Viaje a los Nuevos Mundos

Written By: Hugo Neira - Ago• 16•18

Estamos en una ciudad que muestra lo muy grande. Avenidas tan anchas que ríos de coches las atraviesan, y buses que ahora son anchos y modernos. Jardines y paseos y por debajo del suelo el metro que ha crecido, de varios pisos y ramales. Se puede ir de un lado al otro en poco tiempo y con comodidad. No estoy hablando de París sino del actual Madrid. Por arriba, edificios altísimos coronados por ángeles. Y por abajo óperas, teatros, tiendas, cafés, restaurantes, y gente muy tranquila. Lo tradicional y lo hipermoderno.

La primera mañana nos sumergimos en el museo del Prado. Los otros días son para los amigos que nos habían invitado. Incluso tuvieron la gentileza de comprarnos anticipadamente las entradas para evitar las largas colas. Un placer volver a las salas de El Greco, Velázquez y Goya. El Prado no ha cambiado y ha incorporado la mejor tecnología para que el visitante se lleve reproducciones exactas y magníficas.

Viajar es volver a lugares cuya cultura siempre es novedad para el alma y reencontrar amigos. Pasaremos unos días, antes de volver a París, con Ramón Tamames y Carmen su esposa. Viví en España. A Tamames lo conozco desde hace años. Es un sabio. Conoce no solo lo que pasa en España y la Unión Europea sino en la mundialización. Le tengo confianza, no solo a su talento y experiencia sino a su honestidad intelectual. No hay la posverdad. De modo que puedo decir lo de un poema de Miguel Hernández, “que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero”. Lo que me diga estará, en las semanas que vienen, en esta columna.

Viajo como si fuera a pescar ballenas. Me interesa lo que pasa en el mundo. Lo poco o mucho que recoja en este breve viaje, está lleno de pronósticos y discursos no solo diferentes sino antagónicos. Por un lado, Occidente se prepara a enfrentar el renacimiento de la China, en tanto que desafío económico, geopolítico y cultural. Y de los muchos diarios del planeta que he hojeado en París y Madrid, se puede decir que son optimistas. Un psicólogo como Steven Pinker se anima a decir, “la humanidad va de mejor en mejor”. Viviremos más tiempo. Otro tema. La nueva clase media emerge en el Asia y en el África (lo siento, no es el caso de la América Latina). Pero, otros dicen lo contrario. Max Tegmark, nada menos que profesor en el MIT, nos advierte: si la Inteligencia Artificial (los robots) no es controlada, “corremos a un escenario catastrófico”. Y en cuanto a vivir hasta los cien años, ¿con qué? En fin, lo que he sentido en el “aire del tiempo”, es un interés desbordante por las ciencias. Hay titulares como este: “las matemáticas ayudan a vivir mejor”. Pero también, lo contrario: “Bienvenidos al peor de los mundos”.

En fin, la sorpresa. En lo que solemos llamar “viejo mundo”, ocurren transformaciones que conciernen a todas las disciplinas, desde ciencias duras a humanidades. En el XVI el Mundo Nuevo era un concepto geográfico. Hoy es un concepto cognitivo. Fiebre del conocimiento. Fervor por saber y enfrentar los cambios climáticos y el sistema complejo y caótico del propio universo, por eso ha partido la sonda Parker en su viaje al sol. Sí, claro, hay problemas, migraciones africanas, manazos de Trump a Turquía, corrientes xenófobas que enfrentan el español Sánchez y la alemana Merkel. Pero el telón de fondo es la serie de innovaciones que se vienen. Si en el Perú no entendemos ese cambio de era, estamos perdidos.

Publicado en El Comercio, 16 de agosto de 2018

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/viaje-nuevos-mundos-hugo-neira-noticia-547218

Cuba. Cuando las élites se decían socialistas

Written By: Hugo Neira - Ago• 13•18

En los años setenta fui varias veces a Cuba. Había ganado el premio de Casa de las Américas en 1975 con mi libro sobre Saturnino Huillca, dirigente cusqueño que inicia la reforma de la propiedad de la tierra con sus tomas o invasiones. La autobiografía de Huillca, la de un indio que tomaba la palabra. Y no hice sino las preguntas, que luego hice desaparecer para que solo quedara su voz, su relato. Huillca era un sabio. Ese texto fue traducido a 7 lenguas. Al polaco, al checo, años de la hegemonía soviética en la Europa central. Después de eso, los cubanos me invitaron repetidas veces. Casi me caso con una cubana. No se pudo, era la estrella de un deporte que se cultivaba en Cuba, el ballet acuático. Si se iba, sus padres perdían estatus y diversos privilegios, entre ellos, su lujosa casa. Una vez más, la imposibilidad de Romeo y Julieta.

