De la visita del Papa en Santiago y ahora, en Lima. ¿Qué dirá y dónde?

Escrito por: Hugo Neira - Jan• 18•18

A propósito del excepcional mensaje de ética que Francisco porta a nuestros pueblos.

La información que les doy proviene del hecho que estando en Santiago, he escuchado varias veces al Papa. Y estoy impresionado por su mensaje. Que es de una sencillez tremenda. Pero, puesto que es tan importante y variada la presencia papal, puede que lo más importante se pierda para el público, porque, por un lado, los medios levantan ciertos temas, por ejemplo en Chile, el de los abusos con “niños por parte de ministros de la Iglesia”. El Papa, sobre este punto, lo ha abordado varias veces en Santiago, en las primeras palabras de sus diversos discursos. “No puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza que siento ante el daño irreparable, etc”. Ha tenido reuniones con las víctimas. Ahora bien, les cuento que Francisco Papa ha tenido en Santiago no uno sino varios eventos, con sendos mensajes. El discurso en La Moneda (Palacio de Gobierno de Chile). Hablando de la capacidad de escuchar, del perdón, etc. Luego, en el Parque O’Higgins —un lugar abierto que fue repleto desde la madrugada, por lo menos con 400 mil fieles y visitantes— con frases tan trascendentes como esta: “No fueron ideas o conceptos los que movieron a Jesús … son los rostros, son las personas; es la vida que clama a la Vida que el Padre nos quiere transmitir”. Un tercer discurso, en el Centro Penitenciario Femenino. De nuevo sobre el sentido del perdón, la reinserción, “una condena sin futuro no es una condena humana, es una tortura”. Un cuarto, con religiosos en la Catedral. Y un quinto, un encuentro con obispos, que me parecieron, estos dos últimos, realmente excepcionales. Quiero decir por qué. Nunca en mi vida he escuchado no solo un Papa sino un obispo, o un sacerdote, decir con tanta claridad lo que sigue: “no estamos aquí porque seamos mejores que otros. No somos superhéroes que, desde la altura, bajan a encontrarse con los ‘mortales’. Más bien somos enviados con la conciencia de ser hombres y mujeres perdonados”. Y esta frase tremenda, “todos debemos pedir perdón”.

¿Por qué les escribo? Porque me temo que en el Perú, como estamos tan politizados, se pierda gran parte del mensaje de este Papa tan excepcional por su sencillez y la sinceridad de sus mensajes. Por lo que veo la agenda del Papa será distinta de la de Chile. Eso es normal. Sería diferente si fuera a Colombia o a Brasil. No es eso. Me pregunto en qué lugar, en qué evento, acaso en la gran multitud que seguro estará en la misa de Surco, en el aeropuerto de la FAP, vendrá ese mensaje de orden a la vez filosófico, religioso, sobre comportamientos, maneras de vivir el cristianismo, en los tiempos nuestros. Más adelante, escribiré todo esto en El Montonero. Sobre los diversos ejes de sus discursos. El Mercurio de Santiago le ha puesto portada a cinco columnas, el miércoles 17, a ese asunto de maneras de ser cristiano y no solo parecerlo. “El Papa nos llama a sembrar la paz, ‘a golpe de proximidad, de vecindad’ […]”. “A golpe de salir de casa y mirar a nuestro alrededor, y mirar rostros”. Claro, les estaba hablando a sus “cuadros” —sacerdotes, monjas, a grupos organizados de católicos en la Catedral—, pero bueno, les decía que no se alejaran de la gente corriente, del pueblo. Y esta frase enorme que revela en el Papa, el gran político —por la paz— que también es este hombre, no por nada argentino, sudamericano, que sabe cómo somos y cómo pecamos de vanidad. La de ser distinto porque se tiene algo de riqueza. Hablo de “la conciencia de ser pueblo”. Y por poco no me caigo desvanecido. ¡Pero si nos estamos olvidando de ser pueblo!

Tengo un enorme trabajo por delante, pero hay cosas que no pueden dejarse de hacer. Les escribo para que estén atentos. En alguno de sus eventos, en algún momento dirá esas frases sorprendentes, que me han llevado a estar atento a lo que ha ido sembrando para el bien en su visita, el bien de todos. Y por eso, les escribo con prisa. No hay aquí trampa, menos interés personal. Solo compartir con ustedes un acontecimiento que es excepcional. Pocos Papas han sido tan claros como Francisco. Tan humildes. Tan directos.

