¿Crisis de la gobernabilidad en el Perú?

Escrito por: Hugo Neira - Août• 18•18

En primer lugar comienzo por agradecerles su invitación a escribir para su plataforma informativa Brújula. He dictado cursos en su universidad, a mi retorno de Europa. Y les envío esta nota, un tanto corta. En sociología, mi escuela es la de Max Weber, desde el Verstehen de los alemanes. Es decir, la «comprensión del otro». Por eso escribo y pienso sin odios ni emociones. Hace mucho tiempo que opté por ser un universitario y no un político. Ambas vocaciones son respetables. Siempre y cuando no se confundan. En otras palabras, no pretendo ser un ideólogo. Lo cual en nuestro país es raro.

Comprender al otro, en Perú, es lo que menos se hace. Perdonable en el caso de ciudadanos corrientes, no en docentes e investigadores. ¿Conocen un pensador alemán que se llama Eric Voegelin (1901-1985)? Lo menciono porque fue el autor de Die politischen Religionen. A las ideologías las llama las «religiones políticas» de nuestro tiempo. Les doy mis fuentes porque no soy de esos que toman una idea ajena y se visten con ella. Decirles a ustedes que ideología es una mala palabra en la sociología europea, tal vez los sorprenda. Al decir religión, para la sociología que es una ciencia laica y nacida tras la modernidad con la revolución industrial en el XIX, quiere decir todo aquello de que querían distanciarse los primeros que pensaron en términos sociales: la fe ciega, el dogma, la subjetividad y su consecuencia, la intolerancia. Todo eso es en lo que se convirtió el marxismo después de Marx. Seguro que saben lo que dijo Karl Marx en vida, cuando lo visitó, en su exilio de Londres, un dirigente obrero. – «Si eso que usted me dice es marxismo, entonces yo no soy marxista».

Hoy estamos en la era de la ideología como manipulación de la realidad. En un tiempo de posverdades. Que me parece peligroso y decadente.

De modo que comencemos. Su intitulado ya es un error. ¿A qué crisis se refieren? Si es la vacancia de PPK —que me dio lástima por su persona— cuál crisis cuando se ha usado el principio legal, y que es un procedimiento universal, de sustituir un mandatario por un vicepresidente. Eso es un sistema racional-legal. ¿Por qué tanto escándalo? ¿No se usa en los Estados Unidos, por ejemplo? ¿No es el impeachment que se aplicó a Richard Nixon?

Soy sociólogo. Vayamos a las placas tectónicas de la sociedad peruana. Por casualidad, miren lo que dice Enrique Bernales, este lunes 14 de mayo en El Comercio, sobre el tema de Estado y el bicameralismo. «El sistema unicameral en el Perú adolece de un problema estructural insoluble, la deficiente representación». Yo lo aplaudo. Bravo Quique.  ¿Se dan cuenta de lo que está diciendo? Es un juicio valorativo terrible. ¡Toca a todas las bancadas! Dice lo que callamos. El nivel de los que antes se llamaban diputados, se ha desplomado. Somos menos cultos que en 1960 o 1940. La democracia, Sartori lo dice, es el mejor de los sistemas, a condición de que el ciudadano sea culto. Yo estudié en un colegio nacional, se entraba por concurso en el Melitón Carvajal, y las grandes unidades escolares, pese a que eran una creación bajo un régimen militar (el de Odría), eran inmensamente superiores a los mejores colegios privados. Desde esa formidable secundaria, entré a San Marcos, me fue estupendamente bien, llamé la atención de los investigadores franceses al punto que me propusieron que fuera a trabajar a París con ellos. Cuando he vuelto, he visto muchas cosas que han mejorado, pero la educación es un desastre. Alguien con coraje, Lynch, como ministro, escribió un libro de primera, Los últimos de la clase. Y claro está, dejar la pésima secundaria de este momento, por áreas y no por asignaturas, sin enseñar conocimientos básicos sino lecciones moralizantes sobre los valores y otros inventos de los constructivistas, requiere de tiempo y de dinero. Para que no tengamos la actual «deficiente representación» que bien ha dicho Bernales, no tenemos que cambiar de sistema político sino cambiar de pueblo. Desde abajo y de las nuevas clases medias, viene gente sin cultura. Que no abren nunca un libro. Ni dudan. Hoy, cualquier tipo puede ser presidente.

