Simposios de Moisés Lemlij. Mirar el mundo tal como es

Escrito por: Hugo Neira - Avr• 16•18

Hace veinte años, en abril de 1998, en el hotel Los Delfines, se produjo un evento que podríamos llamar magno, gigantesco. Se le llamó entonces, En el Umbral del Milenio. Quien lo organizó fue Moisés Lemlij, psiquiatra-psicoanalista. El núcleo fundamental de ese evento estuvo compuesto por psicoanalistas, y además, investigadores y científicos de otras disciplinas de las Ciencias del Hombre. Pues bien, hace unos días, del viernes 6 de abril al domingo 8, se ha vuelto a repetir una conferencia internacional, una vez más, organizada por Lemlij y un equipo al que no cabe sino felicitarlos. La idea central fue esta vez, La escena contemporánea. El lema, no solo era un reconocimiento a la lucidez de José Carlos Mariátegui sino un acierto. Realmente, ¿qué es lo que pasa en el mundo?

Varios temas fueron abordados, entre ellos, las mujeres en la escena pública, la crisis de la democracia, la sociedad moderna y su influencia en asuntos de género. La normalización de la corrupción. La crisis de liderazgo, el impacto de la tecnología. Como el amable lector podrá deducir, cualquier esfuerzo de una síntesis es casi imposible. Debemos esperar que las intervenciones sean editadas. Me limitaré, y de modo sumario, a redactar aquello que me tocó como intervención oral.

Fui invitado a un conversatorio sobre la escena contemporánea. En la cual participaron Miguel Giusti, Leopoldo Nosek, Francisco Sagasti y Estela Welldon. Visto el auditorio y la necesidad de ser sintético, mi plan de exposición se sirvió de un antiguo truco de oratoria, que viene de los latinos: primero la miel, luego la hiel. En efecto, comencé con las ventajas de nuestra vivencia en este siglo. En primer lugar, el hecho que vivimos unos 35 años más que la media de los seres humanos del siglo XIX. En segundo lugar, diversos observadores sostienen que en el 2030, por primera vez en la historia de la humanidad, habrán mas clases medias que ricos o pobres. Esas clases nuevas y activas ya han aparecido en China, en India, emergen en el África actual. Sin embargo, me apresuré a decir que eso no significaba que los conflictos sociales vayan a disminuir, puede ser que se agudicen. Vivimos en una cultura de la competencia. En lo positivo señalé que el siglo XX es el de la alfabetización general. Y otro aspecto, también positivo, el reconocimiento de los movimientos femeninos y de la mujer.

Luego pasé a lo que de negativo tiene nuestro contexto mundial. Los Estados Unidos siguen siendo una potencia, pero no como superpotencia que fue su rol después de la caída del Muro de Berlín. Esa hegemonía se ha acabado. Este es un mundo con diversas hegemonías. USA, China, Rusia de Putin. La Unión Europea. Y cuando no hay una superpotencia dominante, las relaciones internacionales son sinuosas, inestables. Segundo punto, el Islam se sostiene como un desafío a la modernidad. En política es incompatible la idea de la comunidad islámica y el respeto al individuo. Musulmán quiere decir «siervo». Se supone de Alá, pero son víctimas de diversos totalitarismos bastante mundanos.

En política, retornan los hombres providenciales. China tiene un nuevo amo de por vida, Xi Jinping. Ahí está la Rusia de Putin. La Alemania de la señora Merkel. La Francia de Macron. La Turquía de Erdogan. Y la Siria de Bashar al Assad que las grandes potencias no quieren que siga, pero que resiste desde hace años a una guerra terrible. Lula es uno de esos casos. Se irá a la cárcel pero es el líder político que logró extraer de la pobreza a 20 millones de brasileños y situarlos con empleos en el sector privado, como una enorme clase media. Es una lástima que se haya manchado con regalos cortesanos. Lo que estoy diciendo es que en política, no está pesando una doctrina sino la capacidad de algunos para asumir la autoridad del Estado. Se viene una era de condotieros, de aventureros, de gente con carácter que llegue a la emoción popular.