Por entonces ¿quién en Lima no dejó de visitar Cuba en esos años? Poetas, periodistas, políticos, gente de cine y teatro. Yo he vuelto a Cuba en los años duros, cuando desaparece la URSS y sus protecciones comerciales. Con Claire. El problema con los cubanos, es que son simpáticos antes de Fidel, después y ahora. Todavía hay gente que se acuerdan del indio Huillca. Y lo que me dicen, «al menos nos visitas». Hoy, en Cuba hay cambios. Un presidente, Miguel Díaz-Canel, adiós la familia Castro. Se vienen cambios en la economía. Su reconversión es tan cuerda como la que fue la transición en España tras la muerte de Franco.

Pero aquí viene lo que quiero contar. En uno de esos viajes, una familia limeña que tenía una hija estudiando en La Habana, me pide que intervenga. De ella se había enamorado uno de los «comandantes». Por lo visto, ella estaba harta de esa relación, pero el poderoso amante no la dejaba salir de Cuba. Ahora bien, no era cualquier cosa uno de esos «comandantes». Eran pocos, eran esos que pelearon en Sierra Maestra. Y guardaron las pobladas barbas. Una suerte de nobleza. No llevaban uniforme alguno. En cada cuartel, el centinela tenía que reconocerlo solo mirándoles el rostro. Y cuadrarse. Alguna vez fui a un cuartel con algún general peruano, y se quedaban admirados. Cuba, con razón o sin ella, vivía en un clima de posible invasión americana. Y como se sabe, el propio Fidel dormía a salto de mata. La CIA no pudo matarlo pese a un número increíble de intentos. Después de todo, la isla es pequeña. Digamos el departamento de Arequipa y Moquegua.

En cuanto al cuasi secuestro de la joven peruana, el lío que se armó no fue tanto por esos amores contrariados sino que metí la pata al invitar a la joven peruana a que almorzara conmigo en un gran restaurante que no era abierto a todo el mundo. A los velasquistas nos ponían en las mejores residencias. Aquella muchacha descubre entonces que en Cuba había quesos franceses Camembert. Claro está, para la élite. Y yogurt y otros manjares. No para una simple estudiante becaria. Lo de dejarla salir fue lo más fácil. Cuatro gritos de la autoridad y el comandante de marras se buscó otra víctima. Lo otro, el descubrimiento de la gastronomía para los de arriba, fue mi error. Al día siguiente, tuve una discusión de lo más encendida con un brillante asesor de Fidel Castro, alguien que por edad no había estado en Sierra Maestra, demasiado joven. No lo olvidaré. Dicen que solo los rusos y los sudamericanos son capaces de amanecerse por un debate de ideas. Por lo menos en los años setenta al noventa. Mi amigo, pese a lo que llamaría Iván Degregori «los  hondos y mortales desencuentros», no dejó de serlo, y nos despedimos con un abrazo. Venía de una vieja familia cubana. Sí, pues. Eso ocurre en todas las revoluciones. Gente de la antigua élite dominante se reconvierte a los nuevos dominadores. Y lo que me dijo, no lo olvido.

«Sí, Hugo. Vivimos mejor que el pueblo. Pero es necesario. Sin nosotros el pueblo retrocede y se equivoca. Mire compañero, ¿cómo funciona una colmena? El néctar para las abejas obreras no es la jalea real para las abejas reinas». Textual.

En efecto, polen, jalea real, miel. Pero con metabolismos diferentes. No para humanos. Sinceramente, esa argumentación es radicalmente reaccionaria. La metáfora de la colmena es lo que todos los grupos dominadores y explotadores han argumentado para legitimar su existencia, desde los faraones a cualquier grupo de poder cerrado al pueblo.