¿Qué les estoy diciendo? Que la crisis no es estructuralmente las instituciones ni los partidos. No está arriba. La sociedad peruana ha cambiado para bien, por un lado. Pero, por otra parte hay una feroz regresión. Lo digo en uno de mis artículos.

«En la segunda mitad del siglo XX, la sociedad peruana no solo pasó de ser rural a urbana, sino de ser andina a ser costera. En 1940, el 65% de la población vivía en la sierra, el 28% en la costa (…) Desde el 2007, la costa alberga al 55% de la población total; la sierra, al 32%; y la selva al 13%» (C. E. Aramburú, 2009). En resumidas cuentas, el Perú actual es más bien costeño. (Y por si acaso, yo nací en Abancay.) Eso es lo real, más allá de mitos étnicos y «buscando un inca», o esperando que el Inkarri…, etc. Mayoritariamente, costeños y urbanos.» (El Montonero, 14.05.18)

La regresión está en que nos llevamos por las emociones. ¿Conocen la obra de Isaiah Berlin? Entre «los seis enemigos de la libertad humana» está la educación que no enseña al hombre a razonar. Si no lo hace, nos deshumanizamos. «La razón es la misma en todos los hombres, es lo que une. Las emociones es lo que separa» (Berlin). Seamos francos. En la educación secundaria han desaparecido los cursos de lógica y las humanidades. Y la actual vida política peruana se funda en emociones. El anti-Keiko, el antiaprismo, el antiizquierdismo, acumulación de sentimientos, de prejuicios, de supersticiones desenfrenadas. Reina un nefasto consenso emocional. La esencia del hombre es saber pensar. ¡Y por su cuenta! La objetividad, el realismo, es el resultado de una larga adaptación humana que se llama educación. Pero en Perú, en primaria y en secundaria, mandan los profesores ideológico-emocionales. Se entiende que no podamos deshacernos de la subjetividad. Siempre y cuando no nos impida la necesidad de comprender. Culturalmente, nos hemos puesto en la cola, estamos detrás de Ecuador o Bolivia. No pueden ustedes imaginarse qué es el mundo universitario en México. Gozan de una vida intelectual y política que no tenemos. Y menos aún, cómo es Europa. Les enseña métodos de trabajo. Cómo se comenta un texto. Cómo se piensa escribiendo. ¿Lo tienen ustedes?

La democracia nace en Atenas. En una cultura que inventa la polis y la política, al saber pensar. No es nuestro caso. La emocionalidad sin contraparte, es parte hoy de nuestras costumbres, y está provocando mayor caos y anomia. Vamos hacia una sociedad criminal. Arriba y abajo. No es la hambruna lo que produce los asaltos. Hablo de lo real. Que no apruebo pero entiendo.

Publicado en la revista Brújula Noticias, Año N°5, de la AEG-PUCP, edición impresa n°8 de julio del 2018, pp. 40-43.

Viaje a los Nuevos Mundos

Escrito por: Hugo Neira - Août• 16•18

Estamos en una ciudad que muestra lo muy grande. Avenidas tan anchas que ríos de coches las atraviesan, y buses que ahora son anchos y modernos. Jardines y paseos y por debajo del suelo el metro que ha crecido, de varios pisos y ramales. Se puede ir de un lado al otro en poco tiempo y con comodidad. No estoy hablando de París sino del actual Madrid. Por arriba, edificios altísimos coronados por ángeles. Y por abajo óperas, teatros, tiendas, cafés, restaurantes, y gente muy tranquila. Lo tradicional y lo hipermoderno.