Estamos en un tiempo de transición de un capitalismo a otro. A formas de trabajo que incorporan novedades tecnológicas y que modifican de arriba a abajo, el mundo laboral. ¿Cuántos oficios van a desaparecer debido a los robots y las aplicaciones? Un especialista, Sennett, señala que en Europa y en los Estados Unidos, el contrato por tiempo indeterminado cede el lugar a contratos de corto plazo. Lo que permitirá la pérdida del empleo. El puesto de trabajo se vuelve una lucha por la supervivencia.

El último punto. Por encima de los Estados, incluso de los más poderosos, flota una internacional de empresas financieras que dominan el mundo. Ya no se pueden llamar neoliberales. Son otra cosa. Una aristocracia del dinero desligada de nación y patria alguna. Un «economismo» sobrevuela sociedades y naciones. E imponen un modo de vida que solo conviene a los anglosajones.

Recordé el simposio del año 1998. El filósofo Vattimo, italiano, después del derrumbe de la URSS, pensó que entrábamos a una forma de sociedad transparente. En estos años, lo que ha ocurrido es todo lo contrario. Los medios pudren los diarios con las fake news. Internet es un agente doble, trae información pero permite la manipulación de masas de ciudadanos como ha ocurrido con Facebook. Estamos en una sociedad internacional y caótica. El libro de Cohen se titula La prosperidad del vicio. Hay especies enteras en extinción. Las abejas, por ejemplo. La educación ha caído en todo el mundo. Los jóvenes prefieren estar conectados a tener conocimientos. El libro ha pasado a segundo plano. Tenemos con la mundialización eso que los sociólogos llamamos «efectos perversos».

Publicado en El Montonero., 16 de abril de 2018

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La nave del Estado

Escrito por: Hugo Neira - Avr• 09•18

«Ningún médico que estudiara minuciosamente el cerebro de Mozart estaría en condiciones de predecir La Sinfonía en sol menor de una manera detallada» (El universo abierto, 1982). Frase de Popper el gran epistemólogo que recomendaba alejarse de las seudociencias, o sea, mitos, magia, ideologías y metafísicas. Y cuando no se sabe algo concreto, ¿qué hacer entonces? Se plantean conjeturas. Unas de las posibilidades que Popper recomienda. En todas las ciencias existen y son parte del plan de trabajo. Y en política y en economía, las conjeturas son parte del método de saber pensar lo que por el momento resulta confuso.

Hablando de opiniones, discrepo del editorial del diario El Comercio del 06.04.18 —que a veces me invita a sus páginas—. Por ejemplo, el reparto de carteras. Señalan que es significativo el «nombramiento de Liliana La Rosa, del Frente Amplio. El de Salvador Heresi, secretario general de Peruanos por el Kambio. Y el del propio Villanueva, legislador por Alianza por el Progreso». Y a partir de ahí, atribuyen todo eso a un «un intento del gobierno por tender una mano al Congreso». Me parece una explicación tirada de los pelos. Si fuera así, ¿por qué no se nombró a Elmer Cuba, en Economía? La cosa es sencilla, si lo incorporaba al gabinete, se hubiera confirmado vinculaciones con el fujimorismo. Y provocaría un carnaval de posverdades.

Creo que hay otro ángulo para apreciar o no el actual gabinete. El presidente Vizcarra, si no me equivoco, había dicho que los cambios en el gabinete iban a ser totales. Y eso es lo que ha hecho. Y el Primer ministro quiere una renovación de cuadros. Por una vez sendos hombres de Estado hacen lo que habían prometido¡! No está mal. Debe haber sido difícil perder a ministros como Basombrío, Jorge Nieto, la señora Aljovín. Acaso después en otra coyuntura. Una cosa me sorprende aún más. Casi nadie ha celebrado un gabinete con gente de derecha y de izquierda. Por mi parte, digo, a contracorriente, que nunca ha ocurrido un gabinete presidencial con gente de derechas y de izquierda.

