Periodismo criollo y la fabricación de lo no real

Escrito por: Hugo Neira - Nov• 13•17

Usted, amable lector, y el que firma, ¿qué culpa tenemos que nos toque vivir en la era de la criminalidad? Esto me pasa por escribir libros insensatos y hablar del tiempo nuestro y para colmo, consultar autores que conocen descomposiciones más avanzadas que las nuestras. Federico Campbell, obviamente mexicano, dice que su país se parece a los Estados criminales de la Italia del siglo XIX. Iba a cerrar con este asunto cuando me tropiezo con otra propuesta, no menos sabrosa que la anterior. Un especial de Courrier International, que habla de «la era de la desinformación». De los Estados Unidos a Indonesia, los fake news han invadido al mundo (Hors-série, noviembre-diciembre 2017).

¿Qué es lo que se llama fake news? Para el periodista británico Matthew d’Ancona, con ese nombre se designa un contenido periodístico deliberadamente deformado para obtener una victoria comercial o política. Fake news los llama todo el tiempo el presidente Trump para desacreditar los medios de comunicación que lo critican. No hay una gran diferencia con la posverdad. Lo que cuenta no es la verdad —¡qué aburrimiento!— sino el efecto en los consumidores. Es como el discutido chocolate Sublime, puede que no tenga mucho cacao pero es sabroso. Entonces, con el fake news llegas al lector desde el lado emocional. La noticia, lo factual, los hechos, es lo de menos. Otras son las exigencias del arte periodístico de nuestro maravilloso siglo XXI. El contenido debe coincidir con las emociones y creencias del lector. ¡Qué diablos! ¿Qué se han creído los periodistas, que ellos van a orientar a las redes? No, pues. Basta de pedantes.

Ante este desden por la verdad y la objetividad, una investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) ha alarmado. La información orientada a afirmar la opinión (por lo general, atiborrada de prejuicios) es compartida en las redes sociales. Y en la encuesta sale a flote que se cree a pie juntillas lo que dice el fake news. «Porque no nos vamos a poner a comprobar la veracidad de la noticia», han contestado. Estas son cosas que no solo pasan en Lima. Los féroces británicos que se enfrentan a las olas de mentiras en medios de comunicación dicen, con todas sus letras, «que estar en grupo provoca inclinarse a lo dicho, como los animales que se sienten en peligro alcanzan la seguridad juntos con los otros». En suma, se alimenta el instinto gregario. Es el instinto «que conduce a eliminar el fact-checking». ¿Para qué? Si me cae mal tal o cual político al que le tengo manía, me lo creo.

De modo que, con una inmensa alegría, con orgullo patrio, no tengo menos que felicitar al diario El Comercio, se ha sumado a esa corriente periodística que abre su portada de esta manera: «Odebrecht afirma que financió campaña de Keiko». Y cuando la leo, me dijo para mi capote, «ya se fregó». Pero treinta segundos más tarde, me tropiezo, visualmente, con lo que sigue: «Ex directivo de constructora dice que tiene certeza de que hubo aportes, pero que se debe corroborar los detalles con Jorge Barata». Diablos, hay un ‘pero’. Y el «se debe corroborar los detalles». Y entonces, por la cabeza me pasa un bolero tropical. ¿En qué quedamos por fin? ¿Me quieres o no me quieres?

Teoría de la separación del contenido real con el contenido achorado difundido. Por lo real, media Lima sabe que la entrevista a Marcelo Odebrecht duro 4 horas, y lo de Keiko, 15 minutos. Y fueron varios los ‘no’ de Marcelo, no la conozco, etc. Felicito, pues, la desconexión del periodismo de El Comercio con la innecesaria verdad. Si se ha cometido un exceso interpretativo, un furor teleologicus, se ha hecho para ir impidiendo el horror de otra derrota de la gente decente en el 2021, dirían en su defensa. Si les entendemos bien, la relación periódico y lectores es una teoría tradicional. Hay que tomar en cuenta que los lectores han pasado por una educación muy peruana en que se ha exaltado el individuo y el empoderamiento. Entonces, ven el diario en un quiosco, ni lo compran. Una foto con la portada y lo envían a sus amigos. Y como lo aprueben, creen firmemente en la posverdad. Es entonces, el autoconvencimiento. El rumor, el enredo, la inexactitud vence. Felicitaciones a ese diario y a su inteligencia planificadora de mitos y relatos inciertos. Por lo visto, para vencer, hay que olvidar los escrúpulos de otras generaciones.

