 4 ruedas y no 3 o 5. Del mismo modo, las clases se hacen con maestros y asignaturas, no hay otra forma. Los lectores  pueden ir a Google y preguntar cómo es el sistema educativo en Ecuador y Bolivia. No es que en el Perú la Educación Secundaria sea mala. Simplemente no existe. Si les parece excesivo lo que digo, les sugiero que busquen, en Internet, un texto de abril 2004, escrito por Ramiro Patiño, de la PUCP, sobre «el peso excesivo asignado a los alumnos». Por mi parte, creo que es lo peor que le ha ocurrido al Perú, tan grave como la Guerra del Pacífico, Odebrecht, o Sendero Luminoso.  Millones de jóvenes, egresados de esa Secundaria, nunca abrirán un libro por curiosidad, porque les enseñaron la no educación. Están convencidos de que los libros «ya fueron». Dios santo, si supieran cómo es la enseñanza en otros países, ¡se caerían de espaldas!

He enseñado 30 años en Europa. Todos mis alumnos tenían computadoras, pero pasaban horas en las salas de lectura. El error de los peruanos es creer que la tecnología virtual elimina a la escritura. Algo por el estilo pasó cuando aparece el cinematógrafo, se pensaba que había llegado la muerte del teatro. Actualmente hay cine y hay teatro. Una nueva actividad no elimina a las otras. Y el volumen de la producción de libros, en los Estados Unidos y en Europa, es cada vez mayor. Además se compran también por internet.

¿En qué gobierno considera que se dio un mejor tratamiento a la educación?

Durante el gobierno del general Odría, entre 1948 y 1956. Lo siento mucho, pero así fue. Yo estuve en el colegio en esos años, en la Gran Unidad Escolar Melitón Carvajal de Lince. Estupenda formación.

¿Es posible una sana convivencia entre la educación pública y la privada?

En los países civilizados, todos van a la escuela pública. Durante la Secundaria yo tuve una experiencia comparable a la que el historiados francés Alexis de Tocqueville (1805-1859) tuvo en su viaje a la democracia de Norteamérica en 1835. Encontró que los estadounidenses, venidos de diversos países, se trataban de igual a igual. Pues bien, en mi colegio de Primaria, el 419, ubicado en la avenida Militar de Lince, había negros, cholos, nipones, de todo. Y no tuve nunca prejuicios raciales. Es más, tuve una estupenda formación debido a que las maestras salían de una escuela pedagógica que les había enseñado a producir en sus alumnos, cada clase, oleadas de curiosidad. Y crecí entre ellos, aprendiendo una lección permanente y existencial de que todos éramos iguales. Menos mal que fui un niño pobre. Si hubiese ido a un colegio privado, de niñitos blancos, mi mentalidad hubiese sido otra, completamente diferente. Yo no fui hacia el pueblo, yo vengo del pueblo. Y así salí a la carrera de la vida misma porque, al ingresar a San Marcos, preferí estar con aquellos jóvenes que eran comunistas. Y más tarde, dejé la carrera universitaria que estaba haciendo en Francia, para venir al Perú, en tiempos de Velasco y la reforma agraria. Luego de ese paréntesis de 7 años, tuve que volver a Francia —mi madre adoptiva—, y continuar mi vida de hombre libre. Gané el concurso público para ser profesor titular. Lo conseguí. Y tengo doble nacionalidad. Me dieron la ciudadanía francesa, naturalmente, después de haber estudiado en París, obtenido un doctorado y ganado un puesto público por concurso. Me convertí en ciudadano francés sin perder mi identidad original. Eso soy. Un peruano europeo. No hay muchos.

Es un problema de presupuesto de currícula, de infraestructura. ¿Por dónde empezar?

Acabo de decirlo, por las asignaturas. A veces debemos aceptar y decir que nos equivocamos. Pero claro, ¿quién en el Perú dice eso? Yo lo digo. Con Velasco se acierta con la reforma agraria en los Andes. Pero fue un error tener centenas de empresas en manos del Estado. No teníamos el recurso humano adecuado.

La carrera pública magisterial fue el inicio de la reforma educativa de estos lustros ¿Está bien encaminada?

Estaba, amigo.

Se dice que una ciudad es moderna cuando sus sectores pudientes viajan en transporte público. ¿Podemos decir lo mismo de la educación?

En estos meses de confinamiento he visto en la televisión varios documentales. Uno de ellos se llama Cómo los ferrocarriles cambiaron el mundo. En efecto, Inglaterra, Estados Unidos, toda Europa, Rusia con el Transiberiano, México, China, pero no los peruanos. Los peruanos queremos el automóvil. Es privado. Puedes lucirte. Y no viajas con la «chusma». Yo vivía lejos de París, donde estaba l’École des Hautes Études en Sciences Sociales – EHESS (la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales), y a donde iba a escuchar a mis profesores, mientras era profesor contratado en Saint-Étienne. En Francia, las universidades están para recibir a los alumnos. Pero las altas escuelas están por encima de las universidades donde se forman los futuros profesionales. Solo ingresan los mejores. Yo me formé en dos de ellas, Sciences Politiques de París y, después de Velasco, de retorno a Europa, en la EHESS de París. Pude ir y volver en un solo día, usando el tren.

¿Cómo sería el Perú si hubiera un ferrocarril costeño y otro que recorriera los Andes, a lo largo y ancho?

Sería un país en que la gente se podría conocer. La nación que todavía no somos. En cuanto a la educación, es curioso que la Secundaria estatal bajara de calidad justo en los decenios justo en que llegaron los migrantes andinos con sus hijos.  

¿Seremos un país mejor cuando las elites lleven a sus hijos a la educación pública?

No creo que eso ocurra. Si eso se les impone, se van a ir a vivir a Miami.

Lenguaje, matemáticas y educación cívica, muchos dicen que con ello es suficiente.