Acaso es tiempo de reemplazar esos dos vocablos por otras definiciones. Así, a las izquierdas las llamaría con una sigla: PEES, o sea, Partidarios de Políticas de Estado en Economía para apoyar a capas sociales sin recursos. Y a la derecha la llamaría PEMA, es decir, los que prefieren una Política de Estado con Mercado Abierto. Entonces, nos encontramos con dos tipos de mentalidad, como decía Mariátegui, cuando en su célebre viaje por Italia de la década del veinte, los comunistas y fascistas se enfrentaban por sus convicciones, y sin embargo, venían de las mismas capas sociales. Los separaba una cultura, y así el sagaz José Carlos: «dos concepciones de vida». Quiero decir que hay una inevitable diferencia de qué es lo prioritario, o el mercado o el Estado.

En fin, casi siempre comparto el punto de vista de Jaime de Althaus. Esta vez no. Me refiero al artículo del día 6 de abril en El Comercio. Titulado, «Un poco de ambición, presidente Vizcarra». No pues. Otra vuelta las grandes promesas, blablablá. ¿No te parece, querido Jaime, que ya es ambicioso su esquema de trabajo, sin antis y llamando a un personal que son poco conocidos. La promesa de utopías irrealizables, eso es muy fácil, Jaime. «El Estado soy yo». Eso ha sido Hugo Chávez, Maduro, Correa y lo es Evo Morales. ¿Te acuerdas cuando don Fernando Belaunde soñaba con la epopeya de la carretera marginal? No había otra cosa en su cabeza. O como decía mi abuelita, que era arequipeña (pero con un padre, mi bisabuelo, que estudiara en Milán), Chi va piano va sano y lontano, algo me queda de esa lengua. Quien va despacio, va lejos.

En fin, ¿por qué en El Comercio llaman «populista» lo que hizo José Arista comprándoles a los productores agrícolas su excedente de papas? Es algo que ocurre, incluso en las economías liberales, proteccionismo en algunas zonas. ¿Qué pasa, paisanos? Ningún gobierno de la tierra es hoy únicamente liberal. Ningún gobierno socialista deja de lado el mercado. Todos son combinaciones entre una cosa y la otra. Lo que puede pasar en los meses próximos, es un experimento social y político. Ni las izquierdas ni las derechas, a nivel planetario, son absolutamente de una sola política. El problema va a estar que en el Perú, de culturas políticas antagónicas, se pongan de acuerdo un puñado de ministros en unos cuantos puntos precisos. Por el bien de la nación y de la patria.

Ni en política ni en ciencias existe la verdad absoluta. Para eso, las iglesias y las universidades dogmáticas del pensamiento único. En el tiempo que vivimos, pasan cosas extrañas e inéditas. Hay revoluciones que algunos de mis colegas europeos llaman «revoluciones pasivas». Vienen de la migración, Rolando Arellano, que ha estudiado los estilos de vida en Perú, dice: «al medio hay sitio». Y lo dice Gianfranco Brero, «todo se puede combinar». Habla de gastronomía. Por qué no, en la gobernabilidad? A ver si llegamos a ser el país de todas las sangres, y no como ahora, el país de todas las bilis. Mucho hígado y poco seso.

Entre tanto, buena navegación y cuídense de las sirenas y monstros del mar. Hay que protegerse como el célebre Ulises, tapándose los oídos. Y por favor, despachen en Palacio. Eso de hacerlo en casa, es confesar que lo público se maneja desde lo privado. Lo cual es fatal. Ni Trump hace eso.

Publicado en El Montonero, 9 de abril de 2018

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Burguesía y nación

Escrito por: Hugo Neira - Avr• 02•18

Estando en el extranjero y a punto de volver, en una noche de plenilunio escribo estas líneas, aunque varios temas trotan en mi cabeza. He leído el “Que se rayen todos” de Juan de la Puente, como siempre, lúcido. Y el último de Carlos Meléndez, “La derrota del antifujimorismo”. Pero no tengo ganas de seguir por esos temas. Me interesa el Perú y me interesa el mundo. El misil invencible que anuncia la Rusia militarizada de Putin. La guerra comercial, el retorno a economías en parte protegidas, tanto en la China de Xi Jinping y la América de Trump. ¿Vamos hacia una desmundialización? ¿A economías mixtas?