En fin, en la Cuba de Fidel Castro, en los años felices en que el poderoso Iván el ruso corría con los gastos del «milagro» cubano, la élite vivía de manera completamente distinta del cubano corriente. Desde la casa, una residencia de lo mejor, a los ingresos e incluyendo la gastronomía. ¡Vaya socialismo! Que una muchacha extranjera se iba de Cuba descubriendo cómo vivía la clase política, era un escándalo.

Más allá de Cuba castrista, me temo que la izquierda tenga siempre una matriz aristocrática. De los jacobinos a los modernos, la idea de la vanguardia esconde el narcisismo del revolucionario. Se le ocurre a Lenin, no a Marx. El partido único es la contribución de los bolcheviques. Su éxito y su pecado. En cuanto a la actual izquierda peruana, la he llamado la Inquisición de los Propietarios de la Verdad Única (IPVU). Hoy, ellos deciden quién es correcto o no. Viven como burgueses, porque si no viven bien —vuelvo a escuchar al amigo cubano— ¿quién conduciría al pueblo hacia las praderas del porvenir socialista? En los días que corren, es muy fácil ubicarlos. Están siempre por encima de cholos, zambos y plebeyos. No tienen haciendas pero sí, universidades. Más fundamentalistas que el mismo Opus Dei.

Publicado en El Montonero., 13 de agosto de 2018

Cuba. Cuando las élites se decían socialistas

 

¿A qué llamamos cultura chicha? Tres opiniones

Written By: Hugo Neira - Ago• 06•18

Las presentes crónicas se interesan por «las culturas». En Perú, hay varias. No hablamos de las amazónicas, ni de los aymaras comerciantes que han inundado Arequipa y Moquegua. En nada soy contrario a esa antropología tradicional. Pero pienso que más bien debería interesarnos las culturas urbanas. Por obvias razones. Una mayoría aplastante de peruanos vive en ciudades. Hay varias «culturas». En cuanto al tema de la choledad, en Guillermo Nugent, fue gran éxito, en 1992. Pero sin dejar de ser una glosa un tanto facilona de Octavio Paz, El laberinto de la choledad. El título nunca me gustó, suena a cochineo. Al margen de eso, es un gran ensayo. Hoy se habla, corrientemente, del ‘achorado’, de la cultura combi, de la cultura chicha. La presente nota se refiere a esta última.

Comencemos, pues, por definir el concepto mismo. Es una manera de precisar la temática que abordamos. Todo saber es inevitablemente reductor. Aquí, el tema central es el de la cultura, en particular urbana. Ocurre que desde los años 40 del siglo pasado, los antropólogos —el americano Boas, el inglés polaco que fue Malinowski— estudiaban a los indígenas australianos, indios americanos y sudamericanos y aldeas africanas, pero sus sucesores se pusieron a observar, estudiar y describir las comunidades urbanas, los migrantes, los grupos marginales, las minorías étnicas de las subculturas urbanas y las contraculturas, este último, de los jóvenes en conflicto con la cultura dominante de sus mayores. En otras palabras, la antropología y la sociología, en los Estados Unidos, dejan el campo y vuelven a la ciudad. Un cambio decisivo es el de Howard Becker, Outsiders, 1993. Pasaron a estudiar las modas juveniles, en eso hay que leer a Marvin Harris, que está traducido desde hace decenios. Añadiría, los trabajos del francés Pierre Bourdieu. La distinción es de 1979.

El concepto de cultura es variado. Pero desde 1871, quiere decir «un conjunto de hábitos o costumbres que adquiere el ser humano en la sociedad». Concepto del antropólogo británico E. B. Tylor, «todas las habilidades técnicas, los símbolos sociales de toda sociedad humana». Y es así como en esta enorme sociedad que es Lima, aparecen conceptos como la cultura chicha. Por brevedad, reduzco esta nota a tres contribuciones. La cultura chicha segun Arturo Quispe Lázaro. Luego, una de mis alumnas que se ocupó de esa temática. Y lo que dice qué es chicha en Danilo Martuccelli en Lima y sus arenas.