¿En serio? Dejen de mirarse el ombligo. Vayan a Google y vean cómo son las asignaturas en otros países. Y me parece enorme la diferencia, usted mismo verá. ¿Por qué se olvidan de la Historia del Perú? ¿Y por qué de la gramática?

Primera misión de un sistema educativo es «civilizar» a los millones de «bárbaros» que cada generación aporta. ¿Al menos esa labor está cumpliendo la educación peruana?

Los millones de jóvenes que salen de la Secundaria actual sin poder escribir una carta ni poder leer, no están listos para la vida ni para el trabajo ni para los estudios superiores. Son las víctimas de esta terrible situación. Los «bárbaros» son los maestros de Secundaria que entraron sin vocación a la carrera magisterial. Díganme una cosa, ¿en alguna de las innumerables escuelas que actualmente existe, hay libros de Jorge Basadre? Obviamente no. Detestan a los que saben. Tienen metido en la cabeza un criterio etnocacerista, las ideas son un producto occidental y por lo tanto, no las aceptan. ¡Y se creen marxistas! Pobre Mariátegui, pensar que dice esto en la entrada de sus Siete ensayos: «He hecho en Europa mi mejor aprendizaje. Y creo que no hay salvación para Indo-América sin la ciencia y el pensamiento europeos u occidentales».

¿Es posible una buena educación universitaria sin una buena educación Primaria y Secundaria?

Claro que no. ¿Puede un tren caminar sin locomotora? A ver, en los Estados Unidos hay un intermedio entre la Secundaria y el ingreso a las universidades, se llaman los colleges. Los alumnos no van a ellos para adquirir conocimientos sino para el aprendizaje de las herramientas del saber intelectual, saber tomar notas, comprender un texto, escribir una monografía, lo que llaman un paper. Y eso teníamos hace años en las universidades, se llamaba Estudios Generales. Era una preparación técnica, para seguir a los profesores. Pero también eso ha desaparecido. Entonces, los aprendizajes básicos, en Perú, no tienen lugar ni en la Secundaria ni en las universidades. O sea, mandamos soldados a una guerra con fusiles vacíos, sin balas. Un auto se maneja cuando se tiene una capacitación específica. La Secundaria puede servir para practicar cómo se piensa, se escribe y se habla con un orden lógico, siempre y cuando se tenga las asignaturas de historia, literatura, o lo que fuese, para que el alumno intente comentar un texto ajeno, o escribir un texto propio. Eso no se ha enseñado nunca en el Perú, por eso los estudiantes pegan textos que no son suyos, robados de internet. Salen de la Secundaria como si hubieran querido aprender a nadar mirando una piscina que no tiene agua. Como vemos, las metáforas son convincentes. Y eso no lo aprendí ni en San Marcos ni en La Sorbona. Me lo enseñaron en el 5°A de la G.U.E. Melitón Carvajal, en 1957, ¿me hago entender?

Publicada en la revista AD Maestro de la Derrama Magisterial, Año 3, n°16, agosto 2020, pp. 6-11.

Porras: más que el político, el escritor y el Maestro

Written By: Hugo Neira - Oct• 05•20

Hace sesenta años fallece, en Miraflores, Raúl Porras Barrenechea. En su casa de la calle Colina, 398. Acababa de viajar a Europa como Canciller, y visitado Alemania, Francia que ya conocía, y luego, en Costa Rica, la reunión de cancilleres de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Ahí se opuso a la expulsión de Cuba. Eso fue el 28 de agosto y su muerte el 27 de setiembre, un mes más tarde. Y por la mañana, Miguel Pons-Couto al teléfono: «Hugo, el maestro ha muerto». Hace sesenta años, me parece ayer.

¿Qué había pasado? Porras era un liberal. No de esos que se llaman hoy neoliberales siendo empresas transnacionales que acumulan dinero y apuntan a desaparecer Estados y naciones. Porras había llegado a ser senador gracias a los votos del aprismo de entonces, que era un partido claramente anticomunista. En su juventud, había conocido a Mariátegui, hubo, pues, relaciones de una generación, ni simpatía ni antipatía para lo que se llamaba socialismo a veces, y otras, comunismo. En Costa Rica y en la VII Reunión de consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, no había objetado la aceptación de «una amenaza de intervención extracontinental». Estaba claro, eso se refería a la Unión Soviética. Pero justamente, como Canciller se opone a la expulsión de Cuba, no por simpatía ideológica sino porque se rompía el principio de no injerencia, doctrina y praxis del interamericanismo reinante desde los años treinta. Y para decirlo en pocas palabras, Porras tuvo la intuición que eso era arrojar la Cuba revolucionaria en los brazos de los soviéticos. Y eso fue lo que ocurrió.

Si se quiere ahondar, recomiendo la obra de Carlos Alzamora, diplomático, sub-secretario general en la ONU, y lo que dice, «la capitulación de la América Latina ante los Estados Unidos». Además que le hicieron un favor a Fidel Castro para su interminable dictadura. Alzamora titula La agonía del visionario. ¿La agonía de quién? La de Porras, pues. Es un título que es protesta por el trato que le dieron a Porras. A su regreso encuentra el maestro una Lima más fría que Alaska. Porras era un sabio y a la vez sociable. Club Nacional, café en el Haití con los que trabajamos en la casa Colina. Se murió de pena. De soledad. Lima mata a su manera.