La primera mañana nos sumergimos en el museo del Prado. Los otros días son para los amigos que nos habían invitado. Incluso tuvieron la gentileza de comprarnos anticipadamente las entradas para evitar las largas colas. Un placer volver a las salas de El Greco, Velázquez y Goya. El Prado no ha cambiado y ha incorporado la mejor tecnología para que el visitante se lleve reproducciones exactas y magníficas.

Viajar es volver a lugares cuya cultura siempre es novedad para el alma y reencontrar amigos. Pasaremos unos días, antes de volver a París, con Ramón Tamames y Carmen su esposa. Viví en España. A Tamames lo conozco desde hace años. Es un sabio. Conoce no solo lo que pasa en España y la Unión Europea sino en la mundialización. Le tengo confianza, no solo a su talento y experiencia sino a su honestidad intelectual. No hay la posverdad. De modo que puedo decir lo de un poema de Miguel Hernández, “que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero”. Lo que me diga estará, en las semanas que vienen, en esta columna.

Viajo como si fuera a pescar ballenas. Me interesa lo que pasa en el mundo. Lo poco o mucho que recoja en este breve viaje, está lleno de pronósticos y discursos no solo diferentes sino antagónicos. Por un lado, Occidente se prepara a enfrentar el renacimiento de la China, en tanto que desafío económico, geopolítico y cultural. Y de los muchos diarios del planeta que he hojeado en París y Madrid, se puede decir que son optimistas. Un psicólogo como Steven Pinker se anima a decir, “la humanidad va de mejor en mejor”. Viviremos más tiempo. Otro tema. La nueva clase media emerge en el Asia y en el África (lo siento, no es el caso de la América Latina). Pero, otros dicen lo contrario. Max Tegmark, nada menos que profesor en el MIT, nos advierte: si la Inteligencia Artificial (los robots) no es controlada, “corremos a un escenario catastrófico”. Y en cuanto a vivir hasta los cien años, ¿con qué? En fin, lo que he sentido en el “aire del tiempo”, es un interés desbordante por las ciencias. Hay titulares como este: “las matemáticas ayudan a vivir mejor”. Pero también, lo contrario: “Bienvenidos al peor de los mundos”.

En fin, la sorpresa. En lo que solemos llamar “viejo mundo”, ocurren transformaciones que conciernen a todas las disciplinas, desde ciencias duras a humanidades. En el XVI el Mundo Nuevo era un concepto geográfico. Hoy es un concepto cognitivo. Fiebre del conocimiento. Fervor por saber y enfrentar los cambios climáticos y el sistema complejo y caótico del propio universo, por eso ha partido la sonda Parker en su viaje al sol. Sí, claro, hay problemas, migraciones africanas, manazos de Trump a Turquía, corrientes xenófobas que enfrentan el español Sánchez y la alemana Merkel. Pero el telón de fondo es la serie de innovaciones que se vienen. Si en el Perú no entendemos ese cambio de era, estamos perdidos.

Publicado en El Comercio, 16 de agosto de 2018

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/viaje-nuevos-mundos-hugo-neira-noticia-547218

Cuba. Cuando las élites se decían socialistas

Escrito por: Hugo Neira - Août• 13•18

En los años setenta fui varias veces a Cuba. Había ganado el premio de Casa de las Américas en 1975 con mi libro sobre Saturnino Huillca, dirigente cusqueño que inicia la reforma de la propiedad de la tierra con sus tomas o invasiones. La autobiografía de Huillca, la de un indio que tomaba la palabra. Y no hice sino las preguntas, que luego hice desaparecer para que solo quedara su voz, su relato. Huillca era un sabio. Ese texto fue traducido a 7 lenguas. Al polaco, al checo, años de la hegemonía soviética en la Europa central. Después de eso, los cubanos me invitaron repetidas veces. Casi me caso con una cubana. No se pudo, era la estrella de un deporte que se cultivaba en Cuba, el ballet acuático. Si se iba, sus padres perdían estatus y diversos privilegios, entre ellos, su lujosa casa. Una vez más, la imposibilidad de Romeo y Julieta.

