En Perú, ¿un pensamiento racional y crítico?

Escrito por: Hugo Neira - Fév• 13•19

La presente crónica se ocupa, escuetamente, de autores peruanos que reflexionan ante la situación presente. Pero primero debo abordar un concepto muy al uso, el de la ideología. El término, propuesto por Destutt de Tracy en 1796 —ciencia de las ideas—, ha tomado un sentido peyorativo. Paradójicamente, fue el propio Marx y su amigo Engels, cuando jóvenes, en el célebre encuentro en Bruselas, al redactar el feroz texto contra los intelectuales alemanes de su tiempo, que lo titularon La ideología alemana. Destrozaban los argumentos de Feuerbach y de los jóvenes hegelianos Bruno Bauer, Stirner. La calificaron como «falsa conciencia». Ilusión o expresión de intereses materiales. Decirle a Marx ideólogo, era insultarlo.

No todo lo que se escribe sobre el Perú actual es ideológico. He aquí tres peruanos, en un orden sin prevalencia. Francisco Durand, desde la universidad de Texas, el intitulado de uno de sus libros lo dice todo. Riqueza económica y pobreza política. Reflexiones sobre las élites del poder en un país inestable. Ya Basadre insistía en el riesgo de élites irresponsables. Lo de Durand envuelve a empresarios y a políticos. En otro de sus libros, describe la economía peruana no como una sino tres: la formal, la informal y la delincuencial. Y ante el neoliberalismo, considera que el Perú no ha hecho sino entrar a una etapa de neosubdesarrollo, con consumo masivo.

Crítico y libre, Juan Paredes, con La presidencia ficticia. Cierto, artículos publicados en este diario. Pero nadie me ha pedido estas líneas. Libremente digo que es la historia inmediata, Fujimori, Toledo, García, Humala. Y actualidad, periodismo y resúmenes admirables. Sobre la presidencia de Toledo: «Llegado al poder más con el impulso del antifujimorismo en las calles que con la fortaleza de su propio partido en las ánforas, mantuvo a velocidad de crucero la economía y la democracia. Lamentablemente, descuidó su gestión presidencial directa». Reflexiona también sobre García y Humala.

El tercero es Jaime de Althaus. La promesa de la democracia. Marchas y contramarchas del sistema político en el Perú. La obra es del 2011, pero una premonición. No está seguro que el país se disponga a una forma autoritaria. Pero tampoco «a una democracia sólida y estable». El lector hallará una serie de cuestiones que interrogan tanto al Estado como a la sociedad misma.

¿La inestabilidad es nuestra regla? Por una vez, pensadores que practican una virtud, la sinceridad. Claro está, nadie puede ser del todo objetivo, pero al menos lo intentan. ¿En beneficio de quién? No de un gobierno o alguna ideología. Sino de eso que se llama el «bien común». ¡Y el lector!

Los citados, no son los únicos librepensadores, hay otros, pero siempre minoritarios.

Debo concluir. Las ciencias del Hombre, desde los inicios, con Max Weber, establecen una regla moral y profesional. Para el científico social, la obligación de la neutralidad axiológica. Tanto en lo escrito como en la cátedra. De ahí la «comprensión» weberiana de los hechos, y solo después, juicios de valores. Digámoslo de un tirón, la sociología no es una ciencia auxiliar ni del marxismo o el liberalismo. Cierto, es difícil escapar a imágenes, mitos, a representaciones subjetivas de una sociedad. El adversario de la razón en los temas peruanos, no son tanto las ideologías políticas, las cuales al final se autodestruyen. El caso de SL. Lo peor es el pensamiento mágico. La tendencia al encantamiento de hechizos y de Inkarris, todo menos la purulenta realidad. Una manera de huir. Una droga intelectual, Perú mágico.

Publicado en El Comercio, 13 de febrero de 2019

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/peru-pensamiento-racional-critico-noticia-607107

Venezuela saudita, o el horror a la vuelta de la esquina

Escrito por: Hugo Neira - Fév• 11•19

De ser un país pobre, Venezuela pasó a ser una República petrolera. Desde los años cuarenta del siglo XX, en torno al lago Maracaibo y al pie del litoral caribeño, la proximidad a los Estados Unidos atrajo a grandes refinerías como la Standard Oil, la Gulf, la Mobil Oil. Varios tiranos, como Juan Vicente Gómez, daban lo que suelen dar a las corporaciones internacionales, beneficios inmensos casi sin impuestos. Pero en 1983, una ley recupera los yacimientos. Es un proceso estupendo pero mal conocido. Un cuerda tensa entre la política venezolana y las compañías petroleras (Decenios antes de Hugo Chávez). Desde 1974, el Estado democrático en Caracas crea el FIV, el Fondo de Inversiones de Venezuela, y desde entonces, la política práctica, “las inversiones en una serie de actividades, aluminio, agroalimentación, cemento, papel, transportes”. El lema que se establece fue “sembrar el petróleo”. Todo esto se sabía en la comunidad científica francesa, lo explica el profesor Lacoste: “el boom petrolero produce un boom demográfico y un boom urbano”. De ahí, lo de Venezuela saudita. Una República petrolera con modernización acelerada. Decenios antes de la borrachera ideológica del “socialismo del siglo veintiuno”.

Esa Venezuela anterior a Chávez, conoce la alternancia de partidos. Además, Venezuela, como lo fue en los años treinta la Argentina, se convierte en un país que atrae extranjeros. En los inicios de los años ochenta, contaba con 3 millones de residentes extranjeros. Y llegaron colombianos y brasileños. Los hubo peruanos. Una generación de estupendos maestros de escuela, de nuestra Cantuta, se fueron del Perú hacia esa Venezuela saudita que invertía en educación. Les fue muy bien, y no volvieron nunca más.

Venezuela pimpante de esos años, que recibe migraciones. ¡Quién lo creyera! El Estado venezolano hizo una reforma agraria que solo un país muy rico puede emprender. Los llanos venezolanos, tan famosos, en realidad estaban despoblados. El Estado democrático los cubre de irrigaciones, rutas, centros de abastecimiento y llegan de la España pobre del sur, gente del campo andaluz que recibe lotes de tierra con créditos bajos. Un far west caribeño. Y buen sol, buena comida, prosperidad y migración, no nos sorprenda la abundancia de miss Venezuela. En resumen, hubo una nueva agricultura y una nueva industria, con subvenciones públicas. Entre 1960 y 1980, ese país latinoamericano estaba dejando de ser un país del tercer mundo.

Esta es la Venezuela que conocí. Como profesor, como “americanista”, estudié a ese país, tanto como lo hice con México, Argentina y Brasil. Y además, varias veces viajé a Venezuela desde Europa, invitado a coloquios. En uno de ellos, en 1983, que giraba en torno a un aniversario de Simón Bolivar, me crucé con Manuel Ulloa, eran los años del retorno de Belaunde Terry. Recogía yo una de esas bandejas para el almuerzo, haciendo cola, y de pronto escucho una voz que me dice: “¿Cómo te tratan los franceses?”. Era Ulloa, abrazos, de esos que se dan los peruanos en el extranjero, y le respondo: “Y a ti, ¿cómo te trata Fernando?” Y me responde: “No escucha. Solo piensa en la Marginal de la Selva”.

¿Qué pasó en Caracas? El modelo económico venezolano se fundaba en la regla de la alternancia de partidos, los Adecos —una suerte de izquierda moderada, como la de Rómulo Betancourt—, y el COPEI, demócratas cristianos. Pues bien, en un momento crítico, ambos fallan. Hubo una crisis del petróleo, el precio bajó bruscamente. Acaso pudo esa crisis ser admitida como un periodo de vacas flacas, pero la inmensa corrupción hizo perder la confianza de los venezolanos. Fallaron las elites. Retorna al poder Carlos Andrés Pérez, en 1989, y confiadamente, impone unos recortes feroces. Era necesario, algo semejante al shock que anuncia Mario Vargas Llosa en su campaña y que luego lo aplica Fujimori. Pero, en Caracas, el pueblo se rebela. ¿Un presidente corrupto les obliga a apretarse el cinturón?! La respuesta es el “caracazo”. Gigantesco motín popular. Unos 500 muertos, aunque se habla de muchos más. Los partidos que habían conducido a Venezuela a la prosperidad, colapsan en las urnas. Tan numerosos como las clases medias, los pobladores de los “cerritos”, 8 millones de venezolanos, esos, los olvidados, votaron por Hugo Chávez. El resto lo conocen.