 

 

Discrepancias y bruscas salidas en el partido aprista

Escrito por: Hugo Neira - Jan• 15•18

Me parece el tema más agudo de estos días. Javier Barreda como ministro, la opinión de Mulder, la partida con renuncia y todo de Daniel Parodi, y al final las palabras de Alan García en persona. Caray. No hay duda que es un tema nada simple. ¿Es que enfrentan un clivaje? En sociología: “cuando algo lleva a discrepar de la representación que los actores se hacen del sistema social o partidario en el que habitan” .

Ocurre que a los apristas los conozco toda mi vida. Desde los maestros “compañeros” que tuve en la secundaria común, entre otros muchos docentes politizados. Y en los estudiantes que conocí en el San Marcos de mis días, cuando eran mayoría aplastante antes de que se formara el FER (Frente Estudiantil Revolucionario) con Max Hernández de presidente. Fue la primera vez que los derrotaban. Fue permanente la contienda por el espacio político de la Federación de Estudiantes, nos parecía trascendente. Hoy me sonrío ante tales vanidades. Pero el hecho es que yo ya era un caso perdido para el aprismo. En esos años, los partidos políticos actuaban como las empresas modernas del tiempo actual. Es decir, buscaban los mejores. No entrabas, te llamaban. Me hice comunista. Opté acaso por la ruta más difícil. Pero no me arrepiento. Aquello fue una escuela de rigor y austeridad. Cuando lo dejé, guardé hasta ahora ciertos criterios y sacrificios materiales.

Ahora bien, ante un partido entonces popular y dominante, el aprismo, rivales pero no enemigos. Nunca dejé de tenerlos entre mis amigos. Cuando estaba en el PC, y cuando ya no era militante. Cuando Velasco, nos reuníamos y discutíamos hasta la madrugada. Una actitud semejante tuvo Carlos Franco para escritos de distintas procedencias, y es por eso que Socialismo y Participación fue una gran revista. Pero pensándolo bien, creo que el respeto por los apristas me viene de más atrás. Desde la secundaria.

Había en el Perú estupendos colegios estatales. Entre ellos, el Melitón Carvajal. No solo teníamos un currículo de cursos sino actividades deportivas, culturales, teatro, esgrima, y publicábamos un diario escolar. Sin embargo, en esos tiempos, el ministerio de Educación vigilaba el lado político de la enseñanza. Era la era de Manuel Odría. Y había un docente llamado Alberto Rubio Fataccioli. Profesor de historia universal y militante aprista. Y como temíamos, llegó la hora en que Rubio fue cesado.

Protestamos. Hicimos una huelga (lo cual para nosotros era un riesgo). Por entonces, el director del Melitón Carvajal era el filósofo Julio A. Chiriboga. Nos llamó a su despacho. Sabíamos que era un profesor de universidad, y no el gran kantiano que era. Le explicamos nuestras razones. Chiriboga, con una santa paciencia, escuchaba nuestra propuesta. Buscábamos para Rubio Fataccioli al menos un reconocimiento. Una clase magistral como despedida. Chiriboga accedió y así lo hicimos. El tema fue la revolución francesa.

Fue extraordinario. Con Rubio desfilaban ante nuestro asombro, la serie de fases de lo que llamamos revolución francesa y que no fue ni lineal ni previsible. El llamado del rey, los Estados Generales reunidos (los estamentos), la Asamblea Nacional, la Convención. Rubio nos explicó los probables causales de esa revolución, el ascenso de la burguesía, el azar de las malas cosechas y el peso de los hechos económicos y sociales sobre la evolución política de las sociedades. Y también el temperamento de la plebe o “canalla” de París. Iban en masa a ver las ejecuciones con guillotina en la plaza pública. Años después, en París y en cursos muy avanzados, escuché a los discípulos del gran Braudel. Y era la continuación de lo que Rubio nos había explicado en una gran unidad escolar en Lince. Entonces creció mi admiración. Conocí a Haya de la Torre. Pero le precedía aquel profesor de secundaria.

El amable lector permitirá unas líneas de introspección. Creo que en mi imaginario, a Haya de la Torre lo percibí, de joven, como alguien “imperial”. ¡Indoamérica! A Rubio, como un “jacobino”. Y con el heterogéneo grupo que reunió Carlos Delgado en el SINAMOS, acaso una “fraternidad de iguales”. Hallé un “nos”. Béjar, Francisco Guerra-García, Fico Velarde, etc.