Estaba en esto, buscando una temática. Pero estuve estudiando, entre otros episodios, el periodo del auge del guano en el siglo XIX. Y en Guano y Burguesía, Heraclio Bonilla hace una pregunta decisiva: ¿por qué los consignatarios —que recibieron fortunas del fisco como exportadores del guano— no se volvieron una burguesía moderna? Según Bonilla, se contentaron con ser una “clase rentista y parasitaria”. La burguesía nacional fue una obsesión de izquierda de los años 70. Pero esa cuestión me lleva al presente. Y el ahora es la mundialización. Un fenómeno planetario. Tiene sus ventajas y límites. Nunca ha crecido más la riqueza. Nunca se han abierto los abismos que hoy separan los muy ricos y la mayoría de seres humanos. Hoy, las polaridades de nuestro tiempo son lo local y lo global. Es decir, burguesía nacional y burguesía apátrida. Trump milita en la primera. Prefiere que los obreros norteamericanos tengan chamba, a que las empresas deslocalicen para acumular ganancias. No es el único. Macron y la Merkel quieren una Europa con precauciones regionales. Y Putin. Y Xi Jinping. En la América Latina, no hay país que le pare los machos al FMI. Somos siervos de amos que ni nos conocen.

La mundialización no es solo el mercado mundial, Internet, Twitter y los viajes veloces, es también las finanzas internacionales por encima de los Estados. Una corriente “economicista” sin leyes ni límites geográficos ni políticos. Temible. No es algo que se me ocurra. Léase a Saskia Sassen. A Ulrick Beck. A Daniel Cohen. Estudian el poder que está por encima de los poderes. Y cómo debilitan instituciones, Estados y naciones. A lo que voy, hoy existen dos modalidades de burguesías. Unas son nacionales. Otras son burguesías globalizadas y desnacionalizadas. Debilitan a los Estados, pero no pueden desaparecerlos. Hasta el momento, no hay otra manera de regular la vida social. Pero para gobernar países se necesitan políticas. Y eso significa no solo cálculos y logaritmos sino sentimientos y emociones. Por mi parte, no tengo nada contra las multinacionales. El asunto no es ese.

El amor al Perú. No por sentimentalismo. En política, el tema de lo subjetivo, cuenta. Es así como, en otras épocas, había gente, entre las clases acomodadas, que no solo pensaba en sus ingresos sino en eso que llamamos Patria. Pienso en los Mujica Gallo. En Manuel, no solo se ocupaba de sus haciendas y minas y negocios bancarios, sino que fue el fundador del diario Expreso en 1961. Una inversión que le costaba por año, una hacienda. Lo hacía no por interés sino porque era un mecenas. Quería un periodismo —en época en que se leía más que en nuestros días— que compitiera con La Prensa, diario archirreaccionario. Pienso en Miguel, su hermano, que por mecenas monta el Museo de Oro. Es decir, compra a un precio mayor que el de los traficantes de huacos, con tal de que no se vayan del país. Para que los veamos, y nuestros hijos y nietos.

Pienso en Mario Brescia. A quien conocí. No suelo frecuentar a los empresarios. Pero a Brescia lo conocí cuando yo estaba en la BNP, y acudía al apoyo de empresas privadas. Nos hicimos amigos. Me recibía en una oficina inmensa, que era una suerte de museo. Brescia amaba el Perú y su cultura. Recuerdo que le hablé de un libro de Basadre, uno en que compara la historia de Bolivia, Perú y Chile, obra agotada. Brescia buscó entre los libreros de libros viejos, apasionadamente, un ejemplar. Ante esto, mandé a fotocopiar mi ejemplar, para regalárselo. No pudo ser, se fue de este mundo. Estoy diciendo que el amor al país son actos. La Fundación de su banco, sigue activa.