Nos puede ocurrir algo semejante. Francisco Durand, profesor en Texas, titula uno de sus libros Riqueza económica y pobreza política. Reflexiones sobre las elites del poder en un país inestable. Duele eso de “pobreza política”, pero si eso somos nosotros, el Perú actual, el intitulado se puede aplicar también al desastre venezolano. Las democracias mueren cuando las elites fallan o traicionan. Y surgen de la nada los improvisados, los outsiders, ya nos ha ocurrido. Ahora bien, en el imaginario peruano, ¿qué va a dejar esa cloaca de repartijas y pendejadas que es Lava Jato u Odebrecht? ¿Qué efectos colaterales en las urnas? Jaime de Althaus dice que los peruanos sufren “de la insatisfacción con la democracia y la nostalgia del padre ausente” (La promesa de la democracia, p. 157). ¿Qué Inkarri, qué mito paternal, se van a inventar? Y el Estado actual, que es apenas gobierno, ¿no está produciendo una suerte de Cataluñas en las regiones?

Publicado en El Montonero., 11 de febrero de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/venezuela-saudita-o-el-horror-a-la-vuelta-de-la-esquina

Entrevista al intelectual y profesor universitario Hugo Neira

Escrito por: Hugo Neira - Fév• 10•19

«La izquierda se ha quedado en los años setenta»

Por: Enrique Valderrama

¿Qué impresiones tiene de esta tensión entre China y los Estados Unidos, estamos en el umbral de una nueva guerra fría? ¿Qué repercusiones puede traer para Perú?

Nada de umbral. Ya estamos en una nueva guerra mundial, pero no es fría, es global. La China de estos tiempos no esconde su meta, llegar a ser la potencia mundial dominante en el 2050. En el Congreso del Partido Comunista el 18 de octubre del 2017, Xi Jinping declaró ese propósito. ¿Por qué tan lejos? Eso es China, el tiempo largo, no el rapidito limeño. En sobrepasar a los Estados Unidos en PBI, lo van a tener en cualquier momento del 2020 hacia adelante. Como comprenderás, no basta ese indicador para ser la primera potencia mundial. La última vez que yo he estado en Europa, admiten la rivalidad entre Occidente y China, y los desafíos que eso produce en la economía, la geopolítica y las culturas. Justamente, tu pregunta llega cuando estoy leyendo a Claude Meyer, un especialista del Asia y que además es banquero internacional. Y sabes, Enrique, que estudia la elite juvenil de la China actual. Se forman en estudios de economía, relaciones exteriores, historia y filosofía. No tienen un enfrentamiento a la peruana, que desprecia a Occidente. Hacen algo distinto. Incluyen ciencias y el saber de Occidente en la cultura propia a cada uno de ellos. Díselo a los cusqueños, a los apasionados por el Inkarri en el Perú (¡!) China asimila, no rechaza. Lo que hicieron Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui en los lúcidos años veinte. Estudiar, estudiar. Leer, leer, reflexionar. Y a la vez, pensar por su cuenta.

América Latina atraviesa cambios, han entrado nuevas administraciones en Brasil, México, Colombia, algunas de ellas impensadas, ¿cómo ve el proceso latino, hay un giro populista?

Si dices populista, dices todo y no dices nada. Ese concepto nos pierde. Quiere decir, para derechas e izquierdas convencionales, «algo que no me gusta». Lo que llamamos populismo tiene polisemia riesgosa. Señala extremas izquierdas y extremas derechas, pero son actitudes nuevas. Lo que cuenta es que existe, y es por algo. Cuando el pueblo ve que les fallan o se olvidan de ellos, sean las elites de derecha o de izquierda, entonces protestan. Tienen la virtud de la revuelta. Tienen un defecto, desconocen las soluciones. Eso les pasa a los «chalecos amarillos», en Francia. Cierto, Macron es un hombre de la elite, y plantea restricciones necesarias, y parte del pueblo no lo entiende. Eso es lo malo cuando las elites son de avanzada, tanto que pierden el contacto con la gente común. Eso es lo que ocurre a mucha gente de la izquierda en nuestro país. Lo que llamamos pueblo —deberíamos decir, pueblos, los peruanos viven en diversas culturas, somos un país fragmentado— tiene una visión muy distinta al de las clases medias, en particular ante las capas más altas y cosmopolitas. Que en el 1931, llegara de Europa Haya de la Torre y una elite venida del exilio (Carlos Manuel Cox, Manuel Seoane), es casi un milagro. Puedo citar otros casos, pero siempre es un hecho raro. Y sin embargo, todo el secreto de la política para un país descuajeringado como el que tenemos, es juntar lo imposible, elites y pueblo, o pueblo y elites. Pero eso ocurre una vez por siglo. Bueno, eso es lo que hizo Carlos Delgado, al reunir a gente tan diversa, Héctor Béjar, Carlos Franco, Jaime Llosa, y el que escribe. Quien entendió al pueblo y las elites, en la izquierda, fue Alfonso Barrantes. Mucho cuenta en que viniera del aprismo insurreccional de esos años. Alguien que era un moderno, había estudiado en Buenos Aires y era trotskista, es Hugo Blanco. Se fue a vivir al valle de la Convención. ¿Quién de la izquierda ha cambiado de vida para llegar a entender a los más pobres? Ninguno de sus dirigentes de los años ochenta a estos días. En cuanto a Abimael Guzmán, ¿cómo creerle que su revolución maoísta era del campo a la ciudad, si él no permaneció mucho tiempo en el campo? Le encantaba Lima, en donde lo cogieron preso. Lo mejor que he leído sobre SL es de Degregori, Qué difícil es ser Dios. Lo recomiendo vivamente.

La crisis humanitaria y la violencia política en Venezuela —y también Nicaragua— ¿es una reafirmación del fracaso del socialismo no democrático? Luego del declive venezolano, ¿qué repercusiones puede tener Cuba?

Ya no hay socialismo, querido Enrique. Ni democrático ni totalitario. Por lo menos, en la forma tradicional en la que se le entendía durante siglo y medio. Contenía esperanzas que se han esfumado tras el colapso de la Unión Soviética. Pero rebeldía y ganas de cambiar las sociedades injustas, seguirán existiendo, por supuesto que sí, pero llevaran otros nombres. Otras formas de organizarse. Y otros Estados y gobiernos. Mira lo que pasa en Venezuela, un rival inesperado ante Maduro. Y los «chalecos amarillos» en Francia. No son masas. El gran actor social de este tiempo, es el individuo. A ese tema le dedico un capítulo en mi libro ¿Qué es Política en el siglo XXI? Pero como todo, tiene un lado positivo y otro negativo. El individuo unido a otros, puede cambiar el rumbo de la historia. Pero también la era del individuo puede volverse hedonismo y narcisismo. Tan solo cuenta el selfie, que los otros se enteren. Y a mí ¿qué me importa que alguien suba al Misti con su enamorada? Yo no tengo Facebook, ni vivo tuiteando. Converso, pero ante una taza de café, en un lugar público.

Volvamos a la crisis del fin de la religión del comunismo. Seamos francos, nunca hubo comunismo en Rusia. De eso se dieron cuenta algunos. Es el caso de Haya de la Torre, dijo siempre que el sistema establecido en Moscú a la muerte de Lenin y bajo el poder de Stalin, era un rival para las potencias capitalistas y democráticas, pero no era lo que esperaba Marx. Dijo, un «capitalismo de Estado», y acertó. En la Rusia que se decía comunista, no era el proletariado quien gobernaba sino la nomenklatura. O sea, los funcionarios. El marxismo pasó a ser la ideología de un nuevo sujeto social, los apparatchik. La gente del aparato. Eso ha dominado a Cuba. He estado muchas veces en La Habana. En los días de Velasco. Por el premio que gané en la Casa de las Américas. Y por misiones políticas que el gobierno de entonces me encomendaba. Y me trataron bien. Vivía en donde vivía la dirigencia del partido. Para decirte todo, leían diarios extranjeros que no circulaban en Cuba. Y una dieta con algo que no se podía comprar en ningún lugar de La Habana. Por ejemplo, queso Camembert. Invité entonces a un peruana a cenar, era una becada. Y se sorprendió de los quesos franceses. No los había visto nunca, en Cuba. Lo contó a sus amigos, y se armó un lío. Tuve unas discusiones feroces con ministros de Fidel Castro que insistían que esa diferencia en el estilo de vida era necesaria. Cierto, el proletariado no lo tenía pero la vanguardia, sí. De lo contrario, la revolución no podía proseguir. Pregúntate ahora cómo viven los militares en la Venezuela de Maduro…

¿Igualdad? Por favor. El socialismo y el comunismo en el siglo XX, no ha hecho sino crear nuevas capas de dominadores. Por eso se ha hundido. Sin embargo, en nuestro país, hay quienes se consideran de izquierda, o sea, antisistema, pero gozan de todos sus beneficios. No hay coherencia entre lo que se dice y cómo se vive. La verdad, prefiero los franciscanos del siglo XVI peruano, que vivían con los pobres, con los indios. Los conventos reconvirtieron a los indígenas al cristianismo. Hay un libro estupendo sobre esa materia, de Juan Carlos Estenssoro, Del paganismo a la santidad. Es una tesis francesa, o sea, algo serio. Él es profesor en Burdeos o acaso en Lille. Su tesis pone patas arriba todo lo que se dice sobre lo que ocurrió en el mundo indígena en el periodo colonial. A Estenssoro, prefieren muchos la idea de que el pueblo se quedó estancado. Prefieren creer en la inmovilidad. Prefirieron el mito. El Taki Ongoy, el mito de Inkarri. La vida intelectual peruana, en su mayoría, tiene versiones esencialistas. Es decir, ilusiones, metafísicas, dogmas, como si fueran piedras inamovibles de Sacsayhuaman. Sí, claro, el respeto a las huacas persistió como algo sagrado, pero adoptaron a su vida ir a misa y a comulgar. Cuando ocurrió, en la colonia, fue un escándalo. Cómo ¿el cuerpo de Dios en el cuerpo de un indio? ¿O sea la sagrada hostia? De la Colonia provienen los grandes mestizajes, tanto carnales como espirituales, y también mucho de nuestros vicios. La intransigencia por ejemplo. No soportamos al que piensa distinto.