Lo que no me impidió ocuparme del aprismo. Desde “Le tableau des partis politiques en Amérique Latine”,* publicado en Francia (1969). Un trabajo dentro del canon de Duverger. Cuando quise comenzar por la “ideología de los partidos peruanos”, mis directores parisinos me dijeron secamente que eso era al final. Más bien qué tipo de organización, qué recursos para las campañas, qué clases sociales, qué tipo de elites, militantes o simpatizantes. En suma, para cada partido: organización, proyecto, movilización. Lo último, la retórica. Primero lo real. Lo intento siempre, aunque algunos no lo entiendan.

Hoy, acaso los partidos ya no emanan forzosamente de masas sino de individuos. A eso ha recurrido, quizá, Barreda como Parodi. Pero no deja de ser verdad que los partidos tienen reglas. No solo el aprismo echa miembros. En Francia, Edouard Philippe, actual Premier con Macron, fue excluido de su partido (Les Républicains) seis meses luego de aceptar ese alto cargo. También es cierto que han surgido partidos contemporáneos de individuos, como en España: Podemos. Y juegan un gran rol en Cataluña. Técnicamente son dos vías. Los apristas sabrán cuál tomarán. Y no digo más. Por principio no intervengo en conflictos internos. Ni del aprismo ni de ningún otro partido. Y como dicen en Star Wars, que “la Fuerza los ilumine”. Siempre se necesitarán caballeros Jedi.

* http://www.bloghugoneira.com/wp-content/uploads/2012/02/TableauPerou.S.Po_.1969.pdf

http://www.bloghugoneira.com/biblio-upload/GuidePolit.PartiesPeru.pdf,

 

Publicado en El Montonero., 15 de enero de 2018

http://elmontonero.pe/columnas/discrepancias-y-bruscas-salidas-en-el-partido-aprista

2018, después de las lluvias

Escrito por: Hugo Neira - Jan• 09•18

Mucho se puede decir del pasado año 2017. Lo mejor, si uno toma en cuenta las pasiones nacionales, ha sido la clasificación al Mundial. Acaso a falta de mejores noticias. Esa emoción, la de los estadios, no solo es popular sino que tiene sus secretos y verdades, y llega a construir una alegoría de la vida peruana, una que explica no solo el fútbol sino la idiosincracia del país. Lo digo porque suelo escuchar a los periodistas especializados en el fútbol, por lo general son muy atinados. Dejémonos llevar, pues, por la tentación de una semántica que cubre no solo estadios sino al mismo Estado.

La inmensa mayoría de peruanos sabe que no hay determinismos en la cancha de fútbol, y convendría decirles que tampoco en política. Los partidos —de fútbol— usan también sistemas rotativos. A veces algún crack pasa demasiado tiempo en la banca de suplentes, hasta que una parte de la escuadra veterana impulsa a su jugador y entonces cambia todo el alineamiento, incluyendo el del equipo rival. Luego vienen inesperados goles. Algunos de media cancha. Y cuando parte de la tribuna protesta, sacando tarjetas amarillas y rojas, ya es tarde. Perú va al Mundial de Rusia. Fujimori en su casa. Y Meche Aráoz buscando un equipo. Hasta el momento en que se escribe este artículo, no sabemos si reúne jugadores de esos que entienden que patear es un arte como lo es la política, o no. Sean quienes sean evaluaremos.

Entramos al 2018 con una crisis debido a la pugna entre Ejecutivo y Legislativo. ¿Cambios históricos cada año solar? En el calendario de mis abuelas, el año viejo era un Matusalén arrastrando los pies y cargado de una guadaña. Al lado, el nuevo año, un niño gateando. ¿Pero un 2018 distinto? Si hay reconciliación, lo cual es deseable pero dudoso, será entre poderes del Estado. Nada indica que el clima político se enfríe. Ni en medios, ni en redes. Ni en el ciudadano que ve furioso en el quiosco las portadas de diarios y no compra. Además, se vienen las elecciones regionales y para alcaldías. ¿Vamos a tener una política que acepte la pluralidad de ideas? Francamente, ese sería un milagro que no me atrevo a pedirle ni a Santa Rosa. Qué envidia de la placidez casi nórdica de Uruguay y Chile. Al día siguiente de las elecciones presidenciales, la señora Bachelet tomando desayuno con la pareja Piñera.