No conozco personalmente a Arturo Quispe Lázaro, pero he bajado su texto de Internet. Arranca desde un ángulo político, ¡cuándo no! Escribe en el 2000, y lo primero es «los diarios chicha». «Pasquines de la mentira, del engaño y del ocultamiento de la información». Luego se ocupa «de la fraudulenta re-reelección del presidente Fujimori, cuando aspiraba a un tercer mandato, ¿se acuerda el lector? Y señala que la tecnocumbia y el «baile del chino», como lo chicha, nace con la música que democratiza. Luego, el concepto se aplica a una descomunal simbología. Quispe Lázaro observa la polisemia del término. Crédito chicha, tren chicha, presidente chicha, colores chicha, arquitectura chicha, vedette chicha, animadora chicha. Del «achichamiento del mercado». Y del profesor y escritor Abelardo Sánchez León, « este Perú, profundamente corrupto y chichero» (revista Quehacer).

¿Qué es chicha para Quispe Lázaro? La amalgama de culturas. «En lo estético-cultural, colores estridentes, combinación en las comidas, mal gusto. Lo informal, la mezcla, la flexibilidad de las normas y los valores, lo inescrupuloso».

No lo dice, pero podemos usarla en ese significado. Poder Judicial chicha. Fuera de las normas.

En suma, una connotación negativa. Según Quispe Lázaro, debido a que lo urbano y limeño produce «bajo la atmósfera de una convulsión social y cultural» lo que llama «la chicha, enfrentamiento tradicional entre dos tipos de cultura, la andina y la costeña».

Segundo punto de vista. Mabel Patricia Ordoñez, una peruana, una de mis exalumnas. Sostiene que el origen es la gran migración de la provincia a Lima, «a partir de los atentados terroristas en ciudades andinas». «La cultura chicha es de la población provinciana que ve Lima como la tierra prometida». La vincula al emporio de Gamarra, a los mototaxis, a las zonas altas de los cerros, a los conos. Reconoce que «es un mundo donde faltan servicios sociales». La cultura chicha es un primer paso, aunque espera «la formalidad de esa población radicada en Lima».

Tercer punto de vista, Danilo Martuccelli. Profesor de sociología en la universidad París Descartes. En libro del 2015, Lima y sus arenas. El concepto, nos guste o no, la curiosidad europea, lo hace conocido en el mundo entero. ¿Qué dice Martuccelli? Que la cultura chicha es primero una expresión musical, con «un imaginario de fusión». Luego «pasa a designar una cultura, un estilo social y una actitud idiosincrática más o menos generalizada. Observa que lo criollo fue también una música en sus inicios. Felipe Pinglo, pues, «la noche cubre ya con su negro crespón». «Lo criollo, años treinta». Como podrá apreciar el amable lector, la capacidad de síntesis de los franceses. Y su perspicacia. He dicho espíritu de síntesis y algo más, honestidad intelectual. ¿Sabe el lector que cita a Quispe Lázaro? En fin, para el profesor de la Sorbona, que conoce por lo visto bien a la ciudad de Lima y su gente, «la chicha es un kitsch, cuya expresión está en la avenida de la Marina, lugar de confluencia de jóvenes populares urbanos. La chicha son los hostales, como lugar de paz y de sexualidad ante la vorágine de la ciudad». Y aquí se detiene este modesto esfuerzo.

Publicado en El Montonero., 6 de agosto de 2018

http://www.elmontonero.pe/columnas/a-que-llamamos-cultura-chicha-tres-opiniones

 

 

 

París, a la vuelta de la esquina

Written By: Hugo Neira - Ago• 02•18

¿Qué les voy a decir tan lejos como me encuentro? Estoy en París, Francia. Después de un viaje en un avión de 400 pasajeros. Algo semejante a una platea de teatro. Fue un viaje no en Air France sino en KLM. ¿Por qué razón? Temimos las interrupciones en el verano europeo de los potentes sindicatos de pilotos de Air France. Ahora bien, excelente servicio pero 12 horas directas a Ámsterdam, una paliza. Pero me quedé fascinado de algo. Ámsterdam como ciudad. Algo más que Venecia, 100 canales, 1.200 puentes, un tramado de cisternas que hace fluir miles de miles de metros cúbicos de agua. Volveré.

Dije lejos del Perú. Sí y no. Porque con Internet uno se entera de lo que dicen los diarios peruanos. De lo que pasa en Twitter. Y puedo ver el desfile militar en Lima. Además, una de mis ex alumnas ha tenido la gentileza de enviarme el discurso completo del presidente Vizcarra de 28 de julio. Pero también puedo contarles cómo he encontrado París, y luego, mi modesta opinión sobre el anuncio del referéndum.