En el mundo en donde la modernidad se ha instaurado en términos reales, ¿es imaginable esta vocación tan popular por las prisiones preventivas y la flexibilización del principio de la presunción de inocencia que hoy vivimos en Perú?

No es imaginable. No en sociedades modernas. No lo somos. Escuché en Lima al Defensor del Pueblo. Al parecer, hay actualmente unos 60 mil presos, y más de la mitad, no tiene todavía proceso judicial¡! Eso es una barbaridad. Se priva de libertad a un número tan alto de ciudadanos que da vergüenza. Por eso insisto, nos llamamos República pero no lo somos. Todavía.

Algunos sostienen que cualquier proyecto político con un fuerte componente popular es atacado sin piedad por un grupo neo oligárquico, fundamentalmente a través de un sector importante de los medios, ¿considera que esto es así?

Mi opinión, sobre el «fuerte componente popular». Seamos sinceros. Existe, por supuesto. Fue ese que votó en 1995 a un 63% a favor de Alberto Fujimori y su Constitución. El «fuerte componente popular» lo hubo en la Alemania de los años treinta que llevó a Hitler al poder mediante las urnas. Lo hubo en la España de Franco, que fue popular durante cuarenta años. ¿No lo hubo, en 1931, con las masas que votaron por Sánchez Cerro, y en contra del joven socialdemócrata que se llamaba Haya de la Torre? Lo que llamamos el pueblo, en la teoría y en la práctica, es una categoría ambivalente. En el Brasil de Lula, ha ganado Bolsonaro. Y eso, ¿no es extrema derecha, y acaso no cuenta con un «fuerte componente popular»? El fascismo también tuvo masas. Eso lo entendió Mariátegui. Si mal no recuerdo, su primer libro fue La escena contemporánea, en donde se ocupa de política mundial, y escribe la «biología del fascismo». Mariátegui no es solo los «siete ensayos». Lo que pasa es que en el Perú no se lee.

Me temo lo peor. Miren lo que les pasa a los gobiernos «hegemónicos».

Mírense en el espejo de Lula, en la cárcel

 

¿La fijación en la Fiscalía de la Nación, las opiniones sobre las decisiones del Poder Judicial, el referéndum, denuncias de seguimientos e interceptaciones telefónicas, el avasallamiento al Congreso; el Presidente Vizcarra se está convirtiendo en un caudillo autoritario? ¿Percibe que quiere ir a la reelección?

Vamos a ver. En primer lugar, si eso me preguntas y me sitúas, imaginariamente, en un rol de consejero político –como los que hoy asesoran al presidente Vizcarra—, yo diría que lo que ha hecho es algo lógico. Como vicepresidente, era un interino. Tenía que buscar un respaldo mayor, si es que quería hacer algo. Eso fue el referéndum. Yo no creo que por las famosas «reformas». Martín Vizcarra ha demostrado que tiene sentido político. Lo que no tuvo Toledo. Ni Ollanta Humala. Lo de Vizcarra tampoco es una hazaña extraordinaria. Se aprovechó del antifujimorismo para hacerse popular. Bueno, se ha servido de las circunstancias. Pero, ¿para qué? Es la pregunta que le hace en El Montonero, mi amigo Víctor Andrés Ponce, ¿para qué quiere un poder mayor? La situación actual, un parlamento agonizando y un poder judicial politizado, ¿a qué nos conduce? Esta amalgama de fuerzas institucionales puede tener desenlaces inciertos y peligrosos. Eso ya lo hemos visto. No nosotros pero sí la historia del Perú. Fue el auge y luego la tragedia de Leguía. Acabó muy mal. No se lo recomiendo al presidente. En nuestro país, a los líderes políticos, primero los adoran, luego los lapidan. Eso, todos los expresidentes lo saben. Votaron el 63% por Alberto Fujimori y su constitución en el referéndum de 1993 y hoy, quieren que se muera en una celda. Podrían darle prisión domiciliaria. Pero lo que cuenta es el«aplaste». No lo digo yo, lo ha notado el sociólogo Martucelli. En Lima y sus arenas, estudia el comportamiento social del achorado. Su arma es la prepotencia. Ya no hay ideología sino etnología. Y el achoramiento lo organizan tribus políticas que se disputan el Estado.

No creo en esas «grandes reformas». Yo no veo sino una, y decisiva. Reforzar los medios para tener partidos políticos. Hay una corriente antipartido que viene de atrás. Tanaka la ha descrito y estudiado desde el 2003. El colapso de los partidos continúa. De los tradicionales y de los que han aparecido. ¿Qué ha quedado de Perú Posible? ¿Del Partido Nacionalista de Ollanta? La corriente de Fuerza Social de la señora Villarán, ¿qué queda? Ahora bien, no es posible democracia sin partidos. Entonces, ¿se están repitiendo los años noventa? ¿Otra vez un presidencialismo personal? Es lo que ha evocado Rospligiosi. Un gobierno personalista. El poder «delegativo», ¿otra vez? Así lo llamó la analista política Carmen Rosa Balbi. Pero en esos años, esa transferencia de confianza era porque había la amenaza real de Sendero Luminoso. Hoy no hay ese riesgo. Lo que no quita que el senderismo del todo no ha desaparecido. Pero no hay apagones ni regiones encendidas por la guerra interna. Entonces, ¿por qué y para qué esa necesidad de poderes delegativos?

Me temo lo peor. Miren lo que les pasa a los gobiernos «hegemónicos». Mírense en el espejo de Lula en la cárcel, Maduro en caída en picada, los Kirchner terminados. Yo creo que es posible gobernar con reformas y sin romper el esquema de los tres poderes. Pero claro, eso puede que no sea muy popular. Pero entonces, si escuchamos a una lumpenburguesía que no quiere sino negocios, y un lumpenproletariado que no quiere sino un mandón, pues, entonces, como decía Vallejo en el exilio, «que se lo coman todo y acabemos».

Usted ha sido Director de la Biblioteca Nacional, ¿cómo ve la acción de este Gobierno en el tema Cultura y Educación?

No existe. No le interesa al gobierno. No le interesa al pueblo.

¿Cómo ve usted la bandera que están tomando sectores de izquierda marxista que proponen una Asamblea Constituyente?

Bueno, hay cosas que se pueden reformar, sin necesidad de ese alboroto. Pero no soy constitucionalista y mejor me callo. Pero todos sabemos que lo que quieren es el poder político y puedan hacer lo que quieran con el fisco. La actual constitución lo impide. Por eso el país progresa, al menos en lo material. Lo que ocurre es que parte de la izquierda se ha quedado en los años setenta al noventa, en que «la democracia era un periodo de ‘acumulación de fuerzas’» (Diez Canseco). No han asumido cómo ser de izquierda en sociedades capitalistas. Así de simple y de enorme. Sí, pues, hay que hacer lo que decía el gran Gandhi, «cabalgar el tigre». Mercado y Estado. Es necesario pero es muy difícil.

Usted ha sido catedrático de la PUCP, ¿Esto de los cobros ilegales pueden ser vistos como la decadencia de una argolla que ha tomado esa universidad hace unos lustro?

Mira, cuando volví de Europa, tras 27 años de profesor titular y con una experiencia rara en catedráticos peruanos (salvo Juan Carlos Estenssoro y Carmen Salazar-Soler que tengo entendido son profesores en Francia), el vicerrector Marcial Rubio me propuso clases en la Católica. En efecto, tuve clases en la Católica, en dos áreas. Derecho y en Comunicación. Mis alumnos me apreciaron. Los estudiantes ponen nota a los profesores. Me pusieron las más altas. ¿Qué pasó? En el 2006, Alan García llega a la presidencia y me llama por teléfono, «Hugo la nación te necesita en la Biblioteca Nacional». No tuve más remedio que ceder. Y dejé todo para dedicarme a mi tarea de bibliotecario. Pero el caso es que nunca más me volvieron a llamar puesto que el haber trabajado con García era como si hubiese contraído el sida. Pero no guardo rencor. Y hoy, me da una gran pena lo que ocurre en la Católica. La salida de Marcial Rubio. No soy de los que hacen leña del árbol caído.