Por entonces ¿quién en Lima no dejó de visitar Cuba en esos años? Poetas, periodistas, políticos, gente de cine y teatro. Yo he vuelto a Cuba en los años duros, cuando desaparece la URSS y sus protecciones comerciales. Con Claire. El problema con los cubanos, es que son simpáticos antes de Fidel, después y ahora. Todavía hay gente que se acuerdan del indio Huillca. Y lo que me dicen, «al menos nos visitas». Hoy, en Cuba hay cambios. Un presidente, Miguel Díaz-Canel, adiós la familia Castro. Se vienen cambios en la economía. Su reconversión es tan cuerda como la que fue la transición en España tras la muerte de Franco.

Pero aquí viene lo que quiero contar. En uno de esos viajes, una familia limeña que tenía una hija estudiando en La Habana, me pide que intervenga. De ella se había enamorado uno de los «comandantes». Por lo visto, ella estaba harta de esa relación, pero el poderoso amante no la dejaba salir de Cuba. Ahora bien, no era cualquier cosa uno de esos «comandantes». Eran pocos, eran esos que pelearon en Sierra Maestra. Y guardaron las pobladas barbas. Una suerte de nobleza. No llevaban uniforme alguno. En cada cuartel, el centinela tenía que reconocerlo solo mirándoles el rostro. Y cuadrarse. Alguna vez fui a un cuartel con algún general peruano, y se quedaban admirados. Cuba, con razón o sin ella, vivía en un clima de posible invasión americana. Y como se sabe, el propio Fidel dormía a salto de mata. La CIA no pudo matarlo pese a un número increíble de intentos. Después de todo, la isla es pequeña. Digamos el departamento de Arequipa y Moquegua.

En cuanto al cuasi secuestro de la joven peruana, el lío que se armó no fue tanto por esos amores contrariados sino que metí la pata al invitar a la joven peruana a que almorzara conmigo en un gran restaurante que no era abierto a todo el mundo. A los velasquistas nos ponían en las mejores residencias. Aquella muchacha descubre entonces que en Cuba había quesos franceses Camembert. Claro está, para la élite. Y yogurt y otros manjares. No para una simple estudiante becaria. Lo de dejarla salir fue lo más fácil. Cuatro gritos de la autoridad y el comandante de marras se buscó otra víctima. Lo otro, el descubrimiento de la gastronomía para los de arriba, fue mi error. Al día siguiente, tuve una discusión de lo más encendida con un brillante asesor de Fidel Castro, alguien que por edad no había estado en Sierra Maestra, demasiado joven. No lo olvidaré. Dicen que solo los rusos y los sudamericanos son capaces de amanecerse por un debate de ideas. Por lo menos en los años setenta al noventa. Mi amigo, pese a lo que llamaría Iván Degregori «los  hondos y mortales desencuentros», no dejó de serlo, y nos despedimos con un abrazo. Venía de una vieja familia cubana. Sí, pues. Eso ocurre en todas las revoluciones. Gente de la antigua élite dominante se reconvierte a los nuevos dominadores. Y lo que me dijo, no lo olvido.

«Sí, Hugo. Vivimos mejor que el pueblo. Pero es necesario. Sin nosotros el pueblo retrocede y se equivoca. Mire compañero, ¿cómo funciona una colmena? El néctar para las abejas obreras no es la jalea real para las abejas reinas». Textual.