Quisiera recordar cómo recibimos, disipadamente, el 2017. A fines del 2016: “No nos dejaremos pisar por una mayoría en el Congreso”. Es PPK, el presidente (El Comercio, 24/12/2016). La guerra civil sin balas hizo perder a la gobernabilidad y al país un tiempo precioso. La crisis actual acabaría si proyectos del Congreso fueran aprobados por el presidente. Y cuando los de ley del Ejecutivo, reciban trato correcto en la Cámara. ¿Será eso posible?

Lo de Pasamayo ha sido terrible. No es la primera vez. Justo en diciembre del 2016 se precipitó al vacío, en Apurímac, un bus con 12 policías. En la aldea global, además de Odebrecht y Lava Jato, se sabe que al Perú actual le falta, entre otras cosas, infraestructura. ¿Y quieren tener turistas? Todavía no somos modernos ¿Y qué hace su clase política? Desacreditarse mutuamente. Autodestruirse.

“Después de las lluvias”. Estos meses veraniegos, en la sierra es tiempo de aguaceros. Cuando pasen, volverán, con más ganas, las marchas antimineras. Y habrá salido de prisión Antauro Humala. En el futuro, la historia de estos años y el charco de sus confusiones, será difícil de explicar la pérdida del sentido común de los mandatarios y lamentablemente, de una parte de la inteligencia. Entre tanto, en el pueblo peruano hay desilusión, dolor, cólera, desconfianza. Y esto no sale en las encuestas sino en las urnas. Recuerden la sorpresa Fujimori, la sorpresa Toledo, la sorpresa Ollanta. Acaso ¿la sorpresa Antauro?

Publicado en El Comercio, 09 de enero de 2018

https://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/2018-despues-lluvias-hugo-neira-noticia-487389

 

2017, adiós. ¡Y sigamos en la guerra de cien años!

Escrito por: Hugo Neira - Jan• 08•18

El 2017 en el Perú, pasará un buen rato para que lo olvidemos. Fue el de la corriente marítima del Niño y sus calamidades, y en política, si por ello se entiende la actividad gubernamental, un año perdido. No vamos a ser tan mezquinos de negar esfuerzos e inicios de políticas públicas. Pero cómo dejar de subrayar las energías y el tiempo gastado en la demolición del inevitable adversario. El origen del mal se halla en las elecciones del 2016. El margen de diferencia fue mínimo, de 42’597, el 0,248% de votos. Al día siguiente, PPK era Presidente pero sin partido ni bancada. Y no tejió lazos públicos con otras corrientes. Hubo gabinetes con técnicos y ciudadanos sin duda competentes, pero sin calle ni pueblo. Y olvidando que era el Presidente de todos los peruanos, se embarcó en una nave muy precaria que se llama el «anti». Por Fuerza Popular habían votado nada menos que 8’549’205. Pero el antifujimorismo, entonces con PPK, sostuvo todo el 2017, que esos millones de peruanos querían establecer una dictadura¡! ¿Cómo lo saben? ¿Qué estudio o encuesta hubo? Eso no fue sino una insultante suposición. Y su mayor víctima, el Perú.

La percepción de nuestra vida política es digna de Parque Jurásico. Desde Londres, Drinot, desde su EIAL, nos dice que lo importante es estudiar el fujimorismo. Pero no vaya a creer que es un simpatizante. Le respondo. Sobre los noventa y los años de Fujimori padre, hay estudios muy claros y certeros. Tanaka, Iván Degregori, Dammert. Para el segundo fujimorismo, no son muchos los trabajos, y en el exterior, de Carlos Meléndez y Alberto Vergara, y que en algún momento comentaré. Pero sobre Fuerza Popular, ¿estudios académicos en el Perú? ¿Alguna tesis? Me gustaría saberlo. No hay duda de que la emergencia de un partido nuevo y popular, es difícil de situar. Viene entonces un recurso bien criollo y antiguo. Una combinación de flojera con costumbrismo. Se insulta. Me temo que esa hipótesis sea la más certera. O sea, no tenemos historia, que es flujo. Sino repetición.