¿Qué novedad académica nos trae este año? ¿Que está escribiendo? …

Otro libro enorme. No sé si has leído un trabajo de Tanaka. Cómo hacer ciencia en el sur con conceptos del norte. Pese a su formación, él pone en cuestión las Ciencias Sociales a la americana. Eso de la middle class y las working class, no funciona en nuestras sociedades latinoamericanas. Esas «profesiones intermediarias» de los gringos, tienen aquí, otra historia y otras estrategias. ¿Un informal, qué es? No se le puede tratar de burgués pero tampoco de proletario. Menos mal que no me formé en los Estados Unidos. Sigo creyendo que Europa es la salvación, frase de Mariátegui. No por Europa misma —tienen sus provincianismos, como todo el mundo—, pero no han perdido el hábito de lo universal. Te cuento: la última vez que fui a visitar la École des Hautes Études, tan importante para mí como San Marcos, me di con la sorpresa que había, además de franceses y europeos, estudiantes becados venidos de la India y de la China actual. No unos cuantos, centenares. Cuando yo estudiaba en esas escuelas, había, por cierto, estudiantes africanos, norteamericanos, de todo. ¿Por qué van a Europa? Porque la mirada del mundo y su conceptualidad, es universal. Entonces, te puedo decir, mis preocupaciones y pasiones son las de un peruano, acaso las de un latinoamericano. Pero lo que manejo son ciencias estándares. Las mismas que un sociólogo japonés o de Australia. Como al profesor Rochabrún, me importa la teoría. El libro va a ser una sorpresa. Lo escribo en este instante por unos meses. Pero lo sostienen mis lecturas de los últimos 40 años, cuando el mundo cambió, y también las ciencias que estudian al hombre y la sociedad. Yo estoy al día. Eso me cuesta trabajo. Otros no, y siguen con categorías e ilusiones que la historia y el pensamiento ya han dejado de lado.

Publicada en la renacida revista Presente, n°1, semanario del miércoles 30 de enero de 2019, pp. 20-21. Y segunda parte en Presente n°2, del 6 de febrero de 2019, pp. 22-23.

El caso Frei. O la justicia tarda pero llega

Escrito por: Hugo Neira - Fév• 04•19

Esta crónica podría haber comenzado así. “Acabo de llegar de Biobío y de la región de los Ríos, donde se ha multiplicado la presencia de carabineros y helicópteros debido a los ataques incendiarios”. Es cierto pero no he estado ahí. Cuando visite el punto más extremo de la larga geografía chilena, acaso me anime a notas de viaje, como las hace Rafo León. Las crónicas suelen ser sedentarias, y también las motiva el azar de las cosas. Y las circunstancias, una llave para explicar la vida, según el filósofo Ortega y Gasset.

Estoy en Santiago, y un asunto estremece la vida política de este país. Es un asunto de justicia y de historia contemporánea. Los años Pinochet. Pero a la manera chilena, intensa pero formal. La cuestión es por qué muere súbitamente, en 1982, Eduardo Frei Montalva, demócrata cristiano, rival de Allende, pero en esos años el opositor más notorio de Augusto Pinochet. Fallece no de muerte natural como entonces se dijo, sino “por un crimen perpetuado por personas de su confianza y por razones políticas”. Hace 16 años que el tema es materia de investigación judicial, y solo hoy se avecina “un fallo de la mayor gravedad”, anuncia el viernes 1° de febrero el diario El Mercurio.

¿Tuvo algo que ver Pinochet?

¿Es necesario decir lo que fue esa dictadura militar? Conocimos, los peruanos, los golpes de Estado de Odría y de Velasco, pero con el golpe de Estado del 11 de setiembre de 1973, no solo bombardean el Palacio de la Moneda —luego lo reconstruyeron— sino que millares de oponentes fueron encerrados en el estadio de Santiago, los numerosos prisioneros torturados, “unos 18 mil prisioneros” (Wikipedia). Se ejecutaron de inmediato militantes de la extrema izquierda y en los meses siguientes, visto los alcances de la represión, unos 200 mil chilenos dejaron su país. Al lado de esto, los regímenes de nuestros dictadores militares pasan como dictablandas. Esto ocurrió hace 36 años. Pero el ‘caso Frei’, así lo llaman, vuelve a la actualidad.

Por un instante, se siente algo como una rememoración colectiva de esa historia, Allende y sus motivos. Salvador, médico de profesión, no era un revolucionario que bajaba del monte como de la Sierra Maestra como Fidel Castro y sus guerrilleros. Allende llega al poder legítimamente, en 1970. Lo logra, pero con mayoría simple. Con un 36,6% de votos, sus rivales —Alessandri y Tomic, conservadores y demócratas cristianos— uniéndose, hacían una mayoría absoluta. Por otra parte, la Unidad Popular, tenía comunistas y socialistas, y con ellos, lamentablemente, pequeños partidos de izquierdas. El MIR de Carlos Altamirano, un hijo de papá que mientras gobernaba Allende, dirigía milicias obreras que tomaban las fábricas. A Allende lo arruina Altamirano, quien ha vivido hasta los 96 años.

¿Quién era entonces Eduardo Frei? ¿Por qué interesa su destino, incluso en nuestros días? Fue nada menos que el presidente anterior a la llegada de Allende, de 1964 a 1970. Con un lema claramente opuesto a los socialistas y comunistas chilenos, “revolución en libertad”. Venía de una corriente conservadora, inspirada en las doctrinas sociales de la Iglesia, pero contrariamente a nuestros conservadores —ese lado de lo chileno es muy dinámico— con Frei, hubo reformas en la educación, la sindicalización de los campesinos, juntas de vecinos, centros de madres, etc. Cuando se recurre a las encuestas de ese momento, Frei siempre fue muy bien apreciado.

Ya producido el golpe de Estado, Frei como otros oponentes al gobierno de Allende, pensaba que la junta militar llamaría pronto a unas elecciones. Pero eso no ocurrió. Qué ingenuos. Pinochet, o más bien el imperial Pentágono, tenían otro proyecto. Hoy se sabe que en Washington no se temía que en Chile apareciera otra Cuba, sino algo peor. Un socialismo con instituciones democráticas¡! Para gringolandia, mal ejemplo para otras repúblicas. El golpe en Santiago no solo se propone acabar con Allende sino ensayar algo para todo el continente. Lo que hoy conocemos como neoliberalismo. Los Chicago Boys, las ideas de Milton Friedman, la constitución de 1980 en Chile. Y la economía de mercado que ha hecho el Chile actual. Si eso conviene o no, lo dejamos para otra ocasión. Habría que ver qué tipo de capitalismo hay en cada nación.

El hecho es que Frei se situaba como opositor a Pinochet. Y sin embargo, ¿muere en 1982? Hubo que esperar hasta el regreso de la democracia en 1990, para abrir una investigación judicial. Y desde el 2009, según el juez Madrid, “hay fundamentos para pensar que fue un homicidio”. Unos 16 años de indagaciones. En la investigación, parece que fue homicidio, gente de su contorno, desde el chofer a los médicos que lo atendían. Traicionado por su gente. El horror. El riesgo de los gobiernos autoritarios es que no soportan ni una mínima oposición, con lo cual, no hay ganador. Perdemos todos.

En fin, cosas muy oscuras están saliendo a la luz. La segunda operación que soportó Frei Montalva, no le era necesario. Se quiere llegar a una “organización criminal” manejada por el propio Pinochet. No se olvida que mandó matar al ministro Orlando Letelier, que vivía en el extranjero. Han pasado 37 años, pero la justicia, si tarda, termina por llegar. Se espera el fallo final.

Publicado en El Montonero., 4 de febrero de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/el-caso-frei

 

“Los dolores que quedan son las libertades que faltan”. Córdoba, 1918

Escrito por: Hugo Neira - Jan• 31•19

“Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime”. Son estas las primeras frases del Manifiesto Liminar, con firmas a pie de página, de los miembros de la comisión directiva de la Federación Universitaria de Córdoba. (El texto se encuentra en internet.) Ese manifiesto pareciera la proclama de un Libertador. El tono es grandilocuente y a la vez preciso. “La rebeldía estalla en Córdoba y es violenta porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido” […] “Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes” […] “Nuestro régimen universitario —aun el más reciente— es anacrónico. Está fundado sobre una especie de derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes”. Esa reflexión es decisiva. (Y es desde entonces que los estudiantes intervienen, mucho o poco, en las elecciones de rector. Lo que cuenta es que intervienen.)