¡Qué lección de habilidad! Le han hecho decir a Marcelo lo que no ha dicho. Genial, un diario que no dice qué es lo real sino como les gustaría que fuese. Hoy, otros periódicos dicen: «Que hable Barata». Sin duda, que hable. Pero por el momento, le han puesto palabras en la boca de Marcelo Odebrecht que esperan diga Barata, o no diga¡! La portada del viernes 10 de noviembre pasará a la historia del periodismo. El declive de la confianza al decano de los diarios puede arrastrar buena parte de la opinión. Ya no son creíbles. Qué lastima.

Publicado en El Montonero., 13 de noviembre de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/periodismo-criollo-y-la-fabricacion-de-lo-no-real

Ni zar ni Gobierno provisional: Lenin

Escrito por: Hugo Neira - Nov• 12•17

En la noche del 7 de noviembre, según el calendario gregoriano, y no el 25 de octubre —calendario juliano que los rusos dejan de usar—, el Palacio de Invierno cae.

Por: Hugh Samanoff *

¡Desde este 7 de noviembre de 1917 y en adelante, los bolcheviques mandan en Rusia! ¡Y van a cambiar la capital, Petrogrado, por Moscú! ¡Y es Lenin, heredero de las ideas de Marx, quien gobierna ahora uno de los países más grandes de la tierra! Sin duda, los efectos terribles de la guerra, en la que los rusos llevan la peor parte, condujeron al desplome de la secular confianza en el zar. No sé cómo la historia va a llamar estos hechos, pero han ocurrido entre febrero y noviembre de 1917. La toma del Palacio de Invierno no es sino un episodio. Si se habla de una revolución, ha sido por fases.

La gran meta de bolcheviques y otras izquierdas, hasta 1914, era liberarse del oprobio zarista. Pero el vacío de poder creado por la guerra abre un agujero en el principio mismo de la autoridad. Y las metas de los bolcheviques se vuelven otras. Otra Rusia.

Cuando dejé Londres para llegar a Rusia, era porque había estallado una insurrección en Petrogrado (febrero). En una crónica anterior, en el caso de que el lector no la haya leído a causa de un censo, explico que el gobierno de Aleksandr Kérenski —el héroe de la caída del zar— enfrentaba dos máquinas de guerra. En el frente externo, los alemanes que en cada batalla destrozan los ejércitos rusos. Un nuevo tipo de guerra en la que no cuenta ni el número ni el coraje sino la metralla, las armas. Por otro lado, en el frente interno, dos cosas novedosas. La prensa de los bolcheviques y los comités de soldados- revolucionarios que se cuentan por millares. Los sóviets. Agrupaciones de soldados que no obedecen más a sus oficiales.

Este reportaje lo provoca la abdicación de Nicolás II, en marzo. No siempre se es testigo del hundimiento de un imperio. En los últimos momentos, Nicolás II intenta una monarquía constitucional, pero es tarde. Insisto, todo comienza en febrero. La guerra se hizo impopular. Privaciones en la vida cotidiana, bajas de familiares en la contienda, la multitud reclama «Pan y Paz». En Petrogrado, unos 80 mil, entre trabajadores de textiles y metalurgia y mujeres. Las autoridades dudan en lanzar la tropa, pero la sorpresa es que regimientos enteros se pasan al campo de los insurrectos. El movimiento fue seguido en todo el país. El 27 de febrero el poder desaparece.