El Perú siempre giró sobre feroces antinomias. Al final del siglo XIX, la interminable guerra entre caudillos (que nos hicieron perder un siglo) fue reemplazada por Piérola contra Cáceres, Leguía contra el Partido Civil, Sánchez Cerro y luego Belaunde contra Haya. Después de Velasco, socialistas y apristas se acercaron. Pero vino otro abismo, Abimael Guzmán y su guerra contra el Perú, tras una calamitosa tesis sobre la paz universal de E. Kant¡! Vencido por sinchis, rondas y campesinos armados en grupos antisubversivos, vino su derrota, que había comenzado en el primer periodo de Alan García y que culminó cuando Benedicto Jiménez y los hombres del GEIN capturan al jefe de Sendero en los primeros años del gobierno de Fujimori. Han pasado 25 años y parece que no podemos jugar otro deporte que al adversario, liquidarlo judicialmente o por descrédito. Los jóvenes creen que eso es novedad. Es al revés, es vieja y mala costumbre.

Mientras duren estos juegitos, se retarda la nación, el Estado y la modernidad democrática. Así, pese a todo, nos acercamos al Bicentenario y aparte de alguna Comisión, nos devora lo inmediato. Nuestro pueblo, que se ha inventado una manera de sobrevivir, resulta ajeno a lo que haga o no el gobierno. Solo un 17% cree que se gobierna para el pueblo (Latinobarómetro, 2017). En el CADE de Ejecutivos (Paracas, 2017), estuve invitado y el lema ha sido «No más cuerdas separadas». Se refiere a economía y política. Me parece estupendo, pero si el Presidente no da un inmenso giro, no vamos sino al abismo, a una enorme grieta llamada 2021.

Hoy sobre el Presidente bromean los caricaturistas, «se le ha ido el ala izquierda de Palacio». Discrepo de ese reduccionismo. Proviene de aquellos que se van y se creen indispensables. El Perú de hoy, con más universidades, más profesionales, más gente que ha hecho estudios en el extranjero, puede proporcionar a la administración gubernamental un personal político nuevo y acaso más popular y más joven. Lo cierto es que hay elites en estado de disponibilidad. Sin embargo, la mejor cabeza política del gabinete, Jorge Nieto, se ha alejado. Qué lástima. Lo conozco desde siempre. Y no diré más, por ahora. A veces, entre el periodismo y la amistad, prefiero lo último.

Volviendo al indulto, y a las deliberadas mentiras, resulta que el juez Villa Stein, que presidió la sala que se ocupó de Alberto Fujimori, ha dicho que fue condenado pero no por crímenes de «lesa humanidad» (https://www.youtube.com/watch?v=GNJrlXnNC0s).

También en RPP César San Martín. (https://youtu.be/QJvgbOR6Lk0).

Muy saludable. Pero esa increíble distorsión, esa patraña, esas fake news, se las hemos vendido a Europa y a los Estados Unidos, al mundo entero. Vayamos al grano. Se entiende en el mundo por «lesa humanidad», por ejemplo, al acusado Slobodan Milosevic, serbio, que en la descomposición de Yugoslavia, ocupa Kosovo, y gobierna entre 1988-1989. Había emprendido «una limpieza étnica», que tuvo como víctimas a los albaneses. Lo cual provoca una reacción de los organismos internacionales. La Serbia de Milosovic fue intervenida con bombardeos aéreos de la OTAN en 1999. Al fin, Milosovic es extraditado en el 2001 para comparecer ante el Tribunal Internacional de La Haya. Murió antes de que terminara su juicio. Sin embargo, en el 2016, el mismo tribunal lo exoneró de responsabilidad en supuestos crímenes de guerra en Bosnia (Wikipedia).

Como todos sabemos:

Fujimori hizo desaparecer los aymaras del sur peruano —nuestros albaneses—.

Sufrimos bombardeos aéreos de la OTAN por su culpa.

Fue juzgado por el Tribunal de La Haya.

Hay que odiar intensamente para tragarse esa posverdad, esas fake news más grandes que el cerro San Cristobal.