Prosa magnífica, podemos tener la impresión que la calidad de ese discurso realmente audaz y subversivo cuenta mucho en la difusión rapidísima de ese tipo de liderazgo estudiantil. Unos contenidos que desbordan el reclamo pedagógico, algo político y cultural que se expande no solo en la Argentina sino en el continente entero. Dicho eso, ¿podemos asombrarnos? Ha pasado cerca de un siglo, y a simple vista, poco o nada explica que la Reforma Universitaria que llama a “un demos de estudiantes”, pone de cabeza no solo el sistema vertical de los estudios superiores, sino, a la sociedad entera.

La idea de “gobierno propio”, que está en la proclama de líneas arriba, es un principio más que radical, republicano o socialista, va más allá que todo aquello: es el concepto de libertarios, partidarios de la autogestión, situacionistas, anarquistas de los decenios de los 60 del siglo XX. Y eso, ¿se proclama en Córdoba? No es por azar que en el diario argentino Clarín, a propósito de uno de los aniversarios de la Reforma en Córdoba, en 1998, Nestor Kohan señala que “no fue en París, sino en Córdoba, muy lejos de la Torre Eiffel” […]. “Los estudiantes se declararon en huelga general y tomaron por asalto la antigua y oscurantista Universidad de Córdoba. La universidad, en ese entonces, funcionaba bajo la impronta de sectores conservadores de la Iglesia Católica. Las cátedras tenían muchas veces carácter hereditario, los programas de estudios eran anacrónicos” (Clarín).

Ahora bien, una manera de eludir la radicalidad que contiene la Reforma Universitaria de 1918 es tratarla desde el reclamo del movimiento estudiantil. De los cambios que produjo y que conocemos hasta el exceso: autonomía académica, cogobierno de estudiantes, profesores y graduados; extensión de la universidad a otros sectores sociales, y libertad de cátedra. Pero si nos detenemos un instante en cada reclamo, podemos entender por qué llama la atención de otros demos de estudiantes, y por qué el movimiento fue reprimido. Autonomía académica era dar libertad a la universidad ante el Estado y las clases dominantes. El cogobierno de las autoridades y delegados de estudiantes por voto, puede parecer a simple vista algo inocente, pero ¿qué pasa si lo reclaman los obreros en las fábricas, los empleados en las empresas o en los ministerios? O sea, ¿la autogestión? En cuanto a la extensión de las preocupaciones de los universitarios por los sectores sociales, era la posibilidad que nuevas elites inconformes y partidos obreristas y socialistas de trabajadores se pusieran de acuerdo. En cuanto a la libertad de cátedra, era la plataforma que permitiría la solidez de una clase de intelectuales sostenidos por la necesidad de una sociedad moderna de tener pensadores críticos. Por lo general, no solo el Estado sino la sociedad misma no tolera el pensar crítico. “Una sociedad detesta que revelen sus mentiras dizfrazadas de verdades” (Castoriadis). La Reforma Universitaria no puede ser sino un estado de cosas completamente distinto de la sociedad bajo mecanismos de dominación de arriba hacia abajo. La Reforma, bien entendida, va de los estudiantes a los profesores. Era peor que una revolución. Una subversión al principio del dominio paternal o patriarcal.

Cierto, los dirigentes fueron detenidos, procesados por sedición, pero lograron los estudiantes conseguir el apoyo de los sindicatos obreros. Otro paso, pues, a que el tema de las reformas no se quedara en los muros de la vida universitaria. El lema nacido en Córdoba en 1918 —“¡Obreros y estudiantes: unidos adelante!”— cruza fronteras y es tomado como un recurso estratégico en una infinidad de movimientos y partidos políticos de la América Latina. Como se puede ver, estamos lejos del claustro de profesores y estudiantes.

Ahora bien, hay un grado muy alto de originalidad y audacia en el movimiento mismo, pero no podemos dejar de pensar que, más allá de todo determinismo, ese tiempo es de una Argentina próspera, de rápido desarrollo, polo de emigración europea, y políticamente, luego de la ley Roque Sáenz Peña, por primera vez de sufragio secreto y obligatorio, el país de Hipólito Yrigoyen, de la Unión Cívica Radical, en 1916, será la de un presidente que llegaba al poder por los votos populares. Yrigoyen de alguna manera se le considera hasta el día de hoy como el acceso de las primeras clases medias al poder político (todo esto, antes de Perón). Yrigoyen no perdía nada si la Reforma triunfaba sobre la Universidad teológica. Al contrario.

Hay que explicar el contexto del milagro cordobés de 1918. Si nuestros datos no nos llevan al error, había cinco universidades en Argentina, a saber, Buenos Aires, La Plata, Tucumán, Córdoba y del Litoral. Ya había centros de estudiantes. Pero, según los que conocen a fondo lo que pasó, Córdoba era un dominio de la Iglesia y era muy difícil cualquier modificación. Córdoba era francamente no solo reaccionaria sino medieval. “La enseñanza de Darwin era prohibida por herético y se impartían materias como “Deberes con los siervos” (La izquierda, diario, 15 de junio del 2017). En la historia interna de la Reforma, cuentan muchos los errores de los clericales. Los estudiantes habían manifestado en las calles (otra innovación que luego se ha repetido en todo el planeta, ¡marchar en las calles!) y sin embargo, “sus reclamos eran todavía tímidos.” Primer paso en falso de las autoridades, una respuesta cerrada y negativa. Los estudiantes pasan a la huelga general, el 1 de abril, con una adhesión total. Se provoca, pues, la intervención del gobierno, el día 11 de abril, y se nombra en el cargo a José N. Matienzo, nada menos que Procurador General de la Nación. Unos días después, anuncia reformas, un nuevo sistema para la elección de las autoridades en el que participarán la totalidad de los docentes. (No se habla todavía de la participación de estudiantes). Se reanudan las clases. Y como el representante del gobierno había declarado vacante el cargo de rector y de decanos, se abren unas elecciones para el 15 de junio. Para el nuevo rector, hay tres candidatos. El liberal Enrique Martínez Paz, que era el candidato de los estudiantes. El segundo es un laico, Alejandro Centeno. Y el tercero es Antonio Nores, representante de la cúpula clerical y miembro de la Corda Frates. Como su nombre lo indica era una asociación de exestudiantes de colegios dirigidos por eclesiásticos. En realidad, una asociación ultraconservadora. En una segunda votación, gana Nores. Los estudiantes toman la universidad a viva fuerza “irrumpieron en el salón de grado, rompieron vidrios y muebles, descolgaron cuadros de las antiguas autoridades de la universidad, expulsaron del lugar a la policía y matones contratados por las autoridades clericales”. Nuevamente declaran la huelga general y esta vez, ella se extiende en las universidades argentinas. Ahora bien, el Manifiesto Liminar, aquel con el cual abrimos estas páginas, titulado “La juventud de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica”, que se supo más tarde había sido redactado por Deodoro Roca, solo entonces se da a conocer.

En fin, Nores renuncia. Yrigoyen mismo interviene. La victoria de los reformistas —así se denominan— llega a confirmarse puesto que un decreto de reformas es lanzado el 12 de octubre de 1918, la mayoría de reclamos de los universitarios es admitido. Y Deodoro Roca se convierte en un intelectual conocido y celebrado. Ortega y Gasset lo reconoce como “el argentino más eminente de los que había conocido”. Y para Ezequiel Martínez Estrada fue “el escritor político argentino más importante del siglo XX”. ¿Qué escribió? Como diría Cantinflas, “ahí está el detalle”. No escribió ningún libro. En cambio, recibió en el sótano de su casa, a mucha gente: Waldo Frank, José Ingenieros, Víctor Raúl Haya de la Torre, Rafael Alberti. Escribió en vida poemas, artículos. Su obra ha sido recopilada y editada a su muerte. Citaremos algunas, sin ánimo de ser exhaustivos. El difícil tiempo nuevo (1956). Ciencias, Maestros y Universidades (1959). Y uno que se titula, Prohibido prohibir (1972).

Es decir, un concepto de mayo del 68. Lo cual indica que ese evento le interesó. No podía ser de otra manera. Mayo 68 es la continuación de la Reforma Universitaria en Córdoba de 1918. Si el lector de esas líneas quiere saber más sobre Deodoro Roca, puede conseguir por internet un buen trabajo sobre su vida y sus ideas. Libro de Fernando Pedró, así con ese acento, titulado Deodori Roca. Entre influencias y olvidos.