En los últimos años, los peruanos han votado por gente desarraigada. Toledo no hizo una vida peruana en su adolescencia, y eso lo marcó para siempre. Lo de “cholo sagrado” fue el disfraz del ciudadano americano que es. PPK no es ni muy peruano ni muy norteamericano, creo que ni el sabe quién es. Se puede ser cosmopolita. Por amor al conocimiento, que si es ciencia, es universal. ¿Pero para ser inquilino del Palacio de Gobierno? Si no entienden este país, ni conocen sus poetas, sus dolores, ¿para qué la banda presidencial? Nuestros últimos mandatarios y esos “gabinetes de lujo”, no se estremecían con un poema de Valdelomar. “Mi infancia que fue dulce, serena triste y sola, se deslizó en la paz de una aldea lejana”. Les falto algo, muy peruano, la melancolía. Zavala sonreía todo el tiempo. Yo he visto llorar a Julio Ramón Ribeyro, cuando se lo recitaba en París. Que sean, pues, presidentes de la Apple, Microsoft, o Exxon Mobil. Pero para gobernar un viejo y dolido país como el nuestro, cuentan afectos, sentimientos, el arraigo. El otro, el del corazón. No el de los jueces. ¿Por qué los peruanos últimamente votan mal, y eligen a quienes los desprecian? ¿Por qué ciertas elites frustradas y a la vez mediáticas, empujan a votar por aquellos que luego no saben para qué diablos han llegado a Palacio?

Publicado en El Montonero., 2 de abril de 2018

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Por casa, bien. Pero en el exterior, ¡nos están haciendo leña!

Escrito por: Hugo Neira - Mar• 26•18

De modo que el presidente renuncia. Luego, llega de Canadá el vicepresidente que lo reemplaza. Entonces, ¿qué pasó? Supongo que Lima debe estar devastada, el Apocalipsis después de PPK. “…Y los ricos, los poderosos y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas… (San Juan, 6:15); y los siete ángeles que tenían siete trompetas, las tocaron… (8:6) y llovió granizo y fuego mezclado” (8:7). ¿Nada de esto pasó?! Pero era lo que se esperaba. En fin, sigo en el extranjero, y no es difícil estar al día. Pero confieso que me inquietó la amenaza de PPK de retirar su carta de renuncia. “Traición a la patria”, se pasaron. Tuvo razón el expresidente de encabritarse. Hay que saber tener en la victoria, modestia. Menos mal que retiraron el parrafito de marras. Lindo pretexto, “era solo un borrador”.

¿Lo de mi opinión? Ya la conocen. No he parado de decir lo mismo en esta columna desde hace rato. Y en televisión, en ATV, con Beto Ortiz. “Si lo vacan, pues para eso están los vicepresidentes”. Así de sencillo. Sobre la sucesión de Vizcarra, “es provinciano y no tiene empresas” (El Montonero, 19.03.18). Me parecen dos virtudes. Cierta inclinación personal al realismo, por una parte, y por la otra, las disciplinas de la historia y las ciencias sociales me inclinan a ver las cosas como son. Pero eso no nos gusta mucho, ¿no? Nos encanta el peloteo, la opinión enredada, barrocos más que objetivos. O como alguien dijo, bizantinos. Pero eso ya fue. ¡Uf!

La verdad, en las últimas semanas, seguir los medios, escuchar las cosas que se han dicho, tan irreales y caprichosas, me dejaba la impresión que el mínimo sentido común se había desvanecido. Me ha impresionado escuchar a un ministro inteligente decir, muy convencido, que era un suicidio la sucesión presidencial con Vizcarra. El suicidio era que dijera no acepto. En qué lío estaríamos ahora. Es curioso, el director de este diario virtual y yo, hemos usado, cada uno por su cuenta, la metáfora del abismo. Me ha asombrado también escuchar a la muy respetable Meche Aráoz, hablando del “golpe de Estado parlamentario”. Eso no existe, Meche. Los parlamentos no dan golpes, los reciben. Acuérdate de Alberto, diciendo: “he dicho disolver, disolver”.