Hoy, un instante de homenaje. Está muy bien ¿pero se le conoce? ¿Se sabe acaso que fue profesor de diversos colegios de secundaria, el Raimondi, Anglo Peruano, Recoleta y Corazón de Jesús para señoritas? ¿Catedrático que tuvo esa experiencia? Y lo dice el mismo Porras en un raro momento confesional. «He dicho en otra oportunidad a mis alumnos que no hay laboratorio ni templo que supere a la clase de historia para la forja de la conciencia de la nacionalidad. En la clase de historia patria, el silencio se hace siempre sin disciplinas ni castigos, por la sola presencia de las sombras heroicas que surgen del pasado. La emoción del triunfo o el dolor de la patria. Del error que pudo evitarse, del sacrificio o la osadía que engrandecen la hora de la abnegación o de la solitaria figura moral que se yergue contra la barbarie o la fuerza, en defensa de la libertad o del débil.» Magnífica oratoria del profesor de secundaria Raúl Porras. ¿Qué diría ahora, cuando hace tres generaciones que no hay curso alguno de historia peruana? Y lo que concluye: «… Los más bulliciosos e inquietos, fijan la mirada y el pensamiento por la voz del profesor como una fuerza misteriosa y sagrada, está el soplo creador de la nacionalidad». Esta frase final, la dedico a los entusiastas de las clases por virtual. Solo lo presencial —es decir, lo humano y no lo electrónico— lleva a ese nivel de emoción y comprensión, que se hace con argumentos pero también con emociones. «Para vivir la hora futura y póstuma de esa lección lucharon los apóstoles y murieron los héroes». Clases presenciales de Porras, no se olvidaban.

Lo de hacer visible en la vida de Porras sus veinte años de docente en colegios, me parece necesario que se sepa. Lo pueden tomar como un hijito de papá, dados esos apellidos, Porras y Barrenechea, linajes de la clase alta limeña y el brillo de sus ancestros, por ejemplo Melitón Porras. Cierto, pero ocurre algo en su vida, eso que llamamos el destino. Cuando tenía dos años de edad pierde al padre en un duelo a pistola. Esto sucedía en Pisco. Por eso, uno de sus más grandes amigos (tuvo muchos) Guillermo Hoyos Osores, escribe: «Fue la de Porras una noble vida infortunada desde su iniciación, bajo el signo de la tragedia. Hasta su fin, en una noche de soledad.» (Diccionario de Milla Batres, tomo VII) ¿Se conoce a Porras? ¿Se sabe que cuando sigue estudios en la facultad de Letras, en San Marcos, trabajaba como amanuense en la Corte Suprema? Porras, más tarde, fue funcionario en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Y lo nombraron auxiliar del Archivo de Límites. Entonces, se entiende por qué sus primeros trabajos fueron un Alegato del Perú en la cuestión de límites de Tacna y Arica (1925), y luego, Historia de los límites del Perú» (1926). No llegaba a los treinta años pero sus investigaciones en archivos sirvieron magníficamente a las réplicas ante Chile y Ecuador.

Cuando se trata de la vida y obra de Porras Barrenechea, se suele decir historiador, docente, senador, hombre de Estado, escritor. Era todo eso. Ahora bien, la multiplicidad de temáticas que aborda hace difícil clasificarlo. Historiador, sin duda alguna, discípulo de Riva-Agüero y coetáneo de Jorge Basadre. Un trío que no se ha vuelto a repetir. Pero como el que escribe se ha impuesto la tarea de entender los intereses intelectuales del Maestro, me veo en la responsabilidad de señalar que su primera pasión intelectual fue la literatura. Estudió los satíricos, como Larriva, Felipe Pardo y Aliaga, Manuel Atanasio Fuentes y Ricardo Palma. Esa cátedra dura hasta 1929. Cuando «me confiaron la cátedra de historia de la conquista.» Acaso por eso fue no solo un gran historiador. En efecto, descubre en los Archivos, en Sevilla, dónde se había instalado Garcilaso de la Vega en la ciudad de Montilla, cuando encuentra la firma de Gómez Suárez de Figueroa, en un archivo de padrinos, prueba que ya era un notable, antes de Los comentarios reales. Literatura e historia, ¿es por eso la calidad de su prosa? La pluma de Porras, de lo más alto de nuestra escritura. No soy el único que lo toma así: nada menos que Luis Loayza, en su libro La marca del Escritor  y editado no por cualquier editorial, por Tierra Firme. Lo dice Loayza, uno de nuestros ensayistas, acaso el mejor. Ojo, no dice el historiador, dice el escritor. «Un dominio cabal de la lengua y una profunda elegancia espiritual». La erudición y sin embargo, la naturalidad. Algo que se ha perdido.

Trabajador intelectual de doble o triple espacios del conocimiento. Al inicio, Torre Tagle y la historia. Y también, la escena política. Pero mientras le tomaba el pelo al criollo Joaquín de la Riva, era delegado estudiantil en Bolivia, y luego, participa en la Reforma Universitaria de San Marcos, con ese célebre Conversatorio Universitario  de 1919, una serie de conferencias impulsadas por un puñado de jóvenes. Con Porras, Luis Alberto Sánchez, Jorge Guillermo Leguía, Manuel Abastos eran apenas estudiantes y razonaban como decanos. Discutieron la independencia del Perú, la lectura oficial de nuestra historia, dejaron un surco de investigaciones y nuevas ideas que marcaron el siglo XX peruano. No pasa esto cuando entramos al tercer siglo de vida republicana.

Para entender a Porras, como hombre de Estado y como escritor-pensador, acabemos con los prejuicios y versiones sesgadas. Por ejemplo, Porras hispanista. En algún momento confiesa que como profesor de literatura estudió a fondo los cantares de gesta del Romancero y estudia a Menéndez y Pelayo. Pero el que escribe el Pizarro fundador (1941) es el mismo que se ocupa del Cronista indio Felipe Huamán Poma de Ayala (1945). Era un intelectual enamorado de Lima. Pero, por una parte, había nacido en Pisco. Por la otra, el que trabaja esa Pequeña Antología de Lima (1935 y 1965) es el mismo de Antología del Cusco (1961). Porras, ni hispanista ni indigenista. Peruanista. ¿Quién se ocupó de los precursores de la Emancipación? Lo que escribe sobre Sánchez Carrión sigue siendo lo mejor. ¿Y quién de los viajeros italianos en Perú? Porras. ¿Y quién de Manuel Valdez, viajero y precursor romántico cusqueño? Porras. ¿Y quién el periodismo en el Perú? Porras, con una frase, la primera, que lo dice todo: «la colonia no tuvo periódicos». Y lo que sigue, «chismógrafos profesionales, las noticias corrían de boca en boca, la ciudad no necesitaba de ellos». Por lo visto, hemos vuelto a la colonialidad, «murmuradores de nacimiento».