Un nuevo sujeto social, la juventud

La juventud es una palabra de ese tiempo. Concepto decisivo. Está en Ariel de José Enrique Rodó: “Aquella tarde, el viejo y venerado maestro a quien solían llamar Próspero, se despedía de sus jóvenes discípulos”. Y les dice: “Pienso que hablar a la juventud, es un género de oratoria sagrada”. Está en Ruben Dario (1867-1916) “Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro… y a veces lloro sin querer”. Era más que una corriente literaria, era lo que he llamado en otra ocasión, el juvenilismo. Un estado del alma, que corresponde a los periodos de la historia de grandes transformaciones. El movimiento universitario del cual salieron esencialmente los principales conductores de partidos políticos (de Haya de la Torre al cubano Mella, o al joven Fidel Castro en los cincuenta) arranca en los años veinte con aire iconoclasta. Sus denominaciones son todavía vagas, antes que se separen en comunistas o socialistas, apristas, radicales, demócratas o peronistas, se llaman mancomunadamente “nueva generación”, “vanguardia”. Como va a pasar con los jóvenes del 68 francés, se declaran una generación sin maestros. De sus propias filas salen ideas y pensadores.

De la reforma universitaria peruana y de la reforma universitaria mexicana, luego de Córdoba, proviene el Ateneo universitario en México, las lecciones de Antonio Caso, y en especial José Vasconcelos, “la raza cósmica”. Ya no es tiempo de pesimismos. Si Europa se hunde —eso es lo que pensaba mucha gente a raíz de la terrible primera guerra mundial— el nuevo mundo tomaría la posta de la continuación de una civilización, con una diferencia: con espacio y acogida de todas las razas. Tiempo de migraciones en Argentina, Brasil, algo en Chile. En esos años, en el Perú, brilla la gente del Conversatorio Universitario, Luis Alberto Sánchez, Raúl Porras, Jorge Basadre, “maestros” cuando no llegaban a los treinta años. Y juveniles profesores en la Universidad Popular González Prada hecha para obreros anarco-sindicalistas, una suerte de educación superior por las noches al proletariado limeño. En ellas daba clases José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre. La separación de ambos, por razones de concepciones diferentes en la idea del partido “de la revolución”, vino después. No será la única vez en que los revolucionarios se separan porque tienen concepciones distintas de lo que será el partido y el Estado, después del triunfo. En fin, a lo que vamos, los años veinte lucen catedráticos que no peinaban canas. Es Rodó quien habría dicho algo que proviene de Renan: “la juventud es el descubrimiento de un horizonte inmenso que es la vida”. Ayudaba, sin duda, el aire del tiempo. Lo que llaman los franceses, l’air du temps. Los alemanes, el Zeitgeist. Algo que sienten o presienten los poetas y los intuitivos flota sobre los seres humanos, presagios de felicidad o de catástrofes.

Luego de Córdoba, fueron innumerables los “mensajes a la juventud”. En ese clima de vísperas, de mañanas que cantan, se generó una verdadera reversión de valores. El medio natural, por ejemplo, dejaba de ser un obstáculo a la civilización, y Alfonso Reyes, el gran ensayista mexicano, en su juventud, exalta el medio natural. Tiene 28 años cuando escribe Visión de Anáhuac, 1917. Es una lectura sin complejos de América. Entre tanto Vasconcelos escribe: “Nosotros mismos hemos llegado a creer en la inferioridad del mestizo, en la irredención del indio, en la condenación del negro, en la decadencia irreparable del oriental. La rebelión de las armas no fue seguida por la rebelión de la conciencia” (La raza cósmica, 1925). Vasconcelos sabe cual es el “objeto del continente”, su probable misión, reunir las razas, la quinta raza, la cósmica…”. Son los años que José Carlos Mariátegui edita sus libros, La escena contemporánea que es de 1925. Los “Siete ensayos…” son de 1928. A todos los otros -ismos, Mariátegui no deja de pertenecer al juvenilismo. Veamos, pues, a quién dedica su libro, el primero, escrito después de un viaje por Europa. “Lo dedico a los hombres nuevos, a los hombres jóvenes de la América indo-íbera”, Lima, 1925. Haya de la Torre, el 7 de mayo de 1924 funda la Alianza Popular Revolucionaria Indoamericana. A los 29 años. Vallejo tiene 26 años cuando se edita Los Heraldos Negros, en 1918. No es coincidencia, es una generación. Viajeros, curiosos, originales, irruptivos, innovadores desde los poemas a los originales partidos políticos que inventaron, críticos del mundo y su país y su vida, pero cálidos, sonrientes, pero a veces, pese a la energía del poeta, a medida que pasaba el tiempo, acaso por el exilio, la nostalgia, el dolor de la lejanía. “Fue domingo en las claras orejas de mi burro, / de mi burro peruano en el Perú, perdonen la tristeza.” (Poemas Humanos)

Este es un ensayo. No pretende ser una obra exhaustiva, aunque algunos ejes ya están planteados, la libertad de pensamiento, las alianzas de los educados con los oprimidos. Lo de Córdoba fue una revolución en 1918. No es la primera ni será la última en que la señale como un punto crucial. Es un antes y un después. Un hito, como una línea divisoria de aguas. Un parteaguas, aunque no sea una palabra que admita la Academia.

Tras las páginas de Rodó, dice Germán Arciniegas, “vinieron las caldeantes del argentino Manuel Ugarte (1878-1951). Las del mexicano Isidro Fabela (nacido en 1882) el diplomático e historiador que escribe Los Estados Unidos contra la Libertad. Las reposadas y magistrales del peruano Francisco García Calderón (1883-1953), en La creación de un continente. Había, dice el gran colombiano Arciniegas, una nueva conciencia continental. Era notorio la pasión, el optimismo. “El anhelo de renovación llevó a don Justo Sierra a remodelar la universidad de México, y a don Joaquín V. Gónzalez a crear la universidad de La Plata, que marcó una nueva era en la Argentina. Había fe en el otro destino, la libertad”. Y en fin, “en 1925, José Ingenieros y Alfredo L. Palacios fundaron la Unión Latinoamericana para agrupar al elemento intelectual en torno a los maestros de la revolución”.

Esto por el aire del tiempo en materia cultural. En cuanto a la política, Arciniegas ve que después de ese 1918, después de esa escuela de aprendizaje político que eran los congresos de estudiantes, “los egresados de las federaciones estudiantiles fueron los líderes que liquidaron las dictaduras”. Pero Arciniegas no se chupa el dedo. Observa la deriva de ese culto a la juventud, “se inventó la revuelta de las aulas, que habría de convertirse en una costumbre, a veces viciosa, de la vida latinoamericana” (Germán Arciniegas, El Continente de siete colores, Historia de la cultura en América Latina, Aguilar, Bogotá, 1989, pp. 430-432.)

Seamos realistas, pidamos lo imposible. Mayo de 1968

“Está prohibido prohibir”. “Las fronteras, nos cagamos en ellas”. “La imaginación al poder”. “Trabajador, tú tienes 25 años, pero tu sindicato es de otro siglo”. Los afiches y los graffiti de la movilización estudiantil de mayo del 68, puesta aquí, en estas líneas, son inmensamente necesarias. Vamos a intentar explicar los acontecimientos de mayo y junio del 68, veremos sumariamente su contexto económico, político pero también sus aspectos socioculturales, ese enfrentamiento alucinante contra el paternalismo en la familia, el rechazo de la pareja y la propuesta formal para la mayor libertad para el sexo y para la forma de vivir. Los afiches nos recuerdan que aquello fue una serie de acontecimientos, muchos de ellos violentos, tanto de parte de los CRS —policía de combate callejero— y los estudiantes que levantaron barricadas y enviaban cocteles molotov por los aires. Mayo del 68 marcha de una discusión en el interior del patio de La Sorbona entre rector y dirigentes estudiantiles, a una huelga, a manifestaciones, a la toma del Quartier Latin, el barrio latino, por la insurrección juvenil, y luego las enormes manifestaciones públicas, todo esto, en un ambiente a la vez tenso, violento y sin embargo, festivo.

Comenzar por los afiches no traiciona los otros aspectos de Mayo 68. Pero plantea, desde la entrada, que siendo política, acaso fue una vasta revuelta espontánea, antiautoritaria, y oscila en esos dos meses, entre una toma de poder y una suerte de vértigo mesiánico. Pero no para el futuro, el aquí y ahora. La libertad llegó a una alegre trasgresión del orden, se hacía en los parques el amor en público. Esa barricada no es la triste de Víctor Hugo en Los miserables. Por lo demás, la base social primera y esencial del movimiento, estaba constituida por estudiantes, hijos de la burguesía. Hay un mayo 68 estudiantil, un mayo sindicalista, un mayo antigaullista, un mayo trotskista y maoísta, un mayo de la revolución sexual. Los años 70 serán, entonces, los primeros efectos de lo que ocurre en el barrio latino de París. El desdén al consumo, la multiplicación de comunidades de hippie y libertarios, el impulso al movimiento feminista, el interés por la ecología, la transformación de las prostitutas en trabajadoras sociales. Comienza por la admiración de los jóvenes de Mayo del 68 por el Che Guevara, por la China de Mao, y acaba en Gilles Lipovetsky, el autor de L’ère du vide. La era del vacío, la desconfianza de la política, que es el mundo que hoy tenemos. Alguien muy inteligente dijo lo siguiente por mayo del 68: “no sé si es la última revolución del siglo XIX o la primera del siglo XXI”.