Publicado en El Montonero., 8 de enero de 2018

http://elmontonero.pe/columnas/2017-adios-y-sigamos-en-la-guerra-de-cien-anos

La IPVU. O sea la Inquisición de los Propietarios de la Verdad Única

Escrito por: Hugo Neira - Jan• 03•18

En Twitter, Memorex dice hoy lo siguiente: “Hugo Neira ingresando al cóctel de Keiko Fujimori, donde canceló sus 500 dólares”. Tomo esa posverdad como una infamia contra mi persona. Sí estuve. Pero en calidad de invitado. El autor del tuit da por sentado que pagué. Una vez más, una de esas fake news. No fue así. ¿Cómo entonces? Fui con mi mujer y corrieron con el gasto amigos de Keiko. Ella quería verme, en persona, para agradecerme lo que dije en la entrevista que me hizo Juan José Garrido, entonces director de Perú21. A una pregunta que hizo Juan José —que lamento no siga a la cabeza de ese diario— sostuve que no «temía una victoria de Keiko». Como se comprenderá, eso contradecía la intensa propaganda de demolición en torno a esa candidatura, sosteniendo la tesis completamente delirante que la hija iba a repetir las actitudes autocráticas del padre. ¿Por qué razón habría de hacerlo? Ni ella ni ningún otro presidenciable, ya no había coches bomba, apagones, terrorismo. Tampoco me espantó una victoria de PPK. Pero a partir de la segunda vuelta, solo atiné a ver dos corrientes de derecha por el momento, rivales. Pensé en algún acuerdo, en nombre de la necesidad de gobernar, me equivoqué. No pude imaginar el cachascán en el que se metieron, oficialistas y la bancada naranja. Esperamos que eso no siga.Ahora bien, ¿por qué desacreditarme? En el transcurso de este horrendo 2017, no he parado de insistir en que la democracia es plural o no lo es. Y que nadie tiene la razón por completo. Y por sostener esa idea abierta y republicana, el partido del odio me odia por no odiar.

Ahora bien, ¿por qué desacreditarme? En el transcurso de este horrendo 2017, no he parado de insistir en que la democracia es plural o no lo es. Y que nadie tiene la razón por completo. Y por sostener esa idea abierta y republicana, el partido del odio me odia por no odiar.

Supongo que seguirán las calumnias. Conviene que diga, públicamente, cuál es mi credo y mi vida. Por lo primero, yo escribo y pienso en los ciudadanos, no en los militantes o simpatizantes de tal o cual corriente política. En segundo lugar, cómo soy. No aspiro sino a las tareas que ahora me ocupan: mis clases, mis libros, mis artículos. Caracterialmente, soy un tanto un lobo solitario. No me gustan las invitaciones, de esas que me llovían cuando era Director de la Biblioteca Nacional, y yo las tomaba, puesto que eran al mediodía, como una distracción innecesaria. Distribuía las tarjetas de entrada entre el personal. Por lo demás, no soy de grandes comilonas. Me encuentro con amigos, prefiero los tête-à-tête, cara a cara, delante de un café. En la Tiendecita Blanca. O en el Haití de Miraflores. Tampoco soy hombre de club. Me gusta la calle, la gente. Y las entrevistas en los diarios, o las invitaciones a la televisión, no las busco. No tengo un equipo de comunicaciones conmigo. Cuando Canal N me ha llamado, o Beto Ortiz a su programa, no es porque Perico de los Palotes le han pedido que me inviten. Se lo pueden preguntar a la gente de la televisión. Jamás he pedido un espacio, aunque a veces tengo ganas de hacerlo, para presentar mis libros. Pero anticipo lo que va a pasar: por lo general, algo me preguntarán de mi última obra (dos libros gruesos por año, no está nada mal ¿no?) pero se irán a los hechos inmediatos. Tienen razón, manda la actualidad, sobre todo la nuestra, cada vez más de color de hormiga.

Entonces, ¿quién es mi rival, quiénes son los que me echan caca puesto que yo no aspiro a cargo alguno? Unos que llamaremos la IPVU (la Inquisición de los Propietarios de la Verdad Única). Y si se siguen interesando por mi humilde persona, les anticipo los delitos que he cometido en los últimos años. En efecto, he ido a locales políticos. No solo los del aprismo —son sus jóvenes los que me invitan— sino a uno de Humala, en el Cusco, me invitaron unos alumnos míos (en aquel momento, dictaba un curso los fines de semana en Cusco). A mi asombro, en el 2010, fue mucho público y la crema del humalismo local. Fue un malentendido. Mis alumnos me habían hablado de una conversación y me encontré con un hemiciclo. Les dije entonces: «ustedes son los que me deben explicar qué entienden por nacionalismo, yo solo estaba preparando un libro sobre Nación». Y eso fue lo que pasó. Me hicieron preguntas, una de ellas por qué había aceptado un puesto como director de la BNP, y yo, qué era lo que iban a hacer si ganaban las elecciones, por ejemplo, ¿cerrar los locales de los partidos rivales? El público del gran salón dijo a gritos que eso era lo que iban a hacer «y mandarlos a la cárcel». Los de la primera fila, lo contrario. Fue divertido, se pasaron discutiendo líderes y pueblo. Al final, me condecoraron con la medalla de su partido. El que me la puso fue Jorge Acurio, hoy en la cárcel. Así pasan las cosas.