En cuanto a París por unos días, como se comprenderá, siempre me es placentero. Tuve aquí una vida, estudios, me hice de amigos. Pero en otras épocas, no me quedaba en el verano. En estos días, ha hecho 37° de temperatura. ¡Qué calor! ¡Y va a seguir! Fue tan alta que produjo un efecto singular, una granizada, bolas durísimas de hielo. Y por unas horas, la interrupción del metro en estaciones inundadas.

Fuera de este fenómeno, París, gente venida de todos los puntos del planeta. Y sobre todo, de la Europa comunitaria, alemanes, nórdicos, croatas, españoles. Además, he visto muchísimos asiáticos. Está claro que la nueva clase media ha emergido en China como en India. Y por lo visto, viajan. Y van a Occidente. Por curiosidad, por placer. El otro cambio en materia de culturas y origen étnico, la población de color en París. No son turistas ni recién llegados. Son africanos nacidos en Francia, y tienen sus derechos, y son muy numerosos. En donde estamos, en torno a la Plaza de la República, casi solo hay negros. Altos, fornidos, bien vestidos, dedicados al comercio. Y muy educados.

En general, el ánimo que uno encuentra en el París de vacaciones es de satisfacción. Todo el mundo se mira, pero la regla secreta y no dicha es que cada quien hace lo que le parece; en particular, sobre cómo vestirse. Quizá esto sean las verdaderas vacaciones. No llevar casi nada consigo. Un documento de identidad, algo de dinero, y lo que llamaron los franceses desde el siglo XIX (Baudelaire), ir a la libre, flaner (‘pasear’).

En fin, fui a mis librerías preferidas, con gran suerte, cerraban en agosto. Y pude hallar aquellos libros que me son necesarios. Lo confieso, soy de esos que viajan para ver familia, amigos, exposiciones de arte, novedades en ciencia y tecnología. Pero también para encontrar los libros que necesito. Por correo es posible, pero inmensamente caro, e incierto, por la inseguridad de las aduanas. Los libros virtuales, en dominios que me interesan, no circulan.

En cuanto al referéndum, es decir, consultar al pueblo, me parece la decisión más adecuada, oportuna y republicana. Dejé Lima bajo una neblina política y de repente, ¿el presidente Vizcarra decide un gesto que toma en cuenta a los millones de peruanos? ¿Y no solo a los medios y la clase política? Pues ¡qué bien! Sin embargo, tengo muchos otros comentarios sobre esta estupenda decisión. Seguiré en mi próxima crónica.

Publicado en El Comercio, 2 de agosto de 2018

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/paris-vuelta-esquina-hugo-neira-noticia-542407

«Lima y sus arenas». El achorado

Written By: Hugo Neira - Jul• 30•18

Aunque en estos tiempos hay muchas maneras de informarse qué se edita, por mi parte, no pierdo la costumbre de ir a librerías, visitarlas, pasearme por ellas, hallar obras que ignoraba. Qué le voy a hacer, son hábitos adquiridos en mi ya larga vida. ¿El método? Los libros se hojean antes de comprarlos. Y ocurren hallazgos sorprendentes. Es el caso de Lima y sus arenas. No sabía que Danilo Martuccelli había sido traducido al castellano hasta que una editorial, Cauces Editores, pusiera ese libro al alcance de los peruanos.

Martuccelli es un sociólogo francés, uno de los mejores. Lo conocía desde un libro de 1999 sobre La sociología de la modernidad. El itinerario del siglo XX, publicado por Gallimard. Me llamó la atención por otro obra, ¿Existen individuos en el Sur? publicado en Santiago de Chile (2010). Ni viejo ni joven, nacido en 1964, profesor de sociología en la universidad París Descartes, en ningún momento se me ocurrió que se hubiera interesado por el Perú, y menos todavía, por Lima. Ahora bien, llamamos «peruanistas» a los extranjeros y académicos que trabajaron algún tema científico sobre nuestro país. Por ejemplo, el italiano Raimondi. El rumano John Murra que nos explicó qué era el archipiélago andino gracias al control vertical de los pisos ecológicos. Porras Barrenechea no se cansa de explicar el aporte de extranjeros como Baudin, Trimborn y Means, sobre la historia de los Incas. Y para el siglo XIX y XX, los viajeros.