En efecto, polen, jalea real, miel. Pero con metabolismos diferentes. No para humanos. Sinceramente, esa argumentación es radicalmente reaccionaria. La metáfora de la colmena es lo que todos los grupos dominadores y explotadores han argumentado para legitimar su existencia, desde los faraones a cualquier grupo de poder cerrado al pueblo.

En fin, en la Cuba de Fidel Castro, en los años felices en que el poderoso Iván el ruso corría con los gastos del «milagro» cubano, la élite vivía de manera completamente distinta del cubano corriente. Desde la casa, una residencia de lo mejor, a los ingresos e incluyendo la gastronomía. ¡Vaya socialismo! Que una muchacha extranjera se iba de Cuba descubriendo cómo vivía la clase política, era un escándalo.

Más allá de Cuba castrista, me temo que la izquierda tenga siempre una matriz aristocrática. De los jacobinos a los modernos, la idea de la vanguardia esconde el narcisismo del revolucionario. Se le ocurre a Lenin, no a Marx. El partido único es la contribución de los bolcheviques. Su éxito y su pecado. En cuanto a la actual izquierda peruana, la he llamado la Inquisición de los Propietarios de la Verdad Única (IPVU). Hoy, ellos deciden quién es correcto o no. Viven como burgueses, porque si no viven bien —vuelvo a escuchar al amigo cubano— ¿quién conduciría al pueblo hacia las praderas del porvenir socialista? En los días que corren, es muy fácil ubicarlos. Están siempre por encima de cholos, zambos y plebeyos. No tienen haciendas pero sí, universidades. Más fundamentalistas que el mismo Opus Dei.

Publicado en El Montonero., 13 de agosto de 2018

Cuba. Cuando las élites se decían socialistas

 

¿A qué llamamos cultura chicha? Tres opiniones

Escrito por: Hugo Neira - Août• 06•18

Las presentes crónicas se interesan por «las culturas». En Perú, hay varias. No hablamos de las amazónicas, ni de los aymaras comerciantes que han inundado Arequipa y Moquegua. En nada soy contrario a esa antropología tradicional. Pero pienso que más bien debería interesarnos las culturas urbanas. Por obvias razones. Una mayoría aplastante de peruanos vive en ciudades. Hay varias «culturas». En cuanto al tema de la choledad, en Guillermo Nugent, fue gran éxito, en 1992. Pero sin dejar de ser una glosa un tanto facilona de Octavio Paz, El laberinto de la choledad. El título nunca me gustó, suena a cochineo. Al margen de eso, es un gran ensayo. Hoy se habla, corrientemente, del ‘achorado’, de la cultura combi, de la cultura chicha. La presente nota se refiere a esta última.

Comencemos, pues, por definir el concepto mismo. Es una manera de precisar la temática que abordamos. Todo saber es inevitablemente reductor. Aquí, el tema central es el de la cultura, en particular urbana. Ocurre que desde los años 40 del siglo pasado, los antropólogos —el americano Boas, el inglés polaco que fue Malinowski— estudiaban a los indígenas australianos, indios americanos y sudamericanos y aldeas africanas, pero sus sucesores se pusieron a observar, estudiar y describir las comunidades urbanas, los migrantes, los grupos marginales, las minorías étnicas de las subculturas urbanas y las contraculturas, este último, de los jóvenes en conflicto con la cultura dominante de sus mayores. En otras palabras, la antropología y la sociología, en los Estados Unidos, dejan el campo y vuelven a la ciudad. Un cambio decisivo es el de Howard Becker, Outsiders, 1993. Pasaron a estudiar las modas juveniles, en eso hay que leer a Marvin Harris, que está traducido desde hace decenios. Añadiría, los trabajos del francés Pierre Bourdieu. La distinción es de 1979.