SACRIFICIO INÚTIL

El sacrificio de los Romanov ha sido inútil. La musa de la historia ha decidido que se aceleren los acontecimientos. He visto cómo se forma el gobierno provisional de Kérenski. Por su lado, bolcheviques que se hallaban en el exilio se apresuran a retornar. Entre ellos Lenin, desde Zurich (en marzo). Y mientras se desploma el antiguo régimen zarista se hacen visibles diversas tendencias, liberales, constitucionalistas, demócratas, mencheviques, bolcheviques y social-revolucionarios. Son estos últimos por los que los rusos votan, unos 17 millones. Por los bolcheviques, unos 10 millones. Vladimir Ulianov, Lenin, ya está de vuelta. Ese poder parlamentario no es su meta. Los bolcheviques crecen en la medida que se reproducen comités de soldados insumisos. Crecen en las calles y en las fábricas. Lenin intenta convencer a sus camaradas. Ve la ocasión de una toma violenta del poder. Pero se oponen. Gran parte de los sindicatos están todavía en manos de mencheviques.

Pese a ello, en julio, hay una segunda insurrección que dura tres días. Un putsch fallado. Y lo que es peor, el gobierno de Kérenski decide poner punto final a la actividad de Lenin, y se le persigue por «traición a la patria». Se hace público que entra a Rusia gracias a las facilidades prestadas por los alemanes. Sabían que si llegase al poder —lo cual era quimérico— lo primero que haría es buscar la paz. Lenin, entonces, desaparece. Fuga a Finlandia.

Pues bien, en la noche del 7 de noviembre, según el calendario gregoriano, y no el 25 de octubre —calendario juliano que los rusos dejan de usar— el Palacio de Invierno cae. Pero la toma no tiene nada de heróica. Invaden un gran hospital. Tiempos de guerra. La familia imperial se había trasladado a Tsarskoïe, un distrito de Petrogrado. Tampoco lo ocupaba Kérenski, sino el Palacio Gatchina. La batalla entre «guardias rojos» y junkers y tropas de asalto que Kérenski esperaba llegaran a tiempo, no tuvo lugar. Un puñado de partidarios lo toma por la noche, y si hubo muertos, provienen de los marinos del Crucero Aurora, que se amotinaron. Unos cuantos cadetes y un batallón de mujeres guardaban ese lugar. Y Kérenski, como en otros lugares, esa noche descubre que no solo los bolcheviques sino la mayoría de guarniciones eran parte del levantamiento.

EL PODER DE LOS SÓVIETS

¿Dónde estaba el verdadero poder? En la asamblea de los sóviets. Trotski, Presidente del II Congreso panruso de los sóviets, recientemente aliado de los bolcheviques. La insurrección entonces, se legitima. Se dictan las primeras leyes en el Palacio de Tauride. Ahí Lenin lee un documento bastante extenso que resumiremos en tres decisiones, el decreto de paz, el decreto que anula los latifundios y el decreto formando un nuevo tipo de gobierno. Estas leyes reciben el voto unánime. Y se canta la Internacional.

Las otras izquierdas, en minoría, han dejado el congreso. Grave error. Kámenev anuncia «la liberación de todos los presos políticos». Se refiere a las víctimas del zarismo. Pero los dirigentes mencheviques y social-revolucionarios son puestos inmediatamente en prisiones.

MINISTROS

¿Cómo será este nuevo gobierno? En la Asamblea, Sujánov se ha atrevido a preguntar si tendrán, o no, ministros. Hasta hace poco, eso parecería algo burgués. Al fin de cuentas, terminan por entregar las carteras de agricultura a Miliutin, que tiene el mérito de ser un especialista de la agricultura, y sobre todo, de tener el récord de arrestos y tiempo en las prisiones zaristas. Educación se le da a Lounatcharski, brillante intelectual. Y para manejar el Ejército y la Marina, a Antónov-Ovséyenko, el genial estratega de estas jornadas. Trotski recibe el más difícil. El de las relaciones internacionales. Tendrá que negociar con los alemanes. 1 Y resolver el problema de la familia Romanov.2 ¿Qué hará Kérenski, que ha desaparecido?3 ¿Cómo pondrá orden policial un gobierno de «revolucionarios profesionales» como los llama el propio Lenin? 4