Ahora bien, el Porras que nos puede interesar es el presentista. Sostengo, pues, que hubo en Porras una idea del Estado. Para ello, basta rastrear en sus intervenciones parlamentarias, el Maestro testigo del tiempo presente. Una serie de defectos, a saber, apatía del ideal colectivo. El ambiente de hipocresía y desconfianza. La selección al revés, o sea, se elije no a los mejores (lo había sentido, cuando intenta ser Rector y le dieron el cargo a alguien de lejos menos capacitado). La falta de adaptación a las leyes. En cambio, estaba en contra de un Estado corrupto o desertor de sus funciones. Pide un Estado de Derecho y no un Estado de poder excesivo. Piensa en un Perú sin perseguidos políticos (lo del aprismo en esos años). No quiere un Estado que monopolice el poder de un grupo o de un partido. Espera la plenitud de la autoridad legítima, sin ser por eso tiránico. «Mi convicción liberal es de pura cepa espiritual y ética, no atada a prejuicios económicos o de casta, ya que mis raíces familiares se hunden democráticamente  en diversas provincias. Y es bien notoria, mi falta de éxito en el mundo de los negocios».

Porras reclama una calidad de «ciudadanos responsables». En el estudio de las fuentes históricas —dice Porras— he hecho un estudio orgánico de los graves defectos. Como «la inconexión entre las elites directivas y las masas». Y el monopolio del Estado tiránico al servicio de fines particulares. Y lo que dice de los partidos, es una asombrosa profecía. «Los partidos necesarios para el movimiento de báscula del juego democrático, se convirtieron en trampas para apresar a los ciudadanos pacíficos.» Y está en contra del provincianismo y la improvisación. En suma, lo suyo es una crítica al orden social. Y entre otros defectos, el menosprecio o el temor ante la inteligencia. Señala cómo «generaciones enteras de trabajadores e intelectuales sufrieron la postergación y el destierro». En efecto, de Garcilaso a Vallejo, el desdén. Él mismo lo sentía y se anticipaba.

No tuvo los ojos solo pegados a los documentos. Observó la esfera social como si fuese un antropólogo. Como había estudiado a los cronistas, a Grau y a Palma, lo hace con sus contemporáneos. Porras sigue siendo aquel que no se entiende. Sabemos, por ejemplo, que estando en París se encuentra con César Vallejo en un periodo muy difícil, los estragos de la crisis de 1929 habían dejado sin trabajo al poeta, y no podía editar sus últimos poemas. Luego de Los Heraldos Negros y Trilce, viene Poemas Humanos. España, aparta de mí este cáliz. Porras, con un cargo menor en la embajada, mete la mano al bolsillo y salva esos poemas, los mejores de Vallejo. En fin, la elegancia de la prosa de Porras ¿de dónde viene? Pese a las dificultades por la muerte del padre, lograron que estudiara en La Recoleta, o sea, una formación francesa. Su castellano es de frases cortas, ideas claras. Lo mismo en lo oral, de frente al tema. Luego las problemáticas, trucos franceses para razonar con serenidad. Vienen de la filosofia.

¿Quién fue Porras? Según él mismo un liberal rebelde. Para nosotros, nuestro Sócrates, en ambos casos, se sacrifica injustamente a un justo. Para otros un pensador que amaba al Perú, incluso el nombre mismo de «Piru» es quien lo encuentra en sus investigaciones. El de un modesto árbol. En fin, para nosotros, un protector. Pienso que en sus asistentes se veía a sí mismo: «jóvenes con talento pero sin recursos», o sea, Araníbar, Mario, etc. Para la nación fue generoso: su biblioteca de 25 mil libros que se halla en la Biblioteca Nacional, son libros valiosos que Porras adquiría y guardaba, pues de lo contrario, los investigadores norteamericanos los compraban y se los llevaban. En fin, los que lo conocimos en la casa de Colina, fuimos llamados por Porras y su editor, Mejía Baca, para hacer fichas que el maestro necesitaba, ocupado en el Senado. A saber, Pablo Macera, Carlos Araníbar, Mario Vargas Llosa antes de partir a Europa, Zavaleta y yo. No tuvimos la vanidad de tomarnos como sus discípulos. Aunque para mi asombroso, aparezco en el testamento.

Porras, profesor a la vez en la Católica y en San Marcos, tuvo muchos discípulos. Formó diplomáticos, historiadores, escritores.  Nosotros fuimos los últimos que tuvimos la fortuna no solo de conocerlo sino de trabajar en la casa de Colina, una suerte de taller, en la que aprendimos las artes del quehacer intelectual que hizo de nosotros lo que somos y hemos sido. Cuando terminó mi vida de profesor en Francia, ya jubilado, he vuelto al Perú. Pude quedarme en otro lugar. Pero tengo una deuda con usted y los maestros que tuve. Y haré y hago, desinteresadamente, todo lo posible para que se conozca la historia y la cultura peruana, en sus obras, y se propague en las nuevas generaciones su amor por el pensamiento libre y el espíritu de trabajo que fue su mejor lección. Y gloso para terminar una de sus frases: escribir bien significa pensar bien. Gracias Maestro.   

Publicado en El Montonero., 5 de octubre de 2020

https://elmontonero.pe/columnas/porras-mas-que-el-politico-el-escritor-y-el-maestro

«Bienvenidos al peor de los mundos»

Written By: Hugo Neira - Sep• 28•20

Interesante enigma la lista de posibles candidatos a la presidencia. Hernando de Soto con una propuesta distinta a todas las otras. Apenas ha aparecido, Mario Ghibellini lo pone en un «paquete de brotes y rebrotes primaverales». Sí pues, la cachita de siempre. Discrepo de esa idea. Me parece que hay un giro enorme, para bien o para mal, entre estas elecciones y las anteriores. Me atrevo a decir que más que los partidos (pocos hay que tienen militancia, o sea fe) va a pesar el candidato. Pienso en George Forsyth, alcalde de la Victoria, favorito en las encuestas, aunque no falta quien dice «es un auténtico rompecabezas» para sus posibles rivales.