A ver, ¿cuáles otras? He estado invitado por Keiko a una reunión de su bancada, en el hotel El Pueblo, sobre cómo «es la dinámica de un poder como el parlamentario». O sea, ya, ¡te ampayamos! Y una vez estuve ante el estado mayor de Sendero Luminoso, en la cárcel de Piedras Gordas. O sea, ¡era senderista! Resulta que durante los años de la BNP, unas bibliotecarias que se encargan en una tarea nada fácil —atender las demandas de los presos políticos— me hicieron saber que ellos querían que yo fuese a verles. Ya no era director pero me recordaron mi compromiso. Fui a Piedras Gordas. Como de política no se podía hablar, les propuse una conferencia sobre la obra de Julio Cortázar, y lo aceptaron. Fui entonces, les dije que la conferencia se podía convertir en algo mejor, en una charla. Les propuse que en una primera parte, me escucharan quién era Cortázar, tanto el hombre como su obra, y luego, leyéramos todos un par de cuentos que yo traía como fotocopias, y luego, discutiéramos. Así fue. Quiero decirle algo al lector de estas líneas. Pocas veces he tenido ante mí un público tan agudo y mentalmente rápido. Me hicieron las preguntas más sorprendentes y brillantes. Fue una tarde fenomenal. Luego, con Morote a la cabeza, me enseñaron su biblioteca, sus talleres, y cerraron la tarde con el obsequio de una hermosa torta, que ellos mismos habían hecho. Salí de los muros de esa prisión para presos riesgosos con una pena negra en el alma. No me volvió en nada simpatizante de su ideología, pero me dije, para mi capote, «qué lástima que gente como esta se perdió en una batalla inútil y cruenta, a la que los llevó Abimael Guzmán». ¡Qué crimen y qué error!

Cuántos pecados. No soy del Partido Popular Cristiano, pero hice el prólogo al formidable libro sobre su vida y memoria, de Luis Bedoya Reyes. A pedido suyo. Que me transmitió Harold Forsyth. Tampoco soy aprista, pero prologué el libro de Nicanor Mujica Álvarez Calderón. ¡Cómo no aceptar! Es una vida llena de hazañas, cambios de vida, algo completamente fuera de lo común. Lo hice porque así lo quiso François Mujica. Y se lo agradezco.

Es un clima inquisitivo el que hoy reina. Es cierto que el escándalo Odebrecht/Lava Jato ha embarrado a media Lima. Y están destruyendo la poca democracia que nos queda, es seguir intimidando. Están, sin embargo, lejos de la realidad. Yo sé, porque me lo han contado, cómo los ministros —en este régimen y en el anterior— consultaban a opinólogos. No voy a dar nombres, tanto de ministros como de algunos de mis colegas, y no lo hago puesto que le dije a Beto, en su programa, que no voy a decir nada de quién con quién y en qué lugar, porque los peruanos tenemos la religión de la amistad. A Beto le encantó, y al toque, lo digitó en su Twitter. Con lo cual quiero decir que hay gente que se ocupa seriamente de los políticos, porque son gente del mundo de las ciencias políticas. Estoy diciendo, con humildad, que no soy el único.

Ahora bien, los autores de esas fake news hacen como que no entienden que uno se ocupe de política, como es mi caso, sin ser parte de uno de los grupos en competencia. Y manipulan entonces el ancho mundo de los que no son universitarios. Construyen un enemigo. Desdicen a todos los demás, salvo ellos mismos. Son peor que la Inquisición colonial. Porque saben que mienten o exageran, mientras fingen ser los inmaculados. Si esto sigue, si por cada gesto o acto cotidiano —por ejemplo si te ven con un amigo al que ellos no aprecian— te cargan de inmediato con vicios ajenos, entonces ese ambiante limeño se vuelve peor que el Moscú de Stalin. Reina la sospecha. Unos pocos califican quién es decente o no lo es. Dictadura, lo que se llama dictadura con militares, tanques y suspensión de garantías, no hay. Pero sí otra forma dictatorial, llena de hipocresía y medias verdades: te metes con nosotros y ya te jodiste, si no tienes cacerolas te las inventamos. Sí, pues, esto ya lo he vivido desde que era muchacho. Es un capítulo de una de las novelas de Bryce Echenique. Los blanquitos nunca pierden, y cuando pierden, tiran golpe. Hoy, sueltan tuits con medias verdades.