Notas del editor:

1 Armisticio germano-ruso de Brest-Litovsk

2 La familia real es asesinada el 17 de julio de 1918

3 Kérenski fallece en Nueva York a los 89 años

4 En 1917, se crea la policía política, la Tcheka, para proteger el gobierno bolchevique

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* El periodista llamado Hugh Samanoff no existió nunca. Es una ficción periodística de Hugo Neira, para enviar un corresponsal al pasado, en la máquina del tiempo, a Rusia antes de la toma del poder por los bolcheviques.

 

Publicado en diario Expreso, 12 de noviembre de 2017, p. 21

http://www.expreso.com.pe/mundo/lenin-zar-gobierno-provisional/

 

¿Crimen organizado o delincuencia?

Escrito por: Hugo Neira - Nov• 06•17

Una calculada confusión semántica. A mí de chiquito, mis abuelas y en el colegio fiscal 429 en Lince, me enseñaron una cosa que se llama gramática. Era un tiempo en que la enseñanza se hacía para transmitir conocimiento, y por cursos no ‘por áreas’ como ahora. Y las profesoras venían de la Normal. Aprendí, pues, que crimen es asesinato. Algo que tiene que ver con homicidio, fratricidio, parricidio. Crimen es cuando la fechoría es de tal dimensión como en Cajamarca, en la provincia de Chota, «una bebe de un mes de nacida es ultrajada y asfixiada por su padre, un adolescente de 17 años». No es lo mismo que cuando ordenan prisión preventiva al vicepresidente de Ecuador, Jorge Glas, «por el pago de sobornos». Por mucho que tenga que ver con coimas con Odebrecht —salvo que se negocie bajo la amenaza de un revólver— ahí no puede usarse el adjetivo de criminal. Lo correcto es delincuencial.

Me pregunto, sin embargo, por qué no se usa. No soy jurista, pero sí creo que no se juega con el significado de las palabras. Noto, por ejemplo, que Alberto Bustamante, abogado y catedrático en la PUCP, quien describe los últimos trece meses del gobierno de Alberto Fujimori y que se ocupa de los trajines ilícitos en la ‘Fábrica’ de Montesinos —a quien llama el diablo—, describe a las personas sindicadas como autores «del delito de lavado de dinero», en un libro notable no solo por su franqueza sino por su humor, y dice «delito» y no «crimen» (Del diablo su país, Norma, p. 69). No podemos confundirnos, como ahora estamos. Una cosa es estafar a alguien y otra, pegarle un plomazo.

Delito es depredación, dolo, encumbrimiento, soborno, falsedad y fraude. Por ejemplo, «Ex gobernador de Pasco es condenado a 15 años de cárcel» (El Comercio, 23.09.17). Hay 17 gobernadores regionales entre sentenciados, procesados, e investigados. Todo eso es delincuencial. En prisión está el ex gobernador de Ancash, Waldo Ríos, y su sucesor Enrique Vargas. Procesados por delitos y no por crímenes. El Poder Judicial los consideró culpables de haberse servido del cargo para favorecer licitaciones. En la misma página del mismo diario, viene la noticia de que un policía muere en una emboscada en el kilómetro 116 de la Carrera Interoceánica, y según los testigos, los agentes fueron atacados con armas de fuego. ¿Y eso qué es? Eso es un crimen. Por lo demás, crimen es una metáfora muy general del mal. Decimos es «un crimen matar a las ballenas» con lo cual se manifiesta un respeto por la vida animal. También es un crimen dejar una piedra, adrede, en la carretera norte, provocando un accidente.