Los amigos que me escriben me dicen que todo está normal, que ha desaparecido la zozobra. Pero tengo algo que contarles. No es una mala noticia, pero se le parece. La prensa extranjera, en castellano, en España y también en Chile, nos está haciendo leña. ¿Saben qué publica el importante diario madrileño El País? No lo van a creer. “La guerra interna de los hermanos Fujimori acaba con el presidente a dos semanas de la Cumbre de las Américas”. ¡Y es portada! (22.03.18) Quien firma esa nota que dice algo cierto para tapar el resto, es Jacqueline Fowks, que nos la tiene jurada. En la televisión chilena, en CNN local, todo se explica por dos bandos japoneses, enfrentados. Ni una palabra sobre Odebrecht.

En la segunda página del mismo diario, cede un poco a lo real, y escribe, “un caso de compra de votos fuerza la dimisión de Kuczynski” (Fowks). En Santiago, el titular de La Tercera es la siguiente: “la dimisión de PPK ahonda la crisis”. A cinco columnas. ¡Es al revés! No ahonda, la resuelve. ¿Periodistas? Hacen el papel de los troles, cuyos comentarios son incompletos deliberadamente.

Tienen sus “conexiones” en Lima. Y seguro les dan la pauta, la prueba: rara vez se menciona la Unidad de Investigación Financiera y los US$ 3 millones de Odebrecht vía First Capital y Westfield. Todo recae en el duelo Keiko-Kenji. ¡Eso viene de Lima!

La prensa europea es lo contrario. Lo cuenta todo. Acabo de ver las noticias del Perú en la AFP (Agencia Francesa de Prensa): “Pérou: après la démission de Kuczynski, le vice-président prend la relève. Traducción: Perú, después de la dimisión de Kuczynski, el vicepresidente toma el relevo. Y de Martín Vizcarra: “un ingeniero austero, sin compromiso con los partidos políticos tradicionales, debe suceder este viernes a la cabeza del Perú a un PPK que ha dimitido bajo un clima de escándalo y corrupción”. Santiago y Madrid. Me pregunto, ¿no tenemos en esas dos capitales embajada y agregados de prensa o cultura? Por lo visto, a esos bien rentados funcionarios, no se les ocurre mandar una cartita, por supuesto educada, a esos medios de prensa.

Siento que se avecina un tiempo distinto. Un congresista, que se llama Moisés Mamani, y que además es un hombre de negocios, le ha dado vuelta y media al ministro Giuffra. A este lo escuché en el último CADE. Es hombre inteligente, buen ministro, pero sinceramente ¡qué ingenuo! En esta época en que te chuponean, ponerse a hablar hasta por los codos¡! Algo está pasando. Un Mamani se tumba a un Giuffra. Y anteriormente, a los poderosos Graña y Montero, un juez llamado Concepción Carhuancho. De paso, no me alegro de ninguna prisión. No sé odiar.

Este es otro país. ¡Y Barnechea quiere ser presidente! ¿Un hombre alto, blanco, culto, con ya sus años? Alfredo, deja de soñar. ¿Y sabes qué? Para Acción Popular, me parece mucho más adecuado, Vitocho que tu ilustre persona. Así son las cosas, compadre. Esta es otra época. Con el presidente Vizcarra es probable que surjan otras elites, más mesocráticas, más sencillas, más realistas. Más serenas, más honestas. Aquí se está enterrando a varias generaciones de políticos. No han entendido que Fuerza Popular es uno de los signos de renovación de rostros, apellidos y perfiles. Incluyendo el fujimorismo, el del padre. Vendrán otros colores, otras figuras.

 

Publicado en El Montonero., 26 de marzo de 2018

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En el seno de este abismo, pensemos

Escrito por: Hugo Neira - Mar• 22•18

Hay una crisis de confianza por partida doble. De los ciudadanos a su clase política. Y entre ella, intestinalmente, ante el rival, sea quien sea. No se quiere vencerlo sino desaparecerlo. ¿Cómo podemos tolerar esa intolerancia? ¿La mañosa guerra civil de estos días? El problema no es nuestra identidad. Es un problema de alteralidad. No sabemos convivir con el “otro”. En cuanto al presente, está en manos de lo que ocurra, este mismo día.