El concepto de cultura es variado. Pero desde 1871, quiere decir «un conjunto de hábitos o costumbres que adquiere el ser humano en la sociedad». Concepto del antropólogo británico E. B. Tylor, «todas las habilidades técnicas, los símbolos sociales de toda sociedad humana». Y es así como en esta enorme sociedad que es Lima, aparecen conceptos como la cultura chicha. Por brevedad, reduzco esta nota a tres contribuciones. La cultura chicha segun Arturo Quispe Lázaro. Luego, una de mis alumnas que se ocupó de esa temática. Y lo que dice qué es chicha en Danilo Martuccelli en Lima y sus arenas.

No conozco personalmente a Arturo Quispe Lázaro, pero he bajado su texto de Internet. Arranca desde un ángulo político, ¡cuándo no! Escribe en el 2000, y lo primero es « los diarios chicha ». «Pasquines de la mentira, del engaño y del ocultamiento de la información». Luego se ocupa «de la fraudulenta re-reelección del presidente Fujimori, cuando aspiraba a un tercer mandato, ¿se acuerda el lector? Y señala que la tecnocumbia y el «baile del chino», como lo chicha, nace con la música que democratiza. Luego, el concepto se aplica a una descomunal simbología. Quispe Lázaro observa la polisemia del término. Crédito chicha, tren chicha, presidente chicha, colores chicha, arquitectura chicha, vedette chicha, animadora chicha. Del « achichamiento del mercado ». Y del profesor y escritor Abelardo Sánchez León, « este Perú, profundamente corrupto y chichero» (revista Quehacer).

¿Qué es chicha para Quispe Lázaro? La amalgama de culturas. «En lo estético-cultural, colores estridentes, combinación en las comidas, mal gusto. Lo informal, la mezcla, la flexibilidad de las normas y los valores, lo inescrupuloso».

No lo dice, pero podemos usarla en ese significado. Poder Judicial chicha. Fuera de las normas.

En suma, una connotación negativa. Según Quispe Lázaro, debido a que lo urbano y limeño produce «bajo la atmósfera de una convulsión social y cultural» lo que llama «la chicha, enfrentamiento tradicional entre dos tipos de cultura, la andina y la costeña».

Segundo punto de vista. Mabel Patricia Ordoñez, una peruana, una de mis exalumnas. Sostiene que el origen es la gran migración de la provincia a Lima, «a partir de los atentados terroristas en ciudades andinas». «La cultura chicha es de la población provinciana que ve Lima como la tierra prometida». La vincula al emporio de Gamarra, a los mototaxis, a las zonas altas de los cerros, a los conos. Reconoce que «es un mundo donde faltan servicios sociales». La cultura chicha es un primer paso, aunque espera «la formalidad de esa población radicada en Lima».

Tercer punto de vista, Danilo Martuccelli. Profesor de sociología en la universidad París Descartes. En libro del 2015, Lima y sus arenas. El concepto, nos guste o no, la curiosidad europea, lo hace conocido en el mundo entero. ¿Qué dice Martuccelli? Que la cultura chicha es primero una expresión musical, con «un imaginario de fusión». Luego «pasa a designar una cultura, un estilo social y una actitud idiosincrática más o menos generalizada. Observa que lo criollo fue también una música en sus inicios. Felipe Pinglo, pues, «la noche cubre ya con su negro crespón». «Lo criollo, años treinta». Como podrá apreciar el amable lector, la capacidad de síntesis de los franceses. Y su perspicacia. He dicho espíritu de síntesis y algo más, honestidad intelectual. ¿Sabe el lector que cita a Quispe Lázaro? En fin, para el profesor de la Sorbona, que conoce por lo visto bien a la ciudad de Lima y su gente, «la chicha es un kitsch, cuya expresión está en la avenida de la Marina, lugar de confluencia de jóvenes populares urbanos. La chicha son los hostales, como lugar de paz y de sexualidad ante la vorágine de la ciudad». Y aquí se detiene este modesto esfuerzo.