Seamos sinceros. Los grandes acontecimientos de la historia —como 1917 en Rusia, la emergencia de Mussolini en Italia y el nazismo en Alemania, el New Deal de Roosevelt, e incluso en el pasado histórico, el 18 brumario de Napoleón— son fenómenos imprevistos. Es normal y hasta obligatorio que desde un punto de vista académico acudamos a las causas que lo provocaron. Algo de eso haremos, el inicio, la huelga general, la amplitud que toma no solo en Francia sino en Alemania, Italia, México o Brasil. Su internacionalidad, pese a tener raíces muy francesas, muy específicas. Las barricadas vienen del siglo XIX, de la revolución de 1848 que fascinó a Karl Marx y a Engels, testigos de vista. Huelgas y marchas es algo frecuente en la sociedad francesa. No se inventaron en 1968. Francia es el país del Frente Popular de los años treinta. Cierto, el comunismo y el anarquismo se mezclan en los hechos de mayo y junio del 68. Pero algo más. En los afiches se dijo cosas que debemos recordar. “Abajo los crápulas estalinianos”. Faltaban sin embargo 32 años para el desplome de la URSS y de la burocracia en el poder. Los que se movilizaron con el mayo del 68, no esperaban un socialismo como el de los países de la Europa central, bajo el control del Kremlin. ¿Entonces qué? Vayamos por partes. Desde el microproblema sorborniano a una onda antiautoritaria que ha dado la vuelta al mundo y el anuncio de una posmodernidad.

Pequeñas causas y grandes efectos

El efecto mariposa, un aleteo en China puede producir un mes después un huracán en Texas. Todo comienza una mañana de mayo, cuando en el ancho recinto interior de La Sorbona, se espera la presencia de un centenar o más de estudiantes. Se han agotado las negociaciones entre las autoridades y los dirigentes de la UNEF. Hay unos antecedentes bastante sombríos que preparan el estallido de esa mañana. En Nanterre, 150 estudiantes habían ocupado las oficinas, y se habían proclamado anarquistas. En abril, Daniel Cohn-Bendit, de 23 años, dirigente estudiantil en Nanterre, había sido arrestado. Todo eso es cierto, pero también es verdad los errores que se cometen en ese día fatídico. Jean Roche, rector de La Sorbona, bajo la hipótesis —cierta o falsa— de que un grupo de extrema derecha llamado Occidente había amenazado de intervenir si esa asamblea de estudiantes se realizara, pide la intervención de las fuerzas del orden. La Sorbona es evacuada por lo que los franceses llaman, “une intervention musclée”. O sea, a viva fuerza. Los estudiantes expulsados se desparraman por el cercano parque de Luxemburgo, y comienzan a acumular adoquines para levantar barricadas. Las fuerzas policiales especializadas en disturbios, contratacan con gases lacrimógenos. Los vecinos se asoman a las ventanas, nunca se ha visto un combate callejero de esa intensidad. Al llegar la noche, unas 574 personas han sido arrestadas. Ha sido una batalla campal. Pasará a la historia por su violencia callejera. No hay ningún muerto, ni la policía ni los manifestantes han usado armas de fuego, pero hay unos 481 heridos en París, 279 estudiantes, 202 policías.

Los días siguientes, del lunes 6 al 10 de mayo, las cosas empeoran. Lo que sigue es, a la vez, la huelga general, el teatro Odéon como un lugar al estallido de la palabra libre, y las medidas políticas tomadas tanto por el Partido Comunista de Francia como la respuesta del general De Gaulle. La disolución del Parlamento, o sea, el llamado a elecciones legislativas. La huelga general se inicia el 13 de mayo, con un detalle de otros casos en la larga historia de la lucha de clases en Francia, esta vez no tiene límites. Francia ya es una sociedad que ha ingresado a la sociedad de consumo que se ha instalado en los hábitos y costumbres. Es el país tras los éxitos de las Treinta Gloriosas. Estamos diciendo que una huelga general en una sociedad de supermercados es algo que sacude a todo el mundo. El movimiento de mayo del 68 ha dejado el barrio latino. Es toda Francia. En algunas ciudades provinciales ha habido marchas en contra: en Dijon, “no queremos Nanterre”. En cuanto a las jornadas en el teatro Odeón, se expresan públicamente diversas tendencias, ideologías, actitudes, propuestas. El público será variadísimo, desde obreros venidos de la fábrica Renault en huelga, a severos profesores libres momentáneamente de dar clases, vecinos del barrio, escolares de liceos, y turistas, y algunas figuras del cine, el teatro, que se presentan. No es una militancia sino muchas.

Pero la balanza de la historia se inclina hacia el retorno del orden. No será el orden social y político, pero tampoco el pasaje a una victoria libertaria, acaso sin Estado alguno. No, la clase política francesa ha actuado. El muy capaz e inteligente Georges Pompidou propone mejoras ostensibles e inmediatas a los obreros, a condición de que retornen al trabajo. La historia conoce eso como los Acuerdos de Grenelle. Los franceses, a diferencia de muchos pueblos sudamericanos en que no tienen en sus aulas de escolares cursos de historia, sí recuerdan la suya, los años dramáticos de los 30, las ventajas sociales conseguidas por acuerdos en 1936, en tiempos del Frente Popular. La suspensión de la huelga viene a tiempo. Ya se estaba hablando de un parlamento provisorio, es la idea de François Mitterrand, que en las últimas elecciones había puesto al general De Gaulle, con la sorpresa de todo el mundo, en balotaje. Mitterrand propone a Pierre Mendès France a la cabeza de ese nuevo parlamento.

El gaullismo, no obstante, tiene cuadros, gente experimentada, y tiene a De Gaulle. Suya es la idea la disolución de la Asamblea Nacional. Y el 30 de mayo, justo al final de ese mes histórico, algo hace, algo enorme. Convoca una marcha de apoyo a su gobierno, en la muy extensa avenida o paseo llamado Champs-Élysées. Fue gigantesca, como en casos como este, las posibles cifras no son las mismas. Unas 300 mil personas para algunos, cerca de un millón según los gaullistas. De Gaulle es un general al ataque, no renunciará, no cambiará de Primer Ministro, se llama a elecciones legislativas. Para algunos analistas, es el viejo conflicto comunistas contra gaullistas. El partido comunista acusa a De Gaulle de dictador, lo compara con Napoleón. Una vez más, se han equivocado. La mayoría de franceses no quiere una revolución, aun si sus dirigentes, los brillantes jóvenes filósofos que han conseguido consideración y respeto, la dirijan. Tampoco quieren que continúe De Gaulle. En 1969, Georges Pompidou llega al Elíseo. Las legislativas de junio del 68 son un éxito difícilmente discutible. Tendrán la mayoría absoluta en el Congreso.

¿Qué quedó de Mayo 68? En el terreno de lo imaginario, de las esperanzas, de las ideologías, de lo posible y lo imposible, los acuerdos de Grenelle entre el gaullismo y los obreros comunistas, acaba con el mito de una revolución a partir de la clase obrera. No es un asunto solo francés. Lo que ocurre de inmediato es la disolución de los grupos juzgados como extremistas. Son once movimientos, los lambertistas, una rama del trotskismo. La juventud comunista internacional de Alain Krivine (del que tuve el honor de ser amigo) del movimiento del 22 de marzo, el abuelo de Mayo 68. De los marxistas del maoísmo en Francia, que entraron en “clandestinidad”; a los que conocí, porque me invitaron a que explicara por qué los campesinos peruanos habían conseguido vencer a sus explotadores sin disparar un tiro y con sus propios dirigentes, tan indios como ellos. (Les expliqué lo que está en mi libro, premiado en 1965, Cuzco: Tierra y Muerte.) Su clandestinidad era de lo más cómoda. Iba yo a verlos en mi moto, obligatoriamente porque puede correr más rápido que un coche de la policía, y las clases eran en un pueblito de los más cómodos y encantadores de la campiña francesa.

¿Comunistas, más allá del comunismo?

Uno de los aspectos políticos que no se puede dejar de lado es que el movimiento de estudiantes de mayo del 68 (o mejor dicho la serie de movimientos que lo habitaban), no podía realmente triunfar como una revolución —en un país industrial— sin el apoyo del partido comunista francés. Si no se conoce la historia de los franceses y el panorama de sus partidos políticos, no es inteligible lo que acabamos de abordar.