Qué curioso, qué ganas de seguir siendo barrocos en ciertos columnistas. Es evidente su popularidad, es joven, no ha hecho política (para el ciudadano de a pie, no ha robado) y se pone los pantalones en la gestión de ese dulce y suave distrito limeño. De eso se trata, que el que llegue a Palacio tenga huevos. Pero, perdón, hay candidatos y candidatas —Verónica Mendoza, Keiko, y acaso alguna otra— y recuerdo a César Calvo que decía, por el carácter de Martha Hildebrandt, «tener huevarios». Era broma y realidad, en nuestro país, las burocracias estatales son de una pachocha insoportable. Todos sabemos que casi no hay Estado, acaso porque se necesita un personal que mande sin ofender, algo que no abunda bajo la neblina de Lima.

Insisto, algo me tinca. Si el amable lector no ha tenido la suerte de crecer en un barrio popular y además lo pusieron en colegio privado de esos caros, quiere decir me late, la intuición que no se van a parecer a los que gobernaron. Por ejemplo, Toledo, se decía cholo y sin embargo se había formado en Stanford. Todavía me acuerdo cuando modulaba los labios para que el sonido saliera correcto. Se rodeó de gente competente, pero más que con sus ministros, pasaba el tiempo con los Gaitán Castro, unos músicos. Alguna vez nos invitó a un fin de semana en Punta Sal, y francamente… Inteligente pero juergero hasta quitarse. Los otros inquilinos de Palacio los hubo light, ideológicos, locuaces, pero muy pocos intentaron remover la estructura socioeconómica del sistema. ¿Lo que se avecina en el 2021, ¿es un presidente vitalicio? Las redes en todas partes demuelen las democracias.

Pienso entonces en lo que afirmaba Juan A. Linz, nacido en Alemania y de madre española, gran especialista, profesor en Columbia, Berkeley, Stanford, pero desconocido en estos lares. No era marxista. Linz, bilingüe perpetuo, recordaba en sus clases y libros la teoría de la democracia y por cierto, sus problemas. Uno de ellos era la dificultad —en particular en la América Latina— de cumplir con un principio básico y práctico: la democracia es pro tempore. La democracia es alternancia o no lo es. Linz lo dijo antes de Chávez, Evo Morales y Maduro.

Entre las dificultades, según Linz, estaba también el hecho que «a la presidencia llegan los políticos». Parece una broma, pero lo que quería decir es que son «amateurs sin una preparación específica para resolver los complejos problemas de nuestra sociedad y de la economía. La democracia puede utilizar a tecnócratas, pero los electorados no eligen a los políticos sobre la base de su competencia profesional, sus estudios, su prestigio o como expertos». Pero ya sabemos que es lo último que se les ocurre. La tendencia dominante ha sido reclutar ministros que sean amigotes, parentela, o el pata que te cae bien, y listo el pato. Y así vamos. Va a ser difícil con «contratos irregulares» que ahora se investigan. O casos como el de Swing. La gente está muy alerta, el ampay es casi seguro.

¿Será la hora de nuevos rostros? Es probable, pero en la carrera al 21, escuché a Muñoz, alcalde de Lima, en la televisión, contarnos que diversos partidos de derecha no se disponen a hacer un frente propio porque cada facción tiene su candidato presidencial. Asombroso. Me hicieron recordar El Paraíso perdido de John Milton. Vencidos por Jehová, se reúnen Satanás, Belial, Mammon, Belcebú en el exilio, la oscuridad, «en las tinieblas fraguando imperios vanos», los bellos ángeles transformados en demonios. No cito la Biblia, no soy evangélico. Leo los clásicos. Entre tanto sobre los candidatos hay que esperar el 30 de setiembre.

En la mente los seres humanos no tenemos solo una perspectiva. Acabo de llenar de hipótesis el escenario local. ¿Y el internacional? Más que nunca lo mundial es decisivo. No estamos solos. No es otro siglo sino otra época. Un tiempo de mundialización, de internacionalización (instituciones), de globalización (económica, las empresas trasnacionales) y los acontecimientos que ocurren nos tocan a todos. Ejemplo, la actual pandemia. Y la economía. Si la mundial no se echa a andar, perdemos. Vivimos de nuestras exportaciones. Ahora bien, como los conozco, sé qué tienen en su cabeza mis paisanos: una tendencia al entusiasmo. Les parece un pecado no ser optimista. No pienso así. La marcha del mundo no se entiende ni por el pesimismo ni por el excesivo amor a la novedad. Las cosas son complejas. Por eso en esta ocasión, voy a poner en la mesa las interpretaciones que tienden a criticar los riesgos de la mundialización. Ay del Estado que no sea fuerte.

Vivimos una economía absurda, el dinero no es para invertir y crear cosas y empleos, sino hacer dinero que acumula dinero. La gente de la finanza internacional considera que quien más acumula es un ser superior, por encima de sabios y de artistas. Entre tanto las desigualdades estallan por todas partes. La causa son las offshore y capitales expatriados que huyen del control de los gobiernos, y en consecuencia el gasto público se reduce. Y eso provoca empobrecimientos en las clases medias y populares hasta en las sociedades más avanzadas. Todo eso está en una bibliografía que no llega al Perú. De ella, elijo el libro de Natacha Polony, francesa. El intitulado de este artículo lleva esa preocupada idea. Bienvenus dans le pire des mondes. El peor de los tiempos. Solo nos llega «lo políticamente correcto», en inglés. Vivimos en un planeta en que cada día hay más multimillonarios y más neopobres, y así la política se vuelve autoritarismo del dinero desde arriba, y por abajo, debido a la desigualdad,  protestas y populismos de diversos tipos, acaso el retorno a tiranías.