¿Cuál es la ventaja de estos peruanistas? No provienen de las pasiones, las cegueras, los prejuicios de los locales. Tienen la serenidad del observador. Como nuestra vida intelectual es una guerra civil en manos de Caín, resulta que un extranjero, que trabaja para entender y no tergiversar, tiene resultados positivos, claros y desinteresados. Es el caso de Martuccelli. Sin embargo, en esta reseña (un hábito del quehacer intelectual que casi ha desaparecido de nuestros periódicos), tengo que explicar algunos giros semánticos. Por ejemplo, qué es lo que quiere decir por «arenas».

Si los peruanos tenemos una referencia histórica, los Incas, los europeos no olvidan la Roma imperial y la cristiandad. Las «arenas» connota con el circo romano. Quiere decir espacios de conflictos, políticos, culturales. Para nosotros, que no venimos del latín, arenas es playas. Ahora bien, Martuccelli, desde la introducción, parte de una premisa que por lo general se nos escapa. Agobiados por nuestros defectos, la corrupción, entre otros fenómenos que nos deprimen. En cambio, Martucelli arranca con «los limeños adolecen de una interpretación consensual de su reciente historia colectiva». Dice que hemos vivido «un gran cambio». Luego pasa a los avatares del pueblo, del APRA, el gobierno militar, y luego lo criollo, lo huachafo (y ahí me cita, con algo de Hacia la tercera mitad), lo cholo, «el racismo estamental y el impase de la nación». Lima, los informales, el mercado, la crisis y «la inconsistencia posicional». Ese sociólogo, no adulador, encuentra «fracturas y diferenciaciones populares». Luego en el capítulo 4, habla de un «proyecto reglamentador». Y esto: «el fracaso, una ciudad donde nadie respeta nada». Y describe la matriz informal. Y de ahí, la cultura chicha, el humor del aplaste y el achorado. El subtítulo del libro dice académicamente su propósito: «poderes sociales y jerarquías culturales».

¿Qué es un achorado? Entendamos este sujeto social sin pensar que Martuccelli es caviar o keikista, aprista o liberal, si está con Movadef o qué tipo de jueces y supremos frecuentó cuando estuvo en Lima. El amable lector tendrá que razonar por su cuenta y sin la ayudita que consiste en rechazar o aprobar a priori un texto, según la inclinación ideológica del autor. Por una vez, van a tener que pensar sin las muletas del hábito inquisitorial limeño.

El achorado es el que avasalla. «En su núcleo duro, testimonia de una actitud de desafío específico de los de abajo». El achorado es la expresión terminal, o en todo caso extrema, de la cultura chicha y «del humor del aplaste» (p. 228). El achorado avasalla sin miramientos, por ignorancia, por indiferencia, por buscavidas. ¿Qué nos está diciendo el sociólogo francés? Por si acaso, se ha leído cuanto opinólogo peruano, sociólogo o no, exista. Pero hay opiniones que son suyas. El achorado, según Martuccelli, es de origen popular, e incluso migrante, de abajo, pero tiene algo especial. No se resigna al casillero en el que lo coloca la sociedad limeña. «El achorado es el resultado de un incremento de expectativas». Pero no viene de un desborde político. (Adiós Matos Mar.) Sino de «un desborde normativo cotidiano». Lo compara con el desafío plebeyo de los peronistas de la época de Perón. «El achorado es la expresión ambivalente de la fuerza de la democratización». No tiene mucho que ver con la criollada. Eso que conoció Bourricaud y tema de Guillermo Nugent (en 1998), ya fue.

El achorado es la nueva figura. Para avanzar en sus análisis, se apoya en Manrique, Portocarrero, Bruce. En otros casos, en Tanaka. Lo de cholear regresa varias veces. «Lima es una promesa y un tormento». «El lugar de las sociabilidades en jaque». Ya estamos en algo más potente que el cholo avispado y el vacilón chicha. El pendejo estafador se ha quedado atrás. El humor del aplaste limeño es lo de hoy. El «te cagué, mierda». Todo lo que cuenta es no ser «lorna». Hasta la China Tudela y la paisana Jacinta entrán en este baile. La pendejada queda como una vieja variante. Amable lector, corra a comprarse ese libro. La va a pasar piola. Y sabe una cosa, ese francés, Martuccelli, nació en el Perú.

Publicado en El Montonero., 30 de julio de 2018

« Lima y sus arenas ». El achorado