El PCF no es que pudiera ganar las elecciones, pero sí podía llevar a un hombre de izquierda al poder, aliado con los socialistas. Fue el caso de François Mitterrand, y en dos ocasiones. Ahora bien, Mayo 68 comienza a dejar de ser una revuelta estudiantil cuando estos, los del 68, se unen con las fuerzas sociales de obreros y trabajadores. Si esto abre el abanico de la protesta a clases sociales que no estaban en la lucha por los cambios educativos, entonces, no se entiende por qué se vuelve un problema no solo parisino sino nacional la rebelión de mayo del 68. Hay pasajes, pues, de la revuelta en el barrio latino a la rebelión en las barricadas, a la revolución cuando van a Boulogne-Billancourt, y los obreros los rechazan. No lo dicen claramente, pero es eso. Reformas y mejoras, sí. Una revolución social ahora, con gente que no conocemos y son de una clase burguesa. No, hasta ahí llega mayo del 68.

Hay otro punto, ligado a la mentalidad de los miembros del PCF y los estudiantes de mayo del 68. Para los primeros, la Unión Soviética seguía siendo ejemplar. Para los estudiantes, en particular, los de estudios filosóficos eran lo que comienza a llamarse “de extrema izquierda”. Más les inspira lo que ven en Vietnam, donde el imperialismo americano se estaba rompiendo los dientes, como en la Cuba de Castro.

No hay que autoengañarse. Cierto, los sindicatos fueron a la huelga, más bien los obreros desbordaron sus organizaciones, fue “una huelga salvaje”, pero en el barrio obrero de Billancourt, rechazan la continuación de la huelga. Seamos claros. Los proletarios franceses —cuyo nivel de vida no era nada malo, gracias a su lucha constante por arrancar la plusvalía a los propietarios de los medios de producción—, ¿por qué diablos tenían que seguir esa revolución de “petits bourgeois”, además, estudiantes? O sea, ¿futuros patrones? Sí, estaban de acuerdo con mejoras de salarios, con autogestión en las empresas, lo que por otro lado, no era gran cosa, se practicaba ya en Alemania. Hay que conocer a fondo la sociedad francesa y los abismos que separan a los obreros industriales de las capas medias y ambas, de los agricultores o campesinos. No son diferencias económicas, el Estado providencia se ha ocupado durante decenios de reducir las desigualdades. Son diferencias socioculturales. Los estudios de Bourdieu sobre el uso del ocio —sí, del tiempo libre— marcan distancias abisales. Mientras los padres de las clases medias llevan a sus hijos a la ópera, al teatro o a los viajes que amplían el conocimiento, la clase obrera tiene sus maneras de consumir y de vivir.

Mayo 68 hizo una corta alianza de clase. No duró mucho. Mayo 68 se acaba en junio, y una ley dada más tarde, en diciembre de 1968, corrobora los acuerdos de obreros con el Elíseo, aumentos salariales, cuarta semana de vacaciones pagadas, los famosos Acuerdos de Grenelle. Seré más claro. Mayo 68 acaba cuando los puestos de gasolina vuelven a funcionar. Los obreros, propietarios de sus autos como todo el mundo, querían salir de vacaciones. No fueron los terribles CRS, la policía de choque, que acaba con el movimiento. Sino la llegada del verano. La sociedad del consumo y del buen vivir ya estaba instalada.

La tesis principal de la juventud revolucionaria —siempre la jeunesse— era la siguiente: el poder está tranquilo. Su máquina electoral la ha construido él mismo. Luchemos sobre nuestro terreno. La ocupación de las fábricas. No fue así. Acaso lo que ocuparon fue una serie de modificaciones sociales de nuestro tiempo. Desde una perspectiva de la ‘larga duración’, mayo del 68 es el siglo XXI por completo.

“Las barricadas cierran las calles pero abren otros caminos”. A modo de conclusión

Mayo 68 fue discutido intensamente. La verdad es que no aprecio, salvo excepciones, las lecturas del 68 acaso porque provienen de escuelas de pensamiento, tanto liberales como marxistas, incapaces de integrar en sus análisis, los cambios de paradigmas. Mayo 68 no solo ha suscitado —el término es débil— los movimientos sociales y mentales de los años 70. La ecología, las comunidades de vida alternativa, la lucha por liberarse de culturas europeas como los bretones, los vascos, los catalanes. Movimientos de autonomía. Es perfectamente visible que no es en vano que Marcuse edite de nuevo su libro, El hombre unidimensional, que subtitula “ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada”. ¿Por qué escribe Raoul Vaneigem Tratado de saber vivir al uso de las jóvenes generaciones? ¿Y Guy Debord La sociedad del espectáculo, en 1967? ¿Sentía venir la gran ópera de los estudiantes rebeldes? De una rebeldía que no era solo política sino existencial, vital. ¿Por qué el Anti-Edipo de Gilles Deleuze y Félix Guattari, en 1972?

A lo ocurrido en mayo del 68, y después, no lo entendemos. Por dos razones. Las ciencias sociales han querido explicar las sociedades desde el ángulo de la economía, la sociedad misma y sus comportamientos y sin duda, desde sus instituciones. Pero hoy sabemos que eso es importante pero no es suficiente. La familia y las diversas formas que hoy existen, la cuestión de la intimidad, del sexo, la importancia que cobran los aspectos culturales, las mentalidades, la repartición de roles en el seno del hogar y de las empresas mismas, todo eso que se desplaza ya no solamente a la economía y a la política sino a la antropología, las ciencias cognitivas, las nuevas formas de educar y formar, de trabajar, todo eso que había removido mayo del 68, son su contradictoria herencia. ¿Terminado el Mayo parisino? Pero sí yo lo veo todo el tiempo en las generaciones actuales. ¿De qué época viene el culto al individuo? ¿La libertad suprema de autoeducarse? Esa dimensión de la palabra libre, de la vida de uno que cada uno se inventa, viene de esa ruta. Mayo parisino ha sido un deseo de cambiar no solo el poder político sino de cambiar la vida. Mayo ha politizado la vida privada. Pero no para tener partidos, sino prescindir de ellos.

Fue una profunda remoción de lo que los alemanes llaman, el Erleben. Es decir, el conocimiento del conocimiento por la experiencia, lo inmediato, lo vivido. Tan cerca de la “mismidad” de Ortega y Gasset. Y por eso la frase en alemán. Ich habe etwas erleben, o sea, “yo he vivido esto y aquello”. Me lo guardé hasta el último párrafo. Yo he estado presente en el mayo del 68. Por modestia y para que el lector no crea que me incline a uno u otro lado, atento a los códigos académicos, no me ha impedido reflexionar. Ahora bien, debo decir al lector de estas páginas cómo yo, nacido en Abancay, Perú, educado en Lima en San Marcos donde estudié historia (mi primera formación, luego hubo otras dos, en Europa), llego a París. El asunto es sencillo. Me habían contratado en la Fondation Nationale des Sciences Politiques como chercheur, o sea, investigador. ¿Por qué razón? No fue una beca. El profesor Chevalier había pasado por Perú para reclutar un peruano para que formase parte de un equipo de investigadores en el Institut des Sciences Politiques (S. Po.). Un mexicano, un brasileño, un peruano y el resto, otros tres investigadores jóvenes, formados en S. Po. Ocurre que yo había acabado de publicar un libro, que era el resultado de un largo periodo en que seguí las invasiones de tierras en el sur del país, organizadas por la Federación Campesina y cuyo líder indígena era Saturnino Huillca. Esas crónicas, sin intención de formar un libro, fueron publicadas por el diario Expreso, entonces un diario, cómo se decía en la época, “progresista”. Mis artículos no querían sino decir la verdad. Un poco como el Manifiesto Liminar de Córdoba 1918. “Hemos resuelto llamar a todas las cosas con el nombre que tienen”.

Las dos revoluciones que este ensayo ha reunido tienen rasgos en común. Los separa las circunstancias, el contexto. Una se produce en un lugar casi monacal. La de mayo del 68. Pero ambas corresponden a situaciones más bien de éxito económico. Argentina era un país que atraía emigrantes. Francia estaba pasando por un decenio de crecimiento. La sociedad del consumo de masas se había realizado. Las causas económicas no explican ni una ni otra rebelión. Lo que sí tienen en común es la juventud, la jeunesse, como actor. No puede ser una coincidencia. Mayo 68 añade el placer, el sexo. Lo de Córdoba es más austero. Ambos son extremistas. Extremismo de la libertad, la vida, la inteligencia. Qué placer haber escrito estas páginas que no tienen -ismo alguno que las corrompa. Cierto, ¡intentemos lo imposible! (Marzo de 2018)

Publicado en la revista digital Rumbo al Bicentenario, n°2, del Congreso del Perú, enero de 2019, pp. 17-28.

http://www.congreso.gob.pe/Docs/comisionbicentenario/libro/02/index.html