Lo que circula en Europa es, entre muchos estudios, La Guerra económica (Delbecque), El hombre que valía 5 mil millones o cómo las finanzas se han vuelto locas (Lévy), El Choque de los Imperios (Quatrepoint), es decir USA y China. En todo eso, un peruano. No vive aquí, profesor en Texas, Harvard, se llama Francisco Durand. Ha estudiado desde Los doce apostoles de la economía peruana a su último libro. Viene como anillo al dedo: La captura del Estado en la América Latina. Si no lo ha leído, amable lector, se pierde algo realmente claro. Hay que saber distinguir los intereses del neocapitalismo externo bajo el manto de la democracia, cuando existe una corriente crítica en los países del capitalismo. En suma, el tema del Estado es lo más importante. El Perú no es tan pobre como se dice. Hay que incluir. Nuestra crisis no es solo pendemia y economía. Somos campeones en excluir. En política, en negocios, en quien va o no va a estudios superiores, las murallas invisibles de la Lima actual.

Publicado en El Montonero., 28 de setiembre de 2020

https://elmontonero.pe/columnas/bienvenidos-al-peor-de-los-mundos

Un día excepcional, viernes 18 de setiembre

Written By: Hugo Neira - Sep• 21•20

«Si hubiera un pueblo sagrado, éste se gobernaría democráticamente.

Gobierno tan perfecto no corresponde a los humanos»   

—Jean-Jacques Rousseau

Desde las 10 de la mañana me concentré sobre lo que iba a pasar en el Parlamento (lo de Congreso no es el nombre adecuado. Una cosa es ir a un congreso de médicos, juristas, antropólogos, reunión de expertos para tratar temas específicos, otra representar a ciudadanos). Algún día regresará la palabra legítima, diputado.

Ese viernes me parecía decisivo, se jugaba la gobernabilidad del Perú en medio de un torbellino de contagios y muertes. Escuché el debate pese a que tenía cosas que hacer. Nada más engorroso que dar clases a distancia. Cuando dictaba una clase presencial distribuía documentos impresos a cada alumno. Hoy esos mismos textos entran a un sistema electrónico. Lo están diciendo en los Estados Unidos y en Europa, nada reemplaza la presencia del profesor y el aula de alumnos que puedes ver, y ellos hacerte preguntas. Pero volvamos a nuestro dilema legislativo. Vacancia o no vacancia.

No pertenezco a ningún partido. Ni a ninguna ideología. Y no quiero ningún cargo público, «aunque usted no lo crea» (una frase que corrió por muchos años en los diarios norteamericanos). Ahora bien, ese viernes no fue una decepción. Al contrario. Se ha estado diciendo que ese Congreso es el peor que hemos tenido. Siento mucho decirlo, pero no me parece. No hablo de los contenidos, hablo del discurso mismo. Lo que estoy diciendo es que son oradores, por algo están ahí. Discuten, argumentan, a veces el tono es sardónico, a veces se exceden y llegan al insulto o a desear la pena de muerte. Ahí se pasaron, Crowte Chagua, de UPP. Está en el diario Correo. Que lástima que se hayan ocupado diversos diarios de «las frases más pintorescas». Por lo visto, no podemos tener un instante de gravedad. El placer del cochineo nos devora.

Debate y el poder de la palabra, Roberto Pereira no solo se ocupó de la defensa de Martín Vizcarra sino que en 40 minutos, le dio vuelta al debate. Brillante jurista —no lo conozco ni me han pagado para que lo diga—, no solo por sus argumentos sino porque lo sitúo en el campo jurídico. Con lo cual estaba diciendo, ustedes no son el Poder Judicial. Si el amable lector ha seguido ese debate, se acordará del momento en que levantó las manos por el cielo, liquidando este mito, «lo que cuenta son los votos». Claro que después, más de un congresista insistió en que el Congreso puede también investigar. Posibilidad de una Comisión que Lenin Checco, vocero del Frente Amplio, propuso después. En cuanto a Pereira les recuerda al hemiciclo y al país entero que «los hechos graves que el presidente Vizcarra habría cometido, no estaban corroborados». Y claro está, todo el mundo estaba al corriente que de esos «hechos» se está ocupando la Fiscalía y el Ministerio Público. Acaso ese fue el momento en que dejaron de pensar usar la guillotina, al menos por esta vez. El abogado Pereira les estaba diciendo, entre líneas, que el tema de la vacancia no tendría fundamento, por el momento.

Ahora bien, hasta el último momento, no se sabía si el presidente Vizcarra iba o no iba. Y de pronto, muy tranquilo, Vizcarra. Y Merino, el presidente del Congreso, tuvo que darle la palabra, al inicio. En fin lo que ya había dicho, «doy la cara, la frente alta», etc. Y puso sobre la mesa dos cartas notariales de Karem Roca, arrepentida de falsos testimonios. Pero, ocurrió una cosa, el presidente Vizcarra las mostró delante de todos, y se olvidó de dejarlas. Y los congresistas pidieron esos papeles en el largo debate. En cuanto a que llegó y se fue, está claro que prefirió salir porque luego le dijeron zamba canuta, «pato cojo» (Omar Chehade). «Muerto viviente» (Daniel Urresti). Qué representantes tan finos y educados, ¿no?

¿Por qué 78 votos en contra de la vacancia, 15 abstenciones y 32 a favor? Al presidente Martín Vizcarra lo salva la pandemia. Un viento de sensatez corrió por el hemiciclo. Más de una bancada sabe que el peruano de a pie, hace rato que no le interesa la política peruana, y eso, antes de la pandemia. Y no se diga hoy, cuando cada día se cuentan los contagiados y los muertos. Si hubieran votado por la vacancia, habríamos entrado solo en una situación de cambio de gobierno y mayor caos, perdiendo lo poco que se puede hacer para vencer el coronavirus. O sea, no pensaron en su partido sino en el «bien común». Vaya, por una vez, ¡Por el Perú!, dijeron. Pero la guerra del Parlamento y Palacio continuará.