Publicado en El Montonero., 6 de agosto de 2018

http://www.elmontonero.pe/columnas/a-que-llamamos-cultura-chicha-tres-opiniones

 

 

 

París, a la vuelta de la esquina

Escrito por: Hugo Neira - Août• 02•18

¿Qué les voy a decir tan lejos como me encuentro? Estoy en París, Francia. Después de un viaje en un avión de 400 pasajeros. Algo semejante a una platea de teatro. Fue un viaje no en Air France sino en KLM. ¿Por qué razón? Temimos las interrupciones en el verano europeo de los potentes sindicatos de pilotos de Air France. Ahora bien, excelente servicio pero 12 horas directas a Ámsterdam, una paliza. Pero me quedé fascinado de algo. Ámsterdam como ciudad. Algo más que Venecia, 100 canales, 1.200 puentes, un tramado de cisternas que hace fluir miles de miles de metros cúbicos de agua. Volveré.

Dije lejos del Perú. Sí y no. Porque con Internet uno se entera de lo que dicen los diarios peruanos. De lo que pasa en Twitter. Y puedo ver el desfile militar en Lima. Además, una de mis ex alumnas ha tenido la gentileza de enviarme el discurso completo del presidente Vizcarra de 28 de julio. Pero también puedo contarles cómo he encontrado París, y luego, mi modesta opinión sobre el anuncio del referéndum.

En cuanto a París por unos días, como se comprenderá, siempre me es placentero. Tuve aquí una vida, estudios, me hice de amigos. Pero en otras épocas, no me quedaba en el verano. En estos días, ha hecho 37° de temperatura. ¡Qué calor! ¡Y va a seguir! Fue tan alta que produjo un efecto singular, una granizada, bolas durísimas de hielo. Y por unas horas, la interrupción del metro en estaciones inundadas.

Fuera de este fenómeno, París, gente venida de todos los puntos del planeta. Y sobre todo, de la Europa comunitaria, alemanes, nórdicos, croatas, españoles. Además, he visto muchísimos asiáticos. Está claro que la nueva clase media ha emergido en China como en India. Y por lo visto, viajan. Y van a Occidente. Por curiosidad, por placer. El otro cambio en materia de culturas y origen étnico, la población de color en París. No son turistas ni recién llegados. Son africanos nacidos en Francia, y tienen sus derechos, y son muy numerosos. En donde estamos, en torno a la Plaza de la República, casi solo hay negros. Altos, fornidos, bien vestidos, dedicados al comercio. Y muy educados.

En general, el ánimo que uno encuentra en el París de vacaciones es de satisfacción. Todo el mundo se mira, pero la regla secreta y no dicha es que cada quien hace lo que le parece; en particular, sobre cómo vestirse. Quizá esto sean las verdaderas vacaciones. No llevar casi nada consigo. Un documento de identidad, algo de dinero, y lo que llamaron los franceses desde el siglo XIX (Baudelaire), ir a la libre, flaner (‘pasear’).

En fin, fui a mis librerías preferidas, con gran suerte, cerraban en agosto. Y pude hallar aquellos libros que me son necesarios. Lo confieso, soy de esos que viajan para ver familia, amigos, exposiciones de arte, novedades en ciencia y tecnología. Pero también para encontrar los libros que necesito. Por correo es posible, pero inmensamente caro, e incierto, por la inseguridad de las aduanas. Los libros virtuales, en dominios que me interesan, no circulan.

En cuanto al referéndum, es decir, consultar al pueblo, me parece la decisión más adecuada, oportuna y republicana. Dejé Lima bajo una neblina política y de repente, ¿el presidente Vizcarra decide un gesto que toma en cuenta a los millones de peruanos? ¿Y no solo a los medios y la clase política? Pues ¡qué bien! Sin embargo, tengo muchos otros comentarios sobre esta estupenda decisión. Seguiré en mi próxima crónica.

Publicado en El Comercio, 2 de agosto de 2018

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/paris-vuelta-esquina-hugo-neira-noticia-542407