A propósito, señor Cateriano, y gracias por el tuit que me dedica, una pregunta: ¿en qué colegio estuvo usted en su secundaria? ¿No será por casualidad, La Inmaculada? Y a propósito, califica a Alberto Fujimori, de exdictador. OK, pero ¿dónde estaba usted cuando quemaban las papas, con el terrorismo de Sendero? ¿No cree usted que, le guste o no, algo le debe? La vida por ejemplo. Porque de triunfar la guerra que le declaró Abimael Guzmán al Perú, si ganaba, usted y yo estaríamos muertos. Me intriga algo, la forma cómo se expresa. Usted es un hombre culto. Y me pregunto por qué no usa en sus escritos los conectivos. Es decir, usar las expresiones «por una parte, por la otra». Sí, pues, sirven para decir el pro y el contra de un caso. Dudo que sus profesores, entre ellos algún cura, no le enseñó el arte de usar frases que permiten enfrentar temas complejos. La oración, por ejemplo, que usa este sistema: ‘si bien es cierto que’… ‘no deja de ser cierto que’… A mí me sirve mucho. Puedo decir, por ejemplo: «Si bien es cierto que Fujimori realizó varias políticas positivas, como introducir el país al mercado libre, y la victoria sobre SL, no deja de ser verdad que dio un golpe de Estado, se vinculó en extremo con Vladimiro Montesinos, etc. No es su estilo, ¿no? Con todos mis respetos, doctor Cateriano, un abismo semántico nos separa.

Sí pues, hay un destino en algunos cuantos, en mandar en este país de cholos, blancos de clase media y pobretones, de chinos, japoneses, descendientes de polacos o italianos, de todo, pero ellos mandando. O por la derecha o por la izquierda. «Dicen estar a favor de un Estado de derecho, pero no es cierto. No quieren ninguna fuerza política o legal que esté por encima de la sociedad civil y sus conflictos. Sino, ya habría concursos públicos para cargos ministeriales, no a dedo como hoy». Lo he escrito en el colofón de la segunda edición de ¿Qué es Nación?. «Las clases altas, si el país adoptara un sistema de Estado de derecho, perderían gran parte de sus privilegios. No hablo de bienes sino de distancias sociales que necesitan para prolongar su estatus poscolonial ».

Es hora de acabar esta larga carta a mis amigos que en las redes levantan el dedo por que me aprueban. No quiero perder la ocasión de agradecerles a todos las últimas horas del 2017, no han dejado de enviarme felicitaciones y saludos. Me atribuyen «sosiego», «conocimiento y años de estudio y experiencia». Les doy las gracias, incluyendo a la que me dice «más sabe el diablo por viejo que por diablo». Por lo visto, estos amigos anónimos y numerosos están cansados de lo que llaman, «los odiadores». Seguiré. Puedo equivocarme, pero eso es otra canción. Lo que me preocupa, aun en la lejanía física, es el feroz sectarismo. La intolerancia es lo peor que nos está pasando.

¿Sabe usted dónde estoy ahora? En el extranjero. Salgo del Perú para hallar las fuentes de mi segundo libro comparativo México y Perú. Y en mi patria, ¿me insultan? ¿Así que Neira pagando su cuentita para hacerse pata de una candidata presidencial?! ¿Y luego pasar piola con su careta de «objetivo»?! No, pues. Como se nota que no me conocen.

Esta historia me recuerda un relato de Abelardo Sánchez-León. Se había ido a Europa por un corto plazo, estaba en París, con un amigo, están tomando su desayuno muy tranquilos en una avenida, y pasan dos peruanos que los reconocen, se sientan en su mesa, los acompañan hasta el metro, en uno de sus pasajes subterráneos los asaltan y les quitan todo. Y entonces, una de las víctimas, el personaje central de este relato, acaso el mismo Balo, dice: «por lo visto, de Lima nunca se sale».