En la no vacancia hay un contenido de estrategia política. Si las bancadas más radicales tumbaban al presidente, era una victoria simbólica, con efectos en las elecciones. De ahí Keiko, contra los populismos. De ahí, el cambio de opinión de Acuña. Es algo lógico. Ambos le cerraron la puerta a Antauro.

Por lo demás, varios temas de fondo se me quedan en el tintero. En el debate, he encontrado la confrontación de las bancadas, no solo los que votaron por el sí y el no.  ¿Cómo llamarlo? Mentalidades distintas. María Céspedes, vocera del FREPAP, solo razona en torno a la moralidad. Su criterio es religioso. Lo suyo es una nostalgia del Absoluto en este país de corrupciones, ¿emerge una antitesis puritana? egelHe¿Habrá que elegir obispos, como hacen los musulmanes en Irán? Otro tema, ¿es saludable que se espíe a los ciudadanos?  Y otro tema, mis paisanos no conocen una regla ética propia a la cultura anglosajona. «Vicios privados, virtudes públicas». Private Vices, Public Benefits. En otras sociedades se separa lo privado de lo público. Pero no aquí, los mezclamos, herencia de la colonia, y con un complot chismoso de secretarias y bailarines, por poco no se tumban nuestra precaria democracia. De joven, leí 1984, la fantasía de Orwell, una sociedad sin privacidad. Eso es ya Lima.

En fin, un match de fútbol nos da una sana narrativa. La rojiblanca ante Paraguay, 4 a 1, pero a Vizcarra le habían hecho un gol al no darle la medida cautelar. Pero en el match, el abogado Pereira mete un gol de media cancha con eso del tema jurídico. Luego, el congresista Urresti se mete un autogol, cuando se pone a decir que no iba a haber vacancia. Esas cosas no se dicen, señor. Es usted sincero. Pero en política caben las estrategias y como en el fútbol, se driblea. El cuarto gol le hizo un joven de la bancada morada. Cita a Manuel González Prada, quien se indignaba que los peruanos estuvieran desunidos durante la guerra del Pacífico. Y fue muy atinado preguntarse qué dirían en el futuro, «que en plena pandemia, seguimos desunidos». En fin, votaron contra la vacancia. Acto sensible —dada la peste— y sensato, prudente, ante la imprudencia de unas cuantas bancadas. Como lo dice Juan de la Puente, eso fue una «revuelta parlamentaria», fallada.  

Publicado en El Montonero., 21 de setiembre de 2020 https://elmontonero.pe/columnas/un-dia-excepcional-viernes-18-de-setiembre

La gran epidemia, la alegre deseducación peruana

Written By: Hugo Neira - Sep• 15•20

Introducción necesaria.

Mientras duran la crisis sanitaria y el confinamiento, ocurre que prolifera el encuentro intelectual con amigos para debatir, a distancia. Sin vanidad, tres o cuatro por semana. Y así, me entrevistaron sobre mi opinión sobre el estado (calamitoso) de la educación. Lo hizo Fernando Gamio, a quien agradezco. En Salgalú TV. En «Diálogo abierto» de Salvador Herencia. Y resulta que en provincias, en Puno, en el norte, se han interesado por «las declaraciones de Hugo Neira». Fue una charla, algo oral, por lo visto con la carga emocional que tiene la palabra. Pero creo necesario que se conozca el texto escrito. Lo que sigue, lo dije de un tirón. Con toda mi sinceridad y mi indignación. Yo me formé en los colegios del Estado, en primaria y secundaria, que me dieron la formación que tengo, y por eso lucho para que mis paisanos despierten. La secundaria peruana no es mala, no existe. Dos generaciones sin la menor formación. Una catástrofe cultural. Y acaso electoral. (Y ahora, lo que dije.)

Una separata, una revista expone este tema, «aumentar el presupuesto de educación». Qué ceguera. El cimiento de nuestra pésima educación no es el salario de los profesores ni la calidad de los locales escolares. Pagar más a los maestros es algo que ya se ha hecho, desde la presidencia de Toledo a Humala sin que mejore el enfermo, que es todo un país. Digo esto cuando la peste del Covid-19 reina, pero tarde o temprano, debido a las vacunas o a la inmunidad de rebaño, saldremos de ese mal, que finalmente es coyuntural. Pero del desastre de la educación primaria y secundaria no vamos a salir de la noche a la mañana. Esa epidemia, el desprecio a la cultura, la creencia en que los libros no sirven para nada, el todo mercado, el todo es dinero. Esa epidemia que es peruana, no la tienen otras naciones, comenzó en los noventa. Los iletrados —el peruano que ya no es analfabeto pero que no lee nunca— es nuestra crónica enfermedad. Y en cuanto a los tests de PISA somos los «últimos de la clase», como dijo Nicolás Lynch cuando era ministro. Pero los padres —no los «papás», ¡qué mal hablamos el castellano!— siguen llevando a sus hijos a un lugar en que parece que aprenderán algo, pero salen de la secundaria sin poder comprender un texto escrito. Y menos todavía, escribir sencillamente un paper.

Seré más claro. Los automóviles aunque de marcas diferentes, siempre tienen cuatro ruedas. Todo ferrocarril tiene rieles. Todo avión tiene alas. Salvo que sea un helicóptero. Pero en el Perú, en educación, se ha fabricado algo que no existe en otros países. Hace 30 años nos salimos del pattern o marco que es corriente en todo país. Lo que nos sacó de lo normal fue la extinción de las asignaturas. Así de simple y así de estúpido. El que habla hizo sus estudios en una Gran Unidad Escolar. Pero qué digo… Si hubiera sido un colegio privado, era lo mismo. Se enseñaba por materia, es decir, ciencias y humanidades. Como ciencias, Matemáticas, Álgebra, Geografía, Física y Química. Claro está, a lo largo de los 5 años de secundaria. E Historia del Perú, Historia universal, Gramática, Lógica, lenguas diversas. Hoy un joven peruano no conoce su historia. Cantamos el «somos libres» y sin embargo somos el único país de América Latina que no tiene conciencia de su nación. Y me olvidaba, curso de Religión y de Educación Cívica. Si el que me escucha no me cree, haga algo sencillo: yendo a Google, pregunte a los países cercanos qué disciplinas, asignaturas y materias se estudian. No va a encontrar «áreas» como en el Perú. Vaya entonces y pregunte por el sílabo peruano. Y busque usted un pañuelo porque es para llorar.