Hoy se usa ‘crimen organizado’ para señalar delitos. Me pregunto, modestamente, su origen. Hay dos posibilidades. Viene de la sumisión de las élites peruanas al idioma inglés. En efecto, en el mundo anglosajón, se usa lo de asociación criminal. Pero eso proviene de su propia historia. El mítico Chicago de los treinta. Que es mito cinematográfico y verdad histórica. Al Capone practicaba el viril deporte de agarrar a palazos a alguno de sus socios, delante de otros gánsteres, aterrados. O sea criminal y delincuencial. El Poder Judicial puede y debe investigar. Pero ¿desde el a priori del ‘crimen organizado’? La cosa es obvia. Lo que cuenta es el efecto mediático.

Un sociólogo, Danilo Martuccelli, dice que en la política limeña el «humor es el del aplaste». Martuccelli no vive en Perú y no está en las sectas de la opinión, dice las cosas libremente, modesto profesor de París-Descartes, autor de una veintena de libros, el citado es Lima y sus arenas (Cauces Editores). ¡Cómo nos conoce! Sanciones a Caretas, por unos. Sanciones a Aldo Mariátegui, por otros. La polarización asesina civilmente a esos que no dicen lo correcto de un lado al otro de las facciones.

Me sorprende que no se haya usado, para esa investigación exhaustiva de personas sospechadas, algo que de entrada no insulte, por ejemplo, «Comisión de estudio de posibles crímenes y delitos». Lo que se ha hecho es etiquetar a una serie de políticos con una calificación que los desacredita hasta el fin de los tiempos. En el Perú, nadie va a volver a tratar de la misma manera a una persona que ha sido tratada públicamente de cabecilla del ‘crimen organizado’. El camino a la presidencia para el 2021 está abierto, es lo que creen algunos. Yo veo en cambio outsiders temibles.

La historia del poder en el Perú es muy extraña. Se destrozan clases políticas enteras, eso hizo Leguía deportando civilistas, mientras entregaba concesiones apetitosas a la Peruvian Corporation, a la London Pacific Petroleum. Luego llega Sánchez Cerro,  «que emplea a su familia entera» (Alfonso Quiroz, Historia de la corrupción en el Perú, IEP, p. 255). Pero después del moralista José Luis Bustamente y Rivero vino el general Odría, «hubo transacciones privadas que nadie se animó a revelar». Odría no bromeaba.

¿Crimen organizado? Nuestra delincuencia es oportunista e inacabada. El «dame 20 millones» de un expresidente. Y los fondos del ‘doc’, en el extranjero. O sea cutre, chicha, aunque nuestros jueces abordan el tema como si se jugara en las grandes ligas mundiales del delito.

Publicado en El Montonero., 6 de noviembre de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/crimen-organizado-o-delincuencia

La guerra que no fue

Escrito por: Hugo Neira - Nov• 02•17

De cómo Juan Velasco Alvarado quiso invadir Chile. Hugo Neira, otrora director de difusión del SINAMOS, recuerda la anécdota.

 

“Mira, hijo, tienes que entender que a estos chilenos nunca más los vamos a encontrar en la situación en que están”, le dijo Velasco a Neira desde su cama en el Hospital Militar. Era 1977, según el exdirector de Correo. “Por primera vez tenemos mejores aviones, tanques y habíamos estudiado un ataque como el de los israelitas en el Sinaí. Los íbamos a agarrar con los pantalones abajo”.

“El plan de Velasco era ocupar Arica, Iquique y Antofagasta”, dice Neira.

Parada Militar setentera. La dictadura compró 240 tanques soviéticos T-54 y 280 T-55. “El gobierno chileno habría llamado a la OEA, a Estados Unidos”, dice Neira citando a Velasco.

 

Velasco me tenía una gran confianza y eso me permitió, en esos años, ciertas libertades. Cuando se cierra Caretas y se exilia a Enrique Zileri, quien esto escribe publica una protesta en primera plana del diario Correo. Con riesgo a que me retiraran del cargo de director. Eso propusieron varios generales. Era una dictadura, y Velasco les dice ‘no’. ¿Y voy ahora a ponerle palabras en la boca que no tuvo?