Estaba terminando este artículo y ocurre el escándalo de la compra de votos de congresistas a cambio de obras (los ‘kenjivideos’, así los llaman afuera) y luego la renuncia del presidente Kuczynski (¡!). Lo que sigue fue escrito antes de esos eventos pero no cambian mi reflexión.

Así pues, si el amable lector comparte, como el redactor de esta columna, lo que Mariátegui le escribe a su amigo Samuel Glusberg, “nauseado de política criolla”, entonces, ¿adónde volver la vista? Hacia la sociedad misma. A nuestra historia intelectual. A diferencia de nuestra historia política, es inmensamente superior. Por un Castilla en el XIX, y un par de honestos y modestos presidentes en el siglo XX, hemos tenido puñados de creadores, pocos científicos pero filósofos, pensadores, novelistas, poetas, artistas, cine y teatro de calidad. Y la gastronomía como un arte. Es curioso, hemos tenido mejores arquitectos que primeros ministros. Supongamos una balanza que reciba, por un lado, la Historia de las ideas en el Perú contemporáneo de Augusto Salazar Bondy, y en el otro platillo, la Historia de la República del Perú (18 tomos) de Jorge Basadre. Supongamos una manera de medir el pensamiento libre y el poder político con el mismo rasero, la balanza se inclinaría ostensiblemente a favor de los creadores de cultura. Pienso en los que escribieron y soñaron y no robaron ni mataron a nadie. Hubo una suerte de ética laica. Generosa. No lo de hoy, quieren ser de golpe multimillonarios. ¡Hasta los alcaldes!

Pasemos a otra cosa. Se vienen dos eventos decisivos. No hablo del bicentenario, es obvio. El 15 de junio de 1918 estalló en Córdoba, Argentina, la primera Reforma Universitaria. Lo sabemos, el activismo de los estudiantes se propagó a las otras 4 universidades argentinas, y luego a toda Latinoamérica. El Perú en 1923. El otro gran evento es Mayo del 68. Del primero se cumple un siglo. Del segundo, medio siglo. Los invito a un momento de reflexión sobre la potencia de las ideas. No del poder. El Perú repite una matriz fatal, “yo mando”.

Lo que dice en 1918 el “Manifiesto liminar” es admirable. “Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime”. Fue el fiat lux de una generación, la del Conservatorio Universitario. Basadre, Porras, Haya de la Torre y Mariátegui. Tiempo de César Vallejo, Sabogal en la pintura. Inventaron un nuevo actor, la juventud. Es decir, los que hicieron política, partidos, los grandes errores y los grandes aciertos. Es curioso, pero los lamentables mandatarios de los últimos años son esos que no hicieron política en las aulas. Ni Toledo, ni Ollanta, ni PPK. Esas cosas se aprenden en la juventud, o nunca.

De ese big bang –1900 (Riva-Agüero, Belaunde) y 1923– viene nuestro mundo intelectual. Por generaciones. Walter Peñaloza, Francisco Miró Quesada. ¿Debo seguir? Los dos Salazar Bondy, Cotler. Luego, Flores Galindo, Manuel Burga Díaz, Max Hernández, Fuenzalida, Matos Mar. Y cuando vemos qué han hecho, no nos avergüenzan.

Mayo del 68 quiso ser una revolución, y provocó otra cosa, la filosofía ganó la calle. Lo que cambió fue la vida misma. Su herencia fueron los años 70. Comunas hippies, la cuestión de la intimidad y el sexo. La palabra ‘libre’. No veo que eso haya acabado. Lo veo en la aparición del individuo como actor fundamental, la lucha contra las nuevas injusticias, la mutación de las ciencias sociales, la ciencia cognitiva, la ecología y el valor de la vida misma en el planeta. El 68 de París fue el laboratorio del siglo XXI.

Publicado en El Comercio, 22 de marzo de 2018

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