Digamos la verdad: hace 30 años, se instauró un sistema de educación en el que el profesor no existe, se le llama «facilitante». No hay educación sin la transferencia del conocimiento de una generación a otra. Pero nuestros geniales pedagogos lo han borrado de la pizarra. La palabra conocimiento casi no se usa en los sílabos actuales. Se trata hoy de formar «habilidades». Pero justamente, la habilidad era el resultado de los ejercicios tanto en literatura o ciencias de la naturaleza. Por lo demás, no forman lo mínimo. Por algo se llamaba la media. Es decir el espacio de aprendizaje para aprender a aprender en la adolescencia. Pero, geniales como somos —«creativos»—, los cursos por materias han sido reemplazados por «áreas». La vanidad y la mentira, eso se hace para adultos en las universidades. En conclusión, la educación peruana no es mala, ¡no existe! Hay una palabra para definirla. Un Ersatz. Es decir, el edulcorante que toma el diabético y reemplaza al azúcar.

La situación es grave. Después de la pandemia, económicamente, no estaremos como antes del Covid. Tendríamos que traer profesores de otros países en lengua castellana. Lástima, porque había en el pasado profesores especializados en Matemáticas, Física, y que se formaban en las universidades peruanas. Y eso ya no hay. En las aulas dan lecciones sobre «los valores». O sea, chamullo. Y ¿para qué profesores si las disciplinas han desaparecido? ¿Quiénes destruyeron la secundaria? Un par de corrientes. Las que se llaman «constructivistas». Consideran que la mente infantil se autorganiza. Enorme malentendido. El ser humano no necesita aprender a hablar, correr o comer. Eso es natural. Un niño, si vive en Alemania o en China, puede aprender esas lenguas, pero leer y escribir no es natural sino cultural. Si hay escuelas, padres que enseñen. No existe el gene de la lectura. Leer es un hábito. Y se tiene en la infancia o nunca.

Hoy la gente se chanta en las comunicaciones. Muy bien es tener velocidad, eso será entre personas, porque saber, es otra cosa. Necesita un esfuerzo y tiempo. Y la chanchada de nuestros días es afirmar que los conocimientos pueden conocerse sin los libros. En mis viajes, yo veo libros cada vez más grandes, de mil hojas para adelante.

En el tiempo en que vivimos, las ciencias y las sociedades se modifican, y hay cambios de paradigmas del saber. Quiero decir que si en el pasado no teníamos un nivel educativo suficiente, al menos nos acercábamos a las grandes sociedades. Hoy estamos más lejos que nunca. El nivel general ha colapsado. Cada año, los estudiantes que llegan a la universidad no entienden un texto y a veces, ante profesionales, tengo que explicar qué es un párrafo. Nadie les ha enseñado lo mínimo. Saber comentar un texto ajeno. Y saber escribir un texto propio. Así de simple. Y así de perverso. Los jóvenes salen de las aulas secundarias sin haber adquirido o bien una capacitación para un oficio, o bien las herramientas cognitivas para seguir estudios superiores. Pero ni eso ni lo otro. Y entonces informales improvisados con poco nivel de productividad en lo que se metan. Lo que ha pasado en el Peru es una masacre de inocentes.

En la chanfaina de la escolaridad peruana, en vez del saber en aulas se dieron lecciones sobre «valores». Un mamarracho seudomoralista. El resultado está a la vista: nunca ha habido más violaciones y madres de familia a los 12 años. Y al SUTEP por la contribución en formar espíritus ciudadanos respetuosos del otro. Nada de pensamiento único. Pero hablando en serio, el amor a los estudios fue mi generación de los 70. Matos Mar, de Soto, Cotler, Iván Degregori, Fuenzalida, Flores Galindo, Portocarrero. Pero ellos tuvieron esa formación en la secundaria que como dicen, ya fue. Como profesor en Francia (cargo que solo se tiene si se gana el puesto en un concurso público), he visitado diversos países. Pero en ninguno he visto tal vanidad, la de los que le dieron la vuelta a la enseñanza. La solución es escucharles decir ‘nos hemos equivocado’. Pero eso no ocurre, hacen planes de reforma que no son sino «la misma chola con otro calzón» (Gages y oficios de la Jerga Peruana, Julio Hevia). 

En este tema hay que desahuevarse. No hay otra palabra. Hay que traducirla a los expertos del Banco Mundial, son los interesados en embrutecernos masivamente. ¿No es cierto señor Saavedra? Pero la no educación arranca en los noventa. ¿No es cierto señor Vexler? ¿Era necesario eliminar todo lo que fuese humanidades? ¿Porque en el Consenso de Washington eso es lo que imponen? ¿Y a eso le llaman Reforma? ¿A que los jóvenes peruanos no aprendan a pensar por cuenta propia? La educación que anularon era sencilla, se enseñaba materia por materia. Con notas numéricas. Esfuerzo y no entretenimiento. Lo actual es un despelote. El Perú está en riesgo. La mala educación contamina a la gente, a la clase política, a los diarios, al conjunto de la sociedad peruana. Es nuestra enfermedad crónica el «yo ya sé, y no necesito ni leer, ni aprender, tengo celular». Entretanto nada de Gramática, nada de Lógica. Estupendo, bienvenidos a la barbarie.

PD: Lo de la crisis política, después del viernes que viene

Publicado en El Montonero., 14 de setiembre de 2020

https://elmontonero.pe/columnas/la-gran-epidemia-la-alegre-deseducacion-peruana