Velasco preparaba una intervención en territorio chileno. Sobre ese tema me dijo muchas cosas cuando lo visité en el Hospital Militar. Era un diálogo entre amigos que no se iban a volver a ver nunca. Yo partía a Europa (no había otra opción) y  Velasco muere unos pocos meses después. Sobre la guerra que no se hizo, me puso ante dos posibilidades. En la primera ganábamos. Porque «era una guerra entre ejércitos». Por una vez, «teníamos más armas». Textual. En la segunda, de volverse una guerra prolongada, entraba a tallar la reserva. «Mira hijito, tú eres un muchacho bien formado, tienes tu pinta, sólido, y no quiero faltarte el respeto, pero en Chile, la reserva tiene un millón como tú». Y entonces, perdíamos.

Zapata: “No hay ningún indicio de eso”

Esa versión de Velasco, ¿no la entiende el historiador Zapata? Menos mal que no fue cronista en el XVI, habría despreciado a los quipucamayoc. Ocurre que algunos de nosotros no solo somos sociólogos o psicólogos o juristas, sino y de paso, testigos de vista. Max Hernández, Julio Cotler, Enrique Bernales, ¿qué no hemos visto? ¿Quién es a quien no conocimos? ¿Por qué eso fastidia tanto? Sí, pues, he conocido a Haya de la Torre, a Jorge Basadre y a Víctor Andrés Belaunde. En plan Montesinos, ¿tenía que haberlos grabado? Y en mis viajes, Fidel Castro, Borges, Octavio Paz, Sartre, Lévi-Strauss. ¿Y yo qué culpa tengo?

En cuanto al velasquismo, dos palabras. Razonando como lo quería Nietzsche, «a martillazos». Sociológicamente, es la ruptura del statu quo por una élite militar. La desaparición de la oligarquía. E históricamente, Velasco es el tajo de la historia. En 1969, se acaba la colonia.

Publicado en Caretas, n° 2512, jueves 2 de noviembre de 2017

http://caretas.pe/sociedad/80668-la_guerra_que_no_fue

Cataluña. España. Europa. El mundo

Escrito por: Hugo Neira - Nov• 01•17

Lo que ocurra en Barcelona sobrepasa el territorio de Cataluña. Es un tema español, ciertamente. Pero es también un tema europeo, hay tendencias separatistas en varias naciones. En Italia, Escocia, Dinamarca (Groenlandia). Y por último, y no es lo menor, la mundialización del planeta. Y lo que está por venir, si el mercado se extendiera en un mundo sin Estados. No es precisamente el paraíso, como explicaré líneas adelante.

El tema es enorme, procedamos desde un principio simple. El criterio de cercanía, tres círculos geopolíticos.

El primero es Cataluña y España. Está a la vista el efecto que ha tenido en los mercados financieros la amenaza de pertenecer a un espacio incógnito, una tierra de nadie, fuera de España y de la Unión Europea. Se han retirado los principales bancos del país, CaixaBank y el Banco Sabadell. Han seguido centenares de empresas, grandes y pequeñas. Ha sido una fuga espectacular. En 48 horas, Cataluña la rica, dejó de serlo. En cifras, la estampida de capitales se eleva a 1800 millones de euros. El tema de Cataluña ha impactado en Europa. Diarios como La Vanguardia, el Financial Times, El Punt Avui, El Periódico de Catalunya, son muy críticos. «La crisis abierta por el referéndum sobre la autodeterminación en este 1° de octubre dejará cicatrices profundas».

El segundo es la Unión Europea —de 500 millones de habitantes—, como su nombre lo indica (esta frase se me ha quedado desde las aulas de la primaria) se compone de naciones diversas. Y no es la primera vez que un Estado-nación se rompe. Checoslovaquia es hoy dos repúblicas. No hay que olvidar que Yugoslavia ya no existe sino Serbia, Eslovenia, Macedonia, Croacia y Kosovo. En resumidas cuentas, ha vuelto a aparecer una mala palabra, balcanizarse. Y las noticias actuales sobre la Europa balcánica no son de las mejores. Los pequeños países que se salieron de la ex URSS y exyugoslavos, no han prosperado, Macedonia tiene un régimen semiautoritario (a lo Putin), Serbia, inundada por la corrupción. «Los balcanes —dice un especialista— no han salido de sus viejos demonios nacionalistas y autoritarios». ¿Y el Brexit inglés?, me preguntará el lector acucioso. Hoy es un lío interno entre conservadores. La salida de la UE es complicadísima. Y tienen para años.

El tercer círculo es el mundo. El problema podemos plantearlo de la siguiente manera. La mundialización es un hecho, es el mercado mundial. La riqueza global ha crecido enormemente, y a la vez, las desigualdades. La influencia del mercado mundial va más lejos. Modeliza de alguna manera las sociedades humanas hacia una homogeneización. Lo cual produce su contrario, corrientes de resistencia. Y ellas no provienen necesariamente de la economía. Cataluña es el caso más visible. Su resistencia es cultural, apela a la lengua y la tradición. Hay mucha trampa en esa postura. Porque hay catalanes que se sienten catalanes y a la vez españoles.

Voy a entrar ahora a un terreno minado. En los medios de la alta finanza, la idea de un mundo en que el mercado se expanda sin barreras que ahora son los Estados-nación, a muchos les parece algo así como la tierra prometida. Pero hay quienes, sin desdeñar el mercado, ven lo que se nos viene. El mundo actual, compuesto de tres superpotencias —Estados Unidos, China y la Unión Europea—, es un mundo policéntrico. Ninguna potencia es hegemónica. Los tres grandes se necesitan. China es la primera acreedora de los Estados Unidos. Y la Unión Europea no puede funcionar sin relaciones con las dos grandes entidades que menciono. Ahora bien, ese orden policéntrico no es capaz de instalar un orden mundial de Derecho. De este mundo a la deriva, las consecuencias ya son visibles. El crecimiento de lo ilegal ante lo legal, la aparición de depredadores internacionales (conocemos esto por Odebrecht). Un mundo precario, frágil. Lo que acabo de precisar lo he tomado en gran parte de Jacques Attali. Y se pregunta, ¿qué posibilidades tendrá la democracia para sobrevivir en ese caos? ¿Un mundo donde la seguridad va a contar más que la libertad? (Y eso ya nos está pasando.) ¿Y cuál es el límite del mercado mismo? Acaso ya no son parte de los negocios internacionales la prostitución y el lavado de activos? ¿Por qué no gestionar las drogas, la violencia? Un mundo con solo mercado, sin Estados, es el caos. Estamos, pues, ante una paradoja. La mundialización —mientras no haya un gobierno mundial, lo cual creo difícil o imposible— necesita Estados fuertes. La mundialización no sale ganando con estados liliputienses, por lo general, inestables.

Volviendo a Cataluña, las noticias son más que saludables. Acaba de cubrir las calles de Barcelona un gigantesco mitin de un millón de manifestantes, mayor que el del 7 u 8 de octubre, en el que habló Mario Vargas Llosa. El lema lo dice todo, «Votarem», o sea, votaremos. «Por el retorno a actos constitucionales». Y con algo muy especial. Con banderas seny. ¿Qué quiere decir seny? En Barcelona siempre hubo un orgullo por tener los catalanes el «seny», que traducido quiere decir sensatez, cordura, sentido común, es lo que regresa. Quieren una Cataluña no solo dentro de España, sino plural. Y como Puigdemont se ha escapado a Bruselas, las bromas recorren Barcelona: «En Bélgica, las empresas han comenzado a huir».

Publicado en El Montonero., 01 de noviembre de 2017

http://elmontonero.pe/columnas/cataluna-espana-europa-el-mundo